La imagen corresponde al dibujo de Dugald Sutherland MacColl que mencionaste: es la representación de Heracles y Euristeo en una kylix ático de figuras rojas, obra de Onesimos (pintor) y Euphronios (alfarero).
Dugald Sutherland MacColl (dibujante británico, 1859-1948), 1894. 30 cm (alto) x 30 cm (ancho). Dibujo basado en una kylix ático de figuras rojas de Onesimos (pintor) y Euphronios (alfarero), perteneciente a la colección del British Museum, Londres [1836.0224.25 (Vaso E 44; 822)]. Publicado en Harrison, Jane Ellen y D.S. MacColl. Greek vase paintings; a selection of examples, with preface, introduction and descriptions. Londres: T.F. Unwin, 1894.MCAD Library – Herakles and Eurystheus; after an Attic red-figure kylix. Uploaded byMarcus Cyron. CC BY 2.0. Original file (982 × 1,024 pixels, file size: 404 KB).

Entre las múltiples representaciones de los trabajos de Heracles, pocas son tan reveladoras del espíritu lúdico y moralizante del arte ático como la escena conservada en un kylix pintado por Onesimos y modelado por Euphronios, hoy en el Museo Británico. El dibujo de Dugald Sutherland MacColl (1894) reproduce con precisión este episodio, donde el héroe aparece portando el león de Nemea sobre sus hombros, signo de su fuerza sobrehumana y de su papel como civilizador que somete a las bestias salvajes. Frente a él, su antagonista y a la vez superior, el rey Euristeo, aparece reducido a una figura cómica: aterrado ante la presencia del héroe y su presa, no encuentra mejor refugio que esconderse en el interior de un gran pithos, una tinaja destinada al almacenamiento de vino o aceite.
La escena, que a primera vista puede parecer meramente burlesca, encierra un mensaje más profundo. Por un lado, subraya la paradoja jerárquica entre ambos personajes: Heracles, obligado por mandato divino a servir a Euristeo, demuestra en cada uno de sus trabajos un valor y una eficacia que contrastan con la debilidad y el miedo del rey. La cobardía de Euristeo, ridiculizada por los pintores áticos, no hace sino resaltar la superioridad moral y heroica de Heracles. Por otro lado, la elección del pithos como escondite introduce una dimensión simbólica y humorística: un recipiente cotidiano del banquete se convierte en escenario de la inversión cómica de la autoridad.
En el contexto de los simposios, donde estas copas circulaban, la imagen actuaba como detonante de comentarios entre los comensales. Mientras bebían, descubrían en el fondo del vaso o en sus paredes un relato mítico que, además de entretener, invitaba a la reflexión sobre la valentía, el poder y la fragilidad humana. De este modo, la iconografía de Heracles y Euristeo no solo evocaba la memoria del mito, sino que se insertaba en la práctica social del banquete, donde la risa, la ironía y la enseñanza moral se entrelazaban de forma inseparable.
