Pato joyuyo, pato de Carolina o pato maderero (Aix sponsa), una de las anátidas más vistosas de América del Norte. Color, discreción y vida entre humedales.
Las dos imágenes muestran un macho de pato joyuyo o pato de Carolina, una especie fácilmente reconocible por el extraordinario colorido de su plumaje. La cabeza presenta irisaciones verdes y azuladas, recorridas por finas líneas blancas que perfilan el ojo y el cuello; el pico, rojizo y amarillento, y el ojo rojo intenso refuerzan todavía más su aspecto llamativo. El pecho, de tonos castaños salpicados de pequeñas manchas blancas, contrasta con los flancos claros y las alas oscuras con reflejos metálicos. En la primera fotografía, el ave aparece flotando con serenidad en el agua; en la segunda, posada sobre una roca, permite apreciar mejor la forma del cuerpo y la elegancia del plumaje. La hembra, por el contrario, es bastante más discreta, de tonos pardos y con un anillo blanco alrededor del ojo, lo que constituye un ejemplo de claro dimorfismo sexual.
El pato joyuyo habita sobre todo en lagunas, estanques, ríos tranquilos, marismas arboladas y humedales de agua dulce o salobre, siempre con abundante vegetación y presencia de árboles cercanos. A diferencia de muchas otras anátidas, se siente muy ligado a los bosques inundables y a las orillas con cavidades naturales, ya que suele anidar en huecos de árboles o en cajas-nido. Su distribución principal se extiende por América del Norte, donde ocupa zonas del este y del oeste de Estados Unidos, sur de Canadá y parte de México, aunque también puede observarse en algunas regiones de Centroamérica y el Caribe durante ciertos desplazamientos.
Se trata de un ave de hábitos discretos y generalmente tranquilos, aunque durante la época reproductora el macho exhibe un comportamiento más activo y vistoso. Los cortejos incluyen movimientos de cabeza, despliegues del plumaje y posturas destinadas a impresionar a la hembra. Tras la puesta, que suele realizarse en cavidades situadas incluso a cierta altura sobre el suelo o el agua, los polluelos saltan al exterior del nido poco después de nacer, guiados por la madre hacia el agua. A pesar de su aparente fragilidad, estos pequeños son sorprendentemente ágiles desde muy temprano.
Su alimentación es variada e incluye semillas, frutos, brotes, insectos, pequeños invertebrados y, en ocasiones, moluscos o materia vegetal acuática. Suele buscar alimento en aguas someras, entre la vegetación o en las orillas, y también puede consumir bellotas y otros frutos de árboles ribereños. Esta dieta diversa le permite adaptarse a distintos ambientes húmedos, aunque siempre necesita ecosistemas bien conservados.
El pato joyuyo es un magnífico ejemplo de la belleza y diversidad de las aves acuáticas. Su presencia en humedales y bosques ribereños recuerda la importancia ecológica de estos espacios, que sirven de refugio a innumerables especies y contribuyen al equilibrio del medio natural. Más allá de su espectacular apariencia, esta ave representa una forma de vida ligada al agua, a la vegetación y al silencio de las riberas.
Fotografía en el agua: © harrycollinsphotography (Envato Elements).
Fotografía sobre la roca: © panuruangjan (Envato Elements).

