Cerámica y Escultura
En cuanto a la cerámica, Mesopotamia sobresalió por su producción de objetos decorativos y utilitarios. Los motivos geométricos y las representaciones de animales y plantas eran comunes, y muchas veces se empleaban para narrar historias o transmitir mensajes religiosos. Además, el uso de ladrillos esmaltados y decorados en la arquitectura, como en la Puerta de Ishtar en Babilonia, demostró un alto nivel de sofisticación técnica.
Desde el Neolítico, la cerámica (que aparece en Anatolia hacia el 6000 a. C.) es el principal elemento diferenciador de la cultura material, puesto que los cambios tipológicos, a veces muy sutiles, permiten identificar el origen y la datación de las piezas y de su contexto arqueológico. (ver: Conceptos de «revolución neolítica» y «revolución urbana«, a partir del término acuñado por Vere Gordon Childe (Los orígenes de la civilización, 1936).
Su función como recipiente para la conservación y el transporte de todo tipo de alimentos y bebidas (incluso de otros materiales) es crucial en un momento en el que se estaba desarrollando (pasando de aldeana a urbana) la primera economía productiva con excedentes, división del trabajo y comercio a larga distancia. De no menor importancia es su valor como vehículo de expresión artística; tanto en el modelado como en la decoración, en estrecha relación formal con piezas escultóricas o de orfebrería, y con la pintura en otros soportes.
Los primeros documentos que registraron la historia (Uruk, hacia 3300-3200 a. C.), al hacerlo mediante tablillas de arcilla grabadas con escritura cuneiforme, dan una categoría especial y muy concreta a la producción cerámica en la zona.
