El Anillo de Brodgar: monumentalidad y paisaje sagrado del Neolítico en las islas Orcadas. El Anillo de Brodgar (Ring of Brodgar) constituye uno de los conjuntos megalíticos más extraordinarios de las islas Orcadas, al norte de Escocia. Situado en un paisaje abierto entre los lagos de Stenness y Harray, este gran círculo de piedras fue levantado durante el Neolítico final, probablemente entre 2600 y 2400 a. C. Sus monumentales bloques verticales, rodeados de praderas y suaves elevaciones, evocan la importancia ceremonial que tuvo este territorio para las comunidades prehistóricas del archipiélago. El conjunto forma parte del Corazón neolítico de las Orcadas, declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO en 1999.
El Anillo de Brodgar representa una de las manifestaciones más impresionantes de la arquitectura ceremonial del Neolítico europeo. Su círculo pétreo, de aproximadamente 104 metros de diámetro, estuvo formado originalmente por unas sesenta piedras verticales, de las cuales se conservan actualmente treinta y seis, contando las que permanecen en pie y las caídas. Algunas alcanzan alturas próximas a los cinco metros. La construcción del monumento, rodeado por un gran foso excavado en la roca, exigió una considerable organización colectiva y un conocimiento preciso del terreno y de las técnicas constructivas.
Aunque su función exacta continúa siendo objeto de investigación, se considera que pudo constituir un importante espacio ceremonial relacionado con las prácticas rituales, la memoria colectiva y las creencias de las comunidades neolíticas. Su emplazamiento, integrado en un paisaje de agua, colinas y monumentos prehistóricos, refuerza la interpretación de las Orcadas como un territorio donde la arquitectura y el entorno natural estuvieron estrechamente vinculados.
Anillo de Brodgar (Ring of Brodgar), islas Orcadas, Escocia, con el lago de Harray al fondo. Fotografía original: Stevekeiretsu, 5 de agosto de 2014. Fuente: Wikimedia Commons. Licencia: Creative Commons CC BY-SA 3.0. Imagen adaptada digitalmente para Información Manu (reencuadre y ajustes visuales).
En el extremo septentrional de Escocia, separadas de la costa continental por las aguas del estrecho de Pentland, las islas Orcadas constituyen uno de los paisajes arqueológicos más extraordinarios de la Europa prehistórica. Este archipiélago del Atlántico Norte conserva un conjunto excepcional de asentamientos, tumbas colectivas, círculos de piedra y monumentos ceremoniales construidos por comunidades neolíticas hace aproximadamente cinco mil años. Lejos de representar una región aislada y marginal, las Orcadas participaron activamente en las transformaciones culturales que acompañaron a la expansión de la agricultura, la ganadería y las primeras sociedades sedentarias de las islas británicas. Sus habitantes desarrollaron conocimientos arquitectónicos, tradiciones funerarias y formas de organización colectiva que dejaron una huella monumental en el territorio, convirtiendo las islas en un lugar fundamental para comprender el desarrollo del megalitismo europeo.
La historia de estas comunidades se remonta a los primeros siglos del IV milenio a. C., cuando la agricultura y la ganadería comenzaron a consolidarse en el archipiélago. Durante los siglos posteriores, especialmente entre aproximadamente 3500 y 2500 a. C., las Orcadas experimentaron un extraordinario desarrollo arquitectónico y cultural que se prolongó, con transformaciones significativas, hasta comienzos del II milenio a. C. El Neolítico representó una profunda modificación de las relaciones entre las poblaciones humanas y su entorno: las comunidades levantaron viviendas permanentes, cultivaron la tierra, criaron animales domésticos y construyeron monumentos destinados a usos funerarios y ceremoniales. La abundancia de piedra adecuada para la construcción, junto con las características particulares del paisaje insular, favoreció la conservación de estructuras que en otras regiones europeas desaparecieron por haberse construido con materiales más perecederos.
Uno de los rasgos más característicos del Neolítico orcadiano fue el extraordinario desarrollo de la arquitectura megalítica, entendida como el conjunto de construcciones monumentales realizadas mediante grandes bloques de piedra y vinculadas, en numerosos casos, con actividades funerarias, ceremoniales o de carácter comunitario. Las tumbas de cámara, conocidas frecuentemente como cairns, los grandes círculos pétreos y las alineaciones monumentales revelan una notable capacidad técnica y organizativa. Su construcción exigía seleccionar y transportar materiales, planificar cuidadosamente los espacios y coordinar esfuerzos colectivos durante períodos prolongados. Aunque las funciones específicas de algunos monumentos continúan siendo objeto de investigación, las evidencias arqueológicas permiten reconocer sociedades capaces de transformar deliberadamente su paisaje y de establecer vínculos profundos entre la arquitectura, la memoria de los antepasados, los ciclos naturales y las prácticas ceremoniales.
Entre los testimonios más importantes de esta civilización prehistórica destaca el conjunto conocido como Corazón neolítico de las Orcadas (Heart of Neolithic Orkney), inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO en 1999. Está integrado por cuatro monumentos principales: el asentamiento de Skara Brae, cuyas viviendas de piedra conservan elementos de su organización doméstica; la gran tumba de cámara de Maeshowe, célebre por su sofisticada arquitectura y su relación con la luz del sol durante el solsticio de invierno; las monumentales Piedras de Stenness, uno de los círculos ceremoniales más antiguos de las islas británicas; y el Anillo de Brodgar, un impresionante círculo de piedras levantado en un paisaje dominado por lagos, colinas y extensiones de terreno abierto. Estos monumentos, junto con numerosos yacimientos próximos, constituyen un testimonio excepcional de la vida cotidiana, las prácticas funerarias y las concepciones simbólicas de las comunidades neolíticas del norte de Europa.
La importancia de las Orcadas trasciende, sin embargo, la monumentalidad de sus construcciones. Yacimientos como Knap of Howar, Barnhouse, Ness of Brodgar y las numerosas tumbas de cámara distribuidas por diferentes islas permiten reconstruir aspectos esenciales de la economía, la alimentación, la producción artesanal, las relaciones sociales y las creencias de sus habitantes. La cerámica, los utensilios de piedra, los restos de animales y las características arquitectónicas de los asentamientos proporcionan información sobre comunidades que mantuvieron contactos marítimos con otras regiones de Escocia y del ámbito atlántico. Las investigaciones arqueológicas también han puesto de manifiesto la complejidad de las relaciones entre los espacios domésticos, los lugares de enterramiento y los grandes centros ceremoniales, sugiriendo que estos monumentos formaban parte de un paisaje cultural interconectado, cuya organización respondía a necesidades prácticas y a concepciones sociales y simbólicas que todavía estamos tratando de comprender.
El megalitismo de las Orcadas constituye, en definitiva, una de las expresiones más sobresalientes de la capacidad humana para construir paisajes cargados de significado durante la Prehistoria reciente. Sus monumentos no deben interpretarse únicamente como vestigios aislados de un pasado remoto, sino como manifestaciones materiales de sociedades dinámicas, técnicamente competentes y culturalmente complejas. El estudio de este patrimonio permite aproximarnos a cuestiones fundamentales sobre el origen de la arquitectura monumental, las prácticas de enterramiento colectivo, la organización de las primeras comunidades agrícolas y la relación entre los seres humanos y su entorno natural. A través de sus poblados, tumbas y círculos de piedra, las Orcadas ofrecen una perspectiva privilegiada sobre un período decisivo de la historia europea, cuando las sociedades neolíticas comenzaron a transformar de manera duradera el territorio y a expresar sus creencias, sus conocimientos y su memoria colectiva mediante construcciones destinadas a perdurar durante milenios.
El estudio del megalitismo de las islas Orcadas exige comenzar por el territorio en el que surgieron sus extraordinarios monumentos prehistóricos. Situado al norte de Escocia, este archipiélago reúne unas condiciones geográficas y ambientales particulares que influyeron en el establecimiento de las primeras comunidades humanas, sus actividades económicas y sus formas de construcción. La relación entre el mar, los espacios agrícolas, los recursos naturales y la disponibilidad de piedra constituye una de las claves para comprender cómo se desarrollaron sociedades capaces de levantar algunos de los conjuntos monumentales más importantes del Neolítico europeo.
Las Orcadas adquirieron una especial relevancia durante el IV y III milenio a. C., cuando sus comunidades agrícolas desarrollaron una cultura material y arquitectónica de notable complejidad. Los asentamientos permanentes, las tumbas colectivas y los grandes espacios ceremoniales testimonian una intensa actividad constructiva y una organización social que continúa siendo objeto de investigación. Su situación geográfica tampoco impidió los contactos con otras regiones de las islas británicas, como muestran determinadas tradiciones arquitectónicas y materiales arqueológicos.
Para comprender este patrimonio resulta necesario conocer primero las características del archipiélago, su paisaje y las condiciones que hicieron posible el desarrollo de aquellas comunidades. También conviene situar las Orcadas dentro de las tradiciones culturales del Neolítico atlántico y considerar cómo los descubrimientos arqueológicos han transformado nuestra interpretación de su pasado. Estos aspectos proporcionan el contexto indispensable para abordar posteriormente los primeros pobladores, los asentamientos, las construcciones funerarias y los grandes monumentos megalíticos.
Localización de Escocia y las islas Orcadas en el contexto europeo. El mapa muestra la situación geográfica de Escocia en el extremo noroccidental de Europa, destacando su territorio en color naranja. Al norte de la costa escocesa se encuentran las islas Orcadas, un archipiélago situado entre el mar del Norte y el océano Atlántico. Su posición permite comprender la importancia de las comunicaciones marítimas y las relaciones culturales mantenidas con otros territorios septentrionales desde la Prehistoria.
La representación cartográfica permite situar el archipiélago dentro de un espacio geográfico más amplio, relacionado con las costas de Escocia, las islas Shetland y las rutas de navegación del Atlántico norte. Esta localización resulta fundamental para comprender cómo las comunidades prehistóricas pudieron mantener contactos con territorios separados por el mar.
Aunque las Orcadas se encuentran alejadas de los principales centros continentales europeos, su situación no impidió el desarrollo de una cultura neolítica caracterizada por una notable actividad constructiva y por relaciones con otras comunidades de las islas británicas. Kmusser y David Liuzzo. Localización de Escocia en Europa. Wikimedia Commons, 2008. Imagen de libre reutilización con atribución obligatoria a sus autores. Fuente original.
El archipiélago de las Orcadas: distribución geográfica y principales islas. Situadas frente al extremo septentrional de Escocia, las islas Orcadas forman un archipiélago integrado por numerosas islas e islotes separados por canales marítimos de distinta amplitud. El mapa permite reconocer la disposición de sus principales territorios, entre ellos Mainland, Hoy, Rousay y Westray, y comprender la fragmentación geográfica que caracteriza este espacio atlántico. Esta configuración insular desempeñó un papel importante en la comunicación entre comunidades prehistóricas, para las cuales el mar constituía tanto un condicionante natural como una vía de desplazamiento e intercambio.
La isla de Mainland constituye el núcleo geográfico del archipiélago y concentra algunos de sus conjuntos arqueológicos más importantes. A su alrededor se distribuyen otras islas que conservaron asentamientos, monumentos funerarios y testimonios de ocupación prehistórica. Esta distribución permite comprender por qué el estudio del Neolítico orcadiano requiere considerar el territorio como un conjunto de espacios relacionados, en lugar de analizar cada yacimiento de manera completamente aislada.
Las distancias marítimas relativamente cortas entre numerosas islas facilitaron contactos y desplazamientos, aunque las condiciones de navegación dependían de las corrientes, el viento y las características de cada travesía. La geografía de las Orcadas constituye, por tanto, un elemento fundamental para interpretar la distribución de sus poblaciones y la formación de sus paisajes monumentales. Finlay McWalter. Mapa de las islas Orcadas. Wikimedia Commons. Licencia Creative Commons CC BY-SA 3.0. Versión reproducida en formato JPG.
1.1. Situación geográfica y características del archipiélago.
Las islas Orcadas constituyen un archipiélago situado frente a la costa septentrional de Escocia, entre el océano Atlántico y el mar del Norte, aproximadamente a 15 kilómetros del territorio continental británico. Separadas de este por el estrecho de Pentland (Pentland Firth), forman un territorio insular caracterizado por la proximidad constante del mar, las costas recortadas y una sucesión de islas de dimensiones y características diversas. Su posición geográfica, próxima al paralelo 59° de latitud norte, las sitúa en un espacio de transición entre las tierras septentrionales de Escocia y las rutas marítimas del Atlántico nororiental. Aunque esta localización pueda sugerir aislamiento, el mar constituyó históricamente una vía de comunicación esencial entre las diferentes islas y las regiones vecinas, circunstancia particularmente importante para comprender su desarrollo durante la Prehistoria.
El archipiélago comprende alrededor de setenta islas principales y menores, además de numerosos islotes y afloramientos rocosos, con una superficie terrestre cercana a los 990 kilómetros cuadrados. Su isla más extensa recibe el nombre de Mainland, donde se encuentran Kirkwall, principal centro administrativo, y Stromness, tradicional puerto de comunicación marítima. Al norte y al este se distribuyen otras islas como Westray, Sanday, Stronsay, Rousay y Shapinsay, mientras que hacia el sur destacan Hoy, South Ronaldsay y Flotta. Esta distribución configura una geografía fragmentada, pero articulada por estrechos, bahías y pasos navegables. Las distancias relativamente reducidas entre numerosos puntos del archipiélago facilitaron los desplazamientos marítimos, aunque las corrientes y las condiciones meteorológicas también representaron dificultades para la navegación.
El relieve de las Orcadas presenta un predominio de formas suaves y onduladas, particularmente en Mainland y varias islas orientales, donde se extienden tierras bajas, praderas y pequeñas elevaciones. Este paisaje contrasta con las zonas occidentales, especialmente la isla de Hoy, donde aparecen colinas más pronunciadas y espectaculares acantilados expuestos al Atlántico. Entre los elementos geográficos más característicos se encuentran los lagos interiores de Harray y Stenness, situados en la parte occidental de Mainland y vinculados a algunos de los principales espacios arqueológicos del Neolítico. La combinación de superficies relativamente accesibles, áreas próximas al agua y sectores aptos para el aprovechamiento agrícola contribuyó a configurar un territorio especialmente significativo para el establecimiento de comunidades humanas.
Desde el punto de vista geológico, buena parte del archipiélago está formada por rocas sedimentarias del Devónico, especialmente areniscas y otras formaciones estratificadas que se originaron hace cientos de millones de años. La disposición de estos materiales en capas favorece su separación en losas de distintos tamaños y espesores, una característica que adquiriría gran importancia en las construcciones prehistóricas. La disponibilidad de piedra permitió desarrollar una arquitectura singular, visible tanto en las viviendas como en las tumbas de cámara y los grandes monumentos ceremoniales. Esta particularidad geológica explica, en parte, la extraordinaria conservación de numerosos restos arqueológicos, aunque también influyeron otros factores ambientales y los procesos posteriores de enterramiento y protección de las estructuras.
La geografía de las Orcadas presenta, por tanto, una combinación de rasgos que ayuda a comprender su importancia histórica: un territorio insular relativamente compacto, amplias superficies aprovechables, abundantes recursos líticos y una estrecha relación con el medio marítimo. Su emplazamiento permitió mantener contactos con otras comunidades del norte de las islas británicas y participar en redes de circulación de personas, objetos y conocimientos. La importancia de estas condiciones no debe interpretarse como una explicación automática del desarrollo de su cultura neolítica, pero sí como el marco territorial dentro del cual sus habitantes organizaron sus asentamientos, aprovecharon los recursos disponibles y construyeron un paisaje monumental cuya presencia continúa definiendo la identidad arqueológica del archipiélago.
-Orkney Islands Council. Islands Communities Impact Assessment. Caracterización geográfica y territorial del archipiélago.
-Orkney Islands Council. Hoy and West Mainland National Scenic Area. Geología, relieve y paisaje cultural.
-UNESCO World Heritage Centre (1999). Heart of Neolithic Orkney. Patrimonio Mundial, n.º 514.
Las Piedras de Stenness: un monumento neolítico en el paisaje de las Orcadas. En la isla de Mainland, la mayor del archipiélago de las Orcadas, se encuentran las Piedras de Stenness (Standing Stones of Stenness), uno de los conjuntos megalíticos más antiguos de las islas británicas. Levantadas aproximadamente entre finales del IV milenio y comienzos del III milenio a. C., estas grandes losas de piedra se alzan sobre un paisaje de praderas, lagunas y suaves elevaciones. Su emplazamiento refleja la estrecha relación que las comunidades neolíticas establecieron entre el territorio, la arquitectura monumental y sus prácticas ceremoniales.
La fotografía muestra tres de los grandes ortostatos conservados del monumento de Stenness, cuyas piedras alcanzan, en algunos casos, alturas próximas a los seis metros. Originalmente formaban parte de una disposición aproximadamente circular, situada en una estrecha franja de terreno entre los lagos de Stenness y Harray. La monumentalidad de estas construcciones testimonia la capacidad de organización y cooperación de las comunidades agrícolas que habitaron las Orcadas durante el Neolítico.
El conjunto forma parte del denominado Corazón neolítico de las Orcadas, inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO en 1999. Su importancia trasciende el valor de cada piedra aislada: constituye un elemento fundamental de un paisaje arqueológico en el que los asentamientos, los monumentos funerarios y los espacios ceremoniales mantuvieron relaciones territoriales y culturales durante siglos. Su arquitectura y significado ritual se estudiarán con mayor profundidad en el apartado 6.3.
Fotografía de BillC (2007). Standing Stones of Stenness, islas Orcadas, Escocia. Wikimedia Commons. Licencia Creative Commons CC BY-SA 3.0.
1.2. El paisaje natural y las condiciones de vida en las Orcadas.
Las tierras bajas de numerosas islas ofrecían superficies relativamente favorables para el establecimiento de asentamientos y el aprovechamiento agropecuario. Aunque los suelos presentaban diferencias considerables según su composición, drenaje y exposición al viento, determinadas áreas disponían de terrenos adecuados para el cultivo de cereales y el mantenimiento de animales domésticos. La cebada y el trigo formaron parte de la agricultura neolítica, mientras que la ganadería, especialmente la cría de bovinos y ovinos, adquirió una importancia fundamental para la subsistencia. Los animales proporcionaban carne, pieles, huesos y otros recursos aprovechables, además de desempeñar un papel en las relaciones económicas y sociales de aquellas comunidades. La disponibilidad de pastos y el manejo de los rebaños exigían organizar el territorio, aprovechar los ciclos estacionales y mantener una relación continuada con los espacios productivos próximos a las viviendas.
La vegetación del archipiélago experimentó transformaciones importantes durante la Prehistoria. Frente a la imagen contemporánea de unas islas casi desprovistas de árboles, las investigaciones paleoambientales indican que durante las primeras fases del Neolítico existían formaciones boscosas y áreas de matorral, especialmente con especies como el abedul y el avellano, distribuidas de manera desigual. El análisis del polen conservado en sedimentos de lagos y humedales ha permitido reconstruir parcialmente estos cambios y relacionarlos con la expansión de las actividades humanas. En Mainland, los modelos paleoecológicos indican una reducción de la cubierta forestal desde aproximadamente 3400 a. C. y un aumento de los terrenos alterados por la actividad humana a partir de 3200 a. C. Estas transformaciones pudieron responder a la apertura de espacios agrícolas, el incremento del pastoreo y otras intervenciones sobre la vegetación, aunque su intensidad y cronología variaron entre las distintas zonas del archipiélago.
El mar constituyó otro componente esencial de las condiciones de vida. Las costas de las Orcadas ofrecían acceso a peces, moluscos, aves marinas y otros recursos naturales, además de proporcionar vías de desplazamiento entre las islas y hacia el norte de Escocia. Sin embargo, la proximidad del océano no implica que todos estos alimentos tuvieran la misma importancia durante cada período. Los análisis isotópicos realizados sobre restos humanos neolíticos sugieren que, en las poblaciones estudiadas, la alimentación dependía fundamentalmente de recursos terrestres, especialmente productos agrícolas y ganaderos, aunque también existen evidencias arqueológicas de aprovechamiento de recursos costeros. Esta distinción permite comprender que el mar pudo desempeñar un papel decisivo como espacio de comunicación y obtención de materiales sin convertirse necesariamente en la principal fuente de alimentación. Las embarcaciones prehistóricas, cuyos restos directos apenas se han conservado, debieron facilitar contactos y desplazamientos que contribuyeron a integrar las comunidades insulares en redes culturales más amplias.
La adaptación a este medio también exigió soluciones prácticas relacionadas con la vivienda, la protección frente al viento y el aprovechamiento de los materiales disponibles. La piedra, abundante en buena parte del archipiélago, ofrecía posibilidades constructivas duraderas, mientras que los recursos vegetales, las pieles y otros materiales orgánicos pudieron desempeñar funciones complementarias en cubiertas, utensilios y equipamientos domésticos. La disponibilidad de agua dulce, los terrenos aprovechables y la exposición a las condiciones meteorológicas influyeron en la elección de los lugares habitados. Estos factores no determinaron de manera uniforme la organización de los asentamientos, pero formaron parte de las decisiones cotidianas mediante las cuales las comunidades adaptaron sus actividades y sus construcciones a las características de cada isla.
El paisaje neolítico de las Orcadas fue, por tanto, un entorno dinámico en el que las comunidades humanas participaron activamente en la transformación de la vegetación, los suelos y los espacios habitados. Los estudios arqueológicos y paleoambientales muestran que las relaciones entre población, agricultura, ganadería y medio natural fueron cambiando a lo largo del tiempo, sin que resulte adecuado imaginar un proceso uniforme de expansión o deterioro ambiental. La importancia de este contexto reside en comprender que los grandes monumentos megalíticos surgieron en territorios previamente ocupados, trabajados y conocidos por sus habitantes. Las construcciones ceremoniales y funerarias formaron parte de paisajes donde se desarrollaban actividades agrícolas, desplazamientos, relaciones comunitarias y prácticas cotidianas, integrándose en una experiencia del territorio mucho más amplia que la representada únicamente por los monumentos conservados.
-Bunting, M. J., Farrell, M., Dunbar, E., Reimer, P., Bayliss, A., Marshall, P. y Whittle, A. (2022). Landscapes for Neolithic People in Mainland, Orkney. Journal of World Prehistory, 35, 87–107.
-NatureScot (2021). Landscape Character Assessment: Orkney — Landscape Evolution and Influences. Informe de caracterización del paisaje de las Orcadas.
-University of the Highlands and Islands. Orkney Environment. Agronomy and Agriculture Institute. Información geográfica, climática y agrícola del archipiélago.
-Orkney Islands Council. Hoy and West Mainland National Scenic Area. Caracterización ambiental, agrícola y paisajística.
Brough of Birsay: el paisaje litoral de las islas Orcadas. Situado frente a la costa noroccidental de Mainland, Brough of Birsay constituye un ejemplo representativo del paisaje costero orcadiano. Esta pequeña isla queda separada de tierra firme durante la pleamar y puede alcanzarse a pie cuando desciende la marea. La combinación de superficies herbáceas, costas rocosas y aguas atlánticas refleja algunas de las características naturales del archipiélago. Su situación permite comprender la estrecha relación entre el territorio insular y las comunicaciones marítimas, un elemento fundamental en la historia de las comunidades que habitaron las Orcadas.
La configuración de Brough of Birsay muestra cómo las mareas condicionan la accesibilidad de determinados espacios del archipiélago. La costa presenta una combinación de afloramientos rocosos, pendientes suaves y sectores expuestos a la acción del mar. Estas características influyeron históricamente en las posibilidades de desplazamiento y ocupación humana, aunque las condiciones de acceso actuales no pueden trasladarse sin más a la Prehistoria.
El lugar adquirió especial importancia durante los períodos picto y escandinavo, cuyos testimonios arqueológicos se conservan en la isla. Su paisaje permite apreciar, además, la relación entre los asentamientos históricos y un entorno marítimo sometido a continuas transformaciones naturales. John Comloquoy. Brough of Birsay, 18 de agosto de 2005. Wikimedia Commons / Geograph. Licencia Creative Commons CC BY-SA 2.0.
1.3. Las Orcadas como centro cultural del Neolítico atlántico
Durante el IV y el III milenio a. C., las islas Orcadas se convirtieron en uno de los principales focos de desarrollo cultural del Neolítico de las islas británicas. Su importancia fue especialmente notable entre aproximadamente 3200 y 2500 a. C., cuando se produjo una intensa actividad constructiva, acompañada de innovaciones en la arquitectura monumental, la cerámica y las prácticas ceremoniales. Este proceso formó parte de las transformaciones que experimentaron las comunidades agrícolas del noroeste europeo, pero adquirió en las Orcadas unas características particulares. Los asentamientos permanentes, las tumbas colectivas y los grandes recintos ceremoniales reflejan una sociedad que había alcanzado una considerable capacidad para organizar trabajos colectivos y transmitir conocimientos técnicos entre generaciones. La concentración de estos testimonios en un territorio insular relativamente reducido convierte al archipiélago en un escenario privilegiado para estudiar las relaciones entre organización social, producción material y construcción de monumentos durante la Prehistoria reciente.
La expresión Neolítico atlántico designa un amplio marco cultural y geográfico en el que diferentes comunidades de las fachadas occidentales europeas compartieron determinadas prácticas y mantuvieron relaciones de intercambio, aunque sin constituir una civilización uniforme. Desde las costas de la península ibérica y Francia hasta Irlanda, Gran Bretaña y las regiones septentrionales de Escocia, se desarrollaron tradiciones megalíticas con características propias, relacionadas con la construcción de sepulcros colectivos, monumentos de piedra y espacios ceremoniales. Las Orcadas participaron en este horizonte cultural mediante contactos marítimos que facilitaron la circulación de objetos, técnicas e ideas. La existencia de semejanzas arquitectónicas y materiales con otras regiones demuestra la importancia de estas conexiones, aunque no permite reconstruir con exactitud todos los desplazamientos humanos ni establecer una dirección única para la transmisión cultural. El archipiélago fue receptor de influencias y, durante determinadas fases, pudo desempeñar también un papel destacado en la difusión de nuevas formas de expresión material y ceremonial.
Uno de los indicios más significativos de esta influencia cultural es la aparición de la cerámica conocida como Grooved Ware, caracterizada por sus recipientes de fondo plano y sus decoraciones geométricas realizadas mediante incisiones, surcos y aplicaciones de arcilla. Esta tradición surgió probablemente en las Orcadas hacia finales del IV milenio a. C. y posteriormente se difundió por numerosas regiones de Gran Bretaña e Irlanda. Su expansión constituye una evidencia importante de las conexiones existentes entre comunidades geográficamente distantes. No obstante, los estudios arqueológicos actuales advierten que la difusión de un estilo cerámico no implica necesariamente el desplazamiento masivo de una población concreta. Las técnicas de fabricación, los motivos decorativos y las formas de utilización pudieron transmitirse mediante relaciones sociales, encuentros ceremoniales e intercambios entre grupos. La cerámica permite reconocer, por tanto, una circulación de conocimientos cuya naturaleza exacta continúa siendo investigada.
La arquitectura monumental ofrece otra perspectiva sobre la posición cultural de las Orcadas. A lo largo del Neolítico se desarrollaron construcciones funerarias y ceremoniales cuya complejidad arquitectónica revela una planificación cuidadosa y una notable inversión de trabajo comunitario. Las semejanzas entre determinadas tumbas de corredor de las Orcadas y los grandes monumentos funerarios de Irlanda, especialmente los del valle del Boyne, sugieren relaciones culturales que trascendían las fronteras naturales del archipiélago. Durante el Neolítico final surgieron también grandes círculos de piedra y conjuntos arquitectónicos monumentales que transformaron la organización simbólica del territorio. La coexistencia de asentamientos domésticos, sepulcros colectivos y espacios ceremoniales indica que estas construcciones formaban parte de una sociedad con diferentes ámbitos de actividad, aunque las relaciones concretas entre ellos y las funciones de algunos edificios todavía plantean importantes interrogantes.
El papel de las Orcadas como centro cultural debe entenderse, sin embargo, desde una perspectiva dinámica. La arqueología no permite afirmar que el archipiélago ejerciera una autoridad política sobre otras regiones ni que todas las innovaciones del Neolítico británico se originaran allí. Su relevancia parece relacionarse más bien con la intensidad de determinadas actividades monumentales, la existencia de redes de contacto y la capacidad de algunas comunidades para desarrollar y transmitir tradiciones reconocibles en territorios alejados. Los descubrimientos realizados en yacimientos como Ness of Brodgar han reforzado la interpretación de las Orcadas como un importante espacio ceremonial durante el Neolítico final, aunque también han abierto nuevas preguntas sobre la organización social, la movilidad de las personas y el significado de los grandes edificios. La investigación contemporánea tiende así a sustituir las explicaciones basadas en centros culturales dominantes por modelos más complejos de interacción entre comunidades.
La importancia histórica de las Orcadas reside precisamente en esa combinación de creatividad local y conexiones exteriores. Sus habitantes desarrollaron formas arquitectónicas y tradiciones materiales propias, pero participaron al mismo tiempo en un mundo de relaciones marítimas que vinculaba distintos territorios del Atlántico europeo. La conservación excepcional de numerosos yacimientos permite observar cómo aquellas comunidades transformaron sus espacios habitados y ceremoniales durante varios siglos, dejando testimonios materiales de una cultura cuya influencia pudo extenderse mucho más allá del archipiélago. Comprender esta posición cultural resulta fundamental para interpretar posteriormente sus monumentos megalíticos, sus tradiciones funerarias y sus asentamientos, sin reducirlos a construcciones aisladas ni atribuirles una unidad social o religiosa que las evidencias disponibles todavía no permiten demostrar.
-Scottish Archaeological Research Framework (ScARF). Late Neolithic Scotland, c. 3000–2500 BC. Scottish Neolithic Panel Report, Society of Antiquaries of Scotland.
-Scottish Archaeological Research Framework (ScARF). Late Neolithic Developments: Grooved Ware. Scottish Neolithic Panel Report, sección sobre cultura material y cerámica.
-Copper, M., Whittle, A. y Sheridan, A. (eds.) (2024). Revisiting Grooved Ware: Understanding Ceramic Trajectories in Britain and Ireland, 3200–2400 cal BC. Oxbow Books, Neolithic Studies Group Seminar Papers, vol. 20. Referencia contrastada mediante su descripción e índice editorial.
-UNESCO World Heritage Centre (1999). Heart of Neolithic Orkney. Lista del Patrimonio Mundial, inscripción n.º 514.
1.4. Descubrimiento, investigación y conservación de su patrimonio arqueológico
El conocimiento moderno del patrimonio prehistórico de las islas Orcadas se ha construido mediante un largo proceso de descubrimientos, excavaciones e investigaciones que comenzó a adquirir especial importancia durante el siglo XIX. Aunque muchos círculos de piedra y túmulos funerarios habían permanecido visibles durante generaciones, su origen y significado eran objeto de tradiciones populares y explicaciones que todavía no podían contrastarse científicamente. Uno de los acontecimientos más decisivos ocurrió en 1850, cuando una intensa tormenta erosionó los depósitos de arena que cubrían parte del asentamiento neolítico de Skara Brae, dejando al descubierto estructuras de piedra excepcionalmente conservadas. William Watt de Skaill impulsó las primeras excavaciones, que permitieron identificar varias viviendas y recuperar objetos relacionados con sus antiguos habitantes. Aquel descubrimiento abrió una nueva perspectiva sobre la Prehistoria del archipiélago, al demostrar que bajo su paisaje aparentemente ordinario podían conservarse testimonios extraordinarios de comunidades desaparecidas hacía milenios.
Durante las décadas siguientes, el estudio de las Orcadas evolucionó desde las excavaciones promovidas por propietarios locales y anticuarios hacia una investigación arqueológica progresivamente más sistemática. Las intervenciones realizadas en sepulcros de cámara, asentamientos y monumentos ceremoniales permitieron reconocer la diversidad de las construcciones prehistóricas, aunque algunos de los primeros trabajos carecieron de los procedimientos de registro que hoy se consideran indispensables. En Skara Brae, las campañas dirigidas por el arqueólogo Vere Gordon Childe a partir de 1928 contribuyeron decisivamente a documentar las viviendas, sus pasadizos y numerosos elementos de la vida doméstica. Inicialmente, la cronología de algunos yacimientos fue interpretada de manera incorrecta, pero el desarrollo de la datación por radiocarbono durante el siglo XX permitió situar con mayor precisión sus principales fases de ocupación en el Neolítico. Esta transformación metodológica resultó fundamental: los monumentos dejaron de estudiarse como construcciones aisladas y comenzaron a comprenderse dentro de procesos históricos relacionados con la agricultura, la organización social y las prácticas funerarias.
La investigación contemporánea ha ampliado considerablemente las posibilidades de conocimiento mediante técnicas de prospección geofísica, análisis de sedimentos, estudios paleoambientales, dataciones científicas y documentación digital. Estos procedimientos permiten detectar estructuras enterradas, reconstruir transformaciones del paisaje y analizar materiales arqueológicos sin depender exclusivamente de excavaciones extensivas. Un ejemplo especialmente significativo es Ness of Brodgar, donde las prospecciones realizadas en 2002 identificaron numerosas anomalías bajo el terreno. El hallazgo de una losa trabajada en 2003 condujo al descubrimiento de grandes construcciones neolíticas, investigadas mediante campañas arqueológicas entre 2004 y 2024. Los trabajos revelaron un conjunto arquitectónico monumental, con edificios de piedra, muros de grandes dimensiones y abundantes testimonios de actividad material y ceremonial. Aunque su interpretación continúa desarrollándose, estos descubrimientos han modificado profundamente la comprensión del Neolítico orcadiano y demostrado que todavía existen partes fundamentales de su historia ocultas bajo la superficie.
El reconocimiento internacional de este patrimonio alcanzó un momento decisivo en 1999, cuando la UNESCO inscribió el conjunto denominado Corazón neolítico de las Orcadas en la Lista del Patrimonio Mundial. La declaración comprende cuatro monumentos principales: Skara Brae, Maeshowe, las Piedras de Stenness y el Anillo de Brodgar, considerados testimonios excepcionales de la arquitectura, la vida cotidiana y las prácticas ceremoniales de las sociedades neolíticas del norte de Europa. Su importancia patrimonial se extiende también al paisaje arqueológico circundante, donde numerosos asentamientos, tumbas y otros vestigios contribuyen a comprender las relaciones entre los grandes monumentos. La protección de estos espacios implica la colaboración de instituciones patrimoniales, autoridades locales, especialistas y comunidades insulares, así como el desarrollo de programas de investigación, conservación preventiva e interpretación pública. La declaración de Patrimonio Mundial supuso, por tanto, un reconocimiento de su valor histórico y una responsabilidad duradera respecto a su preservación.
La conservación de las Orcadas plantea dificultades particulares debido a la exposición de sus monumentos a los agentes atmosféricos, la erosión costera, la humedad y la presión derivada de las visitas turísticas. El mismo entorno natural que favoreció determinados procesos de enterramiento y conservación puede amenazar ahora la estabilidad de estructuras arqueológicas especialmente vulnerables. Skara Brae constituye un ejemplo significativo, pues su proximidad al mar ha exigido medidas de protección frente al oleaje y la erosión, mientras que otros yacimientos del archipiélago sufren riesgos relacionados con la transformación de las costas y los efectos del cambio climático. La investigación arqueológica actual debe combinar, por ello, el descubrimiento de nuevos testimonios con el seguimiento de los monumentos conocidos, la documentación de los restos amenazados y la adopción de medidas de conservación compatibles con su autenticidad. Preservar este patrimonio significa proteger tanto las construcciones visibles como la información científica contenida en sus materiales, estratos y relaciones con el paisaje, para que las generaciones futuras puedan continuar investigando una de las expresiones culturales más importantes del Neolítico europeo.
-Historic Environment Scotland (2026). The Story of Skara Brae. Historic Environment Scotland Blog. Historia del descubrimiento, excavaciones y conservación del poblado.
-The Ness of Brodgar Project (s. f.). The Discovery y The Excavation. Documentación del proyecto arqueológico y de sus campañas de investigación.
-UNESCO World Heritage Centre (1999). Heart of Neolithic Orkney. World Heritage List, n.º 514. Declaración de valor universal excepcional, autenticidad, integridad y conservación.
-Historic Environment Scotland (s. f.). The Heart of Neolithic Orkney. Información institucional y plan de gestión patrimonial 2025–2035.
La presencia humana en las islas Orcadas debe comprenderse dentro del proceso de ocupación del norte de Escocia después de la última glaciación, cuando la progresiva transformación de las condiciones climáticas permitió la expansión de comunidades de cazadores y recolectores hacia territorios anteriormente cubiertos por el hielo. Los primeros testimonios de actividad humana en el archipiélago corresponden al Mesolítico, aunque la escasez y fragmentación de las evidencias arqueológicas dificultan reconstruir con precisión las etapas iniciales de su poblamiento. La posición insular de las Orcadas plantea, además, cuestiones fundamentales sobre la navegación prehistórica, la movilidad de los grupos humanos y sus relaciones con las comunidades establecidas en las regiones septentrionales de las islas británicas.
Durante los milenios posteriores, las poblaciones que frecuentaron o habitaron estas islas desarrollaron distintas formas de aprovechamiento de los recursos naturales, adaptándose a un territorio caracterizado por la diversidad de sus ambientes terrestres y marítimos. La pesca, la recolección, la caza y la utilización de materiales disponibles en el entorno formaron parte de las estrategias de subsistencia de las comunidades mesolíticas. Sin embargo, hacia comienzos del IV milenio a. C. se produjo una transformación decisiva con la introducción de la agricultura, la ganadería y nuevas tradiciones materiales. Este cambio, que forma parte del proceso de neolitización de Gran Bretaña, implicó modificaciones profundas en las relaciones entre la población y el territorio, aunque su desarrollo concreto en las Orcadas continúa siendo objeto de investigación.
El establecimiento de las primeras comunidades agrícolas constituyó el punto de partida de una nueva etapa histórica en el archipiélago. La construcción de viviendas permanentes, la organización de las actividades productivas y el desarrollo de prácticas funerarias colectivas reflejan una sociedad progresivamente vinculada a lugares concretos y a formas más duraderas de ocupación del paisaje. Conocer este proceso permite comprender los antecedentes humanos y económicos de la posterior arquitectura monumental, sin atribuir a aquellas primeras comunidades características sociales o religiosas que solo pueden estudiarse a partir de evidencias arqueológicas más recientes. El análisis del poblamiento inicial, la vida mesolítica y la transición neolítica proporciona así el marco necesario para abordar el desarrollo de los asentamientos y de las grandes construcciones prehistóricas de las Orcadas.
-Scottish Archaeological Research Framework (ScARF). Scottish Mesolithic Panel Report. Society of Antiquaries of Scotland. Síntesis del poblamiento y las comunidades mesolíticas escocesas.
-Scottish Archaeological Research Framework (ScARF). Scottish Neolithic Panel Report. Society of Antiquaries of Scotland. Contexto de la neolitización, los primeros asentamientos y las transformaciones sociales.
-UNESCO World Heritage Centre (1999). Heart of Neolithic Orkney. World Heritage List, n.º 514. Contexto arqueológico del Neolítico de las Orcadas.
2.1. El poblamiento prehistórico del norte de Escocia
El poblamiento prehistórico del norte de Escocia estuvo estrechamente relacionado con las transformaciones climáticas y geográficas que siguieron a la última glaciación. Durante buena parte del Pleistoceno final, extensas regiones de las tierras altas escocesas permanecieron cubiertas por grandes masas de hielo, lo que limitaba considerablemente las posibilidades de ocupación humana. A medida que los glaciares retrocedieron y se recuperaron los ecosistemas terrestres, distintos grupos de cazadores comenzaron a explorar territorios anteriormente inaccesibles. Las investigaciones arqueológicas han identificado testimonios de actividad humana en Escocia durante el Paleolítico superior final, aunque su distribución es irregular y las evidencias son mucho más escasas que en otras regiones de Gran Bretaña. Yacimientos como Howburn Farm, en el sur del país, demuestran la presencia de grupos vinculados a tradiciones culturales del noroeste europeo hace aproximadamente catorce mil años, mientras que descubrimientos posteriores en las tierras occidentales han ampliado considerablemente el conocimiento de estas primeras ocupaciones.
La expansión humana hacia las regiones septentrionales no constituyó necesariamente un proceso continuo ni una colonización organizada desde un único territorio. Las comunidades prehistóricas se desplazaban siguiendo oportunidades de subsistencia, rutas naturales y condiciones ambientales cambiantes, estableciendo ocupaciones que podían ser temporales, estacionales o recurrentes. En el noroeste escocés, los hallazgos de herramientas líticas en lugares como Shieldaig y la isla de Skye indican que algunos grupos alcanzaron áreas considerablemente alejadas de los principales focos de poblamiento conocidos. Las investigaciones de South Cuidrach, en el norte de Skye, han permitido reconocer materiales atribuibles tanto al Paleolítico superior final como a diferentes fases del Mesolítico, lo que sugiere visitas humanas repetidas durante un prolongado período. Estos descubrimientos han cuestionado la antigua interpretación de una Escocia septentrional prácticamente deshabitada hasta fechas relativamente recientes y muestran la necesidad de considerar sus costas occidentales como espacios activos dentro de las redes de movilidad prehistóricas.
El final de la última glaciación estuvo acompañado de importantes modificaciones del litoral. El deshielo provocó una elevación progresiva del nivel global de los océanos, mientras que la liberación del peso de los glaciares permitió que determinadas regiones de Escocia experimentaran movimientos de elevación terrestre. La combinación de ambos procesos alteró la posición de las costas y transformó antiguos espacios habitables en zonas sumergidas o modificadas por la erosión marina. Por esta razón, una parte de los testimonios correspondientes a las primeras ocupaciones humanas pudo desaparecer o permanecer oculta bajo las aguas actuales. La reconstrucción de estos paisajes exige combinar los hallazgos arqueológicos con estudios geológicos, análisis de sedimentos y modelos de evolución del nivel del mar. También resulta necesario considerar las conexiones existentes con las regiones europeas próximas, especialmente durante las fases en que el actual mar del Norte presentaba extensas superficies emergidas que facilitaban la circulación de animales y poblaciones humanas.
Con el comienzo del Holoceno, hace aproximadamente 11.700 años, las condiciones ambientales se hicieron progresivamente más favorables para la expansión de comunidades mesolíticas por Escocia. La recuperación de la vegetación, el establecimiento de nuevos ecosistemas y la disponibilidad de recursos terrestres y costeros permitieron ocupar una diversidad creciente de territorios. Las investigaciones han documentado actividades humanas en numerosos sectores del litoral occidental, las islas Hébridas y distintas regiones del interior, aunque la cronología y la intensidad de estas ocupaciones presentan diferencias importantes. El yacimiento de Cramond, próximo a Edimburgo, proporciona una de las primeras dataciones radiocarbónicas directas del Mesolítico escocés, situada aproximadamente en el IX milenio a. C. Estos testimonios permiten reconocer una expansión relativamente temprana de las poblaciones humanas, pero todavía no resulta posible reconstruir con precisión todas las rutas utilizadas para alcanzar las regiones más septentrionales.
En este contexto debe situarse el poblamiento inicial de las islas Orcadas, cuya historia prehistórica estuvo vinculada a los movimientos humanos que afectaron al norte de Escocia y a los archipiélagos vecinos. La existencia de herramientas de piedra y otros indicios arqueológicos demuestra que las Orcadas fueron frecuentadas durante el Mesolítico, aunque todavía existen incertidumbres sobre la antigüedad de las primeras visitas y la continuidad de su ocupación. Algunos hallazgos insulares se remontan aproximadamente al VII milenio a. C., varios milenios antes de la introducción de la agricultura. La llegada de estos grupos exigió conocimientos prácticos sobre el medio marítimo y alguna forma de navegación, aunque las embarcaciones utilizadas no se han conservado. El estudio del poblamiento septentrional permite comprender así que las comunidades neolíticas de las Orcadas surgieron en una región que ya había sido explorada y habitada con anterioridad, dentro de una historia más amplia de movilidad humana, adaptación ambiental y contactos entre las tierras continentales y las islas del norte de Europa.
-Society of Antiquaries of Scotland (2012). Palaeolithic and Mesolithic Panel Report. Scottish Archaeological Research Framework (ScARF). Síntesis de las primeras ocupaciones humanas de Escocia y sus evidencias arqueológicas.
-Hardy, K. y Ballin, T. B. (2024). South Cuidrach: a new Late Upper Palaeolithic and Mesolithic site on the Isle of Skye, western Scotland. Proceedings of the Society of Antiquaries of Scotland, 153, pp. 13–41.
-Hardy, K. y colaboradores (2021). Rapidly changing worlds. Finding the earliest human occupations on Scotland’s north-west coastline. Quaternary International, 584, pp. 106–115.
-Dyke, S., Timpany, S. y Carruthers, M. (2023). Investigating the Mesolithic Landscape of Orkney’s First Settlers. Estudio paleoambiental sobre los primeros pobladores y la evolución del paisaje mesolítico de las Orcadas.
2.2. El Mesolítico: comunidades de cazadores, pescadores y recolectores
Durante el Mesolítico, período comprendido aproximadamente entre el IX y el IV milenio a. C. en el contexto escocés, las islas Orcadas fueron frecuentadas por comunidades humanas cuya subsistencia dependía de la explotación de los recursos naturales. A diferencia de las sociedades agrícolas que posteriormente construirían los grandes monumentos megalíticos, estos grupos desarrollaban formas de vida basadas en la caza, la pesca y la recolección, adaptándose a las variaciones estacionales del entorno. La documentación arqueológica de esta etapa es todavía limitada, pero distintos hallazgos permiten reconocer actividad humana en el archipiélago hacia el VII milenio a. C. Entre las evidencias más significativas figuran herramientas de piedra tallada, hogares y restos de avellanas carbonizadas, algunos fechados alrededor de 7000 a. C. Estos testimonios demuestran que las Orcadas formaban parte de los territorios utilizados por poblaciones mesolíticas mucho antes de la consolidación de las primeras comunidades agrícolas, aunque todavía no permiten determinar con seguridad si todos aquellos asentamientos fueron permanentes, estacionales o utilizados de manera intermitente.
La economía de estas comunidades debió combinar diferentes actividades de aprovechamiento del medio terrestre y marítimo. Los recursos costeros ofrecían posibilidades para la captura de peces, la recolección de moluscos y el aprovechamiento de otras especies marinas, mientras que los espacios interiores proporcionaban plantas silvestres, frutos y animales susceptibles de ser cazados. Las avellanas, documentadas en numerosos yacimientos mesolíticos de Escocia, constituían un alimento especialmente interesante por su valor nutritivo y sus posibilidades de conservación. La distribución y disponibilidad de estos recursos variaban a lo largo del año, circunstancia que pudo favorecer desplazamientos entre diferentes zonas del territorio. Sin embargo, la escasez de restos orgánicos conservados en las Orcadas impide reconstruir una dieta completa y obliga a distinguir entre las actividades documentadas directamente en el archipiélago y aquellas conocidas principalmente por comparación con otros yacimientos mesolíticos escoceses.
Los instrumentos de piedra representan una de las principales fuentes de información sobre las capacidades técnicas de estas poblaciones. El sílex y otras materias primas podían trabajarse mediante golpes controlados para obtener pequeñas lascas, hojas y piezas de dimensiones reducidas, algunas destinadas a formar parte de utensilios compuestos. Estas herramientas permitían realizar tareas de corte, raspado, tratamiento de pieles y elaboración de objetos de madera u otros materiales perecederos. Los hallazgos dispersos de industria lítica en las Orcadas muestran la utilización de estas tecnologías, aunque no siempre es posible asociar cada pieza con una actividad concreta. Buena parte de los instrumentos de madera, fibras vegetales, hueso y otros materiales orgánicos empleados en la vida cotidiana han desaparecido debido a las condiciones de conservación. La arqueología dispone, por tanto, de una documentación fragmentaria que revela determinadas prácticas técnicas, pero ofrece una imagen incompleta del conjunto de actividades realizadas por aquellas comunidades.
La movilidad constituyó probablemente un componente importante de la organización social mesolítica. La distribución de los recursos, las condiciones meteorológicas y la necesidad de mantener contactos entre diferentes grupos pudieron favorecer una ocupación flexible del territorio, con campamentos utilizados durante períodos variables. En un archipiélago como las Orcadas, los desplazamientos marítimos adquirían especial importancia, aunque las embarcaciones utilizadas por sus primeros habitantes no se han conservado. Las reconstrucciones paleoambientales muestran, además, que la configuración de las costas era diferente de la actual debido a las transformaciones del nivel del mar posteriores a la última glaciación. Algunos lugares habitados durante el Mesolítico pudieron quedar sumergidos, erosionados o cubiertos por depósitos sedimentarios, lo que contribuye a explicar la escasez de yacimientos conocidos. La investigación del paisaje sumergido y el análisis de antiguos sedimentos constituyen herramientas fundamentales para recuperar información sobre estas ocupaciones tempranas.
Las comunidades mesolíticas de las Orcadas deben entenderse como poblaciones con conocimientos prácticos especializados sobre su entorno, capaces de reconocer los ciclos naturales, seleccionar materias primas y desarrollar estrategias de subsistencia adaptadas a las condiciones insulares. No existe evidencia suficiente para atribuirles la arquitectura monumental, las prácticas funerarias colectivas o las formas de organización características del Neolítico posterior. Tampoco puede afirmarse que desaparecieran repentinamente cuando comenzaron a introducirse la agricultura y la ganadería, pues la naturaleza de las relaciones entre las poblaciones mesolíticas y las primeras comunidades neolíticas continúa siendo objeto de investigación. Su importancia histórica reside en representar una etapa anterior de presencia humana en el archipiélago, durante la cual se desarrollaron experiencias de ocupación, movilidad y aprovechamiento de recursos que ayudan a comprender la larga trayectoria humana de las Orcadas antes de la transformación agrícola del IV milenio a. C.
-Dyke, S., Timpany, S. y Carruthers, M. (2023). Investigating the Mesolithic Landscape of Orkney’s First Settlers. Orkney Archaeology Review 2023, pp. 100–114. Orkney Archaeology Society.
-Scottish Archaeological Research Framework (ScARF). 6.1. Mesolithic Lifestyles. Palaeolithic and Mesolithic Panel Report. Society of Antiquaries of Scotland. The Scottish Archaeological Research Framework
-The Ness of Brodgar Project. Palaeolithic and Mesolithic. Síntesis arqueológica sobre las primeras evidencias de presencia humana en las Orcadas.
-Bownes, J. (2018). Reassessing the Scottish Mesolithic-Neolithic Transition: Questions of Diet and Chronology. Tesis doctoral, University of Glasgow.
2.3. La llegada del Neolítico: agricultura, ganadería y sedentarización
La introducción de la agricultura y la ganadería en las islas Orcadas, durante el IV milenio a. C., representó una de las transformaciones más importantes de su historia prehistórica. Este proceso formó parte de la expansión de las formas de vida neolíticas por Gran Bretaña, iniciada en torno al 4000 a. C., y alcanzó el archipiélago septentrional probablemente durante los siglos posteriores. Las dataciones arqueológicas sitúan el comienzo de las actividades neolíticas documentadas en las Orcadas aproximadamente entre 3730 y 3480 a. C., aunque estas fechas representan un intervalo estimado y no un acontecimiento único. La nueva economía productora de alimentos introdujo el cultivo de cereales, la cría de animales domésticos y formas de ocupación del territorio progresivamente más estables. A diferencia de las comunidades mesolíticas, cuya subsistencia dependía principalmente de los recursos silvestres, los grupos neolíticos comenzaron a intervenir de manera más continuada en los ciclos de reproducción de plantas y animales. La transformación afectó también a las técnicas de fabricación, la organización de los asentamientos y las relaciones sociales, dando origen a un modo de vida que modificaría profundamente el paisaje insular.
El origen de esta transformación ha sido objeto de un prolongado debate arqueológico. Durante décadas se discutió si la agricultura había llegado principalmente mediante la transmisión de conocimientos a las poblaciones mesolíticas o a través del establecimiento de nuevas comunidades procedentes de otras regiones. Los estudios de ADN antiguo realizados en Gran Bretaña han reforzado la importancia de los movimientos de población desde la Europa continental en la introducción de las prácticas agrícolas, aunque las características concretas de este proceso pudieron variar regionalmente. En el caso de las Orcadas, las semejanzas entre determinadas tradiciones materiales y funerarias y las existentes en otras zonas de Escocia sugieren conexiones con comunidades agrícolas del territorio continental británico. Una posible vía de llegada fue el nordeste de Escocia, pero las rutas exactas, el número de desplazamientos y las relaciones entre los recién llegados y las poblaciones mesolíticas anteriores siguen siendo cuestiones abiertas. La expansión neolítica debe entenderse, por tanto, como un fenómeno complejo que combinó movilidad humana, transmisión cultural y adaptación a nuevos territorios.
La agricultura introdujo cambios decisivos en el aprovechamiento de los recursos disponibles. Los restos vegetales recuperados en diferentes contextos arqueológicos documentan el cultivo de cebada y trigo, cereales que requerían preparar terrenos, sembrar, recolectar y almacenar parte de la producción. La ganadería incorporó bovinos, ovinos y otros animales domésticos a las actividades económicas, ampliando las posibilidades de obtención de carne, pieles, huesos y materias primas. En yacimientos como Knap of Howar, los restos arqueobotánicos y faunísticos permiten reconocer una economía mixta basada en cultivos y animales domésticos. Estas actividades implicaban una planificación estacional diferente de la practicada por las comunidades cazadoras-recolectoras, pues los campos y rebaños exigían una atención continuada y favorecían una vinculación más estable con determinados lugares. No obstante, la agricultura no eliminó automáticamente el aprovechamiento de los recursos silvestres, y las comunidades neolíticas pudieron mantener diversas actividades complementarias relacionadas con el entorno costero y terrestre.
La consolidación de esta economía favoreció el desarrollo de asentamientos más duraderos, aunque la sedentarización no debe interpretarse como un cambio inmediato ni absoluto. La construcción de viviendas, el mantenimiento de espacios productivos y la acumulación de recursos contribuyeron a establecer relaciones cada vez más estrechas entre las comunidades y los territorios que ocupaban. Las primeras edificaciones neolíticas de las Orcadas no fueron necesariamente todas de piedra: las investigaciones indican que también existieron construcciones de madera, mientras que la arquitectura pétrea adquirió mayor protagonismo durante fases posteriores del IV milenio a. C. La organización de los espacios habitados debió responder a necesidades domésticas, productivas y sociales, pero las diferencias entre yacimientos impiden establecer un modelo único para todo el archipiélago. Los materiales conservados muestran una evolución arquitectónica prolongada, durante la cual se desarrollaron soluciones técnicas adaptadas a las condiciones locales y a las tradiciones de cada comunidad.
La llegada del Neolítico también estuvo acompañada de transformaciones culturales que trascendieron la producción de alimentos. La fabricación de cerámica, el empleo de nuevas herramientas y la construcción de monumentos funerarios expresan cambios en las prácticas materiales y en las formas de relacionarse con el territorio y con los miembros de la comunidad. Las primeras tumbas de cámara documentadas en las Orcadas pertenecen a este amplio proceso de transformación, aunque su aparición no puede explicarse exclusivamente como una consecuencia económica de la agricultura. Los enterramientos colectivos y la construcción de espacios duraderos sugieren nuevas maneras de expresar vínculos sociales y relaciones con los antepasados, cuyo significado específico continúa siendo investigado. Hacia finales del IV milenio a. C., las comunidades agrícolas del archipiélago habían establecido las bases económicas, técnicas y territoriales sobre las que se desarrollaría posteriormente una arquitectura doméstica y monumental excepcional. Comprender esta transición resulta esencial para explicar el surgimiento del megalitismo orcadiano sin reducirlo a un fenómeno arquitectónico separado de la evolución histórica de sus habitantes.
-Griffiths, S. (2017). Stepping Stones to the Neolithic? Radiocarbon Dating the Early Neolithic on Islands Within the ‘Western Seaways’ of Britain. Proceedings of the Prehistoric Society. Estudio sobre la cronología y expansión del Neolítico en las islas británicas.
-Scottish Archaeological Research Framework (2012). Subsequent Developments during the Early and Middle Neolithic, c. 3800–3000 BC. Scottish Neolithic Panel Report. Society of Antiquaries of Scotland. The Scottish Archaeological Research Framework
-Moore, H., Wilson, G. y Griffiths, S. (2025). Revisiting Knap of Howar, Papa Westray, Orkney. Proceedings of the Society of Antiquaries of Scotland, vol. 154. Revisión arqueológica y cronológica de las primeras ocupaciones agrícolas y las construcciones de piedra.
-Historic Environment Scotland. Knap of Howar: History and Stories. Documentación institucional sobre agricultura, ganadería, herramientas y evidencias domésticas del asentamiento neolítico.
2.4. Las primeras comunidades agrícolas y su organización social
El establecimiento de las primeras comunidades agrícolas en las islas Orcadas, durante la segunda mitad del IV milenio a. C., dio lugar a formas de convivencia y organización territorial que constituyeron la base de la sociedad neolítica del archipiélago. La práctica continuada de la agricultura y la ganadería favoreció la formación de grupos domésticos vinculados a determinados espacios habitados, cuya estabilidad dependía del aprovechamiento de los campos, los pastos y los recursos disponibles. Las investigaciones arqueológicas realizadas en asentamientos como Knap of Howar y en diversos sectores de Mainland muestran que la ocupación del territorio fue más compleja que una simple sucesión de pequeñas granjas aisladas. Existieron lugares utilizados durante períodos prolongados, construcciones renovadas en diferentes momentos y espacios domésticos que reflejan la continuidad de ciertas actividades. Sin embargo, la conservación desigual de los yacimientos impide conocer con precisión el tamaño de las primeras comunidades, la extensión de sus territorios o el número de personas que compartían cada vivienda.
La unidad doméstica debió desempeñar un papel fundamental en la organización cotidiana de estas poblaciones. En torno a las viviendas se articulaban actividades relacionadas con la preparación de alimentos, el mantenimiento de utensilios, el almacenamiento de productos y otras tareas necesarias para la subsistencia. Los hogares, las áreas de trabajo y los objetos recuperados en las excavaciones permiten reconocer espacios utilizados de manera recurrente, aunque no siempre resulta posible determinar la distribución exacta de las actividades entre sus habitantes. Tampoco debemos identificar automáticamente cada casa con una familia nuclear semejante a la actual, pues las unidades de convivencia pudieron incluir diferentes relaciones de parentesco, cooperación o dependencia. La repetición de determinadas formas arquitectónicas sugiere la existencia de conocimientos y costumbres compartidos, mientras que las diferencias entre edificios y asentamientos indican que las comunidades conservaron una considerable diversidad en sus maneras de organizar el espacio doméstico.
La cooperación entre grupos debió resultar especialmente importante en una economía que exigía atender simultáneamente a los cultivos, los animales y las necesidades materiales de los asentamientos. La preparación de los terrenos agrícolas, la recolección de cereales, el cuidado de los rebaños y la construcción o reparación de edificios requerían una distribución práctica de esfuerzos, aunque desconocemos cómo se asignaban estas responsabilidades. Es razonable pensar que algunas actividades se realizaban dentro de grupos domésticos relativamente reducidos y otras mediante acuerdos entre varias unidades de convivencia. Las relaciones de intercambio y ayuda mutua pudieron contribuir a reducir los riesgos derivados de cosechas desfavorables, pérdidas de ganado o dificultades ambientales. Sin embargo, la arqueología no permite reconstruir una división del trabajo fija ni establecer con seguridad qué funciones correspondían a personas de distintas edades o sexos. Las herramientas, los restos alimentarios y la disposición de las construcciones ofrecen indicios sobre las actividades desarrolladas, pero no identifican directamente a quienes las realizaron.
La organización social de estas comunidades plantea cuestiones especialmente complejas. Las primeras sociedades agrícolas no fueron necesariamente igualitarias ni estuvieron sometidas de forma inevitable a autoridades hereditarias. La existencia de diferencias materiales entre viviendas, enterramientos y objetos puede sugerir desigualdades de recursos, prestigio o responsabilidades, pero su interpretación exige considerar la cronología y el contexto de cada hallazgo. En las Orcadas, las construcciones funerarias colectivas revelan la importancia que adquirieron determinadas prácticas relacionadas con los muertos y la memoria de los grupos, aunque no demuestran por sí mismas una organización política concreta. Las propuestas que relacionan los monumentos con territorios comunitarios, linajes o mecanismos de legitimación social siguen siendo hipótesis arqueológicas sometidas a debate. También resulta difícil establecer hasta qué punto las distintas comunidades del archipiélago actuaban de manera independiente o participaban en redes estables de cooperación. La presencia de tradiciones materiales compartidas apunta a relaciones culturales, pero no permite afirmar la existencia de una autoridad centralizada.
Con el transcurso de los siglos, estas formas iniciales de convivencia experimentaron transformaciones que se hicieron especialmente visibles durante el Neolítico medio y final. La aparición de asentamientos más complejos, edificios de mayores dimensiones y construcciones monumentales indica una creciente capacidad para movilizar recursos y coordinar actividades que superaban las necesidades inmediatas de una vivienda. No obstante, los estudios cronológicos muestran que el desarrollo de las comunidades orcadianas no siguió una progresión uniforme: hubo fases de expansión, reorganización y abandono de determinados lugares. La sociedad neolítica debe comprenderse, por ello, como una realidad cambiante, integrada por grupos que mantenían relaciones de cooperación, intercambio y posiblemente competencia. Las primeras comunidades agrícolas establecieron las condiciones económicas y sociales que hicieron posible la posterior transformación monumental del archipiélago, pero la naturaleza de sus vínculos internos y de sus mecanismos de autoridad continúa siendo una de las grandes cuestiones abiertas de la investigación arqueológica.
-Moore, H., Wilson, G. y Griffiths, S. (2025). Revisiting Knap of Howar, Papa Westray, Orkney. Proceedings of the Society of Antiquaries of Scotland, vol. 154. Revisión de la cronología y las fases de ocupación de uno de los primeros asentamientos agrícolas orcadianos.
-Scottish Archaeological Research Framework (2012). Places to Live and Ways of Living. Scottish Neolithic Panel Report. Society of Antiquaries of Scotland. Análisis de los asentamientos, la arquitectura doméstica y las formas de convivencia.
-Scottish Archaeological Research Framework (2012). Identity, Society and Belief Systems. Scottish Neolithic Panel Report. Debate sobre organización social, jerarquías, relaciones territoriales y prácticas colectivas.
-Bayliss, A. y colaboradores (2017). New Scientific Dating Research Unravels the Story of Life in Prehistoric Orkney. Historic England. Síntesis de las investigaciones cronológicas sobre los cambios en los asentamientos y las relaciones comunitarias del Neolítico orcadiano.
La arquitectura doméstica del Neolítico de las Orcadas constituye uno de los testimonios más valiosos para comprender la vida cotidiana de las primeras comunidades agrícolas del archipiélago. A diferencia de otras regiones europeas, donde las viviendas prehistóricas fueron construidas principalmente con madera y materiales perecederos, numerosos asentamientos orcadianos conservaron estructuras de piedra que permiten estudiar su distribución interior, sus espacios de habitación y algunas de las actividades desarrolladas por sus habitantes. Esta particularidad ha convertido a las islas en un territorio excepcional para investigar la evolución de las formas de vivienda durante el IV y III milenio a. C., aunque las construcciones conservadas representan distintas etapas y no deben considerarse ejemplos de un único modelo arquitectónico.
Los yacimientos de Knap of Howar y Barnhouse permiten observar dos momentos significativos de esta evolución. El primero conserva algunas de las viviendas neolíticas de piedra más antiguas conocidas en el noroeste europeo, mientras que el segundo refleja formas de organización arquitectónica más complejas, desarrolladas durante el Neolítico final. Sus diferencias muestran cómo las comunidades modificaron sus técnicas constructivas, la distribución de los espacios domésticos y las relaciones entre los edificios a lo largo del tiempo. El estudio de estos asentamientos también ayuda a comprender la importancia de los hogares, las áreas de trabajo y las instalaciones interiores, elementos que proporcionan información sobre las necesidades prácticas y las costumbres de sus habitantes.
La construcción de viviendas exigía seleccionar materiales adecuados, conocer sus propiedades y adaptar los edificios a las características del terreno y del clima. La utilización de losas de piedra, muros de considerable espesor y diferentes soluciones de distribución interior demuestra una notable experiencia técnica acumulada durante generaciones. Sin embargo, la arquitectura doméstica no debe interpretarse únicamente como una respuesta a las condiciones ambientales, pues también refleja decisiones culturales relacionadas con la convivencia y la utilización del espacio. El análisis de estas primeras construcciones permite aproximarse a la dimensión material de la sociedad neolítica y establecer una base para comprender los desarrollos arquitectónicos posteriores, tanto en los poblados como en los grandes conjuntos monumentales del archipiélago.
-Moore, H., Wilson, G. y Griffiths, S. (2025). Revisiting Knap of Howar, Papa Westray, Orkney. Proceedings of the Society of Antiquaries of Scotland, vol. 154. Estudio de la cronología y evolución de las primeras viviendas neolíticas.
-Richards, C. (ed.) (2005). Dwelling among the Monuments: The Neolithic Village of Barnhouse, Maeshowe Passage Grave and Surrounding Monuments at Stenness, Orkney. McDonald Institute for Archaeological Research, Cambridge.
-Historic Environment Scotland. Knap of Howar: History and Stories. Documentación sobre las estructuras domésticas y las primeras comunidades agrícolas de las Orcadas.
3.1. Las primeras viviendas construidas en piedra
La aparición de las primeras viviendas de piedra en las islas Orcadas constituyó una transformación significativa en la arquitectura doméstica del Neolítico, especialmente durante la segunda mitad del IV milenio a. C. Aunque el archipiélago es conocido por la extraordinaria conservación de sus construcciones pétreas, las investigaciones arqueológicas han demostrado que sus primeros agricultores también utilizaron madera y otros materiales orgánicos para levantar sus viviendas. Los hallazgos de asentamientos como Wideford Hill y Ha’Breck han permitido identificar fases constructivas anteriores en las que predominaban estructuras de madera, algunas sustituidas posteriormente por edificios de piedra. Este cambio no fue simultáneo en todas las islas ni respondió necesariamente a una única causa. La disponibilidad de areniscas estratificadas, fáciles de separar en losas, favoreció el desarrollo de soluciones arquitectónicas duraderas, pero la elección de los materiales también estuvo condicionada por tradiciones constructivas, necesidades domésticas y transformaciones culturales. La transición hacia la piedra debe entenderse, por tanto, como un proceso gradual de experimentación y adaptación, cuyos ritmos variaron entre los distintos asentamientos.
Las primeras casas pétreas conocidas presentaban plantas generalmente ovaladas o rectangulares con esquinas redondeadas, muros de notable espesor y espacios interiores organizados mediante losas verticales. En numerosos casos, los bloques se colocaban horizontalmente formando hiladas superpuestas, mientras que las piedras mayores podían utilizarse para delimitar habitaciones, reforzar entradas o construir instalaciones domésticas. Los hogares ocupaban posiciones importantes dentro de las viviendas y constituían espacios fundamentales para cocinar, calentarse y desarrollar determinadas actividades cotidianas. También aparecen compartimentos de almacenamiento, superficies de trabajo y estructuras integradas en los propios muros. Estos elementos muestran que la arquitectura no se limitaba a proporcionar refugio, sino que organizaba de manera práctica el espacio utilizado por sus habitantes. Sin embargo, no todos los edificios respondían al mismo modelo, y las diferencias entre asentamientos indican una evolución constructiva más diversa de lo que sugerían las primeras interpretaciones arqueológicas.
La utilización de piedra planteaba exigencias técnicas particulares. Era necesario seleccionar bloques adecuados, preparar superficies de apoyo, disponer los materiales de forma estable y construir cerramientos capaces de resistir las condiciones ambientales del archipiélago. Los muros gruesos proporcionaban protección frente al viento y contribuían a mantener la estabilidad estructural, mientras que la organización de las entradas podía reducir la exposición directa a las corrientes de aire. En algunos asentamientos, las viviendas se integraron parcialmente en acumulaciones de sedimentos y desechos domésticos, conocidos arqueológicamente como depósitos de midden, que pudieron proporcionar aislamiento adicional. Las cubiertas constituyen uno de los aspectos menos conocidos de estas construcciones, ya que apenas se han conservado restos directos. Se han propuesto soluciones que combinaban madera, césped, paja y otros materiales vegetales, aunque su forma exacta continúa siendo incierta. La reconstrucción de estos elementos exige distinguir cuidadosamente entre las evidencias materiales conservadas y las hipótesis formuladas a partir de ellas.
Uno de los rasgos más interesantes de la arquitectura doméstica orcadiana es la relación entre los edificios y la organización de los espacios habitados. Las excavaciones muestran que algunas viviendas experimentaron reparaciones, modificaciones interiores y reconstrucciones sucesivas, lo que demuestra una ocupación prolongada y una adaptación continuada a las necesidades de sus habitantes. En determinados lugares, las estructuras nuevas aprovecharon espacios anteriormente ocupados, mientras que en otros se construyeron edificios próximos entre sí, formando agrupaciones domésticas de complejidad variable. Estas disposiciones permiten estudiar las relaciones espaciales entre distintas unidades de convivencia, aunque no revelan directamente los vínculos familiares o sociales de sus ocupantes. La arquitectura refleja decisiones compartidas y conocimientos transmitidos entre generaciones, pero resulta arriesgado interpretar cada diferencia constructiva como prueba de una jerarquía social concreta. Su estudio adquiere especial valor cuando se combina con los utensilios, restos alimentarios y depósitos arqueológicos asociados a las viviendas.
La consolidación de las construcciones pétreas durante el Neolítico orcadiano estableció una tradición arquitectónica que alcanzaría un desarrollo extraordinario en los siglos posteriores. Los edificios de Knap of Howar, levantados durante una fase avanzada del IV milenio a. C. según las revisiones cronológicas recientes, ofrecen un ejemplo especialmente valioso de estas primeras soluciones domésticas, mientras que asentamientos posteriores muestran una creciente elaboración de los espacios interiores y de las relaciones entre las viviendas. No obstante, esta evolución no debe interpretarse como una secuencia lineal de progreso técnico, pues las distintas comunidades emplearon soluciones adaptadas a sus circunstancias y conservaron prácticas constructivas diferentes. La importancia de aquellas primeras casas reside en que permiten reconocer cómo los habitantes de las Orcadas transformaron la piedra en un material cotidiano de habitación, organización espacial y permanencia arquitectónica. Su conservación proporciona una fuente excepcional para comprender las formas de vida neolíticas y constituye el antecedente material de algunas de las construcciones domésticas más notables de la Prehistoria europea.
-Moore, H., Wilson, G. y Griffiths, S. (2025). Revisiting Knap of Howar, Papa Westray, Orkney. Proceedings of the Society of Antiquaries of Scotland, 154, pp. 15–34. Revisión de las fases constructivas y de la cronología de las viviendas neolíticas.
-Bayliss, A. y colaboradores (2017). Islands of history: the Late Neolithic timescape of Orkney. Antiquity. Análisis cronológico de los asentamientos y de la transición entre construcciones de madera y piedra.
-Scottish Archaeological Research Framework (ScARF) (2012). Places to live and ways of living. Scottish Neolithic Panel Report. Society of Antiquaries of Scotland. Síntesis de la arquitectura doméstica, sus materiales y sus formas de conservación.
-Historic Environment Scotland. Knap of Howar, houses (SM90195). Inventario oficial del monumento protegido. Documentación arquitectónica de las viviendas y sus instalaciones interiores.
3.2. Knap of Howar: uno de los asentamientos neolíticos más antiguos conservados del norte de Europa
El yacimiento de Knap of Howar, situado en la isla de Papa Westray, al norte del archipiélago de las Orcadas, constituye uno de los ejemplos mejor conservados de arquitectura doméstica neolítica del noroeste europeo. Su importancia arqueológica reside en la extraordinaria integridad de dos edificios construidos con piedra, cuyos muros, accesos y elementos interiores permiten aproximarse a las condiciones materiales de vida de las comunidades agrícolas prehistóricas. Durante mucho tiempo se consideró que estas viviendas habían sido levantadas hacia 3700 a. C., lo que las situaba entre las construcciones domésticas pétreas más antiguas de Europa. Sin embargo, una revisión arqueológica publicada en 2025, basada en nuevas dataciones por radiocarbono y en el estudio de la estratigrafía, ha propuesto una cronología más reciente para los edificios conservados, aproximadamente entre 3300 y 3200 a. C. La investigación ha confirmado, además, que las estructuras de piedra representan la fase final de una ocupación anterior, desarrollada durante varios siglos. Esta reinterpretación resulta especialmente significativa porque demuestra que el asentamiento experimentó una evolución más prolongada y compleja de lo que sugerían las primeras excavaciones.
El conjunto está formado por dos construcciones de planta alargada y contornos irregulares, levantadas una junto a otra y comunicadas mediante un estrecho pasadizo. Sus muros conservan alturas superiores a 1,5 metros en algunos sectores, mientras que las entradas mantienen parte de sus elementos originales. El edificio principal, conocido como Casa 1, presenta unas dimensiones interiores aproximadas de 9,5 metros de longitud por 4,7 de anchura y se encuentra dividido en dos espacios mediante grandes losas verticales. En su interior se conservan un hogar, compartimentos construidos con piedra y otras instalaciones que permiten reconocer diferentes áreas de actividad doméstica. La Casa 2, algo menor, dispone de tres compartimentos interiores y conserva igualmente elementos de almacenamiento y restos de un hogar. Tradicionalmente se interpretó el edificio mayor como residencia y el segundo como taller o almacén, aunque esta distribución funcional continúa siendo objeto de estudio. La comunicación directa entre ambas construcciones constituye una característica especialmente interesante, pues sugiere una relación estrecha entre las actividades desarrolladas en los dos espacios sin permitir determinar con exactitud quiénes los utilizaban ni cómo se organizaba su convivencia.
Los materiales recuperados durante las excavaciones proporcionan información sobre la economía y las prácticas cotidianas de sus habitantes. Los restos de cebada y trigo, junto con abundantes huesos de bovinos y ovinos, muestran la importancia de una producción agrícola y ganadera consolidada. También se identificaron restos de peces, moluscos y otros recursos costeros, lo que indica un aprovechamiento complementario del medio marítimo. Entre los objetos encontrados destacan molinos de mano, herramientas de piedra, perforadores y utensilios elaborados con materiales de origen animal. Estas piezas documentan actividades relacionadas con la preparación de alimentos, el trabajo de diferentes materias primas y el mantenimiento cotidiano del asentamiento. Algunos hallazgos, como las cabezas de maza realizadas con materiales óseos de grandes mamíferos marinos, plantean además la posibilidad de usos que trascendieran las necesidades estrictamente domésticas. La cerámica recuperada incluye recipientes vinculados a la tradición Unstan y materiales cuya revisión ha contribuido a cuestionar antiguas clasificaciones cronológicas. En conjunto, los hallazgos revelan una comunidad agrícola que participaba en tradiciones culturales más amplias y cuya vida material no puede reducirse a la imagen de una explotación familiar completamente aislada.
La historia de las investigaciones de Knap of Howar también resulta reveladora de los cambios experimentados por la arqueología. Las primeras excavaciones sistemáticas se realizaron a finales de la década de 1920 y comienzos de la siguiente, cuando las estructuras fueron estudiadas por William Traill y William Kirkness. Debido a las dificultades para interpretar los materiales disponibles, inicialmente se propuso una datación mucho más reciente, relacionada con la Edad del Hierro. Las excavaciones dirigidas por Anna Ritchie durante la década de 1970 permitieron reconocer con mayor claridad su naturaleza neolítica y documentar numerosos aspectos de la arquitectura y de los depósitos arqueológicos. Posteriormente, los estudios cronológicos y las nuevas investigaciones de campo demostraron que los edificios se habían construido sobre acumulaciones anteriores de residuos domésticos, conocidas como depósitos de midden. La revisión publicada por Hazel Moore, Graeme Wilson y Seren Griffiths ha reforzado esta interpretación, mostrando que la ocupación del lugar precedió a las viviendas actualmente visibles. La secuencia arqueológica de Knap of Howar constituye así un ejemplo de cómo nuevas técnicas y una revisión crítica de las excavaciones antiguas pueden transformar la interpretación de un yacimiento ampliamente conocido.
La importancia de Knap of Howar no depende exclusivamente de su antigüedad, sino de la posibilidad excepcional de estudiar una arquitectura doméstica neolítica conservada con gran detalle. Sus edificios permiten reconocer cómo se organizaron determinados espacios de habitación y trabajo, mientras que los materiales arqueológicos documentan prácticas productivas y actividades cotidianas desarrolladas en el archipiélago durante el IV milenio a. C. La revisión de su cronología obliga a abandonar la idea de que las construcciones visibles representan necesariamente las primeras viviendas de piedra de las Orcadas, pero refuerza su valor como testimonio de una tradición arquitectónica que ya había alcanzado una notable madurez. El yacimiento demuestra también que la historia de los asentamientos neolíticos fue dinámica, con sucesivas fases de ocupación, transformación y reutilización del espacio. Su estudio proporciona un punto de referencia fundamental para comprender las formas domésticas anteriores al desarrollo de los grandes poblados monumentales del Neolítico final y permite apreciar la complejidad de las comunidades que habitaron las islas mucho antes de la construcción de Skara Brae.
-Moore, H., Wilson, G. y Griffiths, S. (2025). Revisiting Knap of Howar, Papa Westray, Orkney. Proceedings of the Society of Antiquaries of Scotland, vol. 154. Revisión arqueológica, estratigráfica y cronológica de las viviendas.
-Historic Environment Scotland (s. f.). Knap of Howar: History and Stories. Documentación de las dos estructuras, sus instalaciones interiores y los hallazgos materiales.
-Historic Environment Scotland (s. f.). Knap of Howar, Houses (SM90195). Inventario oficial de monumentos protegidos de Escocia. Descripción arquitectónica y dimensiones de los edificios.
-The Ness of Brodgar Project (2025). Not as early as once thought: reassessment confirms suspected Knap of Howar timeline. Síntesis de la revisión cronológica y sus implicaciones para la interpretación del asentamiento.
Knap of Howar: las primeras viviendas de piedra del Neolítico orcadiano. En la isla de Papa Westray se conserva uno de los conjuntos de arquitectura doméstica neolítica más antiguos del noroeste europeo. Knap of Howar está formado por dos construcciones de piedra situadas junto al litoral, parcialmente integradas en el terreno y protegidas por gruesos muros. La fotografía permite apreciar la disposición de ambos edificios, su proximidad y la utilización de materiales disponibles en el entorno. Este asentamiento constituye un testimonio excepcional de las primeras comunidades agrícolas que establecieron formas de ocupación permanente en las Orcadas durante el IV milenio a. C.
Las dos viviendas de Knap of Howar fueron construidas mediante muros de piedra cuidadosamente ensamblados y presentan plantas aproximadamente rectangulares con extremos redondeados. La conservación de sus estructuras permite reconocer accesos, divisiones interiores y elementos relacionados con el equipamiento doméstico. Su arquitectura demuestra un conocimiento considerable de las propiedades de los materiales y de las necesidades de protección frente a las condiciones climáticas del archipiélago.
La proximidad del asentamiento al litoral constituye también una característica significativa. Aunque el paisaje ha experimentado transformaciones desde el Neolítico, la ubicación del conjunto permite comprender la importancia de combinar las actividades agrícolas y ganaderas con el aprovechamiento de recursos costeros. Knap of Howar proporciona así una imagen especialmente concreta de la vida cotidiana de las primeras comunidades neolíticas orcadianas.
Fotografía: Otter –, Knap of Howar, Papa Westray, Orkney, 16 de agosto de 2003. Wikimedia Commons. Licencia Creative Commons CC BY-SA 3.0.
El espacio doméstico de Knap of Howar: arquitectura y vida cotidiana. El interior de una de las viviendas neolíticas de Knap of Howar permite observar la distribución de los espacios domésticos y algunos de los elementos de piedra utilizados por sus habitantes. Los muros construidos mediante hiladas de losas, las divisiones interiores y los accesos cuidadosamente dispuestos reflejan una arquitectura adaptada a las necesidades de una comunidad agrícola estable. En primer plano aparece una piedra de molino manual, relacionada con las actividades de procesamiento de cereales y preparación de alimentos.
La conservación de los elementos interiores de Knap of Howar ofrece una oportunidad excepcional para estudiar la organización funcional de las viviendas neolíticas. Las grandes losas verticales delimitaban determinadas zonas y podían servir como parte del mobiliario fijo, mientras los accesos comunicaban diferentes sectores del conjunto. La utilización sistemática de piedra permitió que numerosos detalles arquitectónicos sobrevivieran durante milenios, proporcionando información que raramente se conserva en asentamientos construidos con materiales perecederos.
La presencia de piedras de molienda constituye un testimonio especialmente significativo de las actividades domésticas relacionadas con la transformación de los cereales. Estos instrumentos formaban parte de una economía basada en la agricultura, la ganadería y el aprovechamiento complementario de los recursos del entorno. La fotografía permite apreciar, por tanto, no solamente una construcción prehistórica, sino también algunos de los objetos que hicieron posible la vida cotidiana de sus habitantes.
Fotografía: Drewcorser. Knap of Howar: interior de la vivienda principal, con piedras de molino en primer plano. Papa Westray, islas Orcadas. Fotografía tomada el 31 de julio de 2005. Wikimedia Commons.
Galería fotográfica: Knap of Howar — Fotografías y documentación gráfica en Wikimedia Commons.
3.3. Barnhouse: arquitectura doméstica y espacios comunitarios
El asentamiento neolítico de Barnhouse, situado en la isla de Mainland, cerca de las Piedras de Stenness y del lago de Harray, constituye uno de los testimonios más importantes para comprender la organización de los poblados durante el Neolítico final de las Orcadas. Descubierto en 1984 y excavado entre 1985 y 1991 bajo la dirección del arqueólogo Colin Richards, el yacimiento permitió identificar un conjunto de viviendas construidas en piedra, distribuidas en torno a espacios abiertos y relacionadas mediante una organización arquitectónica aparentemente planificada. Las investigaciones cronológicas más recientes sitúan su fundación probablemente durante las últimas décadas del siglo XXXII a. C., alrededor de 3120-3100 a. C., y su abandono definitivo a comienzos del siglo XXIX a. C. Barnhouse estuvo ocupado, por tanto, durante aproximadamente dos siglos, aunque sus edificios no fueron construidos ni abandonados simultáneamente. Su importancia reside especialmente en que permite estudiar un poblado completo en evolución, donde las viviendas, las instalaciones domésticas y determinadas construcciones monumentales ofrecen indicios sobre las relaciones entre la vida cotidiana y las actividades comunitarias.
Las excavaciones identificaron numerosas estructuras domésticas de planta aproximadamente rectangular, con esquinas redondeadas y muros construidos mediante losas de piedra superpuestas. Varias viviendas presentaban un hogar central y una distribución interior organizada mediante elementos pétreos, entre ellos compartimentos, superficies de trabajo y estructuras interpretadas como espacios de almacenamiento. La disposición de estos elementos recuerda determinadas características arquitectónicas de Skara Brae, aunque Barnhouse pertenece a una fase anterior y presenta diferencias significativas en la distribución general del asentamiento. Las casas no eran idénticas ni permanecieron inalteradas durante toda su utilización: algunas fueron reconstruidas repetidamente, mientras que otras desaparecieron o fueron sustituidas por nuevas edificaciones. La Casa 2 destaca por sus mayores dimensiones y por ciertas particularidades arquitectónicas que han suscitado interpretaciones sobre posibles diferencias de función o significado entre los edificios. Sin embargo, estas singularidades no demuestran necesariamente que existieran residencias de dirigentes o una jerarquía política establecida. El estudio de Barnhouse muestra que la arquitectura doméstica podía expresar diferencias entre espacios y actividades sin que resulte posible atribuirles automáticamente una organización social concreta.
Uno de los aspectos más reveladores del yacimiento es la existencia de zonas exteriores utilizadas para actividades compartidas. Las viviendas se distribuían alrededor de espacios abiertos donde se encontraron evidencias relacionadas con la fabricación de herramientas de sílex, el trabajo de materiales óseos y el tratamiento de objetos y recipientes cerámicos. También se documentaron sistemas de drenaje construidos con piedra, destinados a conducir el agua y determinados residuos hacia el exterior del asentamiento. La organización de estas instalaciones demuestra una atención considerable a la circulación, el mantenimiento de los edificios y la utilización de los espacios comunes. La cerámica recuperada pertenece principalmente a la tradición Grooved Ware, caracterizada por recipientes de fondo plano y decoraciones geométricas realizadas mediante incisiones, impresiones y aplicaciones de arcilla. Su presencia resulta especialmente importante porque Barnhouse contiene algunos de los conjuntos tempranos mejor fechados de esta tradición cerámica, vinculada con las transformaciones culturales del Neolítico final británico. El análisis de estos materiales permite observar prácticas compartidas y cambios en las formas de producción, aunque las funciones exactas de algunos recipientes y las circunstancias de su utilización continúan siendo objeto de investigación.
La construcción más singular del poblado es la denominada Estructura 8, un edificio monumental que se diferencia claramente de las viviendas ordinarias por sus dimensiones, su complejidad y su disposición arquitectónica. Los estudios cronológicos indican que fue levantado probablemente alrededor de 3000 a. C., más de un siglo después de la fundación inicial del asentamiento. Su arquitectura incluía importantes muros de piedra, un espacio interior cuidadosamente organizado y elementos que sugieren una función distinta de la estrictamente residencial. Se ha propuesto que pudo utilizarse para reuniones, actividades ceremoniales o prácticas comunitarias relacionadas con determinados acontecimientos sociales, aunque ninguna de estas interpretaciones puede considerarse definitivamente demostrada. Su aparición coincidió con transformaciones en la distribución del poblado, incluida la desaparición o reorganización de algunas construcciones anteriores. La Estructura 8 parece haber permanecido en uso después del abandono de varias viviendas y probablemente constituyó uno de los últimos edificios utilizados en Barnhouse. Esta secuencia sugiere que determinados lugares pudieron conservar su importancia colectiva incluso cuando disminuyó o terminó la ocupación doméstica del asentamiento.
Barnhouse permite comprender que la arquitectura neolítica de las Orcadas había adquirido, hacia comienzos del III milenio a. C., una notable diversidad de formas y funciones. La planificación de las viviendas, las sucesivas reconstrucciones, los espacios de trabajo y la presencia de un gran edificio diferenciado muestran una comunidad capaz de organizar actividades domésticas y colectivas mediante soluciones arquitectónicas relativamente complejas. Su proximidad a las Piedras de Stenness resulta especialmente significativa, pues sitúa el poblado dentro de un territorio donde convivían espacios habitados y construcciones monumentales, aunque las relaciones concretas entre ambos conjuntos siguen siendo debatidas. El abandono de Barnhouse no significó necesariamente la desaparición de las tradiciones que allí se habían desarrollado: algunos de sus rasgos arquitectónicos y materiales encuentran paralelos en otros asentamientos posteriores del archipiélago. Su estudio demuestra que la evolución de la vivienda neolítica estuvo estrechamente vinculada con cambios en la organización de los espacios comunitarios y proporciona un antecedente fundamental para interpretar la relación entre arquitectura doméstica, actividad ceremonial y paisaje monumental en las Orcadas.
-Richards, C. (ed.) (2005). Dwelling among the Monuments: The Neolithic Village of Barnhouse, Maeshowe Passage Grave and Surrounding Monuments at Stenness, Orkney. McDonald Institute for Archaeological Research, Cambridge. Monografía fundamental sobre las excavaciones, la arquitectura y la vida comunitaria del asentamiento. Se ha consultado su índice detallado.
-Richards, C., Jones, A. M., MacSween, A., Sheridan, A., Dunbar, E., Reimer, P., Bayliss, A., Griffiths, S. y Whittle, A. (2016). Settlement Duration and Materiality: Formal Chronological Models for the Development of Barnhouse, a Grooved Ware Settlement in Orkney. Proceedings of the Prehistoric Society, 82, pp. 193–225. Estudio cronológico y arqueológico de las fases constructivas y de la cerámica del asentamiento.
-UNESCO World Heritage Centre (1998). The Heart of Neolithic Orkney: Nomination for Inclusion in the World Heritage List. Expediente de candidatura patrimonial, n.º 514. Documentación sobre la distribución de las viviendas, los sistemas de drenaje y los espacios comunitarios de Barnhouse.
Barnhouse: la arquitectura de una comunidad neolítica de Mainland. El asentamiento de Barnhouse, situado cerca de las Piedras de Stenness, constituye uno de los testimonios más importantes de la organización de las comunidades neolíticas de las Orcadas. La fotografía muestra los restos de la denominada Casa 3, una de las construcciones que integraban el poblado. La disposición de sus muros permite reconocer una arquitectura cuidadosamente planificada, en la que las viviendas formaban parte de un conjunto comunitario más amplio.
La Casa 3 de Barnhouse permite observar cómo los habitantes del asentamiento aprovecharon las propiedades de la piedra para levantar construcciones sólidas y organizar sus espacios domésticos. Los restos conservados muestran una planta definida por gruesos muros, característica de una tradición arquitectónica que se desarrolló en las Orcadas durante el Neolítico final.
Las excavaciones dirigidas por Colin Richards demostraron que Barnhouse estaba formado por varias construcciones relacionadas entre sí, aunque no todas tuvieron necesariamente la misma función. La presencia de edificios con características arquitectónicas diferenciadas ha contribuido al debate sobre las relaciones comunitarias, la organización de las actividades domésticas y la posible existencia de espacios destinados a reuniones colectivas. Martin McCarthy (Tumulus). House 3, Barnhouse Settlement, Orkney, 2003. Wikimedia Commons. Licencia Creative Commons CC BY-SA 3.0.
3.4. Técnicas constructivas, materiales y adaptación al medio insular
La arquitectura doméstica del Neolítico de las Orcadas se desarrolló mediante una combinación de conocimientos técnicos, aprovechamiento de recursos locales y adaptación a las condiciones particulares del archipiélago. La abundancia de areniscas sedimentarias, especialmente de aquellas que podían separarse en losas relativamente planas, proporcionó un material adecuado para levantar muros, pavimentar superficies y construir elementos interiores. Estas piedras podían obtenerse de afloramientos naturales y trabajarse mediante herramientas sencillas, sin necesidad de disponer de instrumentos metálicos. Los constructores seleccionaban bloques de distintas dimensiones según su función y los colocaban formando estructuras capaces de soportar su propio peso y resistir las condiciones ambientales. La técnica predominante consistía en disponer las piedras en hiladas superpuestas, generalmente sin utilizar morteros semejantes a los empleados en épocas históricas. La estabilidad dependía de la disposición cuidadosa de los materiales, del apoyo entre los bloques y del considerable espesor de algunos muros. Esta experiencia constructiva, acumulada y transmitida durante generaciones, permitió desarrollar edificios duraderos cuya calidad técnica resulta especialmente evidente en los asentamientos conservados del Neolítico final.
La disposición de los muros y las instalaciones interiores revela un conocimiento práctico de las posibilidades de la piedra. Las losas colocadas verticalmente, conocidas en arqueología como ortostatos, servían para delimitar compartimentos, reforzar determinadas estructuras y organizar espacios de almacenamiento o trabajo. Otras piezas se utilizaban como pavimentos, bancos, hogares y superficies horizontales. La combinación de bloques dispuestos vertical y horizontalmente permitía crear soluciones relativamente complejas sin recurrir a técnicas de construcción posteriores. En algunos edificios se emplearon piedras de gran tamaño para señalar accesos, definir espacios interiores o establecer divisiones permanentes. Los restos conservados muestran, además, que las construcciones podían repararse, ampliarse o modificarse durante su utilización. Estas intervenciones exigían conocer el comportamiento de los materiales y mantener una continuidad de las prácticas constructivas, aunque las diferencias entre yacimientos indican que no existía un modelo arquitectónico único para todas las comunidades del archipiélago.
La protección frente al clima constituyó una preocupación importante en el diseño de las viviendas. Los vientos atlánticos, la humedad y las bajas temperaturas estacionales favorecieron el empleo de muros gruesos, accesos relativamente estrechos y soluciones que reducían la exposición directa de los espacios habitados. En algunos asentamientos, especialmente durante el Neolítico final, las viviendas quedaron parcialmente integradas en acumulaciones de residuos domésticos y sedimentos, formando estructuras semienterradas. Estos depósitos, denominados middens, estaban compuestos por materiales procedentes de actividades cotidianas, como restos orgánicos, cenizas y fragmentos de objetos desechados. Su acumulación alrededor de los edificios pudo contribuir al aislamiento térmico y a la protección frente al viento, aunque también fue resultado de procesos prolongados de ocupación y transformación del asentamiento. La relación entre los muros, el terreno circundante y los depósitos arqueológicos resulta fundamental para interpretar la arquitectura, pues las viviendas no permanecieron necesariamente en la misma posición respecto a la superficie exterior durante toda su existencia.
Uno de los principales interrogantes relacionados con estas construcciones es la forma de sus cubiertas. Aunque los muros y numerosos elementos interiores han sobrevivido durante milenios, los tejados originales apenas han dejado evidencias reconocibles. Se han propuesto reconstrucciones que combinan estructuras de madera con cubiertas vegetales de césped, paja, turba o algas, materiales que pudieron encontrarse en distintas zonas del archipiélago. Sin embargo, la escasez de restos directos impide establecer con seguridad qué soluciones se utilizaron en cada asentamiento. La disponibilidad de madera también debió variar según las condiciones ambientales y las transformaciones de la vegetación, de modo que no puede suponerse una ausencia absoluta de recursos forestales durante todo el Neolítico. Las cubiertas necesitaban proteger los espacios interiores de las precipitaciones y permitir una ventilación suficiente, especialmente en viviendas con hogares utilizados para cocinar y calentarse. La disposición de las entradas, los posibles sistemas de evacuación del humo y el mantenimiento de los materiales orgánicos siguen siendo aspectos parcialmente desconocidos, cuya reconstrucción requiere combinar las evidencias arqueológicas con estudios experimentales y comparaciones arquitectónicas prudentes.
Las técnicas constructivas neolíticas de las Orcadas deben entenderse como parte de una tradición cultural en evolución, donde las soluciones materiales respondían tanto a necesidades prácticas como a decisiones relacionadas con la organización del espacio. Los asentamientos muestran diferencias en la distribución de los edificios, la disposición de los accesos, el tratamiento de los muros y la utilización de instalaciones interiores, lo que refleja cambios históricos y preferencias compartidas por determinadas comunidades. La construcción de viviendas exigía planificar el trabajo, seleccionar materiales y mantener conocimientos especializados, pero no permite deducir automáticamente la existencia de profesionales permanentes o autoridades encargadas de dirigir las obras. La notable conservación de las estructuras pétreas ha proporcionado una imagen excepcional de esta arquitectura, aunque también puede distorsionar nuestra percepción del pasado al favorecer la supervivencia de unos materiales frente a otros. Las viviendas que hoy contemplamos como conjuntos de piedra desnuda fueron originalmente espacios habitados, posiblemente provistos de cubiertas, objetos de madera, tejidos, pieles y otros elementos desaparecidos. Su estudio permite comprender cómo las comunidades neolíticas desarrollaron una arquitectura adaptada al medio insular y construyeron espacios domésticos duraderos, cuya evolución contribuyó a configurar una de las tradiciones arquitectónicas más singulares de la Prehistoria europea.
-Sheridan, J. A. y Brophy, K. (coords.) (2012). Stone used as a building material and for interior fittings. Scottish Archaeological Research Framework: Neolithic Panel Report, sección 5.2.6. Society of Antiquaries of Scotland. Estudio de los materiales pétreos y su empleo en la arquitectura doméstica.
-Scottish Archaeological Research Framework (2012). Places to live and ways of living. Scottish Neolithic Panel Report, sección 4.3. Society of Antiquaries of Scotland. Síntesis de las características arquitectónicas, los sistemas de construcción y las hipótesis sobre las cubiertas.
-Richards, C. (1993). An Archaeological Study of Neolithic Orkney: Architecture, Order and Social Classification. Tesis doctoral, University of Glasgow. Investigación sobre los principios arquitectónicos y la organización espacial de las construcciones neolíticas.
-Historic Environment Scotland (s. f.). The Heart of Neolithic Orkney. Documentación institucional sobre la arquitectura, los materiales y la conservación de los asentamientos neolíticos del archipiélago
La arquitectura funeraria constituye una de las manifestaciones más importantes del Neolítico de las islas Orcadas. Durante el IV y el III milenio a. C., las comunidades del archipiélago construyeron numerosos monumentos destinados a albergar restos humanos y desarrollar prácticas relacionadas con la muerte y la memoria colectiva. Entre ellos destacan los cairns, grandes acumulaciones artificiales de piedra que podían cubrir estructuras funerarias de considerable complejidad. Estas construcciones muestran una notable diversidad de formas, dimensiones y soluciones arquitectónicas, desde cámaras divididas en compartimentos hasta sepulcros provistos de corredores de acceso. Su estudio permite comprender cómo determinadas comunidades neolíticas transformaron lugares concretos del paisaje en espacios duraderos vinculados con el tratamiento de los difuntos.
La construcción de estas tumbas exigía conocimientos técnicos, selección de materiales y coordinación de esfuerzos colectivos. Sus espacios interiores presentan diferencias que permiten reconocer distintas tradiciones arquitectónicas, entre ellas los cairns compartimentados característicos de las Orcadas y las grandes tumbas de corredor relacionadas con otras manifestaciones del megalitismo atlántico. Los restos humanos y los materiales recuperados en su interior proporcionan información sobre las prácticas funerarias, aunque todavía existen importantes interrogantes acerca de las personas enterradas, los criterios de selección y el significado de los rituales. La reutilización de algunas cámaras durante períodos prolongados indica que estos monumentos pudieron mantener una importancia social más allá del momento de su construcción.
El megalitismo funerario orcadiano también debe situarse dentro de las tradiciones arquitectónicas desarrolladas en otras regiones de Escocia, Irlanda y las islas británicas. Las semejanzas entre determinados monumentos sugieren contactos culturales y conocimientos compartidos, mientras que sus diferencias reflejan adaptaciones locales y procesos históricos particulares. El análisis de estas relaciones permite estudiar las tumbas como parte de un fenómeno europeo más amplio, sin presuponer que todas respondieran a idénticas creencias o formas de organización social. A partir de esta perspectiva, las construcciones funerarias de las Orcadas ofrecen un testimonio fundamental sobre la relación entre arquitectura, prácticas mortuorias y memoria comunitaria durante el Neolítico.
-Davidson, J. L. y Henshall, A. S. (1989). The Chambered Cairns of Orkney: An Inventory of the Structures and Their Contents. Edinburgh University Press. Obra de referencia sobre la tipología, distribución y características arqueológicas de las tumbas de cámara del archipiélago.
-Scottish Archaeological Research Framework (2012). Scottish Neolithic Panel Report. Society of Antiquaries of Scotland. Síntesis sobre las tradiciones funerarias y monumentales del Neolítico escocés.
-Historic Environment Scotland. Maeshowe Chambered Cairn: History. Documentación patrimonial sobre la arquitectura funeraria neolítica y su contexto cultural en las Orcadas.
4.1. Qué es un cairn y qué caracteriza a una tumba de cámara
El término cairn, procedente del gaélico escocés, designa una acumulación artificial de piedras construida con diferentes finalidades, entre ellas la señalización de lugares, la conmemoración y el enterramiento de los difuntos. En arqueología prehistórica, se utiliza especialmente para describir determinados monumentos funerarios formados por grandes masas de piedra que cubren o delimitan espacios destinados a albergar restos humanos. Sin embargo, no todos los cairns fueron tumbas ni todas las construcciones funerarias de piedra presentaban cámaras interiores. Esta distinción resulta fundamental para interpretar correctamente los numerosos monumentos conservados en las islas Orcadas. Cuando una acumulación pétrea contiene una o varias cámaras construidas deliberadamente para depositar restos humanos, recibe la denominación de chambered cairn, que puede traducirse como túmulo de piedra con cámara funeraria o, de forma más sencilla, tumba de cámara. Este tipo de monumentos alcanzó un desarrollo particularmente importante durante el Neolítico, especialmente a partir del IV milenio a. C., cuando diferentes comunidades del norte y oeste de Europa comenzaron a levantar construcciones funerarias de gran permanencia material.
Una tumba de cámara se caracteriza por la existencia de un espacio interior construido mediante grandes losas, bloques de piedra y muros de mampostería, generalmente protegido por una cubierta pétrea y rodeado por una acumulación exterior de materiales. La cámara podía adoptar formas rectangulares, poligonales o irregulares, según las tradiciones constructivas y las necesidades de cada comunidad. Algunas estructuras estaban divididas en compartimentos mediante losas verticales, mientras que otras disponían de una estancia central comunicada con pequeñas cámaras laterales. El acceso solía realizarse a través de un corredor estrecho, aunque su longitud, orientación y disposición variaban considerablemente. Los constructores utilizaban piedras seleccionadas por su tamaño y resistencia, combinando bloques de gran volumen con piezas menores cuidadosamente superpuestas. En determinados casos, la cubierta se resolvía mediante grandes losas horizontales; en otros se empleaban sistemas de aproximación progresiva de las hiladas, destinados a cerrar el espacio superior. La acumulación exterior de piedra contribuía a proteger la estructura y otorgaba al monumento una presencia visible dentro del paisaje. Muchos de los cairns conservados han perdido parte de su volumen original debido al deterioro, la reutilización de materiales y las intervenciones realizadas durante siglos posteriores.
La arquitectura interior permite distinguir diferentes variedades de tumbas de cámara, aunque las clasificaciones arqueológicas deben entenderse como instrumentos de estudio y no como categorías rígidas utilizadas necesariamente por sus constructores. En las Orcadas se reconocen principalmente dos grandes tradiciones: los cairns compartimentados, vinculados al grupo denominado Orkney-Cromarty, y las tumbas de cámara central con corredores de acceso, frecuentemente asociadas al tipo Maeshowe. Los primeros presentan habitualmente una cámara alargada dividida mediante grandes losas verticales que delimitan espacios sucesivos, mientras que los segundos suelen organizarse alrededor de una estancia central de mayor altura, comunicada en algunos casos con pequeñas celdas laterales. Existen, además, monumentos que combinan características de ambas tradiciones, lo que demuestra la diversidad de soluciones adoptadas por las comunidades neolíticas. El cairn de Unstan constituye un ejemplo especialmente interesante de esta combinación arquitectónica, mientras que otras construcciones de las islas de Rousay, Sanday o Mainland muestran variaciones en dimensiones, distribución interior y tratamiento de los accesos. Estas diferencias proporcionan información sobre la evolución de las tradiciones funerarias, pero no permiten establecer automáticamente una sucesión cronológica simple entre los distintos modelos.
La función funeraria de estas construcciones se reconoce principalmente por los restos humanos encontrados en su interior. Las excavaciones han documentado huesos de varios individuos, enterramientos parcialmente conservados, acumulaciones de restos óseos y, en determinados casos, evidencias de cremación. La presencia de diferentes personas dentro de una misma estructura indica que numerosas tumbas fueron utilizadas colectivamente, a veces durante períodos prolongados. Sin embargo, la disposición de los restos demuestra que las prácticas mortuorias podían ser complejas y variar entre monumentos. Algunas cámaras parecen haber recibido cuerpos relativamente completos, mientras que en otras se realizaron manipulaciones, desplazamientos o reorganizaciones posteriores de los huesos. La identificación de estos procesos exige estudiar cuidadosamente las relaciones anatómicas, los depósitos arqueológicos y las alteraciones producidas después del enterramiento. También se han recuperado recipientes cerámicos, herramientas y otros objetos, aunque su presencia no implica necesariamente que todos fueran ofrendas funerarias. Determinar si determinados materiales acompañaban directamente a los difuntos, formaban parte de ceremonias o procedían de actividades posteriores constituye una cuestión que debe resolverse mediante el análisis de cada contexto.
Las tumbas de cámara representan, por tanto, una forma particular de arquitectura funeraria en la que la construcción material y el tratamiento de los muertos estuvieron estrechamente relacionados. Su permanencia en el territorio pudo contribuir a mantener vínculos entre comunidades, lugares de enterramiento y generaciones sucesivas, aunque los significados concretos atribuidos a estos monumentos no pueden reconstruirse por completo. La monumentalidad de algunos cairns demuestra una considerable inversión de trabajo, mientras que sus cámaras accesibles sugieren que determinadas estructuras fueron concebidas para permitir intervenciones posteriores a su construcción. No obstante, sería incorrecto atribuir a todas las tumbas idénticas funciones ceremoniales o concepciones religiosas. En las Orcadas, su extraordinaria diversidad arquitectónica y la conservación de numerosos espacios interiores permiten estudiar con especial detalle las distintas maneras en que las sociedades neolíticas construyeron lugares destinados a sus difuntos. La comprensión de sus elementos básicos —túmulo, cámara, corredor, compartimentos y cubierta— constituye el punto de partida para analizar posteriormente el origen, la evolución y las tradiciones específicas de la arquitectura funeraria megalítica del archipiélago.
-Davidson, J. L. y Henshall, A. S. (1989). The Chambered Cairns of Orkney: An Inventory of the Structures and Their Contents. Edinburgh University Press. Obra de referencia para la clasificación y descripción arquitectónica de los monumentos funerarios orcadianos.
-Scottish Archaeological Research Framework (2012). The Chronological Framework and Overview of Monuments. Scottish Neolithic Panel Report. Society of Antiquaries of Scotland. Síntesis sobre las tumbas de cámara, su cronología y sus variedades regionales.
-Historic Environment Scotland (s. f.). Unstan Chambered Cairn: History and Stories. Descripción de las dos principales tradiciones funerarias orcadianas y de sus características arquitectónicas.
-Archaeology Orkney (s. f.). The Chambered Cairns of Orkney. Síntesis arqueológica sobre tipologías, estructuras interiores y prácticas funerarias del Neolítico insular.
4.2. Origen y desarrollo de las arquitecturas funerarias neolíticas
El origen de las arquitecturas funerarias neolíticas se relaciona con las profundas transformaciones sociales y culturales que acompañaron a la expansión de las primeras comunidades agrícolas por Europa. Desde el V milenio a. C., y especialmente durante el IV milenio, distintas poblaciones comenzaron a construir monumentos destinados al tratamiento y depósito de los muertos, utilizando grandes piedras, madera, tierra y otros materiales disponibles en sus territorios. Estas construcciones no surgieron de manera uniforme ni respondieron a un único modelo arquitectónico. En la fachada atlántica europea aparecieron sepulcros megalíticos, cámaras funerarias y túmulos de características diversas, mientras que en otras regiones se desarrollaron monumentos construidos principalmente con materiales perecederos. Su aparición se ha relacionado con nuevas formas de vinculación entre las comunidades, sus antepasados y determinados lugares del paisaje, aunque no existe una explicación universalmente aceptada sobre las razones que impulsaron su construcción. La permanencia material de las tumbas pudo contribuir a mantener la memoria de generaciones anteriores y a establecer referencias territoriales duraderas, pero estas interpretaciones deben considerarse dentro de contextos culturales específicos.
En Escocia, las primeras arquitecturas funerarias neolíticas comenzaron a desarrollarse durante el IV milenio a. C., en paralelo a la consolidación de la agricultura y la ganadería. Las investigaciones arqueológicas han identificado diferentes tradiciones, entre ellas los túmulos alargados, las estructuras funerarias de madera y las tumbas de cámara construidas con piedra. Estas últimas se concentraron especialmente en las regiones occidentales y septentrionales, donde alcanzaron una notable diversidad arquitectónica. Algunos monumentos presentaban cámaras relativamente sencillas, mientras que otros incorporaron corredores, compartimentos interiores y grandes acumulaciones pétreas que modificaban deliberadamente el aspecto del terreno. Los estudios cronológicos sitúan la construcción de numerosas tumbas de cámara escocesas aproximadamente entre 3700 y 3000 a. C., aunque algunas continuaron utilizándose o transformándose durante siglos posteriores. Esta diversidad refleja la existencia de tradiciones regionales que compartían determinados principios constructivos y funerarios, pero desarrollaron soluciones propias según sus circunstancias históricas y culturales.
En las islas Orcadas, las primeras actividades asociadas a tumbas de cámara se documentan durante la segunda mitad del IV milenio a. C. Los modelos cronológicos basados en dataciones por radiocarbono sitúan los testimonios funerarios neolíticos más antiguos aproximadamente entre 3650 y 3430 a. C., dentro de un proceso que coincidió con la consolidación de los primeros asentamientos agrícolas. Durante esta fase se desarrollaron monumentos caracterizados por cámaras alargadas y compartimentadas, asociados a la tradición Orkney-Cromarty, ampliamente representada también en Caithness y otras regiones del norte de Escocia. La construcción de estos sepulcros demuestra que las comunidades orcadianas participaron tempranamente en las prácticas monumentales del Neolítico británico. Sin embargo, no puede establecerse una secuencia sencilla en la que un modelo arquitectónico sustituyera inmediatamente a otro. Las dataciones indican que diferentes tipos de tumbas pudieron coexistir durante determinados períodos, mientras que algunas construcciones experimentaron ampliaciones, modificaciones y nuevas fases de utilización.
La evolución de la arquitectura funeraria orcadiana adquirió especial complejidad durante los siglos centrales y finales del IV milenio a. C. Junto a las cámaras compartimentadas se desarrollaron tumbas de corredor con espacios centrales más elaborados, relacionadas con la tradición que posteriormente recibiría la denominación de tipo Maeshowe. Las investigaciones realizadas en monumentos como Quanterness han permitido situar la utilización de algunas de estas construcciones desde aproximadamente 3400 a. C., una cronología que demuestra la antigüedad de esta tradición y cuestiona las interpretaciones que la consideraban exclusivamente característica del Neolítico final. Los cambios arquitectónicos no consistieron únicamente en aumentar el tamaño de los edificios, sino también en modificar la disposición de sus espacios interiores, los accesos y las relaciones entre el monumento y el terreno circundante. Algunas tumbas fueron ampliadas mediante nuevas acumulaciones de piedra o transformaciones exteriores que alteraron su aspecto original. Estas intervenciones muestran que los sepulcros podían conservar su importancia durante generaciones y que su historia constructiva fue, en ocasiones, tan compleja como la de los propios asentamientos neolíticos.
El desarrollo de estas arquitecturas funerarias revela una continuidad de conocimientos constructivos y prácticas sociales que se transformaron a lo largo del tiempo. Las tumbas no fueron necesariamente monumentos terminados en una única fase, sino espacios susceptibles de reutilización, modificación y reinterpretación por comunidades posteriores. Las investigaciones sobre los restos humanos y las secuencias de construcción indican que algunos monumentos mantuvieron funciones funerarias durante períodos prolongados, mientras que otros experimentaron cambios en sus usos o terminaron siendo cerrados y abandonados. La diversidad de formas documentada en las Orcadas permite reconocer relaciones culturales con otras regiones atlánticas, pero también una capacidad de elaboración arquitectónica propia. Su evolución no debe explicarse como una progresión inevitable desde construcciones sencillas hacia otras más complejas, pues los diferentes modelos pudieron responder a necesidades, tradiciones y decisiones comunitarias distintas. El análisis de este proceso proporciona el marco cronológico necesario para comprender las principales variedades de cairns orcadianos y las características específicas de sus cámaras funerarias, que serán examinadas en los apartados siguientes.
-Scottish Archaeological Research Framework (2012). The Chronological Framework and Overview of Monuments. Scottish Neolithic Panel Report. Society of Antiquaries of Scotland. Cronología y diversidad regional de las primeras arquitecturas funerarias.
-Scottish Archaeological Research Framework (2012). Subsequent Developments during the Early and Middle Neolithic, c. 3800–3000 BC. Scottish Neolithic Panel Report. Society of Antiquaries of Scotland. Evolución de las tradiciones monumentales escocesas.
-Griffiths, S. (2017). Stepping Stones to the Neolithic? Radiocarbon Dating the Early Neolithic on Islands Within the ‘Western Seaways’ of Britain. Proceedings of the Prehistoric Society. Modelos de datación de los primeros asentamientos y monumentos neolíticos insulares.
-Islands of History: The Late Neolithic Timescape of Orkney (2017). Antiquity. Estudio de las secuencias constructivas, la cronología y las transformaciones de los monumentos orcadianos.
4.3. Los cairns compartimentados de tradición orcadiana
Los cairns compartimentados constituyen una de las manifestaciones más características de la arquitectura funeraria del Neolítico de las islas Orcadas. Estas construcciones pertenecen principalmente a la tradición arqueológica denominada Orkney-Cromarty, extendida por el archipiélago y diversas regiones septentrionales de Escocia, especialmente Caithness, Sutherland y Ross-shire. Su rasgo distintivo es la presencia de una cámara funeraria generalmente alargada, dividida mediante grandes losas verticales que forman una sucesión de compartimentos interiores. En la bibliografía británica reciben habitualmente el nombre de stalled cairns, expresión que hace referencia a la disposición de estos espacios a ambos lados de un eje central. Los primeros ejemplos se desarrollaron durante el IV milenio a. C., probablemente desde mediados de ese milenio en las Orcadas, aunque las investigaciones recientes indican que esta tradición arquitectónica permaneció vigente durante un período prolongado. La concentración de monumentos de este tipo demuestra que las comunidades neolíticas compartieron determinados conocimientos constructivos y concepciones sobre la organización de los espacios funerarios, sin que ello implique la existencia de una cultura completamente uniforme o de una autoridad común para todo el territorio.
La estructura interior de estos cairns respondía a una organización arquitectónica cuidadosamente planificada. El acceso se realizaba normalmente mediante un corredor estrecho que conducía a una cámara principal de planta rectangular o alargada, cuyos laterales estaban divididos mediante parejas de ortostatos, es decir, grandes losas colocadas verticalmente. Estas divisiones creaban espacios sucesivos que podían utilizarse para depositar restos humanos y otros materiales relacionados con las prácticas funerarias. El número de compartimentos variaba considerablemente según las dimensiones del monumento, desde pequeñas cámaras con unas pocas divisiones hasta grandes construcciones con numerosas secciones interiores. La cámara quedaba protegida por una acumulación exterior de piedra cuya forma podía ser circular, ovalada o alargada, en ocasiones con fachadas y límites cuidadosamente construidos. La diversidad exterior contrasta con la relativa continuidad de algunos principios de organización interna, razón por la cual los arqueólogos utilizan principalmente la disposición de las cámaras para identificar esta tradición. No obstante, las diferencias entre monumentos muestran que sus constructores adaptaron los modelos conocidos a circunstancias locales y desarrollaron soluciones particulares.
La isla de Rousay conserva algunos de los ejemplos más representativos de estos monumentos. Blackhammer presenta una cámara dividida en siete compartimentos y constituye un caso especialmente claro de la organización característica de los stalled cairns. Las excavaciones recuperaron únicamente restos de dos individuos, una cantidad reducida que ha llevado a plantear la posibilidad de que parte del contenido funerario fuera retirado o reorganizado durante la utilización del monumento. Otro ejemplo destacado es Knowe of Yarso, donde una cámara alargada, subdividida mediante grandes losas, quedó integrada dentro de un túmulo rectangular. Sin embargo, el conjunto más monumental de Rousay es Midhowe, cuya estructura funeraria alcanza aproximadamente treinta y dos metros de longitud y contiene una extensa cámara interior dividida en doce compartimentos principales. La considerable escala de este edificio demuestra la capacidad de sus constructores para organizar materiales y trabajos colectivos, aunque no permite determinar con seguridad el tamaño de la comunidad responsable de su construcción. Estos tres monumentos ilustran la diversidad de dimensiones y soluciones arquitectónicas existente dentro de una misma tradición funeraria, cuyo estudio detallado se completa con otros yacimientos del archipiélago.
Las investigaciones han demostrado que numerosos cairns compartimentados experimentaron procesos de construcción, utilización y modificación más complejos de lo que sugería su aspecto final. Algunos comenzaron como estructuras relativamente pequeñas que posteriormente fueron ampliadas, mientras que otros conservaron sus dimensiones principales durante largos períodos. En Holm of Papa Westray North, por ejemplo, las excavaciones permitieron reconocer una primera cámara sencilla que fue transformada posteriormente en una construcción compartimentada de mayores dimensiones. Casos como Point of Cott y Tresness también muestran indicios de sucesivas intervenciones arquitectónicas. Estas transformaciones indican que las tumbas no siempre fueron concebidas como edificios terminados definitivamente desde el momento de su construcción, sino que podían adaptarse a nuevas necesidades o prácticas desarrolladas por generaciones posteriores. Las dataciones por radiocarbono han contribuido a revisar las antiguas clasificaciones evolutivas, que suponían que los monumentos pequeños eran necesariamente anteriores a los grandes o que las diferentes tradiciones funerarias se sucedieron siguiendo una secuencia estrictamente lineal. La evidencia disponible apunta hacia una realidad más diversa, caracterizada por fases de coexistencia, continuidad y transformación.
La importancia de los cairns compartimentados reside tanto en su arquitectura como en la información que proporcionan sobre las comunidades que los utilizaron. La distribución de las cámaras y la posibilidad de acceder repetidamente a determinados espacios sugieren que algunas tumbas fueron utilizadas durante generaciones, aunque las modalidades concretas de enterramiento variaron entre monumentos. Los restos humanos recuperados muestran diferencias en su disposición y conservación, lo que plantea cuestiones sobre la deposición de los cuerpos, el desplazamiento posterior de los huesos y la posible selección de determinadas partes del esqueleto. Estas prácticas serán examinadas específicamente al estudiar los rituales funerarios, pues no deben deducirse únicamente de la forma de los edificios. Desde una perspectiva histórica, la tradición Orkney-Cromarty representa una expresión regional del megalitismo del norte de Escocia, caracterizada por la permanencia de ciertos principios constructivos y por una considerable capacidad de adaptación. Sus monumentos constituyen testimonios materiales de comunidades que establecieron relaciones duraderas con determinados lugares del paisaje y desarrollaron formas arquitectónicas destinadas a conservar los restos de sus muertos. La comparación de estos cairns con las tumbas de corredor de cámara central permitirá comprender mejor la diversidad de la arquitectura funeraria neolítica del archipiélago.
-Davidson, J. L. y Henshall, A. S. (1989). The Chambered Cairns of Orkney: An Inventory of the Structures and Their Contents. Edinburgh University Press. Monografía de referencia para la identificación y clasificación de los cairns compartimentados orcadianos, citada en la documentación arqueológica consultada.
-Archaeology Orkney (s. f.). The Chambered Cairns of Orkney. Tombs of the Isles. Descripción de las tradiciones Orkney-Cromarty y Maeshowe, sus características y problemas de clasificación cronológica.
-Historic Environment Scotland (s. f.). Blackhammer Chambered Cairn. Documentación patrimonial sobre las cámaras compartimentadas, los restos humanos y los monumentos funerarios de Rousay.
-Bayliss, A. y colaboradores (2017). Islands of history: the Late Neolithic timescape of Orkney. Antiquity, 91(359). Investigación sobre la cronología y la duración de las tradiciones arquitectónicas neolíticas de las Orcadas.
4.4. Las tumbas de corredor y sus espacios interiores
Las tumbas de corredor constituyen una de las expresiones más elaboradas de la arquitectura funeraria neolítica de las islas Orcadas. A diferencia de los cairns compartimentados, caracterizados por cámaras alargadas divididas mediante losas verticales, estos monumentos presentan generalmente un pasadizo de acceso que conduce a una estancia central, desde la cual pueden abrirse varias cámaras secundarias. Esta disposición arquitectónica corresponde principalmente a la tradición denominada Maeshowe, aunque existen variantes y construcciones que combinan características de diferentes modelos. Las investigaciones cronológicas han demostrado que las tumbas de corredor comenzaron a construirse en las Orcadas durante los siglos centrales del IV milenio a. C., por lo que no deben considerarse necesariamente una evolución tardía de los cairns compartimentados. Su desarrollo estuvo relacionado con tradiciones funerarias compartidas por distintas comunidades del archipiélago, capaces de proyectar estructuras interiores de considerable complejidad y de integrar sus construcciones dentro de grandes acumulaciones artificiales de piedra y tierra.
El corredor de entrada constituye uno de los elementos arquitectónicos más significativos de estos monumentos. Generalmente era estrecho y de altura reducida, lo que obligaba a acceder al interior inclinando el cuerpo y establecía una separación física entre el espacio exterior y la cámara funeraria. Sus paredes podían construirse mediante bloques superpuestos o grandes losas cuidadosamente colocadas, mientras que la cubierta se resolvía mediante piezas horizontales de piedra. La longitud y orientación del corredor variaban considerablemente entre monumentos, al igual que su relación con el terreno y la estructura exterior del túmulo. En algunos casos, los accesos parecen haber experimentado modificaciones durante la utilización de las tumbas, mediante cierres, reconstrucciones o alteraciones de sus elementos originales. Aunque estos pasadizos pudieron desempeñar funciones prácticas relacionadas con el traslado de restos humanos y el acceso a las cámaras, su disposición también ha suscitado interpretaciones simbólicas relacionadas con el tránsito entre el mundo de los vivos y el espacio funerario. Estas interpretaciones resultan plausibles dentro del contexto ceremonial neolítico, pero no pueden demostrarse únicamente a partir de la forma arquitectónica.
La cámara central constituía el núcleo de la construcción y presentaba soluciones técnicas que variaban según las dimensiones del monumento. En algunas tumbas, este espacio era relativamente reducido e irregular, mientras que en otras alcanzaba proporciones monumentales mediante paredes cuidadosamente levantadas y cubiertas de considerable altura. Los constructores emplearon grandes ortostatos, muros de mampostería y sistemas de aproximación progresiva de las hiladas para cerrar determinadas cámaras superiores. Desde el espacio principal podían abrirse compartimentos laterales destinados a albergar restos humanos u otros depósitos, cuya cantidad y distribución variaban entre edificios. El monumento de Maeshowe representa uno de los ejemplos más destacados de esta tradición: dispone de un corredor de aproximadamente diez metros que conduce a una cámara central de planta casi cuadrada, comunicada con tres pequeñas celdas laterales. Sus muros presentan una ejecución especialmente cuidada, con grandes bloques de arenisca y elementos estructurales que revelan una planificación arquitectónica notable. La organización interior de Maeshowe constituye una referencia fundamental para comprender esta tipología, aunque sus dimensiones y características no deben considerarse representativas de todas las tumbas de corredor orcadianas.
Otros monumentos permiten apreciar la diversidad existente dentro de esta tradición arquitectónica. Quanterness, situado cerca de Kirkwall, contiene una cámara central con varios compartimentos laterales y proporcionó una importante colección de restos humanos que permitió estudiar la utilización funeraria prolongada del edificio. Quoyness, en la isla de Sanday, conserva una cámara principal comunicada con seis pequeñas celdas, integrada dentro de un túmulo de grandes dimensiones cuyo perímetro presenta estructuras de contención construidas con piedra. Wideford Hill, en Mainland, ofrece otro ejemplo de tumba de corredor con una cámara central y compartimentos secundarios, mientras que Vinquoy Hill, en Eday, muestra una solución arquitectónica parcialmente integrada en la pendiente natural del terreno. Las diferencias entre estos monumentos afectan a la forma exterior, el número de celdas, la disposición de los accesos y las técnicas utilizadas para construir las cubiertas. Esta diversidad demuestra que las comunidades neolíticas compartían ciertos principios arquitectónicos, pero disponían de libertad para adaptarlos a las características del lugar, los recursos materiales y las tradiciones constructivas propias.
La organización de los espacios interiores permite aproximarse a las formas de utilización de estas tumbas, aunque no revela por sí sola el significado completo de las prácticas desarrolladas en ellas. La existencia de corredores accesibles y cámaras diferenciadas sugiere que determinados monumentos fueron concebidos para recibir intervenciones sucesivas, como la deposición de nuevos restos humanos o la reorganización de materiales funerarios. Sin embargo, la función concreta de cada estancia debía variar según la historia del edificio, y no todas las celdas conservan evidencias suficientes para determinar su utilización original. Algunos monumentos presentan además orientaciones relacionadas con determinados fenómenos solares, siendo Maeshowe el ejemplo más conocido por la entrada de la luz del sol poniente durante las semanas próximas al solsticio de invierno. Esta característica demuestra una relación arquitectónica deliberada con el recorrido solar, aunque no permite reconstruir de manera completa las creencias de sus constructores. Las tumbas de corredor constituyen así una tradición funeraria en la que la planificación del espacio, la técnica constructiva y la posibilidad de acceso al interior adquirieron una importancia considerable. Su estudio complementa el de los cairns compartimentados y muestra la diversidad de soluciones mediante las cuales las comunidades neolíticas de las Orcadas organizaron sus monumentos destinados a los muertos.
-Davidson, J. L. y Henshall, A. S. (1989). The Chambered Cairns of Orkney: An Inventory of the Structures and Their Contents. Edinburgh University Press. Monografía especializada de referencia para la clasificación y descripción de las tumbas de corredor; obra identificada a través de las referencias arqueológicas institucionales, sin consulta íntegra.
-Historic Environment Scotland (s. f.). Maeshowe Chambered Cairn: History and Stories. Descripción de la arquitectura interior, el corredor de entrada, las cámaras laterales y su orientación solar.
-Archaeology Orkney (s. f.). The Chambered Cairns of Orkney. Tombs of the Isles. Estudio divulgativo de las tradiciones Orkney-Cromarty y Maeshowe y de sus diferencias arquitectónicas.
-Bayliss, A. y colaboradores (2017). Islands of history: the Late Neolithic timescape of Orkney. Antiquity, 91(359). Investigación sobre la cronología y la coexistencia de las principales tradiciones funerarias neolíticas del archipiélago.
4.5. Prácticas funerarias, enterramientos colectivos y creencias
Las prácticas funerarias de las comunidades neolíticas de las islas Orcadas constituyen una de las principales fuentes de información sobre sus relaciones sociales, sus formas de convivencia y las concepciones que pudieron desarrollar acerca de la muerte. Durante el IV y el III milenio a. C., numerosas tumbas de cámara recibieron restos humanos pertenecientes a diferentes individuos, en ocasiones depositados a lo largo de varias generaciones. Estos enterramientos colectivos muestran que determinados monumentos funcionaron como espacios funerarios compartidos, aunque todavía resulta difícil establecer qué personas tenían derecho a ser enterradas en ellos y cuáles eran los criterios utilizados para su selección. La presencia de hombres, mujeres y personas de distintas edades demuestra que las prácticas mortuorias no estuvieron reservadas exclusivamente a una única categoría de población, pero tampoco permite suponer que todos los miembros de una comunidad recibieran idéntico tratamiento. Las diferencias observadas entre monumentos sugieren una considerable diversidad de costumbres, probablemente relacionadas con tradiciones locales, vínculos sociales y transformaciones desarrolladas a lo largo del tiempo. La arqueología puede identificar numerosos aspectos materiales de estas prácticas, pero la reconstrucción de las creencias que las acompañaban exige una interpretación especialmente prudente.
El tratamiento de los cuerpos fue más variado de lo que podría sugerir la imagen de una tumba utilizada únicamente para depositar cadáveres completos. En monumentos como Quanterness, Quoyness y diversas tumbas de la isla de Rousay se han recuperado conjuntos óseos formados por numerosos individuos, cuyos restos aparecen frecuentemente fragmentados, mezclados o separados de sus posiciones anatómicas originales. Durante décadas, estas características se interpretaron principalmente como consecuencia de prácticas de exposición de los cadáveres al aire libre, conocidas como excarnación, antes de trasladar los huesos a las cámaras funerarias. Sin embargo, investigaciones osteológicas y tafonómicas más recientes han demostrado que, en determinados monumentos, los cuerpos pudieron depositarse inicialmente completos y experimentar después procesos de desarticulación, manipulación y reorganización de sus restos. El estudio de Knowe of Rowiegar, en Rousay, ha proporcionado evidencias de tratamientos diferentes, incluyendo posibles deposiciones realizadas en distintas fases de descomposición. Estos resultados indican que no existió necesariamente un único procedimiento funerario compartido por todas las comunidades orcadianas y que algunas prácticas pudieron desarrollarse mediante una sucesión de intervenciones sobre los difuntos.
La utilización colectiva de las tumbas plantea cuestiones importantes sobre el parentesco, la identidad y la organización de los grupos humanos. Durante mucho tiempo se propuso que determinados sepulcros podían funcionar como lugares de enterramiento de familias extensas o comunidades vinculadas por antepasados comunes, aunque las evidencias disponibles no permitían comprobar directamente esas relaciones. El desarrollo de los análisis de ADN antiguo ha abierto nuevas posibilidades de investigación. Un estudio publicado en 2026, basado en restos humanos de cinco tumbas neolíticas de Caithness y las Orcadas, identificó relaciones biológicas entre varios individuos enterrados en distintos monumentos, incluyendo vínculos entre padres e hijos y conexiones familiares que atravesaban las fronteras de comunidades aparentemente separadas. Los resultados sugieren que algunas tumbas pudieron contribuir a expresar y mantener relaciones de descendencia y pertenencia colectiva, aunque los vínculos sociales no pueden reducirse exclusivamente al parentesco biológico. La selección de los difuntos también pudo depender de alianzas, relaciones comunitarias o tradiciones específicas que todavía no conocemos suficientemente. Estas investigaciones muestran que los monumentos funerarios formaban parte de redes sociales complejas y que su distribución territorial pudo relacionarse con distintas formas de expresar la continuidad entre generaciones.
Los objetos y materiales encontrados en las cámaras funerarias proporcionan otra perspectiva sobre las actividades desarrolladas en estos espacios. En diferentes cairns se han recuperado fragmentos cerámicos, herramientas de piedra, restos de animales y otros elementos cuya interpretación depende de su posición y asociación con los depósitos humanos. Algunos pudieron formar parte de prácticas ceremoniales, mientras que otros corresponden a actividades realizadas durante la utilización, transformación o clausura de las tumbas. La presencia de restos animales plantea interrogantes sobre posibles comidas colectivas, depósitos intencionados o relaciones simbólicas entre determinadas especies y las comunidades humanas, pero no todas estas interpretaciones cuentan con el mismo grado de respaldo arqueológico. También se han documentado cierres deliberados de accesos y modificaciones arquitectónicas que pudieron señalar cambios en el uso de los monumentos. Estas acciones permiten considerar las tumbas como lugares sometidos a una historia prolongada de intervenciones, en los que el tratamiento de los muertos pudo estar acompañado de reuniones y actividades colectivas. Sin embargo, carecemos de testimonios escritos que permitan identificar con certeza las palabras, ceremonias o explicaciones religiosas que sus habitantes asociaban con dichas prácticas.
La dimensión simbólica del megalitismo funerario debe comprenderse, por tanto, a partir de las relaciones entre los restos humanos, los objetos depositados, la arquitectura y el paisaje. La construcción de monumentos duraderos pudo contribuir a preservar la memoria de determinadas personas o grupos, establecer vínculos con lugares significativos y expresar formas de continuidad social. No obstante, estas posibilidades no autorizan a reconstruir una religión neolítica uniforme ni a identificar automáticamente todas las tumbas como santuarios dedicados al culto de los antepasados. Las creencias pudieron variar entre comunidades y transformarse durante los siglos de utilización de los monumentos. Las investigaciones contemporáneas permiten reconocer prácticas funerarias complejas, relaciones de parentesco y decisiones colectivas relacionadas con el tratamiento de los difuntos, pero todavía no pueden determinar cómo concebían aquellas poblaciones la existencia después de la muerte. La importancia de las tumbas de cámara de las Orcadas reside precisamente en conservar testimonios materiales que permiten aproximarse a estas cuestiones sin ocultar sus incertidumbres. A través de ellas, la muerte aparece como un acontecimiento integrado en la vida social, en la memoria de las comunidades y en la construcción de vínculos duraderos con el territorio.
-Crozier, R. (2016). Fragments of Death: A Taphonomic Study of Human Remains from Neolithic Orkney. Journal of Archaeological Science: Reports, 10, pp. 725–734. Estudio sobre fragmentación, manipulación y tratamiento de restos humanos en las tumbas neolíticas.
Processing the Dead in Neolithic Orkney. Oxford Journal of Archaeology, 22(2), pp. 133–154. Investigación sobre enterramientos sucesivos, desarticulación y tratamiento funerario de los cadáveres. Wiley Online Library.
-Cummings, V., Fowler, C., Olalde, I., Cuthbert, S. y Reich, D. (2026). Building Tombs and Entombing the Dead as Technologies of Descent and Affinity in Neolithic Northern Scotland. Antiquity, 100(410), pp. 324–339. Investigación genética y arqueológica sobre parentesco, descendencia y relaciones comunitarias en tumbas de Caithness y las Orcadas.
–All Mixed Up: Investigating Mortuary Practice and Processes of Disarticulation Through Integrated Histotaphonomic Analysis at the Knowe of Rowiegar, Neolithic Chambered Cairn, Orkney, UK (2025). Journal of Archaeological Method and Theory. Estudio especializado sobre los diferentes procesos de descomposición, deposición y manipulación de restos humanos en Knowe of Rowiegar.
4.6. Relaciones con las tradiciones megalíticas de Escocia, Irlanda y Gales
Las construcciones funerarias neolíticas de las islas Orcadas formaron parte de un amplio conjunto de tradiciones megalíticas desarrolladas en las regiones atlánticas de Europa, especialmente en el norte de Escocia, Irlanda y Gales. Durante el IV y el III milenio a. C., las comunidades de estos territorios levantaron tumbas de cámara, túmulos y monumentos ceremoniales que compartían determinados principios arquitectónicos, aunque presentaban importantes diferencias regionales. Las relaciones más estrechas de las Orcadas se reconocen en el norte continental de Escocia, especialmente en Caithness, Sutherland y Ross-shire, donde se desarrolló la tradición denominada Orkney-Cromarty. Los monumentos de estas regiones presentan semejanzas en la disposición de las cámaras, la utilización de grandes losas verticales y determinadas técnicas constructivas. Yacimientos como Camster Long, en Caithness, muestran además procesos de transformación arquitectónica que revelan la interacción entre distintas tradiciones funerarias. Las investigaciones cronológicas indican que algunos monumentos del norte continental comenzaron a utilizarse durante la primera mitad del IV milenio a. C., lo que confirma la antigüedad de estas conexiones. Sin embargo, las semejanzas arquitectónicas no permiten establecer una dirección única de influencia: las relaciones pudieron desarrollarse mediante desplazamientos de personas, transmisión de conocimientos y contactos mantenidos durante generaciones.
Las conexiones con Irlanda resultan especialmente significativas por el extraordinario desarrollo de las tumbas de corredor en ambos territorios. En el valle del Boyne, al nordeste de Irlanda, los grandes monumentos de Newgrange, Knowth y Dowth constituyen algunas de las expresiones más elaboradas de la arquitectura funeraria neolítica europea. Su construcción alcanzó una notable monumentalidad mediante túmulos de grandes dimensiones, corredores cuidadosamente orientados y cámaras interiores organizadas con diferentes soluciones arquitectónicas. En las Orcadas, monumentos como Maeshowe muestran principios comparables de planificación espacial, empleo de grandes bloques pétreos y tratamiento arquitectónico de los accesos. También existen paralelismos relacionados con la orientación astronómica: mientras que Newgrange recibe la luz del amanecer durante el solsticio de invierno, Maeshowe está dispuesto para permitir la entrada de la luz solar del atardecer en las fechas próximas al mismo acontecimiento. Estas correspondencias sugieren conocimientos e intereses compartidos, pero no demuestran que ambos monumentos fueran construidos por una misma población ni que uno constituyera una reproducción directa del otro. Las diferencias de cronología, técnicas y organización interior aconsejan interpretarlos como expresiones regionales de tradiciones monumentales relacionadas.
Gales proporciona otro conjunto de referencias importantes, particularmente en la isla de Anglesey, situada frente a su costa noroccidental. Allí se conservan tumbas de corredor como Barclodiad y Gawres y Bryn Celli Ddu, cuyas características permiten establecer comparaciones con los grandes monumentos funerarios de Irlanda y Escocia. Barclodiad y Gawres presenta un corredor que conduce a una cámara de disposición aproximadamente cruciforme, acompañada de espacios laterales y piedras decoradas con motivos geométricos, entre ellos espirales y líneas quebradas. Estas representaciones muestran afinidades especialmente claras con el arte megalítico irlandés, aunque su presencia no permite atribuirles necesariamente significados idénticos. Bryn Celli Ddu conserva una historia constructiva diferente, pues el monumento funerario sustituyó a un recinto ceremonial anterior, y su corredor presenta una orientación relacionada con la salida del sol durante el solsticio de verano. En otras regiones galesas también se construyeron sepulcros de cámara con plantas y soluciones arquitectónicas distintas, incluidos monumentos de la tradición Cotswold-Severn. Esta variedad demuestra que el megalitismo galés no constituyó un fenómeno homogéneo y que sus contactos atlánticos coexistieron con tradiciones constructivas locales.
La interpretación de estas relaciones ha evolucionado considerablemente durante las últimas décadas. Las primeras investigaciones comparativas tendían a explicar las semejanzas monumentales mediante procesos relativamente sencillos de difusión cultural, suponiendo que determinadas formas arquitectónicas habían surgido en una región concreta y se habían extendido posteriormente hacia otras. Los estudios actuales proponen modelos más complejos, basados en redes de movilidad marítima, intercambios materiales, contactos ceremoniales y circulación de conocimientos. El mar de Irlanda y las rutas costeras del Atlántico septentrional pudieron funcionar como espacios de comunicación entre comunidades separadas por considerables distancias terrestres. La existencia de tradiciones materiales compartidas, como determinadas formas cerámicas y elementos simbólicos, refuerza la importancia de estos contactos. Las investigaciones sobre la cerámica Grooved Ware han señalado especialmente las relaciones entre las Orcadas y los grandes centros ceremoniales irlandeses durante el cambio del IV al III milenio a. C. No obstante, la difusión de un objeto, una técnica o una forma monumental no demuestra por sí sola migraciones masivas ni permite reconstruir todas las circunstancias de su transmisión. Las comunidades pudieron adoptar conocimientos exteriores y transformarlos según sus propias prácticas, desarrollando nuevas expresiones arquitectónicas a partir de tradiciones compartidas.
Las relaciones entre las Orcadas, Escocia continental, Irlanda y Gales muestran que el megalitismo neolítico fue un fenómeno cultural de gran diversidad, articulado mediante conexiones que atravesaban los espacios marítimos del Atlántico europeo. Las semejanzas entre monumentos permiten reconocer experiencias y conocimientos compartidos, mientras que las diferencias revelan la capacidad de cada comunidad para desarrollar soluciones adaptadas a sus circunstancias históricas. Las Orcadas ocuparon una posición relevante dentro de estas redes, pero no deben interpretarse como el origen exclusivo de las tradiciones funerarias británicas ni como una región dependiente de centros culturales exteriores. Su arquitectura constituye una expresión particular de procesos de interacción prolongados, en los que participaron poblaciones con distintas formas de organización y diferentes tradiciones materiales. Desde esta perspectiva, el estudio comparativo permite comprender mejor la singularidad del patrimonio funerario orcadiano y situarlo dentro de la evolución general de las sociedades neolíticas atlánticas, evitando tanto la idea de un aislamiento cultural absoluto como la interpretación de una civilización megalítica uniforme extendida por todo el occidente europeo.
-Scottish Archaeological Research Framework (ScARF) (s. f.). Highland Archaeological Research Framework: 5.1. Introduction. Society of Antiquaries of Scotland. Relaciones entre el norte continental escocés, Caithness y las Orcadas durante el Neolítico.
-Carlin, N. (2018). Getting into the Groove: Exploring the Relationship between Grooved Ware and Developed Passage Tombs in Ireland c. 3000–2700 cal BC. Proceedings of the Prehistoric Society. Investigación sobre los contactos culturales entre Irlanda y las Orcadas. Se ha consultado el resumen académico del artículo.
-Amgueddfa Cymru – Museum Wales (2007). The Burial Tombs of Stone Age Wales. National Museum Wales. Estudio divulgativo de las tumbas de corredor galesas y sus conexiones con Irlanda y el ámbito atlántico.
-Bradley, R. (2024). Beyond the Bluestones: Links between Distant Monuments in Late Neolithic Britain and Ireland. Antiquity, 98 (399), pp. 821–828. Análisis de las conexiones monumentales y la circulación de ideas entre regiones distantes de Gran Bretaña e Irlanda.
La cultura material del Neolítico de las islas Orcadas constituye una fuente fundamental para comprender las actividades cotidianas, los conocimientos técnicos y las transformaciones culturales de las comunidades que habitaron el archipiélago durante el IV y III milenio a. C. Los recipientes cerámicos, las herramientas de piedra, los utensilios elaborados con hueso y otros objetos recuperados en los yacimientos arqueológicos permiten aproximarse a aspectos de la vida prehistórica que las grandes construcciones monumentales no explican por sí solas. Su estudio revela una considerable diversidad de técnicas y tradiciones artesanales, así como cambios en las formas de fabricar, utilizar y depositar determinados materiales. Estos testimonios proporcionan información sobre la alimentación, el trabajo doméstico y las relaciones sociales, aunque su interpretación depende siempre del contexto arqueológico en el que fueron encontrados.
Entre las manifestaciones más representativas destacan las tradiciones cerámicas Unstan y Grooved Ware, cuyo desarrollo refleja distintas etapas de la cultura neolítica orcadiana. Sus formas, técnicas de fabricación y decoraciones permiten reconocer cambios culturales y conexiones con otras regiones de las islas británicas. Junto a la cerámica, los instrumentos de piedra y los objetos realizados con materiales de origen animal muestran la variedad de actividades desarrolladas por aquellas comunidades. El análisis de las materias primas, las huellas de utilización y los restos conservados en algunos recipientes ha ampliado considerablemente el conocimiento de estas producciones, permitiendo superar las antiguas clasificaciones basadas exclusivamente en su apariencia exterior.
La cultura material también permite investigar las relaciones entre las Orcadas y otros territorios del Neolítico atlántico. La circulación de determinadas formas cerámicas, materias primas y conocimientos técnicos indica que las comunidades insulares participaron en redes de contacto cuyo alcance y funcionamiento variaron a lo largo del tiempo. Sin embargo, las semejanzas entre objetos no demuestran necesariamente intercambios comerciales directos ni desplazamientos permanentes de población, pues las ideas y las técnicas también podían transmitirse mediante encuentros y relaciones sociales. El estudio conjunto de estas producciones ayuda a comprender cómo las actividades cotidianas, las tradiciones artesanales y los contactos exteriores acompañaron las transformaciones económicas y culturales del archipiélago, proporcionando una perspectiva complementaria a la ofrecida por sus asentamientos y monumentos funerarios.
-Scottish Archaeological Research Framework (2012). Late Neolithic Developments: Grooved Ware. Scottish Neolithic Panel Report, sección 5.1.3. Society of Antiquaries of Scotland.
–Coarse Stone Artefacts from the Neolithic. Scottish Neolithic Panel Report, sección 5.2.3. Society of Antiquaries of Scotland.
–Bone, Antler, Marine Ivory and Shell. Scottish Neolithic Panel Report, sección 5.3.1. Society of Antiquaries of Scotland.
5.1. La cerámica Unstan: características y distribución
La cerámica Unstan constituye una de las tradiciones materiales más características del Neolítico de las islas Orcadas y representa un testimonio fundamental de las primeras comunidades agrícolas del archipiélago. Su denominación procede de la tumba de cámara de Unstan, situada en Mainland, cerca del lago de Stenness, donde las excavaciones del siglo XIX recuperaron numerosos fragmentos de recipientes de características semejantes. Estos hallazgos permitieron identificar una forma cerámica reconocible por su diseño y decoración, posteriormente documentada en otros asentamientos y monumentos funerarios. Aunque tradicionalmente se ha utilizado la expresión Unstan Ware para designar una amplia variedad de recipientes neolíticos de fondo redondeado, las investigaciones actuales recomiendan distinguir los característicos cuencos Unstan de otras producciones cerámicas contemporáneas. Esta precisión resulta importante porque los conjuntos arqueológicos incluyen recipientes de diferentes dimensiones, formas y tratamientos superficiales, cuya asociación no implica necesariamente que todos pertenecieran a una tradición homogénea. Los cuencos Unstan aparecen vinculados principalmente al Neolítico antiguo y medio, durante el IV milenio a. C., aunque su evolución cronológica y su relación con otras producciones continuaron siendo más complejas de lo que sugerían las primeras clasificaciones.
Los recipientes más representativos presentan una forma relativamente baja y abierta, con fondo redondeado, cuerpo curvado y una zona superior claramente diferenciada mediante un hombro o carena, es decir, un cambio marcado en la dirección de las paredes. Sobre esta transición se desarrolla un cuello o banda próxima al borde, que constituye el principal espacio decorativo. Los motivos suelen estar realizados mediante incisiones, surcos horizontales y líneas verticales u oblicuas, organizadas en composiciones geométricas relativamente regulares. También se conocen decoraciones obtenidas mediante pequeñas impresiones y técnicas en las que un instrumento puntiagudo se presionaba y arrastraba sobre la arcilla todavía blanda. La combinación de estas soluciones proporcionaba a los recipientes una apariencia característica, aunque existían diferencias en la profundidad de las marcas, la disposición de los motivos y las proporciones generales. La decoración se concentraba frecuentemente en la parte superior, mientras que el cuerpo inferior permanecía liso o recibía un tratamiento más sencillo. Esta distribución visual constituye uno de los rasgos más útiles para reconocer los cuencos Unstan entre los materiales cerámicos del Neolítico escocés.
La fabricación de estos recipientes requería conocimientos técnicos relacionados con la selección y preparación de la arcilla, el modelado manual y su cocción. Las comunidades neolíticas todavía no utilizaban el torno de alfarero, por lo que las piezas se construían mediante procedimientos manuales que permitían levantar y modelar progresivamente sus paredes. La composición de las pastas y la presencia de inclusiones minerales influían en la resistencia de los vasos, mientras que la cocción transformaba la arcilla en un material suficientemente estable para su utilización. Las diferencias de tamaño y forma sugieren que los recipientes pudieron desempeñar funciones diversas, relacionadas con la preparación, presentación o conservación de alimentos y otros productos. Sin embargo, la finalidad de cada pieza no puede establecerse únicamente por su aspecto exterior. Para determinar sus posibles usos resulta necesario estudiar las huellas de desgaste, los residuos conservados y los contextos arqueológicos de procedencia. La presencia de cuencos Unstan tanto en viviendas como en monumentos funerarios demuestra que estas producciones participaron en diferentes ámbitos de la vida neolítica, aunque todavía no sabemos si determinados diseños estaban reservados para actividades específicas.
La distribución de los cuencos Unstan se extiende más allá de las islas Orcadas. Se han identificado ejemplares y variantes relacionadas en diferentes regiones del norte y nordeste de Escocia, desde Aberdeenshire y el entorno de Inverness hasta Caithness, Sutherland y las Hébridas Exteriores. Esta amplitud geográfica demuestra la existencia de conexiones culturales entre comunidades separadas por territorios terrestres y marítimos. Las investigaciones han relacionado el desarrollo de estas formas con transformaciones anteriores de la tradición cerámica conocida como Carinated Bowl, documentada durante las primeras fases del Neolítico británico. Algunos recipientes encontrados en el nordeste de Escocia presentan características intermedias que ayudan a comprender la evolución de los cuencos decorados, aunque todavía se debate si su forma definitiva surgió en una región concreta o mediante procesos de interacción desarrollados en varios territorios. Las semejanzas entre ejemplares orcadianos y continentales permiten reconocer conocimientos compartidos, pero no demuestran necesariamente la circulación física de todos los recipientes. Las formas y técnicas pudieron transmitirse también mediante contactos personales, desplazamientos y aprendizaje artesanal.
La evolución de la cerámica Unstan resulta especialmente significativa para comprender los cambios culturales del Neolítico orcadiano. Durante mucho tiempo se consideró que los cuencos de fondo redondeado pertenecían exclusivamente a una fase antigua, posteriormente sustituida por la cerámica Grooved Ware, caracterizada por recipientes de fondo plano y nuevas formas decorativas. Sin embargo, los estudios cronológicos basados en dataciones por radiocarbono han demostrado que ambas tradiciones pudieron coexistir durante determinados períodos, al menos durante el siglo XXXI a. C. Esta coincidencia obliga a abandonar la idea de una sustitución inmediata y uniforme entre dos culturas arqueológicas completamente diferenciadas. La presencia de recipientes de distintas tradiciones pudo responder a preferencias locales, diferencias funcionales o relaciones sociales que todavía no conocemos suficientemente. La importancia de los cuencos Unstan reside, por tanto, en su capacidad para documentar la continuidad y transformación de los conocimientos artesanales, así como las conexiones mantenidas por las comunidades agrícolas del norte de Escocia. Su estudio constituye una referencia esencial para comprender la diversidad de la cultura material neolítica y prepara el análisis de las nuevas formas cerámicas que adquirirían especial protagonismo durante el Neolítico final.
-Scottish Archaeological Research Framework (2012). Early Neolithic, to c. 3600 BC. Scottish Neolithic Panel Report, sección 5.1.1. Society of Antiquaries of Scotland. Estudio de los antecedentes, la terminología y las conexiones regionales de los cuencos Unstan.
-Historic Environment Scotland (s. f.). Unstan Chambered Cairn. Descripción institucional del monumento del que procede la denominación de esta tradición cerámica y de los recipientes recuperados en sus excavaciones.
-Scottish Archaeological Research Framework (2012). Middle Neolithic Developments. Scottish Neolithic Panel Report, sección 5.1.2. Society of Antiquaries of Scotland. Evolución de las producciones cerámicas durante el Neolítico medio y problemas de clasificación cronológica.
-Whittle, A., Bayliss, A., Richards, C. y Marshall, P. (2017). Islands of History: The Late Neolithic Timescape of Orkney. Antiquity, 91(359), pp. 1171–1188. Investigación sobre la cronología del Neolítico orcadiano y la coexistencia de recipientes de fondo redondeado y cerámica Grooved Ware.
Perfiles y reconstrucciones de recipientes neolíticos de cerámica Unstan, islas Orcadas (Escocia). Imagen de referencia atribuida a Fantoman400, Wikimedia Commons, licencia CC BY-SA 3.0. Recreación digital de la lámina original realizada para Información Manu mediante inteligencia artificial.
5.2. La cerámica Grooved Ware y su expansión cultural
La aparición de la cerámica Grooved Ware constituye una de las innovaciones materiales más significativas del Neolítico final de las islas Orcadas. Esta tradición, cuyo nombre puede traducirse como «cerámica acanalada», comenzó a desarrollarse probablemente hacia el siglo XXXII a. C., durante una etapa de importantes transformaciones sociales y culturales en el archipiélago. A diferencia de los cuencos Unstan, caracterizados por sus fondos redondeados y perfiles curvos, los recipientes Grooved Ware presentaban generalmente bases planas, paredes relativamente rectas y cuerpos de aspecto cilíndrico, troncocónico o semejante a grandes cubos. Su aparición supuso una modificación considerable de las formas cerámicas anteriores y dio origen a una tradición que terminaría extendiéndose por buena parte de Gran Bretaña e Irlanda. Las investigaciones arqueológicas sitúan en las Orcadas uno de los focos más tempranos y probablemente el principal núcleo de formación de este estilo, aunque la cronología exacta de su origen continúa siendo debatida. Su desarrollo estuvo relacionado con comunidades que experimentaban cambios en sus asentamientos, sus prácticas materiales y sus actividades colectivas, circunstancia que convierte a esta cerámica en un indicador especialmente valioso para comprender la evolución cultural del Neolítico atlántico.
Los recipientes Grooved Ware destacan por la variedad de sus dimensiones y por la riqueza de sus decoraciones geométricas. Algunos eran relativamente pequeños, mientras que otros alcanzaban un tamaño considerable y podían utilizarse para contener cantidades importantes de productos. Su fabricación se realizaba manualmente mediante arcillas preparadas y modeladas antes de la cocción, sin intervención del torno de alfarero. Los motivos decorativos incluían líneas incisas, surcos horizontales y verticales, bandas delimitadas, zigzags, impresiones y aplicaciones de arcilla que formaban relieves sobre las paredes. Estas composiciones podían distribuirse en diferentes sectores del recipiente, creando superficies visualmente complejas. Las excavaciones de Ness of Brodgar han proporcionado además fragmentos cerámicos con restos de pigmentos rojos, blancos y negros aplicados deliberadamente, lo que demuestra que algunos recipientes incorporaban tratamientos cromáticos además de la decoración incisa o modelada. Sin embargo, no todas las piezas recibían el mismo grado de ornamentación, y las diferencias entre formas y motivos reflejan una tradición artesanal diversa. Aunque se han identificado varios estilos regionales, los arqueólogos actuales consideran que las antiguas clasificaciones deben revisarse mediante estudios cronológicos y tecnológicos, evitando interpretar cada variante decorativa como expresión de una comunidad cultural completamente independiente.
Los yacimientos de las Orcadas han resultado fundamentales para reconstruir la evolución de esta tradición. En Pool, situado en la isla de Sanday, las excavaciones documentaron una secuencia de ocupación con diferentes fases cerámicas que permitieron estudiar las relaciones entre los recipientes de fondo redondeado y las primeras formas Grooved Ware. Las nuevas dataciones por radiocarbono sitúan la utilización de determinadas producciones incisas aproximadamente entre los siglos XXXI y XXVIII a. C., mientras que otras variantes con decoración aplicada corresponden a fases posteriores, desarrolladas entre los siglos XXVI y XXIV a. C. Barnhouse constituye otro conjunto especialmente importante, con recipientes asociados a una ocupación iniciada hacia finales del IV milenio a. C. Por su parte, Skara Brae y Ness of Brodgar han proporcionado abundantes materiales que permiten estudiar la diversidad formal y ornamental alcanzada por esta cerámica durante el Neolítico final. La comparación entre estos yacimientos demuestra que la tradición experimentó transformaciones a lo largo de varios siglos y que sus características no permanecieron inalteradas. También indica que las novedades cerámicas pudieron aparecer en distintos asentamientos mediante procesos de adopción, adaptación y experimentación técnica.
La expansión de Grooved Ware fuera de las Orcadas constituye uno de los fenómenos culturales más relevantes del Neolítico británico. A partir de las últimas décadas del IV milenio a. C. y, especialmente, después de 3000 a. C., recipientes relacionados con esta tradición comenzaron a aparecer en diferentes regiones de Escocia, Inglaterra, Gales e Irlanda. Las investigaciones cronológicas han demostrado que algunas de las formas más antiguas conocidas fuera del archipiélago presentan semejanzas estrechas con los modelos orcadianos, mientras que las variantes posteriores desarrollaron características regionales propias. La cerámica aparece en contextos muy diversos, desde asentamientos y depósitos excavados en el terreno hasta grandes recintos ceremoniales, tumbas y monumentos asociados a reuniones colectivas. En el sur de Inglaterra se documenta en lugares tan significativos como Durrington Walls, próximo a Stonehenge, donde determinadas formas cerámicas estuvieron vinculadas a actividades domésticas y concentraciones humanas de considerable importancia. La amplitud de su distribución demuestra la existencia de conexiones entre comunidades separadas por grandes distancias, aunque no significa necesariamente que los recipientes fueran transportados físicamente desde las Orcadas. Las formas, los motivos decorativos y los conocimientos técnicos pudieron circular mediante desplazamientos personales, contactos marítimos, encuentros comunitarios y procesos de aprendizaje artesanal.
La importancia histórica de Grooved Ware trasciende, por tanto, sus características técnicas y ornamentales. Su presencia en espacios domésticos y monumentales indica que estos recipientes participaron en actividades diferentes, relacionadas con la preparación, conservación o consumo de productos y, en determinados contextos, con prácticas colectivas de posible significado ceremonial. Los análisis arqueológicos permiten reconocer asociaciones entre cerámica, alimentos, estructuras habitadas y depósitos intencionados, pero no justifican atribuir automáticamente una función ritual a todos los recipientes decorados. La expansión de esta tradición tampoco demuestra la existencia de una cultura política o religiosa uniforme extendida por las islas británicas. Más bien revela un proceso de circulación y transformación de conocimientos materiales mediante el cual comunidades diferentes incorporaron determinadas innovaciones y las adaptaron a sus propias necesidades. Los estudios recientes destacan especialmente la diversidad de trayectorias regionales, mostrando que la adopción de Grooved Ware no fue simultánea ni siguió una evolución idéntica en todos los territorios. En las Orcadas, esta tradición constituye uno de los testimonios más claros de la creatividad artesanal y de las conexiones culturales desarrolladas durante el Neolítico final, cuando el archipiélago desempeñó un papel destacado dentro de las redes de interacción del mundo atlántico.
-MacSween, A., Hunter, J., Sheridan, A., Bond, J., Bronk Ramsey, C., Reimer, P., Bayliss, A., Griffiths, S. y Whittle, A. (2015). Refining the Chronology of the Neolithic Settlement at Pool, Sanday, Orkney: Implications for the Emergence and Development of Grooved Ware. Proceedings of the Prehistoric Society, 81, pp. 283–310. Estudio cronológico fundamental sobre las primeras fases y transformaciones de esta tradición cerámica.
-Copper, M., Hamilton, D. y Gibson, A. (2021). Tracing the Lines: Scottish Grooved Ware Trajectories beyond Orkney. Proceedings of the Society of Antiquaries of Scotland, 150, pp. 81–117. Investigación sobre su difusión, las variantes regionales y la cronología de su utilización en Escocia.
–Late Neolithic Developments: Grooved Ware. Scottish Neolithic Panel Report, sección 5.1.3. Society of Antiquaries of Scotland. Síntesis de su origen probable en las Orcadas y de sus principales características culturales.
-Copper, M., Whittle, A. y Sheridan, A. (eds.) (2023). Revisiting Grooved Ware: Understanding Ceramic Trajectories in Britain and Ireland, 3200–2400 cal BC. Oxbow Books, Neolithic Studies Group Seminar Papers, vol. 20. Monografía colectiva reciente sobre su evolución y expansión. Referencia contrastada mediante la descripción editorial, el índice y los extractos disponibles, sin consulta íntegra del volumen.
5.3. Herramientas de piedra, hueso y otros materiales
Las herramientas utilizadas por las comunidades neolíticas de las islas Orcadas constituyen un testimonio fundamental de sus conocimientos técnicos y de las actividades desarrolladas durante el IV y III milenio a. C. Antes de la introducción de la metalurgia, los habitantes del archipiélago elaboraban sus instrumentos mediante el aprovechamiento de piedras, huesos, astas, conchas y otros materiales disponibles en el entorno. La diversidad de objetos recuperados en asentamientos como Skara Brae, Barnhouse, Links of Noltland y Ness of Brodgar demuestra que estas poblaciones disponían de un repertorio técnico considerablemente variado, adaptado a las necesidades agrícolas, domésticas y artesanales. La piedra tuvo una importancia especial debido a su abundancia y resistencia, aunque no todas las rocas ofrecían las mismas propiedades. El sílex permitía obtener filos cortantes mediante la talla, mientras que otras piedras más resistentes podían emplearse para fabricar instrumentos de percusión, molienda o pulimentación. La elección de cada material dependía de sus características físicas y de la función prevista, lo que revela un conocimiento práctico acumulado mediante la experiencia y transmitido entre generaciones.
Entre los instrumentos de piedra destacan las lascas cortantes, los raspadores, los perforadores, las puntas y las hachas pulimentadas. Las herramientas de sílex podían utilizarse para cortar materiales, trabajar pieles y realizar diversas operaciones artesanales, aunque la función concreta de cada pieza debe establecerse mediante el análisis de sus huellas de utilización. En las Orcadas adquirieron especial importancia las denominadas Skaill knives, grandes lascas obtenidas mediante la fractura de cantos rodados de piedra local. Estas piezas, frecuentes en numerosos yacimientos neolíticos, proporcionaban filos resistentes y podían utilizarse para cortar y procesar materiales orgánicos, especialmente en actividades relacionadas con el despiece de animales. Su fabricación relativamente sencilla no significa que fueran instrumentos rudimentarios, pues la selección de los cantos y el aprovechamiento de sus fracturas exigían conocimientos específicos. También se emplearon hachas y azuelas de piedra, algunas cuidadosamente pulimentadas, así como percutores, piedras de afilar y utensilios destinados a transformar otros materiales. Los molinos manuales de piedra, utilizados mediante movimientos de fricción sobre superficies preparadas, permitían triturar cereales y otros productos vegetales, constituyendo una parte importante del equipamiento relacionado con la preparación de alimentos.
Los materiales de origen animal proporcionaron otro conjunto muy diverso de instrumentos y objetos. Los huesos de bovinos, ovinos y otras especies podían transformarse en punzones, agujas, espátulas, cinceles y utensilios de diferentes dimensiones. Algunos huesos largos de las extremidades resultaban especialmente adecuados para fabricar piezas puntiagudas, debido a su resistencia y a la relativa facilidad con la que podían trabajarse. Las astas de ciervo también ofrecían posibilidades para elaborar mangos, herramientas de percusión y otros instrumentos, mientras que los restos de grandes mamíferos marinos proporcionaban materiales de considerable tamaño y solidez. En Skara Brae y Links of Noltland se han recuperado recipientes, alfileres, cuentas y otros objetos realizados con hueso de ballena, marfil marino y conchas. La utilización de estos recursos resulta particularmente significativa en un archipiélago donde la disponibilidad de madera fue variable y, durante determinadas etapas, relativamente limitada. Sin embargo, el empleo de materiales procedentes de animales marinos no demuestra necesariamente su captura deliberada, pues algunos pudieron obtenerse de ejemplares varados en las costas. La diversidad de estos objetos refleja la capacidad de aprovechar materias primas diferentes y transformarlas en utensilios funcionales o elementos de adorno.
Junto a las herramientas destinadas a actividades prácticas, los yacimientos orcadianos han proporcionado objetos cuya elaboración exigía una atención especial a la forma, el acabado y las propiedades visuales de los materiales. Entre ellos destacan las cabezas de maza perforadas, determinadas piezas de piedra pulimentada y las bolas pétreas talladas, algunas decoradas mediante salientes geométricos cuidadosamente distribuidos. Estos objetos forman parte de una tradición material conocida también en otras regiones de Escocia, aunque su función exacta continúa siendo debatida. Algunas cabezas de maza pudieron utilizarse como instrumentos de percusión, mientras que otras, debido a sus características y contextos de aparición, han sido interpretadas como posibles elementos de prestigio o de significado ceremonial. Las bolas de piedra tallada plantean interrogantes semejantes, pues no existe una explicación universalmente aceptada sobre su utilización. También se han recuperado colgantes, cuentas y alfileres decorados, realizados mediante materiales pétreos y orgánicos. Su presencia demuestra que la producción material neolítica no respondía exclusivamente a necesidades de subsistencia, sino que incluía objetos relacionados con el adorno personal y posiblemente con formas de identificación social cuyo significado resulta difícil reconstruir.
El estudio de estos instrumentos ha adquirido una profundidad considerable gracias a los análisis microscópicos de desgaste, la experimentación arqueológica y la investigación de las materias primas. Las marcas producidas por el corte, la percusión, la molienda o el pulido permiten formular hipótesis sobre la utilización de determinadas piezas, mientras que los residuos conservados pueden aportar información complementaria sobre los materiales trabajados. Las excavaciones de Ness of Brodgar han recuperado una colección especialmente diversa de objetos pétreos, entre ellos herramientas utilizadas para fabricar, modificar y pulimentar otros instrumentos. Esta variedad revela la coexistencia de diferentes actividades técnicas, aunque todavía no permite reconstruir con precisión todos los procesos desarrollados en el asentamiento. También es necesario recordar que la conservación arqueológica favorece los materiales resistentes, mientras que numerosos objetos de madera, fibras vegetales, cuero o tejidos han desaparecido. La cultura material que conocemos representa, por tanto, solo una parte del equipamiento utilizado por aquellas comunidades. Aun con estas limitaciones, las herramientas de piedra, hueso y otros materiales muestran que los habitantes neolíticos de las Orcadas desarrollaron conocimientos técnicos especializados y soluciones adaptadas a su entorno, fundamentales para comprender la diversidad de actividades que sostenían su vida cotidiana.
-Scottish Archaeological Research Framework (2012). Small Knapped Tools (such as Scrapers and Blades). Scottish Neolithic Panel Report, sección 5.2.1. Society of Antiquaries of Scotland. Herramientas líticas, materias primas y técnicas de talla.
-Scottish Archaeological Research Framework (2012). Coarse Stone Artefacts from the Neolithic. Scottish Neolithic Panel Report, sección 5.2.3. Society of Antiquaries of Scotland. Utensilios de piedra, molinos, herramientas de percusión y variaciones tecnológicas.
-Scottish Archaeological Research Framework (2012). Bone, Antler, Marine Ivory and Shell. Scottish Neolithic Panel Report, sección 5.3.1. Society of Antiquaries of Scotland. Utensilios y adornos de hueso, asta, marfil marino y concha.
-Clarke, A. (2020). Stone Tools from Ness of Brodgar. Presentación de la autora de su estudio publicado en The Ness of Brodgar: As it Stands, editado por N. Card, M. Edmonds y A. Mitchell, pp. 224–243. Investigación sobre las herramientas pétreas del yacimiento, consultada mediante la síntesis pública de la especialista.
5.4. Producción artesanal, intercambio y contactos marítimos
La producción artesanal desempeñó un papel fundamental en la vida económica y cultural de las comunidades neolíticas de las islas Orcadas, especialmente durante el IV y III milenio a. C. La fabricación de recipientes cerámicos, instrumentos de piedra, objetos de hueso y elementos ornamentales requería conocimientos técnicos que se adquirían mediante la práctica y se transmitían entre generaciones. Las investigaciones arqueológicas muestran que estas actividades no se desarrollaban necesariamente de manera uniforme en todos los asentamientos, pues existían diferencias en las materias primas seleccionadas, los procedimientos empleados y las características de los objetos terminados. En Barnhouse, los análisis petrográficos de la cerámica han permitido identificar distintas composiciones de arcilla y materiales añadidos para modificar sus propiedades, lo que sugiere preferencias técnicas relacionadas con diferentes espacios domésticos. Algunas vasijas incorporaban fragmentos de rocas procedentes de afloramientos situados en las proximidades del poblado, mientras que otras utilizaban conchas trituradas o pastas sin adiciones semejantes. Estas diferencias permiten reconocer una producción artesanal diversificada, aunque todavía no demuestran la existencia de talleres permanentes ni de artesanos dedicados exclusivamente a una determinada actividad.
La organización de la producción también puede estudiarse a través de los restos generados durante la fabricación de instrumentos y objetos. Las lascas de piedra, los fragmentos descartados, las piezas inacabadas y las herramientas utilizadas para trabajar otros materiales permiten reconstruir parcialmente las distintas etapas de elaboración. En Ness of Brodgar se han identificado concentraciones de materiales relacionados con la talla y transformación de piedras de diferentes procedencias, lo que demuestra que determinadas actividades artesanales se realizaban dentro de los edificios monumentales y sus espacios asociados. Los estudios de desgaste y las técnicas de análisis microscópico ayudan a reconocer operaciones de corte, percusión, pulimentación y modificación de superficies. Sin embargo, la concentración de objetos en un edificio no significa necesariamente que funcionara como un taller especializado, pues algunos materiales pudieron depositarse después de haber sido utilizados en otros lugares. La producción neolítica debió combinar conocimientos compartidos por amplios sectores de la población con habilidades particulares adquiridas mediante una experiencia prolongada. Determinar hasta qué punto existieron artesanos especializados continúa siendo una cuestión abierta, especialmente en aquellos contextos donde aparecen objetos de ejecución particularmente elaborada.
Los intercambios de materiales permiten reconocer relaciones que superaban ampliamente los límites geográficos del archipiélago. Uno de los testimonios más significativos es la presencia de pitchstone, un vidrio volcánico natural procedente de la isla escocesa de Arran, situada a varios cientos de kilómetros al suroeste de las Orcadas. Se han recuperado más de cincuenta fragmentos de este material en Ness of Brodgar y veintiséis piezas en Barnhouse, cantidades suficientes para demostrar que no se trataba de hallazgos completamente aislados. Los estudios realizados sobre los fragmentos de Ness of Brodgar indican que algunos fueron trabajados mediante técnicas diferentes de las habitualmente utilizadas en el Neolítico final orcadiano, lo que plantea la posibilidad de que determinadas personas conocedoras de aquellas materias primas participaran directamente en su elaboración. Otros hallazgos, como una pieza de hacha sin terminar relacionada con las explotaciones de piedra de Langdale, en el Distrito de los Lagos inglés, y cuentas de ámbar recuperadas en Ness of Brodgar, refuerzan la existencia de conexiones con territorios distantes. No obstante, la presencia de materiales exóticos no permite determinar si llegaron mediante intercambios sucesivos, desplazamientos personales, regalos o contactos ceremoniales. Tampoco demuestra que todos los objetos circularan dentro de redes comerciales organizadas en un sentido comparable al de las sociedades históricas.
El carácter insular de las Orcadas convirtió la navegación en un elemento indispensable para mantener estas relaciones. Los desplazamientos entre las diferentes islas y hacia las costas del norte de Escocia exigían embarcaciones capaces de transportar personas, herramientas y determinados cargamentos, así como conocimientos sobre corrientes, mareas, vientos y lugares adecuados para desembarcar. Aunque no se han conservado embarcaciones neolíticas directamente identificables con estas comunidades, la circulación de personas y materiales constituye una evidencia indirecta de su capacidad marítima. Se han propuesto embarcaciones ligeras construidas con estructuras de madera y cubiertas de pieles, semejantes en algunos aspectos a los curraghs conocidos en épocas posteriores, pero estas reconstrucciones continúan siendo hipotéticas. Las rutas utilizadas pudieron seguir tramos costeros y aprovechar escalas entre islas, sin excluir travesías más largas cuando las condiciones lo permitieran. El mar del Norte y las aguas atlánticas del entorno escocés funcionaron, por tanto, como espacios de conexión entre comunidades. Estas relaciones facilitaron la circulación de materias primas y objetos, pero también de conocimientos técnicos, prácticas culturales e informaciones sobre territorios lejanos, cuyo intercambio no siempre dejó testimonios materiales reconocibles.
La importancia de estas conexiones se aprecia especialmente durante el Neolítico final, cuando las Orcadas participaron en redes culturales que alcanzaban diversas regiones de Escocia, Irlanda y el resto de Gran Bretaña. Las semejanzas entre determinadas formas cerámicas, objetos ornamentales y tradiciones constructivas indican contactos mantenidos durante generaciones, aunque su intensidad y dirección variaron según las épocas. Los grandes espacios monumentales pudieron favorecer encuentros entre comunidades, reuniones colectivas y ocasiones para intercambiar objetos o conocimientos, pero resulta difícil identificar las circunstancias concretas de estos contactos. La arqueología permite reconocer la circulación de ciertos materiales y técnicas, mientras que las motivaciones sociales que impulsaron su desplazamiento continúan siendo más difíciles de reconstruir. La producción artesanal y los intercambios marítimos muestran, en conjunto, una sociedad insular capaz de combinar el aprovechamiento de recursos locales con relaciones exteriores de considerable alcance. Esta combinación contribuyó a la diversidad de su cultura material y ayuda a comprender cómo las comunidades orcadianas participaron activamente en las transformaciones culturales del Neolítico británico, sin que su posición geográfica supusiera un aislamiento respecto a otros territorios.
-Scottish Archaeological Research Framework (ScARF) (s. f.). Case Study: Grooved Ware at Barnhouse, Orkney. Science Panel Report. Society of Antiquaries of Scotland. Estudio sobre materias primas, técnicas de producción y diferencias entre conjuntos cerámicos de Barnhouse.
-The Ness of Brodgar Project (2026). Focus on Finds: Arran Pitchstone. Publicado el 6 de marzo de 2026. Investigación divulgada por el equipo arqueológico sobre la procedencia, elaboración y circulación de pitchstone en Ness of Brodgar y Barnhouse.
-Scottish Archaeological Research Framework (ScARF) (s. f.). 5.7. Transport and Movement. Highland Archaeological Research Framework, sección dedicada al Neolítico. Society of Antiquaries of Scotland. Síntesis sobre desplazamientos humanos, intercambio de materiales y limitaciones de la evidencia relativa a la navegación prehistórica.
-Card, N. (2018). The Ness of Brodgar: Uncovering Orkney’s Neolithic Heart. Current Archaeology, 4 de enero de 2018. Descripción de los materiales de procedencia lejana y de las conexiones culturales documentadas en el conjunto monumental.
5.5. La vida cotidiana y las transformaciones sociales del Neolítico
La vida cotidiana de las comunidades neolíticas de las islas Orcadas estuvo organizada en torno a actividades domésticas, productivas y sociales que experimentaron importantes transformaciones durante el IV y III milenio a. C. Los asentamientos conservados permiten reconstruir numerosos aspectos de esta existencia, desde la preparación de alimentos hasta la utilización de los espacios habitados y las relaciones entre diferentes grupos domésticos. En poblados como Skara Brae, la presencia de hogares centrales, compartimentos de almacenamiento, superficies de trabajo y mobiliario construido en piedra demuestra una organización cuidadosa del espacio interior. Las viviendas constituían lugares donde se cocinaba, descansaba, elaboraban objetos y desarrollaban actividades compartidas, aunque la distribución exacta de las responsabilidades entre sus habitantes sigue siendo desconocida. La proximidad de las casas y la existencia de pasadizos de comunicación sugieren una convivencia estrecha entre diferentes unidades domésticas. Sin embargo, no podemos identificar automáticamente cada vivienda con una familia de características semejantes a las actuales ni establecer con seguridad cuántas personas residían en ella. Los restos materiales muestran las condiciones físicas de la vida cotidiana, pero proporcionan una información más limitada sobre las relaciones personales, las edades de los habitantes y las normas que regulaban su convivencia.
La alimentación ocupaba un lugar central en la organización de estas comunidades y dependía de una economía agrícola y ganadera complementada mediante el aprovechamiento de recursos silvestres. Los restos recuperados en diferentes yacimientos muestran la importancia de los cereales, especialmente la cebada, y de los productos procedentes de animales domésticos, entre los que destacan los bovinos y los ovinos. La preparación de los alimentos exigía tareas sucesivas de molienda, conservación, cocción y distribución, realizadas mediante utensilios y recipientes adecuados. También se consumían determinados frutos silvestres y se aprovechaban recursos costeros, aunque su importancia relativa variaba entre asentamientos y períodos. La existencia de hogares, recipientes cerámicos y abundantes restos alimentarios permite reconocer una actividad doméstica continuada, pero también proporciona indicios de consumos colectivos que pudieron superar las necesidades ordinarias de cada vivienda. En Ness of Brodgar, por ejemplo, se han identificado grandes concentraciones de huesos de ganado asociadas a episodios de consumo comunitario, especialmente en relación con las últimas fases de utilización de la Estructura 10, hacia mediados del III milenio a. C. Estos depósitos han sido interpretados como posibles testimonios de banquetes colectivos, aunque desconocemos las circunstancias exactas de su celebración y el significado que pudieron tener para sus participantes.
Los objetos recuperados en las viviendas también permiten reconocer dimensiones de la vida cotidiana que trascienden las necesidades estrictamente alimentarias. Los adornos personales, las cuentas, los colgantes, los alfileres y determinadas piezas cuidadosamente elaboradas muestran que los habitantes del archipiélago prestaban atención a la apariencia de los objetos y posiblemente a su utilización como elementos de identificación o distinción personal. En Skara Brae se han encontrado pequeñas piezas interpretadas como posibles dados o instrumentos de juego, aunque su función original no puede establecerse con certeza. Estos hallazgos recuerdan que las comunidades neolíticas desarrollaban actividades que no se limitaban al trabajo productivo y que su existencia incluía relaciones personales, aprendizaje, transmisión de conocimientos y posiblemente formas de entretenimiento. También debieron utilizar materiales perecederos, como fibras vegetales, pieles y madera, para elaborar objetos domésticos y otros elementos necesarios para la vida diaria, aunque su conservación arqueológica es muy limitada. La infancia, la vejez y la atención a las personas dependientes formaban necesariamente parte de aquellas sociedades, pero resulta difícil reconstruir sus experiencias concretas a partir de los testimonios disponibles. Esta limitación exige evitar representaciones demasiado detalladas de costumbres o comportamientos que no podemos documentar directamente.
Durante el Neolítico final se produjeron cambios significativos en la distribución de los asentamientos y en las relaciones entre comunidades. Los modelos cronológicos muestran que, entre aproximadamente 3200 y 2800 a. C., se desarrollaron agrupaciones de viviendas más concentradas y espacios arquitectónicos de mayor complejidad, especialmente en determinadas zonas de Mainland. La construcción de edificios monumentales y la aparición de diferencias entre espacios domésticos y comunitarios sugieren nuevas formas de cooperación y posiblemente de competencia social. Algunos investigadores han propuesto que el prestigio de determinados grupos pudo expresarse mediante la arquitectura, la producción de objetos singulares y la participación en actividades colectivas de considerable escala. Sin embargo, estas interpretaciones no demuestran la existencia de una sociedad organizada necesariamente mediante jefaturas hereditarias o instituciones políticas centralizadas. Las relaciones de autoridad, cooperación y rivalidad pudieron adoptar formas variables según las comunidades y los períodos. Los estudios paleoambientales indican, además, que la expansión de las actividades humanas coincidió con modificaciones importantes en la vegetación y el aprovechamiento del territorio, particularmente con el aumento de superficies abiertas utilizadas posiblemente como pastos. Las transformaciones sociales y ambientales estuvieron, por tanto, relacionadas, aunque no resulta posible reducir los cambios históricos a una única causa económica o ecológica.
La evolución posterior demuestra que la sociedad neolítica de las Orcadas no mantuvo una trayectoria uniforme de crecimiento y concentración. Hacia 2800 a. C. comenzó a disminuir notablemente la actividad residencial documentada en el entorno de Stenness y Brodgar, mientras que otros sectores del archipiélago experimentaron procesos diferentes de continuidad, abandono o reorganización de sus asentamientos. Durante los siglos posteriores se produjeron nuevas ocupaciones y transformaciones arquitectónicas, especialmente en determinadas comunidades alejadas del núcleo monumental de Mainland. La investigación paleoambiental sugiere que estos cambios no estuvieron acompañados necesariamente por un agotamiento generalizado de los recursos agrícolas, por lo que algunos estudios han planteado la posibilidad de tensiones sociales y dificultades para mantener las formas de organización comunitaria anteriores. Se trata, sin embargo, de interpretaciones todavía debatidas. La diversidad de las trayectorias locales muestra que las comunidades respondieron de maneras distintas a las circunstancias históricas, modificando sus lugares de residencia, sus prácticas materiales y sus relaciones colectivas. La vida cotidiana del Neolítico orcadiano debe comprenderse así como una realidad dinámica, integrada por actividades domésticas, conocimientos compartidos y transformaciones sociales desarrolladas durante numerosos siglos. Su estudio permite reconocer la dimensión humana de una cultura cuya monumentalidad arqueológica ha conservado una extraordinaria visibilidad, pero cuya historia también estuvo formada por las experiencias ordinarias de quienes cultivaron la tierra, cuidaron animales, habitaron viviendas y mantuvieron relaciones dentro de sus comunidades.
-Historic Environment Scotland (2026). The Story of Skara Brae. Publicado el 19 de enero de 2026. Síntesis institucional sobre las viviendas, la alimentación, los objetos y las actividades cotidianas del poblado.
-Bayliss, A., Marshall, P., Richards, C. y Whittle, A. (2017). Islands of History: The Late Neolithic Timescape of Orkney. Antiquity, 91(359), pp. 1171–1188. Estudio de las transformaciones sociales, la evolución de los asentamientos y los períodos de reorganización durante el Neolítico final.
-Bunting, M. J., Farrell, M., Dunbar, E., Reimer, P., Bayliss, A., Marshall, P. y Whittle, A. (2022). Landscapes for Neolithic People in Mainland, Orkney. Journal of World Prehistory, 35, pp. 87–107. Investigación sobre las transformaciones ambientales, el aprovechamiento agrícola y ganadero del territorio y los cambios en la ocupación humana.
-Page, K. (2022). An Absence of Antler and the Riddle of the Red Deer – Part One. The Ness of Brodgar Project, 28 de enero de 2022. Estudio divulgativo de los restos animales asociados a la Estructura 10 y de su interpretación como testimonio de actividades colectivas.
El Corazón neolítico de las Orcadas (Heart of Neolithic Orkney) constituye uno de los conjuntos arqueológicos más importantes de la Europa prehistórica y representa una expresión excepcional de la arquitectura y la cultura desarrolladas por las comunidades insulares durante el Neolítico. Situado en la isla de Mainland, reúne monumentos construidos en diferentes momentos del IV y III milenio a. C., cuya conservación permite estudiar aspectos complementarios de aquellas sociedades. Su reconocimiento internacional culminó en 1999, cuando la UNESCO lo incorporó a la Lista del Patrimonio Mundial por su extraordinario valor histórico, arquitectónico y cultural. La declaración comprende cuatro grandes monumentos: Maeshowe, las Piedras de Stenness, el Anillo de Brodgar y Skara Brae, acompañados por otros testimonios arqueológicos que contribuyen a comprender su contexto territorial.
La singularidad de este conjunto reside en la relación entre diferentes manifestaciones de la vida neolítica. Las construcciones funerarias, los grandes círculos pétreos y los asentamientos domésticos muestran distintas formas de utilización y transformación del espacio, desde las actividades cotidianas hasta las prácticas colectivas de carácter ceremonial. Aunque cada monumento posee una historia constructiva particular, su proximidad geográfica y sus relaciones con el paisaje permiten estudiarlos dentro de un marco cultural compartido. La presencia de lagos, elevaciones naturales y otros yacimientos arqueológicos configura un territorio donde las comunidades neolíticas desarrollaron una arquitectura estrechamente vinculada con determinados lugares. Sin embargo, esta relación no significa que todos los monumentos fueran contemporáneos ni que respondieran necesariamente a un proyecto único concebido desde sus orígenes.
El estudio del Corazón neolítico de las Orcadas permite comprender cómo las sociedades prehistóricas combinaron conocimientos técnicos, organización comunitaria y tradiciones culturales para construir monumentos de extraordinaria permanencia. Su importancia trasciende el valor individual de cada edificio, pues el conjunto ofrece una perspectiva excepcional sobre las relaciones entre los espacios habitados, las construcciones funerarias y los lugares de reunión. Los cuatro monumentos principales constituyen, por tanto, puntos de referencia complementarios para reconstruir diferentes dimensiones del Neolítico orcadiano. Su análisis permitirá examinar las particularidades arquitectónicas de cada yacimiento y comprender posteriormente las conexiones espaciales y culturales que los integran en uno de los paisajes monumentales más representativos de la Prehistoria atlántica.
-UNESCO World Heritage Centre (1999). Heart of Neolithic Orkney. World Heritage List, n.º 514. Declaración de valor universal excepcional, composición y significado cultural del conjunto.
-UNESCO World Heritage Centre. Historic Environment Scotland (2023). The Heart of Neolithic Orkney World Heritage Site: A Short Guide.-Historic Environment Scotland (s. f.).The Heart of Neolithic Orkney. Síntesis arqueológica y patrimonial de los cuatro monumentos principales y del paisaje histórico que los relaciona.
6.1. El conjunto arqueológico declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO
La inscripción del Corazón neolítico de las Orcadas en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO, aprobada el 2 de diciembre de 1999, supuso el reconocimiento internacional de un conjunto arqueológico de extraordinaria importancia para el conocimiento de la Prehistoria europea. La decisión, adoptada durante la 23.ª reunión del Comité del Patrimonio Mundial, destacó las realizaciones culturales y arquitectónicas de las comunidades neolíticas del norte de Europa. La declaración corresponde a un bien cultural de carácter seriado, formado por varios monumentos diferenciados que comparten una misma consideración patrimonial. Sus componentes se distribuyen en dos sectores de la isla de Mainland, separados aproximadamente por 6,6 kilómetros, y representan distintas manifestaciones de una tradición prehistórica desarrollada hace unos cinco mil años. Esta modalidad de inscripción permite reconocer el valor del conjunto sin considerar cada yacimiento como una unidad completamente aislada. La importancia patrimonial reside tanto en las cualidades de los monumentos conservados como en su capacidad colectiva para documentar aspectos fundamentales de las sociedades neolíticas.
La UNESCO fundamentó su decisión en cuatro criterios culturales, identificados mediante los números romanos I, II, III y IV. El primero reconoce la extraordinaria calidad de las realizaciones arquitectónicas y la capacidad técnica demostrada por sus constructores, especialmente por las soluciones desarrolladas para levantar grandes estructuras de piedra. El segundo destaca los intercambios de conocimientos y valores culturales relacionados con la aparición y expansión de las arquitecturas monumentales en las islas británicas, Irlanda y el noroeste europeo. El tercer criterio considera que la combinación de testimonios domésticos, funerarios y ceremoniales constituye una evidencia excepcional de una tradición cultural desaparecida, cuya historia puede reconstruirse parcialmente mediante sus restos arqueológicos. Finalmente, el cuarto reconoce el conjunto como un ejemplo sobresaliente de paisaje arqueológico y arquitectura monumental correspondiente a una etapa decisiva de la historia humana. Estos criterios definen lo que la UNESCO denomina Valor Universal Excepcional, una categoría patrimonial que identifica bienes cuya importancia cultural trasciende las fronteras nacionales y justifica su conservación en beneficio de las generaciones presentes y futuras.
La delimitación del bien protegido constituye un aspecto esencial de su reconocimiento internacional. Los cuatro monumentos principales se encuentran dentro de los límites oficialmente inscritos, pero el patrimonio neolítico de las Orcadas se extiende mucho más allá de esas áreas. En sus proximidades existen otros asentamientos, tumbas, estructuras ceremoniales y vestigios arqueológicos que contribuyen a comprender el contexto histórico del conjunto, aunque no todos formen parte directamente del bien declarado. Para preservar esta relación se establecieron dos amplias zonas de protección complementaria, una alrededor de Skara Brae y otra en el sector central y occidental de Mainland. Estas zonas de amortiguamiento permiten considerar los posibles efectos de nuevas construcciones, alteraciones del terreno y transformaciones del paisaje sobre la conservación y percepción de los monumentos. La propia UNESCO reconoce que los límites estrictos del bien no abarcan la totalidad de su entorno arqueológico, lo que plantea la necesidad de mantener una protección territorial más amplia. Esta distinción resulta importante porque la declaración patrimonial no equivale a incluir todos los yacimientos neolíticos del archipiélago, sino a reconocer un conjunto seleccionado cuyo significado histórico depende también de su contexto.
La conservación de los monumentos se evalúa mediante dos conceptos fundamentales: integridad y autenticidad. La integridad se refiere a la conservación de los elementos necesarios para expresar el valor patrimonial del conjunto, mientras que la autenticidad examina hasta qué punto los vestigios mantienen características históricas reconocibles en sus materiales, formas, disposición y relaciones espaciales. En las Orcadas, el extraordinario estado de conservación de numerosas estructuras permite estudiar técnicas arquitectónicas y formas de ocupación difícilmente documentables en otros yacimientos europeos. Sin embargo, su apariencia actual no constituye una reproducción absolutamente intacta de la situación neolítica. Algunas construcciones fueron modificadas durante excavaciones antiguas, determinadas piedras caídas se levantaron nuevamente entre los siglos XIX y XX y ciertos sectores recibieron intervenciones de restauración o consolidación. Estas actuaciones forman parte de la historia moderna de los monumentos y deben distinguirse de sus características originales. La documentación arqueológica permite reconocer buena parte de esas modificaciones y valorar sus consecuencias. Por ello, la autenticidad del conjunto no depende de una ausencia completa de intervenciones, sino de la conservación suficiente de sus testimonios materiales y de la posibilidad de interpretarlos mediante procedimientos rigurosos.
La condición de Patrimonio Mundial implica también responsabilidades permanentes de conservación, investigación y gestión pública. Historic Environment Scotland se ocupa de la protección y el mantenimiento de los principales monumentos, en colaboración con el Consejo de las Islas Orcadas y otras instituciones vinculadas al patrimonio y al medio natural. La planificación actual se articula mediante un programa de gestión para el período 2025-2035, orientado a preservar el Valor Universal Excepcional del conjunto y compatibilizar su protección con las actividades de las comunidades locales y el acceso de los visitantes. Entre los principales desafíos destacan la erosión costera, especialmente importante en determinados emplazamientos próximos al mar, el desgaste provocado por la afluencia turística y las alteraciones paisajísticas derivadas de nuevas infraestructuras. También resulta necesario vigilar los efectos del cambio climático y garantizar que las investigaciones arqueológicas no comprometan la estabilidad de los restos conservados. La declaración de la UNESCO representa, por tanto, algo más que un reconocimiento histórico: establece un compromiso de protección a largo plazo que exige equilibrar el conocimiento científico, la conservación material y la transmisión pública de un patrimonio excepcional de la Europa neolítica.
-UNESCO World Heritage Committee (1999). Decision 23 COM VIII.C.1: The Heart of Neolithic Orkney (United Kingdom). 23.ª reunión del Comité del Patrimonio Mundial. Resolución oficial de inscripción y criterios culturales reconocidos.
-UNESCO World Heritage Centre (s. f.). Heart of Neolithic Orkney: Outstanding Universal Value. World Heritage List, bien n.º 514. Declaración oficial de Valor Universal Excepcional, integridad, autenticidad, delimitación y requisitos de protección.
6.2. Maeshowe: arquitectura funeraria y orientación astronómica
Maeshowe constituye una de las realizaciones arquitectónicas más extraordinarias del Neolítico de las islas Orcadas y uno de los ejemplos mejor conservados de tumba monumental de corredor del noroeste europeo. Situado en la isla de Mainland, en las proximidades de Stenness, fue construido probablemente hacia finales del IV milenio o comienzos del III milenio a. C., en torno al 2800 a. C. según las cronologías tradicionales. Desde el exterior presenta la apariencia de un gran túmulo cubierto de hierba, aproximadamente circular, de unos 35 metros de diámetro y alrededor de siete metros de altura. Sin embargo, bajo esta elevación se conserva una compleja estructura de piedra cuya construcción exigió una planificación cuidadosa y una considerable movilización de recursos humanos. El monumento se levanta sobre una plataforma artificial rodeada por un foso y un terraplén exterior, elementos que contribuyen a distinguirlo dentro del paisaje circundante. Su concepción revela que los constructores no pretendían únicamente crear un espacio destinado a recibir a los difuntos, sino levantar una obra duradera, cuya monumentalidad exterior contrastaba con la organización precisa y cuidadosamente delimitada de sus espacios interiores.
El acceso se realiza mediante un corredor bajo y estrecho, de aproximadamente diez metros de longitud, orientado hacia el suroeste y construido con grandes losas de arenisca, algunas de las cuales alcanzan varias toneladas de peso. El pasadizo desemboca en una cámara central de planta aproximadamente cuadrada, de unos 4,6 metros de lado, cuyas paredes presentan una ejecución especialmente cuidada. En sus cuatro esquinas se incorporaron grandes piedras verticales, mientras que las hiladas superiores fueron colocadas progresivamente hacia el interior mediante una técnica de aproximación de hiladas que permitía reducir la abertura de la cubierta. Desde tres de los lados de la cámara se accede a pequeñas celdas elevadas, construidas mediante grandes bloques pétreos y provistas de sistemas que permitían cerrar sus entradas. La combinación de estos elementos demuestra un conocimiento avanzado de las propiedades estructurales de la piedra y de las posibilidades arquitectónicas ofrecidas por la disposición de grandes bloques. La cubierta actual conserva intervenciones de consolidación realizadas en época moderna, por lo que no todos sus elementos reproducen exactamente la configuración original. Aun así, el interior permite apreciar la precisión de una obra ejecutada sin herramientas metálicas ni maquinaria de elevación comparable a la utilizada en construcciones posteriores.
Una de las características más singulares de Maeshowe es la orientación astronómica de su corredor de entrada. Durante aproximadamente las tres semanas anteriores y posteriores al solsticio de invierno, cuando las condiciones atmosféricas son favorables, los últimos rayos del sol poniente penetran por el pasadizo e iluminan la pared posterior de la cámara principal. El fenómeno resulta especialmente significativo por la relación entre la orientación del acceso, la trayectoria solar y la posición de la piedra de Barnhouse, un monolito situado unos 750 metros al suroeste del monumento. Esta correspondencia fue señalada ya a finales del siglo XIX y ha sido objeto de numerosos estudios posteriores. La alineación demuestra que los constructores prestaron atención a la posición del sol en el horizonte y que incorporaron esta observación a la disposición arquitectónica de la tumba. Sin embargo, su significado exacto continúa siendo desconocido. Se ha propuesto que la entrada periódica de la luz pudo relacionarse con el ciclo anual, la renovación estacional o determinadas ceremonias vinculadas con los difuntos, pero ninguna de estas interpretaciones puede considerarse definitivamente demostrada. Tampoco existen evidencias suficientes para reconstruir un calendario ritual preciso. El fenómeno solar constituye, por tanto, una característica arquitectónica comprobable, mientras que las creencias y actividades que pudieron acompañarlo pertenecen todavía al ámbito de la interpretación arqueológica.
La función funeraria de Maeshowe se reconoce principalmente por su arquitectura y por las semejanzas que mantiene con otras tumbas de cámara neolíticas del archipiélago. Sin embargo, la información directa sobre los enterramientos originales resulta sorprendentemente limitada. Cuando James Farrer promovió la apertura y exploración del monumento en 1861, su interior ya había sufrido alteraciones anteriores, y buena parte de los posibles depósitos arqueológicos se había perdido o desplazado. Los testimonios de aquella investigación mencionan restos óseos de animales y un fragmento de cráneo humano, pero estos materiales no se conservaron en condiciones que permitan realizar análisis modernos suficientemente completos. Por ello, no es posible establecer cuántas personas fueron depositadas en Maeshowe, durante cuánto tiempo se utilizaron sus cámaras ni qué tratamientos funerarios se practicaron exactamente en su interior. La existencia de celdas laterales y dispositivos de cierre sugiere que el acceso y la utilización de los diferentes espacios pudieron estar regulados mediante procedimientos específicos, aunque desconocemos su funcionamiento. Tampoco puede descartarse que el monumento acogiera actividades ceremoniales independientes de los enterramientos, como ocurrió posiblemente en otros lugares del Neolítico británico. La interpretación de Maeshowe debe distinguir, en consecuencia, entre sus características arquitectónicas verificables y las hipótesis formuladas sobre su utilización social y religiosa.
La historia posterior del monumento incorpora un episodio excepcional que demuestra su prolongada presencia en la memoria del paisaje orcadiano. Durante el siglo XII, visitantes de origen escandinavo penetraron en la cámara y dejaron numerosas inscripciones rúnicas sobre sus paredes, acompañadas de algunos dibujos y representaciones figurativas. Estas marcas, descubiertas durante las excavaciones decimonónicas, constituyen uno de los conjuntos de escritura rúnica medieval más importantes conservados fuera de Escandinavia. Su estudio ha permitido investigar aspectos de la presencia nórdica en las Orcadas, aunque las inscripciones pertenecen a una época separada por varios milenios de la construcción neolítica y no ofrecen información directa sobre las creencias de sus primeros usuarios. Las técnicas actuales de documentación digital y fotografía de superficies han facilitado el examen de trazos difíciles de distinguir y el reconocimiento de diferentes intervenciones sobre la piedra. Esta compleja trayectoria histórica convierte a Maeshowe en un monumento de especial interés para comprender tanto la arquitectura prehistórica como los procesos posteriores de reutilización y conservación del patrimonio. Su importancia fundamental reside, sin embargo, en la extraordinaria integración entre construcción monumental, organización del espacio interior y observación del ciclo solar, una combinación que manifiesta la capacidad técnica y cultural alcanzada por las comunidades neolíticas de las Orcadas.
-Historic Environment Scotland (s. f.). Maeshowe Chambered Cairn: History and Stories. Descripción institucional de la arquitectura, las grandes losas constructivas y la iluminación solar del interior.
-Towrie, S. (2021). The Barnhouse Stone. The Ness of Brodgar Project, 1 de febrero de 2021. Análisis histórico y arqueológico de la relación entre el monolito de Barnhouse, Maeshowe y las observaciones astronómicas.
-Bayliss, A. y colaboradores (2017). Islands of History: The Late Neolithic Timescape of Orkney. Antiquity, 91(359), pp. 1171–1188. Estudio de la secuencia cronológica de los monumentos funerarios orcadianos y de sus relaciones con las transformaciones del Neolítico final.
Maeshowe: acceso a una de las grandes tumbas neolíticas de las Orcadas. La entrada de Maeshowe, situada en la isla de Mainland, permite apreciar cómo los constructores neolíticos integraron una compleja arquitectura funeraria bajo un gran túmulo artificial. Un estrecho corredor, delimitado por muros de piedra cuidadosamente ensamblados, conduce hacia una cámara central oculta bajo la elevación cubierta de vegetación. El monumento, construido hacia el 2800 a. C., constituye uno de los ejemplos más sobresalientes de la arquitectura megalítica del norte de Europa.
La fotografía muestra el acceso exterior a Maeshowe, con su corredor de entrada parcialmente excavado en el terreno y reforzado por muros de mampostería. Aunque las estructuras de protección y los cerramientos actuales pertenecen a la conservación moderna del yacimiento, permiten reconocer la relación entre la entrada y el gran túmulo que cubre la cámara funeraria.
La orientación del corredor constituye uno de los aspectos más singulares del monumento: durante determinadas fechas próximas al solsticio de invierno, la luz del Sol poniente puede penetrar hasta la cámara interior. Esta particularidad relaciona la arquitectura funeraria con los ciclos estacionales y demuestra la atención que las comunidades neolíticas prestaban al paisaje y a los fenómenos astronómicos.
Foto de Carroll Pierce (2022), Maeshowe chambered cairn (1), Geograph Britain and Ireland / Wikimedia Commons. Licencia CC BY-SA 2.0. Ficha de la fotografía.
Maeshowe: estructura interna y secciones de la cámara funeraria. Los dibujos arquitectónicos de Maeshowe permiten comprender la organización de este gran monumento funerario neolítico, cuya aparente sencillez exterior contrasta con la complejidad de su construcción interna. Las secciones longitudinales y transversales muestran el corredor de acceso, la cámara central y los potentes muros de piedra que sostienen la estructura. Constituyen un testimonio del notable dominio técnico alcanzado por las comunidades prehistóricas de las Orcadas.
Las cuatro secciones representan diferentes perspectivas de la arquitectura de Maeshowe y permiten observar la disposición de las grandes losas de piedra, las paredes levantadas mediante hiladas superpuestas y los espacios secundarios abiertos hacia la cámara central. El corredor, de aproximadamente once metros de longitud, conduce hasta una estancia de planta aproximadamente cuadrangular, desde la cual se accede a tres pequeñas cámaras laterales.
Los dibujos también ponen de manifiesto la importancia de la organización estructural del conjunto. La superposición de bloques, la distribución de las cargas y la utilización de grandes elementos pétreos demuestran una planificación arquitectónica que supera la simple acumulación de piedras. Maeshowe constituye así una de las expresiones más elaboradas de la tradición de tumbas de corredor del Neolítico atlántico.
Dibujo original de Fantoman400 (2006), Maes Howe Cross Sections. Traducción española de Lorito987 (2020). Wikimedia Commons, licencia CC BY-SA 4.0 para la versión traducida. Imagen adaptada gráficamente para Información Manu, con fondo blanco, mayor resolución y ajustes de presentación. Ficha de la ilustración original en español. Wikimedia Commons alberga una categoría multimedia sobre Maeshowe.
6.3. Las Piedras de Stenness: uno de los primeros grandes círculos ceremoniales
Las Piedras de Stenness (Stones of Stenness) constituyen uno de los conjuntos megalíticos más antiguos y significativos de las islas británicas. Situadas en la isla de Mainland, sobre una pequeña extensión de terreno próxima a las aguas de los lagos de Stenness y Harray, forman parte de un paisaje que adquirió una extraordinaria importancia durante el Neolítico final. El monumento comenzó a desarrollarse probablemente entre finales del IV milenio y comienzos del III milenio a. C., aunque su cronología exacta continúa siendo objeto de investigación. Tradicionalmente se ha situado su construcción hacia 3100 a. C., mientras que una revisión de las dataciones por radiocarbono ha propuesto fechas próximas a 2900 a. C. para determinadas actividades relacionadas con el recinto. Esta diferencia se explica porque los materiales utilizados para establecer su antigüedad proceden principalmente del foso que rodeaba las piedras y no permiten determinar con absoluta seguridad cuándo fueron levantados los primeros monolitos. Stenness se considera uno de los ejemplos más tempranos de los monumentos denominados henges, recintos ceremoniales caracterizados por una delimitación mediante fosos y, habitualmente, terraplenes, cuya función no era necesariamente defensiva. Su aparición representa una etapa importante en el desarrollo de los grandes espacios monumentales al aire libre del Neolítico británico.
El conjunto estaba formado por grandes losas verticales de arenisca, dispuestas siguiendo un trazado aproximadamente circular u ovalado de unos treinta metros de diámetro. Se considera que el diseño pudo contemplar hasta doce monolitos, aunque las excavaciones han planteado dudas sobre si todos llegaron a levantarse. Actualmente permanecen cuatro piedras erguidas, algunas de las cuales alcanzan cerca de seis metros de altura y presentan superficies relativamente estrechas y perfiles superiores irregulares. Los constructores seleccionaron grandes bloques pétreos que podían transportarse desde diferentes lugares del territorio y fijarse mediante excavaciones profundas reforzadas con piedras de apoyo. El recinto estaba rodeado por un amplio foso excavado parcialmente en la roca natural, de más de dos metros de profundidad en determinados sectores, que delimitaba un espacio de aproximadamente cuarenta y cuatro metros de diámetro. En su lado septentrional se encontraba un acceso mediante una interrupción del foso, lo que permitía entrar al espacio interior. Tradicionalmente se ha considerado que un terraplén exterior completaba el recinto, aunque la naturaleza y extensión de esta estructura continúan siendo debatidas debido a las alteraciones agrícolas y a la escasez de restos conservados. Estas características muestran que Stenness fue concebido como un espacio arquitectónicamente delimitado, cuya construcción requirió una planificación y un esfuerzo colectivo considerables.
Las excavaciones realizadas por J. N. Graham Ritchie durante 1973 y 1974 proporcionaron información fundamental sobre las actividades desarrolladas dentro del círculo. En la zona central se identificó un gran hogar aproximadamente cuadrado, de unos dos metros de lado, asociado a cenizas, carbón vegetal, fragmentos cerámicos y restos óseos quemados. También se documentaron alineaciones de piedras, hoyos de poste y otras estructuras cuya disposición indica que el interior experimentó modificaciones a lo largo del tiempo. Entre los materiales recuperados aparecieron fragmentos de cerámica Grooved Ware, especialmente representativa del Neolítico final, y restos de animales domésticos, principalmente bovinos y ovinos. En el foso se encontraron además huesos de otros animales y pequeños restos humanos, incluido un hueso de un dedo, cuya presencia plantea interrogantes sobre los tratamientos y depósitos realizados en este lugar. La combinación de hogares, recipientes y restos alimentarios ha llevado a interpretar Stenness como un posible escenario de reuniones comunitarias acompañadas de preparación y consumo de alimentos. Algunos investigadores han propuesto que estas actividades pudieron incluir banquetes colectivos y ceremonias relacionadas con determinados acontecimientos sociales. Sin embargo, los depósitos arqueológicos no permiten reconstruir con precisión la frecuencia de las reuniones, el número de participantes ni el significado que estas prácticas tuvieron para las comunidades neolíticas.
La interpretación ceremonial de Stenness se apoya también en su organización espacial y en las relaciones que mantiene con otros testimonios próximos. A unos ciento cincuenta metros al nordeste se encuentra el asentamiento neolítico de Barnhouse, donde las investigaciones han documentado hogares y estructuras arquitectónicas que presentan determinadas semejanzas con los elementos encontrados dentro del círculo. Estas correspondencias han llevado a plantear que algunas construcciones monumentales pudieron inspirarse en formas domésticas conocidas, transformando espacios asociados a la convivencia cotidiana en escenarios destinados a actividades colectivas de carácter especial. También destacan dos monolitos aislados situados en sus proximidades, conocidos como Watch Stone y Barnhouse Stone, cuya ubicación sugiere posibles relaciones con la organización del paisaje ceremonial. No obstante, todavía no es posible determinar con exactitud cómo se utilizaban conjuntamente estos lugares ni si existía una secuencia establecida de desplazamientos entre ellos. Se han propuesto interpretaciones relacionadas con la memoria de los antepasados, la celebración de acontecimientos comunitarios y el reconocimiento simbólico de determinados espacios, pero ninguna explica por completo el conjunto de evidencias. Del mismo modo, aunque se han investigado posibles orientaciones astronómicas, no existe una demostración concluyente de que el círculo funcionara como un observatorio o como un calendario construido expresamente para registrar acontecimientos celestes. Su significado debió depender de prácticas sociales y culturales que pudieron cambiar durante los siglos de utilización del monumento.
La historia posterior de las Piedras de Stenness permite comprender tanto la permanencia del lugar en la memoria colectiva como las pérdidas sufridas por su patrimonio. El monumento fue descrito por viajeros y estudiosos desde finales del siglo XVII, cuando todavía conservaba algunos de sus grandes monolitos y diferentes estructuras visibles. Durante los siglos XVIII y XIX se desarrollaron tradiciones populares que atribuían significados especiales a las piedras, particularmente a un monolito cercano conocido como la Piedra de Odín, destruido en diciembre de 1814. Este episodio estuvo acompañado por la destrucción y el derribo de otras piedras del conjunto, provocando una importante alteración de su configuración histórica. A comienzos del siglo XX se realizaron intervenciones destinadas a recuperar algunos elementos caídos, aunque también se introdujeron reconstrucciones que actualmente se reconocen como ajenas a la disposición neolítica original. Las investigaciones arqueológicas posteriores han permitido distinguir esas modificaciones modernas de los testimonios prehistóricos y avanzar hacia una interpretación más rigurosa del monumento. Pese a las pérdidas materiales, Stenness conserva evidencias excepcionales de la capacidad constructiva y de las actividades colectivas desarrolladas por las comunidades neolíticas de las Orcadas. Su relevancia reside en documentar una de las primeras grandes expresiones de monumentalidad ceremonial de las islas británicas, cuyo estudio continúa proporcionando nuevas perspectivas sobre las formas de reunión, cooperación y representación simbólica de aquellas sociedades.
-Ritchie, J. N. G. (1978). The Stones of Stenness, Orkney: With an Account of the Stone of Odin. Proceedings of the Society of Antiquaries of Scotland, 107 (1975–1976), pp. 1–60. Publicación fundamental de las excavaciones realizadas en 1973–1974, con el estudio de las estructuras interiores, los materiales arqueológicos y la historia del monumento.
-Historic Environment Scotland (s. f.). Stones of Stenness: History and Stories. Información institucional sobre la arquitectura del recinto, su cronología, los hogares interiores y los hallazgos arqueológicos.
-Towrie, S. (2020). The Stones of Stenness. The Ness of Brodgar Project, 2 de noviembre de 2020. Síntesis arqueológica sobre las excavaciones, las diferentes hipótesis constructivas, las relaciones con Barnhouse y los problemas de interpretación del monumento.
Rocas de Stenness. Foto: I, BillC. CC BY-SA 3.0.
6.4. El Anillo de Brodgar: monumentalidad y paisaje ritual
El Anillo de Brodgar (Ring of Brodgar) constituye una de las expresiones más impresionantes de la arquitectura ceremonial del Neolítico europeo y el mayor círculo de piedras de Escocia. Se encuentra en la isla de Mainland, sobre una estrecha elevación de terreno situada entre los lagos de Stenness y Harray, en un emplazamiento desde el que se dominan amplias perspectivas del paisaje circundante. Su construcción suele situarse entre 2600 y 2400 a. C., durante el Neolítico final, aunque esta cronología continúa siendo aproximada debido a la escasez de materiales directamente asociados a las primeras fases del monumento. El conjunto está formado por un gran círculo de monolitos rodeado por un profundo foso excavado en la roca natural, cuya disposición configura uno de los recintos prehistóricos más monumentales de las islas británicas. A diferencia de otros círculos megalíticos, su trazado presenta una regularidad geométrica notable, con un diámetro aproximado de 104 metros. La elección de este emplazamiento resulta especialmente significativa, pues las elevaciones naturales, las superficies de agua y la amplitud del horizonte forman parte inseparable de la percepción del monumento. Aunque desconocemos las razones exactas de su ubicación, la disposición arquitectónica demuestra una voluntad de transformar un lugar destacado del territorio en un espacio de características excepcionales.
Se estima tradicionalmente que el círculo estuvo integrado por unos sesenta grandes monolitos, aunque esta cifra no ha podido confirmarse de manera definitiva mediante las investigaciones arqueológicas. Actualmente se conservan treinta y seis piedras o restos identificables, entre elementos erguidos, fragmentados y caídos, mientras que las restantes desaparecieron como consecuencia de diversos procesos naturales y de intervenciones humanas desarrolladas durante siglos. Las piedras conservadas presentan alturas diferentes, algunas próximas a los cinco metros, y fueron obtenidas de afloramientos de arenisca existentes en distintos lugares del archipiélago. Su extracción, transporte y colocación exigieron procedimientos técnicos capaces de movilizar bloques de considerable peso, probablemente mediante la combinación de palancas, cuerdas, estructuras de madera y trabajo colectivo. El círculo está delimitado por un amplio foso de trazado aproximadamente circular, de más de 120 metros de diámetro, excavado directamente en la roca y con profundidades que superaban los tres metros en determinados sectores. Dos interrupciones, situadas aproximadamente al noroeste y al sudeste, permitían atravesarlo y acceder al recinto interior. Aunque el monumento suele clasificarse como un henge, presenta una particularidad importante: no se han encontrado evidencias convincentes del gran terraplén exterior característico de muchos recintos de esta categoría. Esta diferencia arquitectónica demuestra que Brodgar no constituye simplemente una versión ampliada de otros círculos ceremoniales, sino una construcción con características propias.
Las excavaciones arqueológicas han permitido conocer algunos aspectos del proceso constructivo, aunque todavía existen importantes incertidumbres. En 1973, Colin Renfrew realizó investigaciones destinadas a estudiar el foso y obtener materiales que facilitaran su datación, pero los resultados cronológicos fueron limitados. Una nueva campaña desarrollada en 2008, bajo la dirección de Jane Downes y Colin Richards, permitió reexaminar distintos sectores mediante técnicas arqueológicas más avanzadas. Los trabajos revelaron que el foso presentaba diferencias considerables de anchura y profundidad, así como irregularidades que sugieren una excavación realizada por tramos, posiblemente mediante intervenciones sucesivas. Esta circunstancia ha llevado a plantear que diferentes grupos humanos pudieron participar en la construcción, aportando trabajo y materiales a lo largo de un período prolongado. Los análisis geológicos también indican que los monolitos procedían de diferentes fuentes de piedra, lo que resulta compatible con una participación comunitaria diversa. Algunos investigadores han propuesto que el propio proceso de extracción, transporte y levantamiento de las piedras pudo constituir una actividad socialmente significativa, relacionada con demostraciones de cooperación, prestigio o competencia entre comunidades. Sin embargo, estas interpretaciones no permiten establecer con seguridad cómo se organizaba el trabajo, quién tomaba las decisiones ni cuánto tiempo transcurrió entre el comienzo y la finalización del recinto.
La función del Anillo de Brodgar constituye una de las grandes cuestiones abiertas de la arqueología neolítica de las Orcadas. Su monumentalidad, la delimitación del espacio interior y la ausencia de evidencias claras de ocupación doméstica permanente han favorecido su interpretación como lugar destinado a reuniones y actividades ceremoniales. Se ha propuesto que el recinto pudo acoger encuentros entre comunidades, actos relacionados con la memoria colectiva o prácticas simbólicas vinculadas con los antepasados. Las entradas opuestas y la presencia de un amplio espacio central también han suscitado hipótesis sobre desplazamientos organizados dentro del monumento, aunque no se dispone de evidencias suficientes para reconstruir recorridos rituales concretos. La disposición de las piedras en relación con el horizonte ha motivado, asimismo, investigaciones sobre posibles orientaciones solares y lunares. No obstante, estas propuestas deben distinguirse cuidadosamente de las características arqueológicas comprobadas: la existencia de determinadas alineaciones geométricas no demuestra por sí sola que sus constructores utilizaran el círculo como observatorio astronómico ni que celebraran ceremonias en fechas específicas. La falta de excavaciones extensivas en el interior limita todavía más nuestro conocimiento sobre las actividades desarrolladas allí. Por ello, su interpretación como paisaje ritual resulta razonable dentro del contexto cultural neolítico, pero no equivale a conocer con precisión las creencias, los participantes o las ceremonias que pudieron darle significado.
El entorno inmediato del Anillo de Brodgar conserva otros testimonios arqueológicos que muestran la prolongada importancia histórica de este lugar. Alrededor del círculo se encuentran al menos trece túmulos funerarios de diferentes dimensiones, entre los que destacan Salt Knowe, Fresh Knowe y South Knowe, además de otros monumentos menores y piedras aisladas como la denominada Comet Stone. Algunos de estos elementos pueden pertenecer a etapas próximas a la construcción del círculo, mientras que numerosos túmulos corresponden probablemente a la Edad del Bronce, lo que demuestra que las generaciones posteriores continuaron utilizando y transformando el paisaje. La cronología de determinadas estructuras permanece sin resolver, por lo que no es posible considerarlas automáticamente parte de un único proyecto monumental. La presencia de enterramientos posteriores sugiere que el recinto conservó una relevancia especial incluso después de que las prácticas culturales del Neolítico hubieran experimentado cambios importantes. Desde el siglo XIX, Brodgar también ha sido objeto de investigaciones, restauraciones y medidas de protección que han contribuido a preservar sus elementos visibles, aunque algunas intervenciones modificaron la posición de determinadas piedras. Su valor arqueológico reside tanto en la magnitud de la construcción como en la compleja relación entre arquitectura, memoria y territorio. El Anillo de Brodgar representa así un testimonio excepcional de la capacidad de las comunidades neolíticas para transformar el paisaje mediante obras colectivas de gran escala, cuyo significado cultural continuó evolucionando durante generaciones.
-Historic Environment Scotland (s. f.). Ring of Brodgar: History and Stories. Información institucional sobre la cronología estimada, las dimensiones del círculo, los monolitos conservados y las interpretaciones ceremoniales.
-Downes, J., Richards, C., Brown, J., Cresswell, A. J. y colaboradores (2013). Investigating the Great Ring of Brodgar, Orkney. En C. Richards (ed.), Building the Great Stone Circles of the North, pp. 90–118. Windgather Press. Estudio arqueológico especializado sobre la construcción y las investigaciones del monumento. Referencia contrastada mediante la información académica y la vista previa del capítulo.
-Towrie, S. (2008; recopilación posterior). Ring of Brodgar Excavations: Postscript. Archaeology Orkney, University of the Highlands and Islands. Síntesis de los resultados de las excavaciones de 2008, con especial atención al foso, la procedencia de los monolitos y las interpretaciones de su construcción comunitaria.
-Towrie, S. (2026). The Knowes, Howes and Barrows around the Ring of Brodgar. The Ness of Brodgar Project, 15 de junio de 2026. Estudio de los túmulos próximos al círculo, sus diferentes cronologías y la continuidad de su utilización funeraria durante la Edad del Bronce.
6.5. Skara Brae: organización y vida cotidiana de un poblado neolítico
Skara Brae constituye uno de los asentamientos neolíticos mejor conservados de Europa occidental y ofrece un testimonio excepcional sobre la organización de las comunidades que habitaron las islas Orcadas durante el IV y III milenio a. C. El poblado se encuentra en la bahía de Skaill, en la costa occidental de Mainland, aunque durante su ocupación prehistórica estaba situado más al interior, junto a un paisaje de terrenos abiertos y masas de agua dulce cuya configuración era diferente de la actual. Su historia se desarrolló aproximadamente entre 3100 y 2500 a. C., mediante diversas fases de construcción, ocupación y transformación de las viviendas. Los edificios que pueden contemplarse actualmente pertenecen principalmente a las etapas más recientes, mientras que bajo ellos se conservan restos de estructuras anteriores. Esta circunstancia demuestra que Skara Brae no fue construido de una sola vez ni permaneció inalterado durante toda su existencia. Las sucesivas generaciones modificaron las viviendas, levantaron nuevas construcciones y reorganizaron determinados espacios, manteniendo al mismo tiempo características arquitectónicas reconocibles. La extraordinaria conservación de sus muros, pasadizos y elementos interiores permite estudiar la distribución material de un asentamiento permanente con un grado de detalle poco habitual en la arqueología neolítica británica.
La organización arquitectónica del poblado responde a un modelo de viviendas agrupadas y conectadas mediante pasadizos estrechos, algunos originalmente cubiertos, que facilitaban la circulación entre diferentes sectores. Las construcciones se levantaron con losas de arenisca cuidadosamente superpuestas, utilizando una técnica de mampostería en seco que aprovechaba las propiedades naturales de la piedra local. En las fases más recientes, numerosos edificios quedaron parcialmente rodeados por acumulaciones de residuos domésticos, tierra y arena, materiales que contribuían a proteger sus paredes de las condiciones climáticas. Sin embargo, no debe imaginarse Skara Brae como un poblado concebido originalmente bajo tierra, pues sus primeras viviendas fueron construcciones independientes que quedaron progresivamente integradas en aquellas acumulaciones. Las casas presentan espacios interiores de unos cuarenta metros cuadrados, organizados habitualmente alrededor de un hogar central. A ambos lados aparecen compartimentos rectangulares tradicionalmente interpretados como camas, mientras que frente a la entrada se conserva un mueble de piedra con estantes, denominado convencionalmente dresser, que pudo servir para guardar o exhibir determinados objetos. Las viviendas más antiguas presentan perfiles más redondeados y compartimentos integrados en las paredes, mientras que las posteriores adoptaron plantas relativamente cuadrangulares, con esquinas curvas y elementos interiores más destacados. Estas diferencias permiten reconocer cambios constructivos desarrollados a lo largo del tiempo, sin que desaparecieran los principios básicos de organización del espacio doméstico.
La distribución de los edificios proporciona información significativa sobre la convivencia y las relaciones entre sus habitantes. La repetición de determinadas características arquitectónicas sugiere la existencia de conocimientos constructivos compartidos y de ciertas convenciones sobre la disposición de los espacios interiores. Los accesos bajos, provistos en algunos casos de losas utilizadas como puertas y mecanismos para asegurarlas desde dentro, indican que las viviendas podían cerrarse y que sus ocupantes disponían de cierta capacidad para controlar la entrada. También se han identificado conductos de drenaje bajo los suelos y pasadizos, probablemente destinados a evacuar líquidos y aguas residuales, aunque la interpretación de algunas estructuras como letrinas continúa siendo discutida. Entre los edificios destacan las casas 7 y 8, cuya disposición presenta particularidades respecto al resto del asentamiento. La casa 8 carece de los característicos compartimentos interpretados como camas y contiene elementos relacionados con el trabajo de la piedra, circunstancias que han favorecido su identificación como posible taller, aunque su función no está definitivamente establecida. La casa 7, por su parte, presenta una separación arquitectónica más marcada, ciertos grabados sobre las piedras y dos enterramientos documentados bajo su suelo, anteriores probablemente a algunas de sus fases constructivas. Estos rasgos han suscitado hipótesis sobre una utilización especial del edificio, pero las evidencias no permiten asegurar que funcionara como santuario ni atribuirle una finalidad exclusivamente ceremonial.
Los restos arqueológicos recuperados en Skara Brae permiten aproximarse a diferentes actividades desarrolladas dentro y alrededor de las viviendas. Los fragmentos de cerámica Grooved Ware, los instrumentos de piedra, los objetos de hueso y los pequeños adornos muestran una producción material variada, relacionada con necesidades prácticas y posiblemente con formas de expresión personal. Los recipientes cerámicos aparecen asociados a espacios donde se preparaban y consumían alimentos, mientras que determinadas superficies y utensilios indican operaciones de molienda, corte y transformación de materias primas. Las investigaciones arqueobotánicas y los restos animales documentan el cultivo de cereales y la cría de ganado, complementados por el aprovechamiento de recursos silvestres y costeros. La recuperación de cuentas, colgantes, alfileres y objetos cuidadosamente decorados permite reconocer actividades que iban más allá del trabajo estrictamente productivo. También se han encontrado pequeñas piezas interpretadas como posibles elementos de juego, aunque su utilización original resulta incierta. La relación entre estos materiales y la disposición de las viviendas plantea cuestiones importantes sobre la distribución de las tareas, las relaciones de convivencia y las posibles diferencias sociales. Sin embargo, la semejanza arquitectónica entre muchas casas no demuestra necesariamente una igualdad económica absoluta, del mismo modo que la presencia de objetos singulares no permite identificar automáticamente a sus propietarios como dirigentes o miembros de una élite. El poblado ofrece una imagen extraordinariamente detallada de sus espacios materiales, pero las relaciones humanas que se desarrollaron en ellos solo pueden reconstruirse parcialmente.
El abandono de Skara Brae, situado generalmente hacia mediados del III milenio a. C., continúa siendo objeto de debate. Durante mucho tiempo se popularizó la idea de que sus habitantes habían abandonado precipitadamente el poblado ante una violenta tormenta de arena, dejando numerosos objetos en el interior de las viviendas. Sin embargo, las investigaciones posteriores han cuestionado esta interpretación, al reconocer diferentes episodios de ocupación, reformas arquitectónicas y procesos de acumulación de sedimentos que no corresponden necesariamente a una catástrofe repentina. La disminución de la actividad residencial pudo relacionarse con transformaciones económicas, ambientales o sociales desarrolladas gradualmente, aunque todavía no es posible establecer una causa definitiva. Los depósitos de arena terminaron cubriendo gran parte del asentamiento y contribuyeron decisivamente a su conservación durante milenios. Una fuerte tormenta descubrió parte de sus estructuras en 1850, lo que dio lugar a las primeras investigaciones promovidas por William Watt. Posteriormente, las excavaciones dirigidas por Vere Gordon Childe entre 1928 y 1930, y los trabajos realizados por David Clarke durante 1972 y 1973, permitieron reconstruir progresivamente su secuencia de ocupación y confirmar su cronología neolítica. Los estudios actuales indican además que el asentamiento pudo extenderse más allá de las estructuras visibles y que una parte de sus restos se ha perdido debido a la erosión costera. Skara Brae representa, en definitiva, un testimonio excepcional de la continuidad y transformación de una comunidad prehistórica, cuyo valor reside tanto en la conservación de sus viviendas como en la posibilidad de investigar las relaciones entre arquitectura, organización doméstica y evolución social a lo largo de varios siglos.
-Historic Environment Scotland (2026). The Story of Skara Brae. Publicado el 19 de enero de 2026. Síntesis institucional sobre el asentamiento, los espacios domésticos, las particularidades de las casas 7 y 8 y la historia de las excavaciones.
-Towrie, S. (2021). Skara Brae – The Houses. The Ness of Brodgar Project, 22 de febrero de 2021. Análisis de la evolución arquitectónica, las fases constructivas, los interiores y las interpretaciones tradicionales de las viviendas.
-Childe, V. G., Watson, D. M. S. y Robinson, A. (1931). Final Report on the Operations at Skara Brae: With a Report on Selected Animal Bones and a Report on Human Remains. Proceedings of the Society of Antiquaries of Scotland, 65, pp. 27–77. Publicación arqueológica original sobre las excavaciones, las fases de ocupación, los materiales y los restos humanos. Consultados los datos bibliográficos y el resumen de la publicación.
-Scottish Archaeological Research Framework (2012). 4.3. Places to Live and Ways of Living. Scottish Neolithic Panel Report. Society of Antiquaries of Scotland. Estudio de las viviendas neolíticas, los espacios domésticos y las dificultades de interpretación de sus elementos interiores.
Skara Brae: arquitectura doméstica y organización de una vivienda neolítica. Las viviendas de Skara Brae constituyen uno de los testimonios mejor conservados de la vida cotidiana durante el Neolítico europeo. Construidas con losas de piedra y parcialmente integradas en grandes acumulaciones de materiales, presentan una organización interior sorprendentemente elaborada. Sus muros, divisiones y mobiliario pétreo revelan una arquitectura adaptada al clima de las islas Orcadas, donde la protección frente al viento, la humedad y las bajas temperaturas resultaba fundamental para la vida de sus habitantes.
La fotografía permite observar la singular disposición de los espacios domésticos de Skara Brae. Las viviendas se construían mediante gruesos muros de piedra, parcialmente rodeados de tierra y depósitos de residuos domésticos consolidados, conocidos arqueológicamente como middens. Esta solución proporcionaba estabilidad estructural y contribuía al aislamiento frente al frío y los fuertes vientos atlánticos. Por ello, las casas presentaban un aspecto semisubterráneo, con buena parte de sus paredes protegidas por los materiales circundantes. Originalmente también estaban cubiertas, aunque la forma exacta y los materiales de sus techumbres continúan siendo objeto de investigación.
Uno de los aspectos más extraordinarios es la utilización de grandes losas verticales para organizar el mobiliario interior. Algunas delimitaban camas o plataformas destinadas al descanso, probablemente acondicionadas con materiales vegetales y pieles; otras formaban compartimentos de almacenamiento, bancos y estructuras semejantes a aparadores. En muchas viviendas, estos elementos se distribuían alrededor de un hogar central, utilizado para proporcionar calor, iluminación y facilitar la preparación de alimentos. La piedra, abundante en las Orcadas, se convirtió así no solamente en material constructivo, sino también en el principal componente del equipamiento doméstico.
Esta organización revela una notable planificación del espacio habitable. Lejos de tratarse de refugios improvisados, las viviendas constituían construcciones sólidas, funcionales y adaptadas a las necesidades de comunidades agrícolas asentadas permanentemente en el territorio. Su excepcional conservación permite reconocer aspectos de la vida doméstica de hace aproximadamente cinco mil años que rara vez pueden estudiarse con semejante precisión en otros yacimientos neolíticos europeos.
Fotografía: Dr. John F. Burka (24 de agosto de 2002). Orkney Skara Brae. Interior de una vivienda neolítica de Skara Brae, islas Orcadas, Escocia. Wikimedia Commons. Licencia Creative Commons CC BY-SA 3.0.
El mobiliario de piedra de Skara Brae. El interior de una vivienda neolítica en Skara Brae: hogares, camas y mobiliario de piedra. Esta fotografía ofrece una perspectiva excepcional de la organización doméstica de las viviendas neolíticas de Skara Brae. En torno a un hogar central se distribuyen plataformas delimitadas por grandes losas verticales, compartimentos y un característico aparador construido con piedras superpuestas. La conservación de estos elementos permite reconstruir con notable precisión la disposición de los espacios destinados al descanso, la preparación de alimentos y el almacenamiento de objetos cotidianos hace aproximadamente cinco mil años.
En el centro de la estancia se distingue un hogar rectangular, ligeramente hundido respecto al pavimento y delimitado por losas de piedra. Este elemento constituía uno de los principales focos de actividad doméstica, pues proporcionaba calor, iluminación y un espacio para cocinar. A ambos lados se reconocen dos grandes compartimentos delimitados por piedras colocadas verticalmente, interpretados habitualmente como camas o plataformas de descanso. Su disposición sugiere que podían acondicionarse con pieles, tejidos y otros materiales orgánicos que no se han conservado, configurando espacios relativamente diferenciados dentro de una misma habitación.
Al fondo destaca una de las estructuras más características de Skara Brae: un aparador de piedra, formado por losas horizontales sostenidas mediante bloques y soportes verticales. Aunque su función exacta continúa siendo objeto de interpretación arqueológica, pudo utilizarse para guardar o exhibir recipientes, utensilios y otros objetos domésticos. Su emplazamiento, frente al acceso en numerosas viviendas, ha suscitado también la posibilidad de que desempeñara funciones relacionadas con la organización simbólica o social del espacio familiar, además de su utilidad práctica.
La disposición del mobiliario revela una concepción arquitectónica extraordinariamente ordenada. Cada estructura ocupaba un lugar definido dentro de una estancia relativamente reducida, aprovechando la resistencia y durabilidad de la piedra. Esta conservación excepcional hace de Skara Brae una fuente privilegiada para estudiar la vida cotidiana neolítica, pues permite identificar directamente elementos que en otros asentamientos, construidos con madera y materiales perecederos, han desaparecido casi por completo.
Foto: John Allan. CC BY-SA 2.0.
Plano arqueológico del asentamiento de Skara Brae. Skara Brae: distribución del poblado y evolución de sus fases constructivas. El plano arqueológico de Skara Brae muestra la disposición de las viviendas, los corredores de comunicación y las estructuras conservadas de este extraordinario asentamiento neolítico de las islas Orcadas. Los diferentes colores identifican las fases constructivas reconocidas en el yacimiento, mientras que los cuadrados rojos señalan los hogares domésticos. La distribución de las edificaciones permite comprender cómo el poblado fue transformándose a lo largo de sucesivas generaciones, manteniendo una organización espacial estrechamente vinculada a la vida comunitaria.
El plano representa diez estructuras numeradas, distribuidas alrededor de una red irregular de pasadizos y espacios de circulación. Las viviendas presentan generalmente plantas de tendencia circular u ovalada, con gruesos muros de piedra y una organización interior en torno a un hogar central. Los corredores comunicaban distintas construcciones y contribuían a conformar un conjunto arquitectónico compacto, en el que los espacios domésticos se encontraban estrechamente relacionados. Esta disposición refleja una ocupación planificada y una adaptación progresiva a las necesidades de una comunidad estable.
La diferenciación cromática permite reconocer distintas etapas en la evolución arquitectónica del asentamiento. El violeta identifica las estructuras atribuidas a la fase más antigua; el azul, las correspondientes al período intermedio; y el verde, las asociadas a intervenciones más recientes. Los cuadrados rojos representan los hogares, cuya presencia constituye uno de los elementos recurrentes en las viviendas. Es importante señalar que estos colores indican fases constructivas interpretadas arqueológicamente y no necesariamente períodos de ocupación completamente separados, ya que algunas estructuras experimentaron modificaciones, reutilizaciones y reconstrucciones a lo largo del tiempo.
La lectura conjunta del plano pone de manifiesto que Skara Brae no fue un agrupamiento casual de refugios, sino un asentamiento complejo que evolucionó durante varios siglos del Neolítico, aproximadamente entre el IV y el III milenio a. C. La conservación de sus estructuras permite estudiar tanto la organización individual de las viviendas como sus relaciones dentro del conjunto. De este modo, el yacimiento ofrece una perspectiva excepcional sobre la arquitectura doméstica, la continuidad de la ocupación y las transformaciones de las comunidades prehistóricas del Atlántico septentrional.
Ilustración: Eric Bagger (Deryni), Skara Brae grundkarta 2014 (2014). Plano arqueológico del asentamiento neolítico de Skara Brae. Wikimedia Commons, licencia CC BY-SA 3.0. Adaptación gráfica y traducción al español para Información Manu, distribuida bajo la misma licencia. Wikimedia Commons alberga una categoría multimedia sobre Skara Brae.
6.6. Relaciones espaciales y culturales entre los grandes monumentos
La relación entre los grandes monumentos neolíticos de las Orcadas constituye uno de los aspectos más significativos de su patrimonio arqueológico, pues permite comprenderlos como elementos de un paisaje cultural desarrollado y transformado durante numerosos siglos. En la zona central de Mainland, Maeshowe, las Piedras de Stenness y el Anillo de Brodgar ocupan posiciones relativamente próximas, dentro de un territorio delimitado por los lagos de Harray y Stenness y por las elevaciones que conforman su horizonte. La estrecha península de Brodgar, situada entre ambas masas de agua, constituye uno de los principales ejes geográficos de este conjunto, donde también se encuentran otros asentamientos y estructuras monumentales. La distribución de estos lugares establece relaciones visuales y espaciales que difícilmente pueden considerarse completamente fortuitas, aunque sus significados originales continúan siendo inciertos. Las investigaciones paleoambientales han demostrado, además, que el paisaje neolítico difería del actual: el istmo era más ancho en determinadas etapas, los niveles y características de las aguas habían experimentado cambios y algunos afloramientos de piedra todavía formaban parte visible del terreno. Por ello, reconstruir las relaciones entre los monumentos exige considerar tanto su ubicación actual como las transformaciones ambientales ocurridas desde su construcción.
La proximidad entre los espacios domésticos y las grandes construcciones ceremoniales constituye otra característica fundamental de este paisaje. El asentamiento de Barnhouse, situado cerca de las Piedras de Stenness, muestra cómo determinadas soluciones arquitectónicas utilizadas en las viviendas pudieron adquirir nuevas dimensiones en edificios destinados a actividades comunitarias. La organización de los espacios alrededor de hogares centrales, la existencia de accesos cuidadosamente delimitados y algunas semejanzas entre plantas arquitectónicas sugieren la circulación de conocimientos constructivos entre distintos tipos de edificios. Las excavaciones han permitido reconocer relaciones especialmente interesantes entre determinadas estructuras de Barnhouse y los elementos conservados en el interior del círculo de Stenness, aunque la naturaleza exacta de esas conexiones continúa siendo debatida. Por su parte, el complejo de Ness of Brodgar, emplazado entre los dos grandes círculos pétreos, introduce una dimensión adicional, al mostrar la existencia de edificios monumentales y actividades colectivas en una posición geográfica intermedia. Estos testimonios indican que las comunidades neolíticas no establecieron necesariamente una separación absoluta entre los espacios habitados y aquellos destinados a reuniones o prácticas de significado especial. Las actividades domésticas, la arquitectura monumental y las relaciones sociales pudieron formar parte de un mismo sistema de experiencias y tradiciones compartidas.
Sin embargo, la concentración geográfica de monumentos no significa que todos fueran construidos simultáneamente ni que existiera desde el principio un proyecto común para organizar el territorio. Las dataciones por radiocarbono y los modelos cronológicos desarrollados durante las últimas décadas muestran una secuencia compleja de fundaciones, reformas, abandonos y nuevas intervenciones. Barnhouse y determinadas estructuras de Ness of Brodgar experimentaron fases importantes de actividad entre finales del IV y comienzos del III milenio a. C., mientras que la monumentalidad del territorio continuó transformándose posteriormente. Los estudios realizados por Alexandra Bayliss y sus colaboradores señalan una disminución significativa de la actividad residencial en el sector de Stenness-Brodgar hacia 2800 a. C., seguida por formas diferentes de utilización de determinados lugares. La construcción del Anillo de Brodgar pudo producirse durante una etapa relativamente tardía de este proceso, cuando algunos asentamientos anteriores ya habían dejado de funcionar como espacios habitados. Esta sucesión demuestra que el paisaje monumental no permaneció estático, sino que fue adquiriendo nuevos significados a medida que unas construcciones se incorporaban a otras preexistentes. La memoria de lugares anteriores pudo influir en las decisiones de generaciones posteriores, aunque no podemos establecer con certeza cómo se transmitían esos recuerdos ni qué valor les atribuían las comunidades.
Las relaciones entre los monumentos también han sido estudiadas desde la perspectiva de los desplazamientos humanos y de la percepción simbólica del territorio. La disposición de los grandes círculos, los accesos a determinados recintos y la presencia de piedras aisladas permiten plantear que algunos lugares pudieron estar vinculados mediante recorridos utilizados durante encuentros colectivos. Las masas de agua y las elevaciones circundantes habrían contribuido a definir la experiencia visual de quienes atravesaban este territorio. Algunos investigadores han propuesto que las comunidades pudieron organizar desplazamientos ceremoniales entre lugares relacionados con la vida cotidiana, la memoria de los difuntos y las reuniones comunitarias. No obstante, estas interpretaciones deben entenderse como hipótesis y no como reconstrucciones de rituales demostrados arqueológicamente. La existencia de posibles alineaciones, conexiones visuales o semejanzas arquitectónicas no permite identificar por sí sola una ruta procesional determinada ni atribuir un significado religioso uniforme a todo el conjunto. También deben considerarse las relaciones prácticas entre asentamientos, zonas de cultivo, lugares de extracción de piedra y espacios de circulación. La dimensión simbólica del paisaje pudo coexistir con actividades económicas y necesidades cotidianas, sin que resulte posible establecer una división rígida entre ambas esferas.
Skara Brae amplía esta perspectiva al incorporar un importante asentamiento situado en la costa occidental de Mainland, separado del núcleo de Stenness-Brodgar por varios kilómetros. Su inclusión en el conjunto declarado Patrimonio Mundial permite relacionar las evidencias domésticas con las grandes manifestaciones arquitectónicas de otras partes de la isla, aunque no demuestra que sus habitantes participaran directamente en la construcción o utilización de todos los monumentos cercanos. Las semejanzas observadas en determinadas tradiciones cerámicas, técnicas constructivas y formas de organización espacial indican la existencia de conocimientos compartidos entre distintas comunidades orcadianas. Al mismo tiempo, las diferencias cronológicas y arquitectónicas muestran que cada lugar desarrolló su propia trayectoria histórica. Desde esta perspectiva, el Corazón neolítico de las Orcadas no debe interpretarse como una ciudad ceremonial unificada ni como un conjunto de monumentos independientes sin relación cultural. Constituye más bien un paisaje construido progresivamente, mediante decisiones colectivas, tradiciones heredadas y transformaciones sociales que fueron modificando la utilización del territorio. Su extraordinario valor arqueológico reside precisamente en permitir estudiar esas relaciones a diferentes escalas, desde las actividades desarrolladas dentro de una vivienda hasta las conexiones establecidas entre asentamientos, monumentos y espacios naturales. El conjunto ofrece así una perspectiva excepcional sobre la manera en que las comunidades neolíticas organizaron, transformaron y dotaron de significado a los lugares que habitaban.
-UNESCO World Heritage Centre (s. f.). Heart of Neolithic Orkney. World Heritage List, bien n.º 514. Declaración de Valor Universal Excepcional, con especial atención a las relaciones visuales, espaciales y culturales entre los monumentos y el paisaje circundante.
-Bayliss, A., Marshall, P., Richards, C. y Whittle, A. (2017).Islands of History: The Late Neolithic Timescape of Orkney.
-The Ness of Brodgar Project (2020).The Barnhouse Settlement.
El patrimonio neolítico de las islas Orcadas se extiende mucho más allá de los cuatro grandes monumentos reconocidos por la UNESCO. Numerosos asentamientos, tumbas colectivas y construcciones monumentales distribuidos por el archipiélago permiten ampliar considerablemente nuestro conocimiento de las comunidades que lo habitaron durante el IV y III milenio a. C. Estos yacimientos ofrecen testimonios especialmente valiosos sobre la diversidad de las tradiciones arquitectónicas, la ocupación del territorio y las actividades desarrolladas en distintos espacios. Su estudio demuestra que el Neolítico orcadiano no constituyó una cultura completamente uniforme, sino una realidad dinámica en la que coexistieron diferentes formas de construir, habitar y utilizar los monumentos.
Las investigaciones realizadas en Mainland, Rousay y otras islas han permitido reconocer importantes diferencias entre yacimientos aparentemente relacionados por una misma tradición cultural. Algunos destacan por la complejidad de sus estructuras y la singularidad de los materiales recuperados, mientras que otros proporcionan información excepcional sobre la utilización prolongada de espacios funerarios o las particularidades de determinadas comunidades. Las excavaciones recientes y la aplicación de nuevos métodos científicos han contribuido a revisar antiguas interpretaciones, establecer secuencias cronológicas más precisas y reconocer transformaciones que anteriormente resultaban difíciles de identificar. Sin embargo, numerosos aspectos de la función y evolución de estos lugares permanecen abiertos a nuevas investigaciones.
El análisis de estos yacimientos permitirá completar la perspectiva ofrecida por los grandes conjuntos monumentales y comprender mejor la variedad de experiencias históricas desarrolladas en las Orcadas neolíticas. Más que repetir las características generales de la arquitectura funeraria o de los asentamientos ya estudiados, interesa examinar las particularidades de cada lugar, sus principales descubrimientos y su aportación específica al conocimiento arqueológico. Esta aproximación permitirá reconocer tanto las conexiones culturales existentes entre las diferentes islas como las trayectorias propias de sus comunidades, enriqueciendo la interpretación del Neolítico orcadiano como un fenómeno histórico complejo y estrechamente vinculado con su territorio.
-Historic Environment Scotland (s. f.). The Heart of Neolithic Orkney. Contexto del paisaje arqueológico más amplio que rodea los grandes monumentos del archipiélago.
-The Ness of Brodgar Project (s. f.). A Monumental Complex. Síntesis de los descubrimientos, la evolución arquitectónica y las interpretaciones arqueológicas del yacimiento.
-Historic Environment Scotland (s. f.). Midhowe Chambered Cairn: History and Stories. Información sobre los monumentos funerarios de Rousay y la diversidad del patrimonio neolítico insular.
7.1. Ness of Brodgar: arquitectura monumental y actividad ceremonial
Ness of Brodgar constituye uno de los descubrimientos arqueológicos más importantes realizados en las islas Orcadas durante las últimas décadas. Situado en el estrecho territorio comprendido entre las Piedras de Stenness y el Anillo de Brodgar, este complejo neolítico permaneció prácticamente desconocido hasta que las prospecciones geofísicas y el hallazgo de una gran construcción en 2003 revelaron la existencia de un conjunto monumental de dimensiones excepcionales. Las excavaciones sistemáticas, desarrolladas entre 2004 y 2024, permitieron identificar numerosos edificios de piedra, estructuras superpuestas y restos de actividades humanas correspondientes a diferentes fases comprendidas aproximadamente entre 3500 y 2300 a. C. El núcleo investigado forma parte de un yacimiento de unas tres hectáreas, del que solamente se ha excavado una proporción limitada. Los resultados modificaron profundamente la interpretación del Neolítico orcadiano, al demostrar que las comunidades del archipiélago no solo construyeron grandes tumbas y círculos megalíticos, sino también complejos arquitectónicos de considerable monumentalidad cuya función parece haber superado las necesidades de la ocupación doméstica ordinaria.
La arquitectura de Ness of Brodgar destaca por la magnitud de sus edificios, la calidad de la mampostería y la complejidad de sus sucesivas transformaciones. Entre las construcciones más antiguas investigadas figura la denominada Estructura 5, levantada aproximadamente hacia 3300 a. C. Posteriormente, alrededor de 3100 a. C., se desarrolló una fase monumental caracterizada por grandes edificios con divisiones interiores formadas mediante pilares y salientes de piedra, entre los que sobresalen las estructuras 1, 8, 12 y 14. Estas construcciones, cuidadosamente planificadas, se disponían dentro de un recinto delimitado durante determinadas etapas por grandes muros, incluido uno septentrional de unos cuatro metros de anchura. La Estructura 10 representa una fase posterior y especialmente significativa. Construida probablemente hacia 2900 a. C., alcanzaba más de veinte metros de longitud, presentaba muros de más de cuatro metros de espesor y contenía una cámara central con hogar, elementos arquitectónicos elaborados y un acceso monumental. Las excavaciones han identificado también indicios de cubiertas realizadas con grandes losas, piedras decoradas mediante incisiones geométricas y superficies a las que se aplicaron pigmentos minerales rojos y amarillos. Estos descubrimientos muestran que la monumentalidad no dependía únicamente del tamaño de los edificios, sino también de una cuidada combinación de técnicas constructivas y tratamientos ornamentales.
La interpretación de las actividades desarrolladas en Ness of Brodgar se apoya en la singular organización de sus edificios y en determinados depósitos arqueológicos. Aunque algunas estructuras pudieron utilizarse para tareas domésticas o productivas, el conjunto no parece haber funcionado exclusivamente como un poblado habitado de manera permanente. Los investigadores consideran posible que acogiera reuniones periódicas entre comunidades, celebraciones y actividades de significado ceremonial, aunque todavía no es posible reconstruir su organización exacta. Una de las evidencias más destacadas procede de las últimas etapas de la Estructura 10. Tras experimentar importantes reformas y quedar finalmente fuera de uso, el edificio fue parcialmente desmontado y cubierto por acumulaciones de materiales. Sobre sus restos se depositaron grandes cantidades de huesos de ganado vacuno, correspondientes a un mínimo estimado de unos cuatrocientos animales, con una notable presencia de tibias fracturadas para extraer la médula. La magnitud y disposición de estos restos sugieren una actividad de consumo colectivo extraordinaria, interpretada como un posible gran banquete asociado a la clausura o conmemoración del edificio. Sin embargo, no conocemos el número de participantes, la duración de aquellas actividades ni las creencias que pudieron acompañarlas. La interpretación ceremonial se fundamenta en el carácter excepcional de los depósitos y del contexto arquitectónico, no en testimonios directos de los rituales practicados.
La evolución del complejo muestra que su importancia no permaneció inalterada durante toda su historia. Hacia 2900–2800 a. C., buena parte de los grandes edificios anteriores había experimentado reformas, abandonos o procesos de desmantelamiento, mientras que la Estructura 10 continuó desempeñando un papel destacado. Los modelos cronológicos sitúan sus últimas actividades importantes entre mediados y finales del III milenio a. C., aunque existen diferencias entre las propuestas de datación. Esta secuencia indica que el lugar conservó relevancia incluso después de que desaparecieran algunas de sus funciones originales y plantea la posibilidad de que determinadas construcciones mantuvieran un valor simbólico para generaciones posteriores. Las investigaciones también han revelado que la reutilización de materiales y la transformación deliberada de edificios formaban parte de la historia del conjunto, por lo que su abandono no puede entenderse simplemente como una destrucción repentina. La campaña principal de excavación concluyó en agosto de 2024 y dio paso a una etapa de análisis, conservación y publicación de los abundantes materiales recuperados. Ness of Brodgar constituye así un testimonio excepcional de la capacidad de las comunidades neolíticas para organizar grandes proyectos arquitectónicos y actividades colectivas, pero también de la complejidad de sus cambios históricos. Su estudio continúa abierto y resulta fundamental para comprender las formas de cooperación, reunión y expresión monumental desarrolladas en las Orcadas prehistóricas.
-The Ness of Brodgar Project (s. f.). A Monumental Complex. Síntesis oficial de las investigaciones, las fases arquitectónicas y la interpretación general del yacimiento, actualizada tras la finalización de las excavaciones principales.
-The Ness of Brodgar Project (s. f.). Structure Ten: Marking the End of an Era. Estudio detallado de las características arquitectónicas, las reformas, los depósitos animales y las últimas actividades documentadas en la Estructura 10.
-Bayliss, A., Marshall, P., Richards, C. y Whittle, A. (2017). Islands of History: The Late Neolithic Timescape of Orkney. Antiquity, 91(359), pp. 1171–1188. Investigación sobre la cronología del Neolítico final y las transformaciones de los principales conjuntos monumentales orcadianos.
-Card, N., Edmonds, M. y Mitchell, A. (eds.) (2020). The Ness of Brodgar: As It Stands. Kirkwall: The Orcadian / UHI Archaeology Institute. Monografía colectiva de 27 capítulos sobre la arquitectura, los materiales y la interpretación arqueológica del yacimiento. Referencia contrastada mediante la ficha editorial y académica, sin consulta íntegra del volumen.
7.2. Unstan Chambered Cairn y las tradiciones funerarias insulares
Unstan Chambered Cairn, también conocido como Knowe of Onston, es uno de los monumentos funerarios más singulares del Neolítico de las islas Orcadas. Se encuentra en la isla de Mainland, sobre una pequeña península que se adentra en el lago de Stenness, en un emplazamiento relativamente próximo a los grandes conjuntos monumentales del archipiélago. Su importancia arqueológica reside especialmente en la combinación de características arquitectónicas pertenecientes a dos tradiciones funerarias que habitualmente se estudian por separado: las tumbas compartimentadas de tipo Orkney-Cromarty y las construcciones con cámaras laterales relacionadas con el modelo Maeshowe. Esta particularidad convierte a Unstan en un testimonio especialmente interesante de la diversidad arquitectónica neolítica, pues demuestra que las comunidades no siempre siguieron modelos constructivos rígidos. El monumento fue excavado en julio de 1884 por Robert Stewart Clouston, cuyas investigaciones permitieron recuperar numerosos materiales y documentar una estructura funeraria que todavía conserva buena parte de su organización interior.
El túmulo presenta una planta aproximadamente ovalada, de unos quince metros de longitud por catorce de anchura, y contiene una cámara central alargada a la que se accede mediante un estrecho corredor orientado hacia el este-nordeste. El pasadizo, de aproximadamente seis metros y medio de longitud, desemboca lateralmente en el segundo compartimento de la cámara, en lugar de hacerlo en uno de sus extremos. El espacio principal se encuentra dividido en cinco compartimentos mediante grandes losas verticales dispuestas por parejas, siguiendo un sistema característico de las tumbas compartimentadas orcadianas. En los extremos se conservan elementos de piedra que pudieron funcionar como repisas o superficies elevadas. Sin embargo, el rasgo más distintivo aparece en la zona central, donde una pequeña cámara lateral se abre desde uno de los compartimentos, introduciendo una solución arquitectónica más habitual en las tumbas de tipo Maeshowe. Esta combinación no demuestra necesariamente una fase de transición directa entre ambas tradiciones, como se propuso en determinadas interpretaciones antiguas. También pudo responder a la adaptación local de diferentes conocimientos constructivos o a decisiones específicas de quienes levantaron el monumento.
Las excavaciones proporcionaron evidencias particularmente significativas sobre la utilización funeraria de Unstan. En los cinco compartimentos se recuperaron acumulaciones de huesos humanos, algunos fragmentados y desarticulados, mientras que en la pequeña cámara lateral aparecieron dos esqueletos depositados en posición flexionada. También se documentaron enterramientos semejantes en el compartimento próximo a la entrada, lo que indica diferencias en el tratamiento o disposición de los cuerpos. La concentración de restos óseos y su distribución espacial sugieren una utilización colectiva del monumento, posiblemente desarrollada mediante sucesivas deposiciones y reorganizaciones de enterramientos anteriores. Sin embargo, las limitaciones de las excavaciones decimonónicas y la conservación incompleta de los materiales impiden reconstruir con precisión el número total de individuos o establecer una secuencia detallada de las prácticas funerarias. Otro hallazgo excepcional fue la recuperación de numerosos fragmentos cerámicos correspondientes a más de veinte recipientes, cuyo estilo acabaría recibiendo el nombre de Unstan Ware. Los fragmentos aparecieron principalmente en el compartimento de entrada, mientras que la cámara lateral no contenía cerámica. Esta distribución plantea la posibilidad de que existieran diferencias funcionales entre los espacios interiores, aunque no permite determinar si las vasijas contenían ofrendas, alimentos u otros productos relacionados con los enterramientos.
Las investigaciones posteriores han permitido precisar algunos aspectos fundamentales de la cronología del monumento. En 2017 se publicaron nuevas dataciones por radiocarbono obtenidas a partir de tres fragmentos óseos humanos conservados de las excavaciones originales, cuyos resultados sitúan aquellos enterramientos aproximadamente entre 3300 y 3100 a. C. Estas fechas demuestran que la tumba ya estaba en uso durante ese período, pero no establecen necesariamente el momento de su construcción, que pudo ser anterior. La presencia de materiales correspondientes a otras etapas sugiere, además, que Unstan pudo conservar su importancia durante un período prolongado, aunque desconocemos la continuidad exacta de su utilización. Tras las excavaciones del siglo XIX, el monumento sufrió un deterioro considerable y posteriormente fue consolidado mediante intervenciones que incluyeron la instalación de una cubierta de hormigón, por lo que su apariencia actual incorpora elementos modernos de conservación. A pesar de estas modificaciones, Unstan constituye una referencia fundamental para comprender las particularidades de las tradiciones funerarias insulares. Su arquitectura demuestra que los modelos arqueológicos utilizados para clasificar las tumbas no siempre reflejan fronteras culturales claramente delimitadas, mientras que sus enterramientos y materiales permiten reconocer una historia compleja de utilización, adaptación y permanencia de los monumentos dentro de las comunidades neolíticas de las Orcadas.
-Clouston, R. S. (1885). Notice of the Excavation of a Chambered Cairn of the Stone Age, at Unstan, in the Loch of Stennis, Orkney. Proceedings of the Society of Antiquaries of Scotland, 19, pp. 341–351. Publicación original de las excavaciones de 1884. Datos contrastados mediante su registro bibliográfico y las síntesis arqueológicas posteriores.
-Historic Environment Scotland (s. f.). Unstan Chambered Cairn: History and Stories. Descripción institucional sobre la arquitectura híbrida del monumento, los enterramientos documentados y los hallazgos cerámicos.
-Towrie, S. (2020). Unstan Stalled Cairn, Stenness. The Ness of Brodgar Project, 30 de octubre de 2020. Estudio de la organización arquitectónica, los materiales funerarios, las intervenciones posteriores y las dataciones por radiocarbono publicadas en 2017.
-Historic Environment Scotland (2017, actualización). Knowe of Onston, or Unstan, Chambered Cairn (SM90232). Scheduled Monument Record. Registro oficial sobre las dimensiones, características constructivas, protección patrimonial y relevancia arqueológica del yacimiento.
Unstan Chambered Cairn: una de las tumbas colectivas más representativas del Neolítico orcadiano. El cairn de Unstan, situado en Mainland, cerca del lago de Stenness, es una de las tumbas de cámara más conocidas de las Orcadas. Su estructura semienterrada, recubierta por un túmulo de tierra y piedra, conserva el acceso a un espacio funerario colectivo utilizado por las comunidades neolíticas del archipiélago. El monumento es especialmente importante porque dio nombre a un tipo cerámico característico del Neolítico temprano de las Orcadas: la llamada cerámica Unstan.
La fotografía muestra el acceso al monumento, abierto en el lateral del túmulo y construido con piedra local cuidadosamente dispuesta. Como otras tumbas de cámara de las Orcadas, Unstan formó parte de un paisaje ritual en el que los lugares de enterramiento, la memoria de los antepasados y la ocupación del territorio estuvieron estrechamente relacionados. Su arquitectura refleja una tradición funeraria bien definida, vinculada a los llamados cairns compartimentados o de cámara, característicos del norte de Escocia.
Las excavaciones arqueológicas permitieron recuperar restos humanos y materiales asociados al uso funerario del monumento, entre ellos recipientes cerámicos que dieron nombre al denominado estilo Unstan. Por ello, este yacimiento posee un valor doble: como testimonio de las prácticas funerarias neolíticas y como referencia fundamental para el estudio de la cultura material de las Orcadas en el IV milenio a. C. Su análisis ayuda a comprender tanto la complejidad ritual de estas comunidades como sus rasgos culturales propios dentro del mundo neolítico atlántico. Foto: Bruce McAdam from Reykjavik, Iceland. CC BY-SA 2.0. Original file (2,304 × 3,072 pixels, file size: 3.88 MB).
7.3. Cuween Hill y las tumbas colectivas
Cuween Hill Chambered Cairn constituye uno de los testimonios funerarios más interesantes del Neolítico de las Orcadas, especialmente por los restos humanos y animales recuperados en su interior. El monumento se encuentra en la isla de Mainland, sobre una terraza artificial situada en la ladera oriental de Cuween Hill, cerca de Finstown, desde donde domina parte de la bahía de Firth. Pertenece al grupo de tumbas de corredor relacionadas con la tradición arquitectónica de Maeshowe, aunque presenta dimensiones considerablemente menores. Su construcción se sitúa probablemente hacia finales del IV milenio o comienzos del III milenio a. C., si bien no existen dataciones directas que permitan establecer con precisión el momento de su fundación. El túmulo, de aproximadamente diecisiete metros de diámetro, contiene una cámara central rectangular a la que se accede mediante un corredor de unos cinco metros y medio de longitud, orientado hacia el este. Desde esta estancia se abren cuatro pequeñas celdas laterales, dispuestas en cada uno de sus lados. La calidad de la mampostería y la conservación parcial de sus cubiertas construidas mediante aproximación de hiladas muestran una ejecución técnica especialmente cuidada. Algunas partes de la estructura, incluida la cubierta principal, fueron reconstruidas después de las primeras exploraciones.
El yacimiento fue investigado parcialmente en 1888 y excavado de manera más sistemática por Malcolm M. Charleson en julio de 1901. Durante estos trabajos se recuperaron restos pertenecientes al menos a ocho personas, distribuidos entre la cámara central, las celdas laterales y el corredor de acceso. Entre los hallazgos destacaban varios cráneos humanos colocados en posiciones singulares, uno de ellos introducido en una pequeña cavidad de piedra y otro localizado cerca de la parte superior del pasadizo. Estas circunstancias sugieren que algunos restos fueron manipulados y depositados después de la descomposición de los cuerpos, aunque desconocemos si procedían de enterramientos realizados originalmente en el mismo monumento. La conservación ósea era muy deficiente y numerosos fragmentos se desintegraron durante las excavaciones, lo que limita considerablemente las investigaciones posteriores. Los estudios realizados sobre los materiales supervivientes también han permitido identificar depósitos funerarios de cronología diferente, incluidos restos humanos fechados durante la transición hacia la Edad del Bronce. El conjunto demuestra, por tanto, que Cuween Hill no fue utilizado exclusivamente durante una única etapa, sino que conservó su importancia funeraria a través de sucesivas intervenciones.
El hallazgo más extraordinario fue la recuperación de veinticuatro cráneos de perros, acompañados por otros restos óseos animales, principalmente en la parte inferior de la cámara. Durante mucho tiempo se propuso que estos animales podían representar un símbolo colectivo o tótem de la comunidad que utilizaba la tumba. Sin embargo, las dataciones por radiocarbono han permitido matizar considerablemente esta interpretación: varios restos caninos pertenecen aproximadamente a mediados del III milenio a. C., posiblemente varios siglos después de la construcción del monumento. Su depósito parece relacionarse, por tanto, con una fase relativamente tardía de utilización o reutilización funeraria. No sabemos si los animales fueron enterrados completos, si sus cráneos se seleccionaron deliberadamente o qué significado tuvieron para quienes realizaron las deposiciones. En 2019, Historic Environment Scotland presentó una reconstrucción facial realizada a partir de uno de los cráneos conservados, utilizando tomografía computarizada e impresión tridimensional. El estudio permitió aproximarse al aspecto de un perro de tamaño semejante al de un collie grande y con ciertos rasgos comparables a los del lobo europeo. Más allá de esta reconstrucción, los restos de Cuween Hill constituyen una evidencia excepcional de la importancia que determinados animales pudieron adquirir en las prácticas funerarias y simbólicas de las comunidades orcadianas.
La relación entre la tumba y su entorno proporciona otra perspectiva importante sobre su significado. Las excavaciones realizadas entre 1994 y 2000 en Stonehall, un asentamiento neolítico situado al pie de la misma colina, revelaron diferentes fases de ocupación que abarcan parte del IV y III milenio a. C. Los investigadores han señalado que Cuween Hill no fue construido en la cumbre, donde habría alcanzado una mayor visibilidad general, sino en una posición especialmente destacada desde determinadas zonas habitadas de Stonehall. Esta disposición ha llevado a proponer una relación estrecha entre el monumento funerario y las comunidades asentadas en sus proximidades, aunque no puede demostrarse que todos los individuos enterrados pertenecieran a aquel poblado. También resulta significativa su relación visual con la tumba de Wideford Hill, situada al otro lado de la bahía, cuyo acceso presenta una orientación aproximadamente enfrentada. Estas conexiones permiten considerar que las tumbas pudieron desempeñar funciones relacionadas con la identificación comunitaria y la memoria de determinados lugares, además de recibir restos humanos. Cuween Hill aporta así una perspectiva especialmente valiosa sobre la diversidad de las prácticas funerarias neolíticas: sus depósitos humanos, la presencia excepcional de perros y su prolongada utilización muestran que el significado de estos monumentos pudo transformarse considerablemente a lo largo del tiempo.
-Historic Environment Scotland (s. f.). Cuween Hill Chambered Cairn: History and Stories. Descripción institucional de la arquitectura, los enterramientos colectivos y el descubrimiento de los restos caninos.
-Towrie, S. (2021). Cuween Chambered Cairn. The Ness of Brodgar Project, 3 de mayo de 2021. Síntesis arqueológica de las excavaciones, la distribución de los restos humanos, las dataciones y las relaciones con Stonehall.
-Historic Environment Scotland (2019). Forensic Reconstruction Reveals Face of Man’s Ancient Four-Legged Friend. Comunicado científico y patrimonial del 13 de abril de 2019. Información sobre los análisis de los restos caninos y la reconstrucción tridimensional realizada a partir de uno de los cráneos de Cuween Hill.
-Richards, C., Brophy, K., Caruthers, M., Jones, A. M., Jones, R. y Jones, S. (2016). Good Neighbours: Stonehall Knoll, Stonehall Meadow and Stonehall Farm. En C. Richards y R. Jones (eds.), The Development of Neolithic House Societies in Orkney: Investigations in the Bay of Firth, Mainland, Orkney (1994–2014), pp. 91–127. Oxbow Books / Windgather Press. Investigación sobre el asentamiento de Stonehall y su relación espacial con Cuween Hill.
7.4. Midhowe: los grandes cairns de Rousay
La isla de Rousay conserva una de las concentraciones más notables de monumentos funerarios neolíticos de las Orcadas, con quince tumbas de cámara conocidas, distribuidas principalmente por sus sectores meridional y occidental. Entre ellas destaca Midhowe Chambered Cairn, situado junto a la costa suroccidental, frente al estrecho de Eynhallow, en un emplazamiento próximo al mar. Su extraordinario tamaño lo convierte en el mayor sepulcro de cámara conservado en Rousay y en uno de los ejemplos más monumentales de la tradición Orkney-Cromarty. Las excavaciones realizadas entre 1932 y 1934, impulsadas por el propietario de los terrenos, Walter Grant, con la colaboración del arqueólogo J. Graham Callander, permitieron descubrir una construcción funeraria de dimensiones hasta entonces excepcionales. Las dataciones obtenidas posteriormente a partir de restos humanos sitúan su utilización aproximadamente entre 3400 y 3100 a. C., aunque la cronología exacta de su construcción permanece abierta. Su estudio resulta especialmente importante porque permite relacionar la monumentalidad arquitectónica con evidencias directas sobre la disposición y el tratamiento de los difuntos.
El cairn presenta una planta rectangular de extremos redondeados, con aproximadamente 32,5 metros de longitud y trece de anchura. Su interior contiene una cámara longitudinal de unos 23,4 metros, dividida en doce compartimentos mediante grandes losas verticales que sobresalen de las paredes laterales. En varios de ellos se construyeron pequeñas plataformas o bancos de piedra, mientras que el espacio situado en el extremo noroccidental presenta una organización más elaborada, con pavimento y subdivisiones interiores. El acceso original se encontraba en el extremo sudoriental, mediante un corredor relativamente corto que apareció bloqueado por estructuras de mampostería. El exterior estaba delimitado por muros cuidadosamente construidos, algunos de cuyos sectores conservan piedras colocadas en diagonal, formando motivos semejantes a una espina de pez. También se identificaron dos grandes muros que partían de las proximidades del monumento, aunque su función y cronología exactas continúan siendo discutidas. La complejidad de estas soluciones constructivas ha llevado a plantear que Midhowe pudo experimentar ampliaciones durante su historia, pero las evidencias disponibles no permiten confirmar definitivamente si fue levantado mediante un proyecto único o a través de varias etapas sucesivas.
Los hallazgos funerarios constituyen la aportación arqueológica más significativa de Midhowe. Durante las excavaciones se identificaron restos pertenecientes al menos a veinticinco individuos, entre adultos, adolescentes y niños, distribuidos principalmente en los compartimentos interiores. Varios esqueletos conservaban posiciones flexionadas sobre las plataformas de piedra, mientras que otros aparecieron desarticulados o reunidos en pequeños conjuntos óseos. En determinadas zonas se encontraron cráneos colocados cuidadosamente y restos desplazados respecto a su disposición anatómica original. Esta diversidad demuestra que el monumento recibió diferentes deposiciones y que algunos enterramientos fueron modificados posteriormente, aunque se desconoce el procedimiento exacto seguido en cada caso. También se recuperaron fragmentos pertenecientes a siete recipientes cerámicos, algunos relacionados con la tradición Unstan, una herramienta de sílex y restos de animales. La distribución de estos materiales resulta significativa, pero no permite identificar con seguridad ofrendas funerarias ni reconstruir ceremonias concretas. La cantidad relativamente reducida de individuos documentados, considerando el tamaño de la tumba y su posible duración de uso, plantea además la posibilidad de que determinados restos fueran retirados o trasladados, o de que el acceso al enterramiento estuviera limitado a una parte de la comunidad.
Midhowe permite comprender mejor la diversidad de los grandes monumentos funerarios de Rousay, donde también se encuentran Knowe of Yarso, Blackhammer y Taversöe Tuick. Estos yacimientos presentan diferencias considerables en sus dimensiones y organización interior, desde cámaras compartimentadas relativamente pequeñas hasta construcciones con espacios funerarios dispuestos en dos niveles. La comparación sugiere que las comunidades de la isla compartían determinadas tradiciones arquitectónicas, pero desarrollaban soluciones adaptadas a circunstancias locales que todavía conocemos de manera incompleta. En Midhowe, el cierre deliberado del corredor y las acumulaciones de piedras encontradas en la cámara indican modificaciones importantes al final de su utilización funeraria; además, se han identificado intervenciones posteriores cuya cronología no está completamente resuelta. Tras las excavaciones del siglo XX, la fragilidad de los restos y su exposición al ambiente costero hicieron necesaria la construcción de una gran cubierta protectora, bajo la cual se conservan actualmente las estructuras originales, visibles desde pasarelas elevadas. A poca distancia se encuentran también las ruinas de un broch de la Edad del Hierro, perteneciente a una etapa histórica muy posterior y que no debe confundirse con el monumento neolítico. Midhowe destaca así por ofrecer una combinación excepcional de arquitectura monumental, testimonios funerarios y evidencias de transformación histórica, enriqueciendo el conocimiento de las comunidades prehistóricas de Rousay.
-Callander, J. G., Grant, W. G. y Low, A. (1934). A Long Stalled Chambered Cairn or Mausoleum (Rousay Type) near Midhowe, Rousay, Orkney. Proceedings of the Society of Antiquaries of Scotland, 68, pp. 320–350. Publicación original de las excavaciones y del examen de los restos humanos, documentada en el registro arqueológico oficial de Midhowe.
-Historic Environment Scotland (s. f.). Midhowe Chambered Cairn: History and Stories. Descripción institucional de la arquitectura, las dimensiones del monumento, los enterramientos y su conservación.
-Towrie, S. (2023). Midhowe Stalled Cairn, Rousay. The Ness of Brodgar Project, 15 de diciembre de 2023. Análisis detallado del monumento, su cronología, los depósitos funerarios y las posibles modificaciones arquitectónicas.
-Archaeology Orkney (s. f.). Midhowe, Rousay. Tombs of the Isles. Inventario arqueológico especializado con documentación arquitectónica, datos de excavación y referencias a los estudios de Davidson y Henshall.
7.5. Otros asentamientos y monumentos del Neolítico final
El conocimiento del Neolítico final de las islas Orcadas se ha ampliado considerablemente gracias a las investigaciones realizadas en asentamientos menos conocidos que los grandes conjuntos de Mainland. Entre ellos destaca Rinyo, situado en la isla de Rousay, donde las excavaciones dirigidas por Vere Gordon Childe y Walter Grant, iniciadas en 1938 y reanudadas en 1946, descubrieron los restos de al menos siete viviendas de piedra. Algunas construcciones se superponían a otras anteriores, lo que demuestra una historia de ocupación y transformación arquitectónica relativamente prolongada. Las viviendas presentaban hogares centrales, compartimentos interiores y sistemas de drenaje, pero también se identificaron elementos singulares, como pequeñas estructuras de arcilla interpretadas como posibles hornos. Los hallazgos cerámicos y los utensilios recuperados permiten relacionar Rinyo con las comunidades del Neolítico final orcadiano. Las prospecciones geofísicas realizadas en 2010 indicaron que el asentamiento podía extenderse sobre una superficie aproximada de dos mil metros cuadrados, considerablemente mayor que la investigada inicialmente. Su importancia reside en demostrar que las formas de organización doméstica conocidas en los principales poblados del archipiélago también estuvieron presentes en otras islas, aunque con características y trayectorias propias.
En Westray, el extenso yacimiento de Links of Noltland proporciona una perspectiva especialmente valiosa sobre la evolución de las comunidades agrícolas y sus transformaciones posteriores. Situado junto a la bahía de Grobust, conserva más de una docena de construcciones neolíticas, algunas agrupadas mediante pasadizos y delimitadas por muros de considerables dimensiones. Las excavaciones han revelado sucesivas reformas de las viviendas y depósitos intencionados de materiales, entre los que destaca la colocación de numerosos cráneos de ganado vacuno invertidos dentro de los cimientos de la denominada Estructura 9. Este hallazgo ha sido interpretado como una posible práctica vinculada a la fundación del edificio, aunque desconocemos su significado preciso. Links of Noltland también adquirió especial notoriedad por el descubrimiento de pequeñas figurillas humanas talladas en piedra, entre ellas la conocida como Westray Wife u Orkney Venus, recuperada en 2009. La pieza, de apenas unos centímetros de altura, presenta una representación esquemática del cuerpo humano y constituye uno de los ejemplos más antiguos de arte figurativo de las islas británicas. Su interpretación como imagen femenina o elemento ceremonial continúa siendo hipotética. La conservación del yacimiento, favorecida durante milenios por los depósitos de arena, se encuentra actualmente condicionada por la erosión del sistema dunar.
La isla de Sanday ofrece dos testimonios particularmente importantes para comprender la diversidad de los asentamientos tardoneolíticos. En Pool, las excavaciones desarrolladas durante la década de 1980 permitieron reconocer distintas fases de ocupación separadas por modificaciones arquitectónicas y períodos de interrupción. Los estudios cronológicos posteriores situaron una etapa importante de actividad entre los siglos XXXI y XXVIII a. C., seguida de un intervalo de abandono y una nueva ocupación aproximadamente entre los siglos XXVI y XXIV a. C. Esta secuencia demuestra que determinados asentamientos fueron reutilizados después de interrupciones prolongadas, sin mantener necesariamente las mismas tradiciones constructivas y materiales. En el extremo nororiental de Sanday, Tofts Ness presenta una evolución diferente, con evidencias de ocupación que se prolongan desde el Neolítico hasta la Edad del Bronce. Sus investigaciones documentaron restos de viviendas, acumulaciones domésticas y modificaciones del terreno relacionadas con una utilización continuada del paisaje. Una característica especialmente significativa es la ausencia de cerámica Grooved Ware en los sectores excavados, a pesar de que sus habitantes fueron contemporáneos de comunidades que utilizaban habitualmente esta tradición. La diferencia demuestra que las prácticas materiales no fueron uniformes ni siquiera entre asentamientos pertenecientes a una misma isla.
Otros monumentos distribuidos por las Orcadas completan esta imagen de diversidad arquitectónica y cultural. En Eday, la tumba de Vinquoy Hill ocupa una posición elevada sobre el territorio y presenta una cámara central con cuatro compartimentos laterales, mientras que Huntersquoy conserva una disposición excepcional de dos espacios funerarios superpuestos, provistos de accesos independientes. En la isla de Hoy destaca Dwarfie Stane, un enorme bloque natural de arenisca en cuyo interior se excavaron manualmente un pequeño corredor y dos celdas laterales. Su clasificación como tumba neolítica se basa en las características arquitectónicas, ya que no se han recuperado restos humanos ni materiales que permitan confirmar directamente su cronología o función. Estos ejemplos, junto con los asentamientos de Rousay, Westray y Sanday, muestran que la evolución del Neolítico orcadiano estuvo marcada por importantes diferencias locales. Algunas comunidades mantuvieron sus lugares de residencia durante períodos prolongados, mientras que otras abandonaron, reconstruyeron o transformaron sus espacios habitados y monumentales. El conjunto de estas evidencias permite superar una interpretación centrada exclusivamente en los monumentos más célebres y reconocer una historia insular mucho más diversa, en la que las tradiciones compartidas coexistieron con respuestas particulares a las condiciones sociales, culturales y territoriales de cada comunidad.
-Historic Environment Scotland (s. f.). Braes of Rinyo, Settlement, Rousay (SM2292). Registro oficial del monumento, con información sobre las excavaciones, la arquitectura doméstica y las prospecciones geofísicas posteriores.
–MacSween, A., Hunter, J., Sheridan, A., Bond, J., Bronk Ramsey, C., Reimer, P., Bayliss, A., Griffiths, S. y Whittle, A. (2015). Refining the Chronology of the Neolithic Settlement at Pool, Sanday, Orkney: Implications for the Emergence and Development of Grooved Ware. Proceedings of the Prehistoric Society, 81, pp. 283–310. Investigación cronológica sobre las fases de ocupación, las interrupciones y las transformaciones del asentamiento de Pool.
-Dockrill, S. J., Bond, J. M., Nicholson, R. A. y Smith, A. N. (eds.) (2007). Investigations in Sanday, Orkney, Volume 2: Tofts Ness, Sanday, an Island Landscape through 3000 Years of Prehistory. The Orcadian / Historic Scotland. Monografía sobre la secuencia de ocupación de Tofts Ness y las relaciones entre el Neolítico y la Edad del Bronce. Referencia contrastada mediante la reseña académica de la Society of Antiquaries of Scotland, sin consulta íntegra del volumen.
El estudio de la sociedad y las creencias de las comunidades neolíticas de las islas Orcadas plantea algunas de las cuestiones más complejas de la arqueología prehistórica. Aunque sus habitantes no dejaron testimonios escritos, los restos de sus construcciones, las prácticas funerarias y los objetos recuperados permiten investigar cómo pudieron organizar sus relaciones sociales y expresar determinadas concepciones del mundo. La realización de grandes obras colectivas demuestra la existencia de mecanismos de cooperación y transmisión de conocimientos, pero también plantea interrogantes sobre el reparto de responsabilidades, las posibles diferencias de prestigio y las formas de autoridad. Estas cuestiones adquieren especial relevancia durante el Neolítico final, cuando se desarrollaron transformaciones importantes en la organización de las comunidades y en la utilización de los espacios monumentales.
Las creencias y las prácticas simbólicas constituyen una dimensión todavía más difícil de reconstruir. Los monumentos funerarios, los recintos ceremoniales y determinados depósitos arqueológicos sugieren que algunos lugares y acontecimientos poseyeron significados que trascendían sus funciones materiales inmediatas. La relación entre los vivos y los difuntos, la percepción de los ciclos naturales y la permanencia de determinadas construcciones pudieron contribuir a configurar tradiciones compartidas durante generaciones. Sin embargo, no es posible identificar una religión neolítica uniforme ni atribuir significados precisos a todos los elementos monumentales. Las interpretaciones deben considerar que las creencias pudieron variar entre comunidades y transformarse a lo largo de los siglos, incluso cuando determinadas formas arquitectónicas conservaron una apariencia semejante.
La investigación contemporánea aborda estas cuestiones mediante el análisis conjunto de la arquitectura, los restos humanos, la distribución de los materiales y las relaciones entre los monumentos y su entorno. Los avances en datación, arqueología del paisaje y estudio de los depósitos permiten contrastar hipótesis antiguas y formular nuevas explicaciones sobre la organización social y el pensamiento simbólico. No obstante, las evidencias materiales establecen límites que deben respetarse: conocer cómo se construyó un monumento no equivale necesariamente a comprender las creencias de quienes lo levantaron. Este capítulo examina, desde esa perspectiva crítica, las principales interpretaciones sobre la dimensión social y simbólica del megalitismo orcadiano, procurando distinguir los conocimientos arqueológicos consolidados de las cuestiones que permanecen abiertas.
-Scottish Archaeological Research Framework (2012). 6.1. Society. Scottish Neolithic Panel Report. Society of Antiquaries of Scotland. Análisis de los modelos de organización social, las posibles jerarquías y las dificultades para reconstruir las relaciones comunitarias.
-The Scottish Archaeological Research FrameworkScottish Archaeological Research Framework (2012). The Chronological Framework and Overview of Monuments. Scottish Neolithic Panel Report, sección 6.2.3. Estudio de los paisajes ceremoniales, la persistencia de tradiciones monumentales y sus posibles significados culturales.
-The Scottish Archaeological Research FrameworkUNESCO World Heritage Centre (s. f.). Heart of Neolithic Orkney. World Heritage List, bien n.º 514. Síntesis patrimonial sobre las relaciones entre organización social, arquitectura monumental y creencias de las comunidades neolíticas.
8.1. Organización social y cooperación comunitaria
La organización social de las comunidades neolíticas de las islas Orcadas constituye una cuestión fundamental para comprender cómo poblaciones relativamente pequeñas pudieron desarrollar proyectos arquitectónicos de extraordinaria complejidad. La construcción de tumbas monumentales, grandes recintos de piedra y edificios comunitarios exigía coordinar numerosas actividades, desde la obtención de materias primas hasta el transporte de materiales y la ejecución de las obras. Estas tareas requerían conocimientos técnicos, planificación y capacidad para reunir trabajadores durante períodos cuya duración desconocemos. Sin embargo, la existencia de construcciones monumentales no demuestra necesariamente que sus habitantes estuvieran sometidos a una autoridad centralizada. Algunos proyectos pudieron desarrollarse mediante acuerdos entre grupos domésticos, obligaciones recíprocas o formas de cooperación mantenidas durante generaciones. Las investigaciones sobre la procedencia de los monolitos del Anillo de Brodgar han mostrado que se utilizaron piedras de diferentes afloramientos del archipiélago, circunstancia que ha llevado a proponer la participación de distintas comunidades en su construcción. Desde esta perspectiva, el propio trabajo colectivo pudo contribuir a reforzar relaciones sociales, establecer alianzas y expresar formas de pertenencia compartida.
La vivienda constituye otro elemento esencial para investigar la estructura social neolítica. Las diferencias entre edificios, sus sucesivas reconstrucciones y las relaciones espaciales entre unidades domésticas sugieren que determinados grupos mantuvieron identidades colectivas vinculadas a lugares concretos. Colin Richards y Richard Jones han propuesto interpretar algunos de estos procesos mediante el concepto antropológico de «sociedades de casas», en las que la vivienda no representa únicamente un espacio residencial, sino también un medio para expresar continuidad social, transmitir derechos y consolidar relaciones entre generaciones. Este modelo permite considerar que la pertenencia a una comunidad pudo depender tanto de los vínculos familiares como de alianzas, compromisos y tradiciones compartidas. Las investigaciones genéticas publicadas en 2026 han identificado relaciones biológicas entre individuos enterrados en tumbas neolíticas de las Orcadas y Caithness, incluyendo vínculos de descendencia masculina y conexiones entre grupos geográficamente separados. Estos resultados respaldan la importancia de determinadas relaciones de parentesco, aunque no permiten establecer que todas las comunidades siguieran un mismo sistema familiar ni que los vínculos biológicos fueran la única base de su organización. Las relaciones sociales pudieron incluir también adopciones, uniones matrimoniales, asociaciones comunitarias y otras formas de pertenencia que difícilmente dejan testimonios arqueológicos directos.
La cuestión de las diferencias de poder y prestigio ha generado interpretaciones divergentes. Durante mucho tiempo, el carácter colectivo de numerosos monumentos funerarios favoreció la imagen de sociedades relativamente igualitarias, organizadas mediante acuerdos comunitarios y sin jerarquías políticas permanentes. Sin embargo, la aparición de edificios de tamaño desigual, la existencia de espacios arquitectónicos especialmente elaborados y determinadas diferencias en la distribución de objetos han llevado a considerar posibles procesos de diferenciación social. Algunos investigadores han interpretado las construcciones más monumentales como lugares vinculados a grupos influyentes o a personas capaces de movilizar recursos y trabajo. Otros consideran que pudieron funcionar como edificios compartidos, cuya importancia dependía de actividades colectivas y no necesariamente de la residencia de una élite. Ambas interpretaciones intentan explicar evidencias arqueológicas que, por sí solas, no permiten identificar jefes hereditarios, sacerdotes especializados o instituciones políticas estables. La autoridad pudo haber sido variable y depender de circunstancias concretas, como la experiencia técnica, la capacidad para establecer alianzas o el reconocimiento social adquirido mediante determinadas actividades. Cooperación y competencia tampoco debieron excluirse mutuamente: diferentes grupos pudieron participar en proyectos comunes y, al mismo tiempo, disputar prestigio o influencia dentro del archipiélago.
Las investigaciones cronológicas recientes han permitido comprender que estas relaciones sociales no permanecieron inalteradas durante todo el Neolítico. Los cambios relativamente rápidos documentados en determinados asentamientos y monumentos durante el tránsito del IV al III milenio a. C. sugieren transformaciones en las formas de cooperación, en la relevancia de ciertos grupos y en la utilización de los espacios colectivos. El estudio dirigido por Alexandra Bayliss, basado en una amplia serie de dataciones por radiocarbono, ha planteado que algunas modificaciones arquitectónicas y abandonos de asentamientos pudieron reflejar tensiones entre comunidades o cambios en sus relaciones de autoridad. Estas propuestas resultan significativas porque cuestionan una visión excesivamente estable y armoniosa de las sociedades neolíticas, aunque las causas concretas de aquellas transformaciones continúan siendo debatidas. Tampoco es posible reconstruir con precisión la distribución del poder entre hombres y mujeres, las responsabilidades de los distintos grupos de edad o los mecanismos utilizados para resolver conflictos. En conjunto, las evidencias disponibles permiten reconocer comunidades capaces de organizar esfuerzos colectivos, mantener vínculos duraderos y transformar sus instituciones sociales a lo largo del tiempo. Su complejidad no dependió necesariamente de estructuras políticas semejantes a las de sociedades históricas posteriores, sino de relaciones comunitarias cuya diversidad apenas comenzamos a comprender.
-Scottish Archaeological Research Framework (2012). 6.1. Society. Scottish Neolithic Panel Report. Society of Antiquaries of Scotland. Síntesis sobre organización comunitaria, parentesco, jerarquías y problemas de interpretación de las sociedades neolíticas.
-Richards, C. y Jones, R. (eds.) (2016). The Development of Neolithic House Societies in Orkney: Investigations in the Bay of Firth, Mainland Orkney (1994–2014). Windgather Press. Investigación sobre el papel social de las viviendas, las identidades comunitarias y la transformación de las relaciones de parentesco. Referencia contrastada mediante la síntesis académica de la obra, sin consulta íntegra del volumen.
-Cummings, V., Fowler, C., Olalde, I., Cuthbert, S. y Reich, D. (2026). Building Tombs and Entombing the Dead as Technologies of Descent and Affinity in Neolithic Northern Scotland. Antiquity, 100(410), pp. 324–339. Estudio de ADN antiguo sobre relaciones de parentesco, descendencia e identidades comunitarias en las Orcadas y el norte de Escocia.
-Bayliss, A., Marshall, P., Richards, C. y Whittle, A. (2017). Islands of History: The Late Neolithic Timescape of Orkney. Antiquity, 91(359), pp. 1171–1188. Investigación sobre las transformaciones cronológicas de los asentamientos y monumentos, y sus posibles implicaciones para las relaciones sociales del Neolítico final.
8.2. Espacios ceremoniales, antepasados y memoria colectiva
Los espacios ceremoniales del Neolítico de las islas Orcadas desempeñaron probablemente un papel importante en la construcción y transmisión de la memoria colectiva. La permanencia de tumbas, recintos monumentales y edificios destinados a actividades comunitarias permitió que determinados lugares conservaran su relevancia durante generaciones, incluso cuando sus funciones originales habían cambiado. A diferencia de las viviendas, sometidas a reformas y sustituciones relacionadas con las necesidades de sus habitantes, algunas construcciones monumentales mantuvieron una presencia reconocible en el territorio durante períodos muy prolongados. Esta continuidad pudo favorecer la transmisión de relatos, tradiciones y recuerdos compartidos, aunque desconocemos cómo se expresaban o quiénes se encargaban de preservarlos. Las investigaciones arqueológicas han demostrado que determinados espacios fueron reutilizados, modificados o incorporados a nuevas construcciones, lo que sugiere una relación activa con los testimonios materiales del pasado. Los monumentos no fueron necesariamente escenarios inmutables de ceremonias repetidas, sino lugares cuyo significado pudo renovarse mediante las actividades desarrolladas por sucesivas comunidades.
La relación con los antepasados constituye una de las interpretaciones más influyentes del megalitismo funerario orcadiano. La conservación de restos humanos dentro de construcciones duraderas ha llevado a considerar que algunas tumbas pudieron representar vínculos entre los habitantes de una comunidad y las generaciones anteriores. En este contexto, el monumento habría funcionado no solo como espacio de enterramiento, sino también como referencia material de continuidad social. Las investigaciones recientes sobre ADN antiguo han aportado evidencias de parentesco biológico entre determinados individuos enterrados en monumentos del norte de Escocia y las Orcadas, reforzando la posibilidad de que algunas tumbas estuvieran relacionadas con grupos de descendencia reconocibles. Sin embargo, la existencia de estos vínculos no demuestra que todas las comunidades practicaran un culto organizado a los antepasados. Tampoco permite establecer si los difuntos eran considerados protectores, intermediarios espirituales o figuras dotadas de autoridad sobrenatural. El concepto de culto ancestral debe utilizarse, por tanto, como una hipótesis interpretativa y no como una descripción comprobada de las creencias neolíticas. La memoria de los muertos pudo expresarse mediante prácticas diferentes, sin necesidad de constituir un sistema religioso uniforme.
La continuidad de determinados espacios ceremoniales también puede estudiarse a través de los cambios realizados en sus edificios y de los materiales depositados después de su utilización inicial. En Ness of Brodgar, las investigaciones han documentado una secuencia de construcciones, reformas y clausuras que revela una relación prolongada con determinados lugares del complejo. Resulta especialmente significativo que, después del abandono de la Estructura 10, se realizaran nuevas deposiciones de restos animales sobre sus ruinas, cuando el edificio ya había perdido su función arquitectónica original. Estas intervenciones sugieren que el lugar conservaba alguna importancia para quienes regresaron a él, aunque desconocemos si pretendían recordar acontecimientos anteriores, señalar una transformación comunitaria o desarrollar prácticas de otra naturaleza. La interpretación de estos depósitos como actos conmemorativos resulta plausible, pero no puede demostrarse de manera concluyente. Un proceso semejante pudo producirse en otros monumentos que conservaron su relevancia mucho después de las primeras actividades documentadas. La memoria colectiva no tendría que depender exclusivamente de relatos transmitidos oralmente, pues también podía expresarse mediante la repetición de determinados gestos, la conservación de lugares significativos y la transformación deliberada de construcciones heredadas.
Las relaciones entre espacios ceremoniales, viviendas y monumentos funerarios permiten considerar que las creencias neolíticas estuvieron profundamente vinculadas con la experiencia social de las comunidades. Richard Bradley, Tim Phillips, Colin Richards y Matilda Webb han señalado que ciertos motivos grabados en las tumbas orcadianas presentan conexiones especialmente estrechas con las decoraciones de los asentamientos contemporáneos. Esta correspondencia ha sido interpretada como una posible manifestación de continuidad entre el mundo de los vivos y el de los muertos, aunque el significado preciso de los diseños permanece desconocido. Asimismo, la repetición de determinadas soluciones arquitectónicas en edificios domésticos y monumentales sugiere que los constructores pudieron trasladar formas familiares a espacios de utilización colectiva. Estas conexiones invitan a interpretar las prácticas ceremoniales como parte integrante de la vida social y no como actividades necesariamente separadas de las relaciones cotidianas. Sin embargo, la arqueología todavía no permite identificar con seguridad las ceremonias desarrolladas, sus participantes habituales ni la existencia de especialistas religiosos. La aportación fundamental de estas investigaciones consiste en mostrar cómo determinados lugares pudieron convertirse en referencias duraderas de identidad y pertenencia, capaces de relacionar a distintas generaciones mediante construcciones, objetos y prácticas compartidas.
-Bradley, R., Phillips, T., Richards, C. y Webb, M. (2001). Decorating the Houses of the Dead: Incised and Pecked Motifs in Orkney Chambered Tombs. Cambridge Archaeological Journal, 11(1), pp. 45–67. Investigación sobre las relaciones entre las decoraciones de tumbas y viviendas y sus posibles implicaciones simbólicas.
-Scottish Archaeological Research Framework (2012). The Chronological Framework and Overview of Monuments. Scottish Neolithic Panel Report, sección 6.2.3. Society of Antiquaries of Scotland. Síntesis sobre la continuidad de los paisajes monumentales, las prácticas ceremoniales y su transformación durante generaciones.
-Cummings, V., Fowler, C., Olalde, I., Cuthbert, S. y Reich, D. (2026). Building Tombs and Entombing the Dead as Technologies of Descent and Affinity in Neolithic Northern Scotland. Antiquity, 100(410), pp. 324–339. Estudio arqueológico y genético sobre descendencia, parentesco y posibles formas de expresión monumental de la identidad colectiva.
-The Ness of Brodgar Project (s. f.). Structure Ten: Marking the End of an Era. Documentación arqueológica sobre las transformaciones de la Estructura 10 y las actividades desarrolladas después de su abandono, relevantes para estudiar la permanencia de lugares significativos.
8.3. Orientaciones astronómicas y ciclos estacionales
La observación de los movimientos del Sol, la Luna y las estrellas debió formar parte de la experiencia cotidiana de las comunidades neolíticas de las islas Orcadas. Situado aproximadamente a 59 grados de latitud norte, el archipiélago presenta variaciones estacionales muy acusadas en la duración del día y la posición del Sol sobre el horizonte. Durante el verano, las horas de luz se prolongan considerablemente, mientras que en invierno predominan las jornadas breves y los largos períodos de oscuridad. Estos cambios resultaban relevantes para las actividades agrícolas, el cuidado del ganado y los desplazamientos marítimos, aunque desconocemos los procedimientos concretos utilizados para organizar el año. La observación repetida de determinados acontecimientos celestes pudo facilitar el reconocimiento de momentos significativos del ciclo estacional, sin necesidad de recurrir a instrumentos especializados ni a sistemas complejos de cálculo. Sin embargo, reconocer las regularidades del cielo no equivale necesariamente a disponer de un calendario formal, y mucho menos a poseer conocimientos astronómicos comparables a los desarrollados por civilizaciones históricas posteriores.
El testimonio más convincente de una relación deliberada entre arquitectura y fenómenos astronómicos se encuentra en Maeshowe. Como se ha señalado anteriormente, su corredor permite que la luz del Sol poniente penetre hasta la cámara interior durante varias semanas alrededor del solsticio de invierno. La orientación hacia el horizonte suroccidental, en relación con la posición de la piedra de Barnhouse y las elevaciones de la isla de Hoy, revela una correspondencia suficientemente significativa para considerar que la observación solar pudo intervenir en el diseño del monumento. La singularidad del fenómeno reside en que transforma temporalmente un espacio habitualmente oscuro mediante la entrada de luz natural, estableciendo una relación perceptible entre el interior de la construcción y el ciclo anual. Algunos investigadores han interpretado esta circunstancia como una posible referencia al retorno progresivo de la luz después de la noche más larga del año, quizá vinculada con concepciones de renovación, continuidad o tránsito entre la vida y la muerte. Sin embargo, estas asociaciones permanecen en el terreno de las hipótesis: la orientación es observable y verificable, pero desconocemos qué significado atribuían los constructores al acontecimiento o si se realizaban ceremonias coincidiendo con él.
También se han estudiado posibles relaciones astronómicas en otros monumentos y construcciones neolíticas del archipiélago. Determinadas orientaciones de edificios en Barnhouse y la disposición de algunos accesos funerarios sugieren que los puntos del horizonte pudieron influir en la planificación arquitectónica. En particular, se ha propuesto una relación entre la Estructura 8 de Barnhouse y la posición del Sol durante el solsticio de verano, aunque las características del edificio y sus muros obligan a interpretar esta correspondencia con cautela. Los grandes círculos de Stenness y Brodgar han suscitado igualmente numerosas hipótesis sobre alineaciones solares y lunares. Durante el siglo XX, investigadores como Alexander Thom defendieron la existencia de conocimientos geométricos y astronómicos muy precisos asociados a los monumentos megalíticos británicos. Sin embargo, las revisiones posteriores han cuestionado buena parte de estas propuestas, especialmente aquellas que atribuían a los constructores calendarios matemáticos complejos o sistemas estandarizados de observación. La presencia de grandes piedras orientadas hacia determinados sectores del horizonte no constituye, por sí sola, una demostración de intencionalidad astronómica. Para establecerla resulta necesario comprobar que las alineaciones sean significativas, que pertenezcan a una misma fase constructiva y que no puedan explicarse razonablemente por la configuración del terreno o por coincidencias geométricas.
La arqueoastronomía contemporánea aborda estas cuestiones mediante mediciones topográficas, reconstrucciones del horizonte, modelos astronómicos y análisis estadísticos que permiten evaluar la posible intencionalidad de las orientaciones. También debe considerar que la inclinación del eje terrestre, la posición aparente de determinados astros y las características del paisaje han experimentado cambios desde el Neolítico. Los estudios de Clive Ruggles y Gordon Barclay han contribuido especialmente a diferenciar las relaciones astronómicas razonablemente fundamentadas de las interpretaciones excesivamente precisas que no cuentan con pruebas suficientes. Desde esta perspectiva, el interés de las comunidades orcadianas por los ciclos celestes resulta compatible con una comprensión práctica y simbólica del paso del tiempo, sin necesidad de atribuirles observatorios especializados o calendarios de exactitud matemática. Los solsticios pudieron constituir referencias importantes dentro de una percepción del año relacionada con el trabajo, las reuniones comunitarias y las transformaciones de la naturaleza, pero todavía no podemos establecer hasta qué punto estas observaciones formaban parte de sus creencias. El verdadero valor de las evidencias reside en mostrar que, al menos en determinadas construcciones, la arquitectura neolítica incorporó relaciones significativas entre el espacio construido, el horizonte y los movimientos periódicos del cielo.
-Ruggles, C. y Barclay, G. (2000). Cosmology, Calendars and Society in Neolithic Orkney: A Rejoinder to Euan MacKie. Antiquity, 74(283), pp. 62–74. Análisis crítico de las orientaciones astronómicas y de las hipótesis sobre calendarios precisos y organización religiosa del Neolítico británico.
-Scottish Archaeological Research Framework (2012). 6.2.2. Neolithic Cosmology. Scottish Neolithic Panel Report. Society of Antiquaries of Scotland. Síntesis sobre arqueoastronomía, observación celeste, orientaciones monumentales y límites de las interpretaciones cosmológicas.
-Historic Environment Scotland (s. f.). Maeshowe Chambered Cairn: History and Stories. Documentación institucional sobre la entrada de luz solar durante las semanas próximas al solsticio de invierno y su relación con la piedra de Barnhouse.
-The Ness of Brodgar Project (2020). Barnhouse – Structure Eight. Estudio de la arquitectura y las orientaciones propuestas para la Estructura 8, con atención a las dificultades para interpretarlas como referencias astronómicas deliberadas.
8.4. El significado simbólico de la piedra y del paisaje
La piedra ocupó un lugar fundamental en la cultura neolítica de las islas Orcadas, no solo como material de construcción, sino también como elemento que pudo adquirir significados relacionados con la identidad, el territorio y las tradiciones comunitarias. La abundancia de areniscas fácilmente divisibles en losas favoreció su utilización en viviendas, monumentos funerarios y grandes recintos ceremoniales, pero la elección de determinados bloques no siempre parece haber respondido exclusivamente a criterios prácticos. Los estudios geológicos realizados en el Anillo de Brodgar han identificado piedras procedentes de diferentes afloramientos del archipiélago, algunas transportadas desde distancias considerables. Esta diversidad ha llevado a plantear que ciertos monolitos pudieron conservar una asociación simbólica con sus lugares de origen, incorporando al monumento materiales vinculados con distintos territorios o comunidades. El arqueólogo Colin Richards ha investigado estas relaciones entre extracción, transporte y construcción, proponiendo que los materiales podían participar en la creación de identidades colectivas. Sin embargo, aunque la procedencia de determinadas piedras puede establecerse mediante análisis geológicos, desconocemos si sus constructores les atribuían propiedades espirituales o significados específicos. La dimensión simbólica constituye una interpretación posible, que debe mantenerse diferenciada de las características materiales documentadas.
El tratamiento de las superficies pétreas proporciona evidencias especialmente interesantes sobre la atención prestada a las cualidades visuales de los materiales. Las excavaciones de Ness of Brodgar han documentado más de un millar de ejemplos de decoración sobre piedra, realizados mediante incisiones, grabados, pequeñas cavidades circulares y otras técnicas. Los motivos incluyen líneas paralelas, zigzags, rombos y composiciones geométricas que también aparecen en determinadas producciones cerámicas. Algunos bloques fueron trabajados con especial cuidado, mientras que otros presentan marcas apenas perceptibles o situadas en zonas que permanecían ocultas una vez incorporadas a los edificios. Esta circunstancia resulta significativa porque demuestra que las decoraciones no estuvieron destinadas necesariamente a ser contempladas de manera permanente. La arqueóloga Antonia Thomas ha destacado la importancia del propio proceso de marcar, transformar y colocar las piedras, sugiriendo que estas acciones pudieron formar parte de prácticas culturalmente significativas. También se han identificado pigmentos minerales aplicados a superficies arquitectónicas, especialmente tonalidades rojas, amarillas y anaranjadas, que indican una utilización deliberada del color. Aunque se ha propuesto que determinadas decoraciones podían expresar identidades, proteger espacios o señalar acontecimientos importantes, su significado concreto permanece desconocido y no puede reconstruirse a partir de los motivos geométricos por sí solos.
La dimensión simbólica del paisaje plantea una cuestión complementaria: la relación entre las construcciones humanas y los elementos naturales que las rodeaban. Durante el Neolítico, las elevaciones, las zonas costeras, las masas de agua y los afloramientos rocosos debieron constituir referencias esenciales para orientarse y organizar las actividades económicas, pero también pudieron adquirir importancia dentro de las tradiciones culturales de las comunidades. Algunos investigadores han señalado que determinadas construcciones parecen establecer relaciones deliberadas con accidentes geográficos, aprovechando su posición para destacar lugares concretos o reproducir mediante la arquitectura ciertas características del entorno. Colin Richards propuso interpretar la concentración monumental de Stenness y Brodgar como una representación simbólica del paisaje orcadiano, capaz de integrar diferentes elementos naturales dentro de un espacio culturalmente organizado. Esta interpretación considera que la construcción de monumentos no solo modificaba físicamente el territorio, sino también la manera en que sus habitantes lo comprendían. Sin embargo, conceptos como el de centro simbólico del mundo, utilizados en algunos modelos arqueológicos, no deben entenderse como creencias neolíticas demostradas. Constituyen instrumentos interpretativos modernos para explorar posibles relaciones entre arquitectura, territorio y pensamiento, cuya validez depende de su capacidad para explicar las evidencias disponibles.
La importancia cultural de la piedra y del paisaje también pudo relacionarse con la transformación material de los lugares a lo largo del tiempo. Extraer un bloque de su afloramiento original, transportarlo, modificar su superficie e incorporarlo a una construcción suponía intervenir sobre elementos del entorno y otorgarles una nueva posición dentro del espacio habitado. Este proceso podía adquirir diferentes significados según las circunstancias, sin que resulte necesario atribuir una función religiosa a todas las actividades constructivas. Del mismo modo, los edificios podían cambiar de utilización, incorporar materiales procedentes de construcciones anteriores o conservar determinadas piedras mientras se modificaba el resto de su estructura. Las investigaciones actuales sobre la materialidad neolítica prestan especial atención a estas transformaciones, considerando que los objetos y los edificios no fueron elementos estáticos, sino componentes activos de relaciones sociales desarrolladas durante generaciones. Esta perspectiva permite comprender mejor la singularidad del megalitismo orcadiano sin reducirlo a una oposición entre arquitectura práctica y construcción sagrada. La piedra proporcionaba resistencia, protección y posibilidades técnicas, pero también ofrecía un medio duradero para expresar decisiones colectivas y establecer relaciones con lugares significativos. Su posible dimensión simbólica debe estudiarse, por tanto, mediante las evidencias de selección, elaboración y utilización de los materiales, reconociendo que las concepciones del mundo de aquellas comunidades continúan siendo parcialmente inaccesibles para la investigación arqueológica.
-Richards, C. (1996). Monuments as Landscape: Creating the Centre of the World in Late Neolithic Orkney. World Archaeology, 28(2), pp. 190–208. Investigación sobre las relaciones entre arquitectura monumental, elementos naturales y organización simbólica del paisaje orcadiano.
8.5. Interpretaciones arqueológicas y cuestiones todavía abiertas
La interpretación del megalitismo de las islas Orcadas ha experimentado importantes transformaciones desde las primeras excavaciones del siglo XIX. Los estudios iniciales se concentraron principalmente en la descripción de los monumentos, la clasificación de sus características arquitectónicas y la recuperación de objetos, mientras que las investigaciones posteriores comenzaron a prestar mayor atención a las relaciones entre los yacimientos, sus procesos constructivos y las actividades humanas documentadas. Este cambio metodológico ha permitido revisar explicaciones que durante décadas parecían suficientemente establecidas. Algunas construcciones tradicionalmente consideradas exclusivamente funerarias pudieron desarrollar funciones diferentes a lo largo del tiempo, mientras que determinados edificios interpretados como espacios ceremoniales presentan también evidencias de actividades prácticas. La distinción moderna entre lugares domésticos, religiosos y comunitarios no siempre resulta adecuada para comprender sociedades cuyas categorías culturales desconocemos. Por ello, los arqueólogos procuran actualmente interpretar cada monumento a partir de su secuencia de utilización y de los materiales asociados, evitando atribuirle una función única basándose exclusivamente en su apariencia.
Uno de los principales problemas pendientes es establecer con mayor precisión la cronología de las transformaciones sociales y monumentales del archipiélago. Durante mucho tiempo, las diferentes tradiciones arquitectónicas y materiales se organizaron mediante grandes etapas culturales, suponiendo que unas sustituyeron progresivamente a otras. Los modelos estadísticos aplicados a las dataciones por radiocarbono han revelado, sin embargo, una historia considerablemente más compleja, con períodos de coexistencia, cambios rápidos y trayectorias diferentes entre comunidades próximas. Las investigaciones publicadas en 2017 por Alexandra Bayliss y sus colaboradores identificaron una importante reducción de la actividad documentada en el núcleo monumental de Stenness-Brodgar hacia 2800 a. C., mientras que otros sectores del archipiélago siguieron procesos distintos. Los autores propusieron que determinadas tensiones sociales y políticas pudieron contribuir a esta transformación, pero dicha explicación continúa siendo una hipótesis. Todavía no sabemos hasta qué punto estos cambios respondieron a desplazamientos de población, reorganizaciones comunitarias, modificaciones económicas o circunstancias ambientales. Tampoco podemos descartar que algunas diferencias reflejen la conservación desigual de los yacimientos y las limitaciones de las excavaciones disponibles.
Otra cuestión fundamental es determinar hasta qué punto los restos conservados representan la diversidad real de las sociedades neolíticas. La excepcional arquitectura pétrea de las Orcadas proporciona una información extraordinaria, pero también puede producir una imagen incompleta de aquellas comunidades. Las construcciones realizadas con materiales perecederos, numerosos objetos orgánicos y buena parte de los espacios exteriores han desaparecido o permanecen sin investigar. Asimismo, los enterramientos documentados no necesariamente representan a toda la población, pues desconocemos qué criterios determinaban la inclusión de determinadas personas en las tumbas colectivas. Los estudios de ADN antiguo publicados en 2026 han permitido identificar relaciones de parentesco entre individuos enterrados en distintos monumentos del norte de Escocia y las Orcadas, ampliando considerablemente las posibilidades de investigación. Sin embargo, estos resultados corresponden a muestras concretas y no autorizan a reconstruir automáticamente la organización familiar de todo el archipiélago. Persisten interrogantes sobre la distribución de la población, la movilidad entre las islas, las diferencias sociales y la participación de distintos grupos en las decisiones comunitarias. Resolverlos exige combinar evidencias arqueológicas, biológicas y ambientales sin atribuir a ninguna de ellas una capacidad explicativa absoluta.
Las perspectivas futuras dependen especialmente de la integración de nuevas técnicas científicas con la revisión crítica de las investigaciones anteriores. La datación mediante radiocarbono, los análisis genéticos e isotópicos, la micromorfología de los suelos, el estudio de residuos orgánicos y las prospecciones geofísicas permiten formular preguntas que resultaban inaccesibles para generaciones anteriores de arqueólogos. La finalización de las excavaciones principales de Ness of Brodgar en agosto de 2024 abrió una nueva etapa dedicada al análisis detallado de los materiales y registros acumulados durante veinte años, cuyos resultados podrán modificar algunas interpretaciones actuales. También será necesario investigar asentamientos menos conocidos y revisar colecciones antiguas conservadas en museos, cuya información puede adquirir nuevo valor mediante métodos contemporáneos. Entre las cuestiones esenciales permanecen el origen de determinadas innovaciones arquitectónicas, las causas de los cambios sociales del Neolítico final y el alcance real de las conexiones culturales con otros territorios atlánticos. El megalitismo orcadiano debe entenderse, por tanto, como un campo de investigación abierto, en el que los conocimientos consolidados conviven con hipótesis sujetas a revisión. Esta perspectiva no disminuye su importancia histórica; por el contrario, permite reconocer la complejidad de unas sociedades cuyo extraordinario legado material continúa proporcionando nuevas posibilidades para comprender la Prehistoria europea.
-Scottish Archaeological Research Framework (2012). 7. Research and Methodological Issues. Scottish Neolithic Panel Report. Society of Antiquaries of Scotland. Análisis de las limitaciones documentales, las prioridades científicas y la necesidad de investigaciones interdisciplinares.
-Bayliss, A., Marshall, P., Richards, C. y Whittle, A. (2017). Islands of History: The Late Neolithic Timescape of Orkney. Antiquity, 91(359), pp. 1171–1188. Revisión cronológica del Neolítico final y análisis de las diferencias entre las trayectorias sociales del núcleo monumental y otros territorios orcadianos.
-Cummings, V., Fowler, C., Olalde, I., Cuthbert, S. y Reich, D. (2026). Building Tombs and Entombing the Dead as Technologies of Descent and Affinity in Neolithic Northern Scotland. Antiquity, 100(410), pp. 324–339. Investigación sobre las posibilidades y limitaciones del ADN antiguo para interpretar las relaciones de parentesco y la organización social.
-The Ness of Brodgar Project (s. f.). Post-excavation. Documentación oficial de la fase de análisis posterior a las excavaciones finalizadas en 2024, con información sobre los estudios científicos pendientes y la publicación de resultados.
La transición del Neolítico a la Edad del Bronce, iniciada en las islas Orcadas aproximadamente hacia 2500 a. C., abrió una etapa de profundas transformaciones culturales que se prolongaría hasta alrededor del siglo VIII a. C. Durante este período, las comunidades del archipiélago modificaron progresivamente sus formas de asentamiento, sus actividades económicas y determinadas prácticas sociales. La extraordinaria monumentalidad que había caracterizado las etapas finales del Neolítico perdió parte de su protagonismo, mientras surgieron nuevas tradiciones materiales y funerarias. Durante mucho tiempo, esta menor visibilidad arqueológica fue interpretada como una señal de decadencia o aislamiento. Sin embargo, las investigaciones actuales muestran una realidad más compleja, caracterizada por procesos de adaptación y reorganización que no pueden reducirse a un declive generalizado.
La agricultura y la ganadería continuaron siendo fundamentales, aunque su desarrollo estuvo condicionado por cambios en el aprovechamiento del territorio y por circunstancias ambientales variables entre las diferentes islas. Paralelamente, aparecieron nuevas formas de enterramiento, objetos y técnicas que permiten reconocer conexiones con las transformaciones culturales experimentadas en otras regiones de las islas británicas. La introducción de la metalurgia constituye uno de los rasgos distintivos del período, aunque los objetos metálicos conservados en las Orcadas son relativamente escasos. Esta particularidad demuestra que las innovaciones no se difundieron de manera uniforme y que las comunidades insulares pudieron mantener tradiciones propias mientras incorporaban selectivamente conocimientos y materiales procedentes de otros territorios.
La Edad del Bronce también plantea importantes interrogantes sobre la continuidad cultural respecto a las sociedades neolíticas anteriores. Algunos asentamientos muestran una prolongada utilización del territorio, mientras que numerosos monumentos prehistóricos permanecieron visibles y pudieron adquirir nuevos significados para generaciones posteriores. Los estudios ambientales, las excavaciones recientes y los análisis de restos humanos han contribuido a cuestionar las antiguas explicaciones basadas exclusivamente en el aislamiento geográfico o el deterioro climático. Desde esta perspectiva, la Edad del Bronce orcadiana debe comprenderse como una etapa histórica con características propias, durante la cual las comunidades transformaron sus relaciones económicas, sociales y culturales sin romper necesariamente todos sus vínculos con el pasado neolítico.
-Scottish Archaeological Research Framework (2012). Case Study: Impact of the Environment: Orkney. Scottish Bronze Age Panel Report. Society of Antiquaries of Scotland. Análisis de las transformaciones económicas y ambientales y revisión de la antigua hipótesis de decadencia cultural.
-The Scottish Archaeological Research FrameworkUHI Archaeology Institute (s. f.). Northern Exposure: Investigating the Neolithic–Bronze Age Transition in Orkney. Archaeology Orkney. Proyecto de investigación sobre las transformaciones de los asentamientos, la continuidad cultural y los contactos regionales durante la transición a la Edad del Bronce.
-Archaeological Research Framework (2012). Bronze Age Studies and Chronology in Scotland: Introduction. Scottish Bronze Age Panel Report. Contextualización cronológica de la Edad del Bronce escocesa y de sus principales cambios culturales.
9.1. Transformaciones económicas y culturales después del Neolítico
La transición del Neolítico a la Edad del Bronce en las islas Orcadas no supuso la desaparición de las comunidades agrícolas ni una ruptura inmediata con sus formas tradicionales de vida. Sin embargo, entre aproximadamente 2500 y 1800 a. C. se produjeron transformaciones importantes en la organización de los asentamientos, el aprovechamiento de los recursos y las relaciones sociales. Uno de los cambios más significativos fue la progresiva pérdida de protagonismo de los grandes poblados concentrados y de los complejos monumentales que habían caracterizado determinadas regiones del archipiélago durante el Neolítico final. Las investigaciones muestran que algunos núcleos residenciales fueron abandonados, mientras surgieron nuevas formas de ocupación distribuidas por el territorio. Durante décadas, esta transformación se interpretó como consecuencia de una crisis económica o demográfica, favorecida por el deterioro climático y el agotamiento de los suelos. No obstante, los estudios arqueológicos y paleoambientales recientes han cuestionado esa explicación, al demostrar que la actividad humana continuó desarrollándose en diferentes islas. Las transformaciones parecen responder a una combinación de cambios sociales, reorganización territorial y adaptación económica, cuyos ritmos y características no fueron idénticos en todas las comunidades.
La evolución de las viviendas proporciona una de las evidencias más claras de esta reorganización. En lugar de grandes agrupaciones de casas comunicadas mediante pasadizos, algunos asentamientos de la Edad del Bronce presentan construcciones relativamente independientes, frecuentemente dispuestas en parejas o pequeños grupos. Estas denominadas viviendas dobles se han documentado en lugares como Links of Noltland, en Westray, y Spurness, en Sanday, donde las excavaciones han revelado nuevas formas de organización arquitectónica. En Links of Noltland, los edificios de la Edad del Bronce se distribuyen sobre una superficie más extensa que las construcciones neolíticas anteriores, acompañados por estructuras auxiliares y espacios relacionados con las actividades agrícolas. Algunas viviendas experimentaron sucesivas reformas y mantuvieron su utilización durante períodos prolongados, lo que demuestra una considerable estabilidad residencial. En otros lugares, como Tofts Ness y Crossiecrown, existen evidencias de continuidad en la ocupación del territorio a través de la transición entre ambas etapas prehistóricas. Estos testimonios sugieren que determinados grupos domésticos pudieron adquirir mayor autonomía respecto a los antiguos centros comunitarios, aunque no permiten concluir que las relaciones colectivas desaparecieran. La dispersión de los asentamientos pudo expresar cambios en la organización familiar, en el acceso a las tierras de cultivo o en la gestión de los recursos disponibles.
La economía agrícola experimentó modificaciones significativas, especialmente en la relación entre el cultivo de cereales, la ganadería y las condiciones ambientales. Los análisis de polen y sedimentos realizados en diferentes sectores del archipiélago muestran que la expansión de los brezales y la disminución de determinadas superficies arboladas no fueron procesos simultáneos ni uniformes. En algunas zonas de terrenos relativamente fértiles se intensificó la agricultura, mientras que en otras, menos favorables para el cultivo, adquirió mayor importancia el aprovechamiento ganadero. Las investigaciones de Tofts Ness han identificado prácticas de abonado intensivo destinadas a mantener la productividad de suelos sometidos a condiciones difíciles. En Links of Noltland, durante el II milenio a. C., la expansión de los depósitos de arena y el progresivo deterioro de determinados pastos estuvieron acompañados por una mayor importancia de la cebada y de la cría de ovejas, mientras disminuía el peso relativo de los bovinos y de los ciervos. También se han reconocido indicios de una gestión deliberada de los brezales mediante quemas controladas en lugares como Hoy y Orphir, posiblemente relacionadas con la mejora de los pastos. Estas prácticas muestran que las comunidades no respondieron pasivamente a las transformaciones del entorno, sino que desarrollaron estrategias para mantener la producción y aprovechar territorios con características ecológicas diferentes.
Los cambios culturales estuvieron acompañados por movimientos de población cuya importancia solo ha podido reconocerse plenamente gracias al desarrollo de los estudios genéticos. Una investigación publicada en 2022, basada en el análisis de individuos de la Edad del Bronce y del Hierro enterrados en el noroeste de las Orcadas, identificó una aportación considerable de ascendencia procedente de poblaciones que habían llegado anteriormente a Europa occidental desde regiones relacionadas con la estepa euroasiática. Este resultado demuestra que el archipiélago participó en las transformaciones demográficas experimentadas por otras regiones británicas, aunque sus características fueron particulares. Entre los individuos estudiados persistían numerosos linajes paternos relacionados con las comunidades neolíticas locales, mientras que buena parte de los linajes maternos indicaba aportaciones de población exterior. Los investigadores han planteado que esta combinación podría reflejar la permanencia de determinados grupos familiares vinculados a explotaciones agrícolas, junto con la incorporación de nuevas personas mediante desplazamientos y relaciones matrimoniales. Sin embargo, los datos no permiten reconstruir de manera definitiva las normas de residencia, herencia o parentesco de toda la población. La principal conclusión es que continuidad y transformación demográfica pudieron desarrollarse simultáneamente, cuestionando la antigua imagen de unas Orcadas aisladas y escasamente conectadas con el exterior.
Las relaciones culturales del archipiélago también experimentaron una reorientación durante esta etapa. Mientras que el Neolítico final había destacado por las conexiones monumentales y materiales con diferentes regiones de Gran Bretaña e Irlanda, durante los primeros siglos de la Edad del Bronce adquirieron especial visibilidad determinados contactos con las islas Shetland y otros territorios del norte de Escocia. Las semejanzas entre algunas formas de vivienda y la circulación de materias primas indican que los desplazamientos marítimos continuaron desempeñando un papel importante. Al mismo tiempo, las comunidades orcadianas incorporaron de manera selectiva algunas innovaciones presentes en otras regiones británicas, sin reproducir necesariamente todos sus rasgos culturales. Esta diversidad sugiere que las transformaciones económicas y sociales estuvieron condicionadas tanto por las relaciones exteriores como por las decisiones y tradiciones locales. Tampoco existen evidencias suficientes para sostener un empobrecimiento generalizado del archipiélago: la menor monumentalidad de determinadas construcciones no demuestra por sí sola una reducción del bienestar o de la complejidad social. La Edad del Bronce representa, por tanto, una etapa de reorganización histórica durante la cual las comunidades adaptaron sus asentamientos, modificaron sus estrategias productivas y establecieron nuevas relaciones entre población y territorio. Lejos de constituir un simple período de decadencia posterior al esplendor neolítico, muestra la capacidad de aquellas sociedades para transformar sus formas de vida y mantener una actividad económica y cultural diversa durante numerosos siglos.
-Moore, H., Wilson, G., Ni Challanain, M., McCormick, M., Marshall, P. D. y colaboradores (2022). Migration and Community in Bronze Age Orkney: Innovation and Continuity at the Links of Noltland. Antiquity, 96(387). Investigación arqueológica y genética sobre la organización de los asentamientos, la economía agrícola, las migraciones y las transformaciones culturales en Westray.
-Farrell, M. y Bunting, M. J. (2025). Beyond Decline: Heathland and the Dynamics of Cultural and Environmental Change in Bronze Age Orkney. En A Place for the Heathlands? Human-Heath Relations in Deep-Time and Contemporary Perspectives. Jutland Archaeological Society. Revisión reciente de la relación entre cambios ambientales, aprovechamiento del territorio y continuidad de las actividades humanas. Consultado el resumen académico y los datos editoriales del capítulo.
-Dulias, K., Foody, M. G. B., Justeau, P., Silva, M. y colaboradores (2022). Ancient DNA at the Edge of the World: Continental Immigration and the Persistence of Neolithic Male Lineages in Bronze Age Orkney. Proceedings of the National Academy of Sciences, 119(8), e2108001119. Investigación genética sobre migraciones, continuidad de linajes y cambios demográficos durante la Edad del Bronce.
-UHI Archaeology Institute (s. f.). Northern Exposure: Investigating the Neolithic–Bronze Age Transition in Orkney. Archaeology Orkney. Proyecto de investigación sobre los asentamientos de transición, las viviendas dobles, las relaciones con Shetland y las transformaciones sociales entre aproximadamente 2400 y 1800 a. C.
9.2. Nuevas prácticas funerarias y monumentos de enterramiento
Las prácticas funerarias de las islas Orcadas experimentaron transformaciones significativas durante la transición del Neolítico a la Edad del Bronce, aunque estos cambios no supusieron la desaparición inmediata de las tradiciones anteriores. A partir de finales del III milenio a. C., adquirieron una importancia creciente las sepulturas construidas mediante pequeñas cámaras de losas, conocidas como cistas, y los enterramientos asociados a túmulos de tierra y piedra. Estas nuevas formas coexistieron durante determinados períodos con la reutilización de monumentos funerarios más antiguos. Frente a la monumentalidad de las grandes tumbas colectivas neolíticas, algunas sepulturas de la Edad del Bronce parecen conceder mayor importancia a la identificación de individuos o grupos reducidos. Sin embargo, la antigua interpretación de una sustitución generalizada de los enterramientos colectivos por sepulturas individuales ha sido cuestionada por las investigaciones recientes. En numerosos casos se han documentado depósitos sucesivos, enterramientos múltiples y combinaciones de restos cremados y cuerpos inhumados. Las comunidades orcadianas desarrollaron, por tanto, una considerable variedad de respuestas ante la muerte, cuya evolución no siguió necesariamente el mismo ritmo que en otras regiones de Escocia. Esta diversidad constituye una de las características más destacadas de su tradición funeraria durante el II milenio a. C.
Las cistas se construían generalmente mediante grandes losas verticales que delimitaban un espacio rectangular o aproximadamente cuadrado, cerrado con una piedra horizontal y, en ocasiones, protegido por un pequeño túmulo. Algunas fueron concebidas para recibir un único depósito funerario, mientras que otras permitían nuevas intervenciones mediante la retirada de una de sus paredes. Un ejemplo excepcional es Sand Fiold, en Sandwick, donde en 1989 se descubrió una cámara excavada en la roca que contenía una cista cuidadosamente construida para facilitar su reapertura. Las investigaciones identificaron restos humanos inhumados y cremados correspondientes a diferentes momentos, además de una urna cerámica, restos vegetales utilizados como cubiertas y materiales procedentes de una pira funeraria. Las dataciones indican una historia especialmente prolongada: algunos depósitos corresponden aproximadamente a 2900–2500 a. C., otros a 2200–1900 a. C., y una cremación posterior se relaciona con los siglos X–VIII a. C. La utilización del mismo espacio durante un período tan extenso demuestra que determinadas sepulturas conservaron su relevancia mucho después de su construcción inicial. También evidencia que las nuevas prácticas funerarias no eliminaron necesariamente la dimensión colectiva de los enterramientos, sino que introdujeron formas diferentes de gestionar los restos humanos y de mantener vínculos con lugares utilizados por generaciones anteriores.
Una de las innovaciones monumentales más visibles de la Edad del Bronce fue la aparición de extensos cementerios de túmulos circulares, conocidos como barrows, construidos mediante acumulaciones de tierra, césped y piedra. En las Orcadas se conservan agrupaciones especialmente importantes en Linga Fiold, Gitterpitten, Varme Dale, Vestra Fiold y Knowes of Trotty, situadas principalmente en la zona occidental de Mainland. Los túmulos presentan dimensiones variables y podían contener enterramientos centrales, depósitos secundarios introducidos posteriormente y pequeñas sepulturas distribuidas alrededor de su perímetro. Algunos cementerios muestran una disposición aproximadamente lineal, lo que sugiere que la relación espacial entre las construcciones formaba parte de su organización. Knowes of Trotty constituye uno de los ejemplos más destacados: el conjunto conserva una docena de grandes túmulos y varias estructuras menores, entre las que sobresale una sepultura excavada inicialmente en 1858. En ella se recuperaron restos humanos cremados acompañados por cuatro discos de oro y numerosos adornos de ámbar, fechados mediante nuevas investigaciones aproximadamente entre 2030 y 1770 a. C. Este depósito demuestra que determinados enterramientos pudieron recibir tratamientos materiales especialmente elaborados y mantener conexiones con tradiciones presentes en regiones lejanas de las islas británicas. Sin embargo, la riqueza excepcional de una sepultura no permite concluir que toda la sociedad orcadiana estuviera organizada mediante una jerarquía funeraria permanente.
La cremación adquirió una importancia creciente y constituye uno de los aspectos mejor documentados de las prácticas mortuorias orcadianas. Las excavaciones del cementerio de Linga Fiold, desarrolladas dentro del Orkney Barrows Project, permitieron investigar no solamente las sepulturas, sino también los lugares donde se preparaban las piras y las actividades realizadas alrededor de los túmulos. Los análisis demostraron que se empleaban grandes cantidades de césped y turba como combustible, alcanzándose temperaturas suficientemente elevadas para producir una cremación eficaz. En algunos casos se identificaron restos de varias personas incineradas en una misma pira, mientras que los depósitos funerarios contenían frecuentemente una cantidad de huesos muy inferior a la que correspondería a un cuerpo completo. Este fenómeno no parece explicarse exclusivamente por pérdidas posteriores o problemas de conservación, pues las excavaciones documentaron una selección deliberada de los materiales trasladados desde el lugar de cremación hasta la sepultura. Junto con los fragmentos óseos se depositaban cenizas, carbón vegetal, restos de combustible y materiales vitrificados por el calor, a veces distribuidos cuidadosamente entre diferentes hoyos o cistas. Estas evidencias muestran que el proceso funerario comprendía una secuencia de acciones que comenzaba antes de la incineración y continuaba después de ella. La preparación de la pira, la selección de determinados restos y la construcción o modificación del monumento pudieron constituir momentos distintos de una práctica colectiva, aunque su significado simbólico permanece desconocido.
La diversidad de estas costumbres se observa también en la relación entre los enterramientos y los espacios habitados. En Links of Noltland, en la isla de Westray, las excavaciones han descubierto un extenso cementerio próximo a las viviendas de la Edad del Bronce, con restos pertenecientes a más de un centenar de individuos y diferentes modalidades de deposición. La coexistencia de cremaciones e inhumaciones demuestra que ambas prácticas continuaron utilizándose dentro de una misma comunidad, mientras que la proximidad de las sepulturas a los edificios residenciales sugiere una relación más directa entre determinados grupos domésticos y sus difuntos. Estos descubrimientos han contribuido a revisar la interpretación de los enterramientos de la Edad del Bronce como testimonios exclusivamente individuales o separados de la vida comunitaria. También muestran que las diferencias entre sepulturas pudieron responder a factores diversos, relacionados con tradiciones familiares, circunstancias históricas o decisiones colectivas, sin que sea posible identificar automáticamente categorías sociales precisas. Las investigaciones de Jane Downes y Colin Richards, reunidas en una monografía publicada en 2025, han destacado especialmente la complejidad de estos procesos y la importancia de estudiar las diferentes etapas de los ritos funerarios. En conjunto, las prácticas mortuorias de la Edad del Bronce orcadiana reflejan una transformación profunda en la relación entre los muertos, los espacios de enterramiento y las comunidades, pero también una notable continuidad de ciertas formas de memoria colectiva. La diversidad documentada demuestra que no existió un único modelo funerario y que las respuestas ante la muerte continuaron evolucionando durante siglos.
-Downes, J. y Richards, C. (2025). Animating the Dead: An Archaeology of Bronze Age Burial Practices in Orkney. Oxford: Oxbow Books, 400 pp. Monografía reciente dedicada a las cistas, los cementerios de túmulos y los procesos de cremación en las Orcadas. Referencia contrastada mediante la descripción académica y el índice de capítulos de la obra.
-Dalland, M. (1999). Sand Fiold: The Excavation of an Exceptional Cist in Orkney. Proceedings of the Prehistoric Society, 65, pp. 373–413. Investigación sobre una cista reutilizada durante numerosos siglos, con depósitos de inhumación y cremación y materiales orgánicos excepcionalmente conservados.
-Scottish Archaeological Research Framework (2012). Case Study: Cremation Technology and Burial. Scottish Bronze Age Panel Report. Society of Antiquaries of Scotland. Estudio de las investigaciones del Orkney Barrows Project, especialmente sobre las piras funerarias, la selección de restos y las secuencias de deposición en Linga Fiold.
-National Museums Scotland (s. f.). The Knowes of Trotty Discs. Prehistoric Gold in Britain. Investigación sobre los discos de oro, los adornos de ámbar y los enterramientos del cementerio de Knowes of Trotty.
9.3. Cultura material, metalurgia e intercambios
La cultura material de la Edad del Bronce en las islas Orcadas refleja un proceso de transformación tecnológica que no siguió exactamente las mismas pautas que en otras regiones de las islas británicas. Aunque este período recibe su denominación por la difusión de los objetos metálicos, las comunidades orcadianas continuaron utilizando ampliamente instrumentos de piedra, hueso y otras materias primas tradicionales. Uno de los cambios más visibles se produjo en la cerámica, cuya evolución muestra una reducción de las elaboradas decoraciones características del Neolítico final. En asentamientos como Links of Noltland, en Westray, los grandes recipientes Grooved Ware fueron sustituidos progresivamente por vasijas de formas más sencillas, generalmente con bordes planos y superficies poco decoradas. La cerámica campaniforme o Beaker, ampliamente difundida por otras regiones británicas desde mediados del III milenio a. C., tuvo una presencia mucho más limitada en el archipiélago. Se han recuperado algunos fragmentos en contextos domésticos, pero su escasez indica que las comunidades locales no adoptaron de manera generalizada esta tradición. Las investigaciones recientes han cuestionado que tal circunstancia represente necesariamente un rechazo consciente de las innovaciones exteriores. Más bien parece reflejar procesos selectivos de incorporación cultural, en los que determinadas técnicas y formas se adoptaban mientras otras continuaban desempeñando un papel secundario.
Los instrumentos de piedra conservaron una importancia extraordinaria, especialmente en las actividades agrícolas y en la transformación de productos vegetales. Durante la Edad del Bronce se difundieron herramientas relacionadas con el trabajo de la tierra, entre ellas las barras de piedra tallada y las puntas de arado, que aparecen en asentamientos como Tofts Ness, Crossiecrown y Links of Noltland. Estos objetos proporcionan indicios sobre la utilización de instrumentos agrícolas destinados a remover el suelo y mantener terrenos cultivables, aunque sus funciones específicas deben establecerse mediante estudios de desgaste y experimentación. Las grandes lascas conocidas como Skaill knives, ampliamente utilizadas durante el Neolítico, continuaron formando parte del equipamiento doméstico, junto con piedras de molienda, percutores y utensilios de corte. También se produjeron cambios en el aprovechamiento de los materiales animales. En Links of Noltland, los objetos elaborados con huesos de bovino y ciervo disminuyeron progresivamente, mientras aumentaba la utilización de huesos de oveja, en consonancia con las transformaciones ganaderas documentadas en el asentamiento. Los alfileres y punzones adquirieron formas generalmente más sencillas, y algunos adornos característicos de épocas anteriores dejaron de fabricarse. Esta evolución demuestra que las innovaciones tecnológicas no consistieron exclusivamente en introducir nuevos materiales, sino también en modificar los procedimientos de fabricación y adaptar los instrumentos tradicionales a necesidades diferentes.
La metalurgia constituye uno de los aspectos más singulares y problemáticos de la Edad del Bronce orcadiana. En gran parte de Escocia, el conocimiento de la transformación del cobre y de sus aleaciones permitió fabricar hachas, puñales, puntas de lanza y diversos objetos ornamentales. El bronce, obtenido principalmente mediante la combinación de cobre y estaño, ofrecía nuevas posibilidades técnicas gracias a su resistencia y capacidad para adoptar distintas formas mediante fundición y trabajo mecánico. Sin embargo, los hallazgos metálicos correspondientes a esta etapa son extraordinariamente escasos en las Orcadas: los inventarios arqueológicos recientes registran menos de veinte descubrimientos de objetos de metal atribuibles a la Edad del Bronce. Entre ellos destaca un hacha de bronce con cubo de enmangue, descubierta en 2006 en una turbera de Hobbister, en la parroquia de Orphir, y conservada actualmente en el Museo de las Orcadas. La pieza pertenece al Bronce final y muestra que determinadas herramientas metálicas llegaron al archipiélago, aunque desconocemos su procedencia concreta. Tampoco existen evidencias suficientes para identificar una producción metalúrgica local desarrollada a gran escala durante este período. Es posible que buena parte de los objetos metálicos llegaran mediante intercambios y que algunos fueran reutilizados o reciclados, pero estas posibilidades no explican necesariamente toda su escasez arqueológica. La limitada presencia de bronce demuestra, sobre todo, que la incorporación de nuevas tecnologías pudo ser desigual y que la piedra continuó ofreciendo soluciones eficaces para numerosas actividades.
Los objetos de oro y ámbar proporcionan una perspectiva diferente, relacionada con la elaboración artesanal de materiales poco comunes y su posible utilización como elementos de prestigio. El conjunto más destacado procede de Knowes of Trotty, donde se recuperaron cuatro discos ornamentales de oro extremadamente fino, acompañados por numerosas cuentas y piezas de ámbar. Los análisis realizados por National Museums Scotland han demostrado que las láminas de oro apenas alcanzan 0,025 milímetros de espesor y que sus motivos geométricos fueron obtenidos mediante una cuidadosa técnica de repujado. La reconstrucción experimental de su fabricación ha permitido comprender cómo podían producirse superficies tan delgadas mediante golpes sucesivos, estiramiento del metal y utilización de soportes adecuados. Los investigadores consideran probable que los discos estuvieran montados sobre pequeñas bases rígidas y formaran parte de una prenda especialmente ornamentada. Los elementos de ámbar, por su parte, incluyen piezas relacionadas con collares de separadores, un tipo de adorno que presenta paralelos particularmente estrechos en el sur de Inglaterra. Estos hallazgos muestran que determinados objetos poseían una elaboración técnica y una apariencia muy diferentes de las herramientas ordinarias, aunque no podemos identificar con seguridad la posición social de sus propietarios. La rareza de los metales preciosos queda reforzada por el descubrimiento de un pequeño anillo penanular de lámina de oro atribuido al Bronce final, encontrado en 2022 e incorporado posteriormente a las colecciones del Museo de las Orcadas. Su existencia demuestra que estos materiales continuaron circulando durante etapas posteriores, aunque siguieron siendo excepcionales dentro del registro arqueológico insular.
La circulación de objetos y materias primas permite reconocer conexiones marítimas que alcanzaban territorios considerablemente alejados de las Orcadas. Las relaciones con las islas Shetland aparecen documentadas mediante recipientes de esteatita, una roca relativamente blanda y resistente al calor, utilizada para fabricar pequeños contenedores y otros utensilios. En Links of Noltland se han encontrado vasijas de esteatita importadas de Shetland en contextos domésticos, lo que demuestra contactos materiales entre ambos archipiélagos durante la Edad del Bronce. Por otra parte, los adornos de Knowes of Trotty presentan semejanzas técnicas y formales con producciones conocidas en la región de Wessex, en el sur de Inglaterra, especialmente en torno al ámbito cultural de Stonehenge. Estas correspondencias han llevado a proponer conexiones de larga distancia, posiblemente mantenidas mediante desplazamientos de personas, intercambios sucesivos o relaciones entre grupos de especial relevancia social. Sin embargo, las semejanzas ornamentales no prueban que los objetos viajaran directamente desde su lugar de fabricación hasta las Orcadas, ni permiten reconstruir rutas comerciales permanentes. La circulación de conocimientos técnicos pudo ser tan importante como el transporte de productos terminados, y algunas piezas pudieron fabricarse localmente siguiendo modelos conocidos en otras regiones. Los estudios arqueológicos muestran así una sociedad capaz de mantener relaciones exteriores sin abandonar sus tradiciones materiales propias. La cultura de la Edad del Bronce orcadiana se caracterizó precisamente por esa combinación de continuidad tecnológica, innovaciones selectivas y contactos marítimos, que permitió desarrollar formas particulares de producción y consumo dentro de las redes culturales del Atlántico septentrional.
-Moore, H., Wilson, G., Ni Challanain, M., McCormick, M., Marshall, P. D. y colaboradores (2022). Migration and Community in Bronze Age Orkney: Innovation and Continuity at the Links of Noltland. Antiquity, 96(387), pp. 541–559. Investigación de referencia sobre los cambios en la cerámica, las herramientas de piedra y hueso, la presencia de recipientes de esteatita y las conexiones culturales del archipiélago.
-Scottish Archaeological Research Framework (2012). 4.3.1. Coarse Stone Artefacts. Scottish Bronze Age Panel Report. Society of Antiquaries of Scotland. Estudio de las herramientas pétreas de las Orcadas y Shetland, sus transformaciones tecnológicas y sus relaciones con las actividades agrícolas.
-Orkney Museums (s. f.). Archaeology Highlights. Catálogo institucional de las colecciones arqueológicas, con información sobre el hacha de bronce descubierta en Hobbister y la escasez de objetos metálicos correspondientes a la Edad del Bronce orcadiana.
-National Museums Scotland (s. f.). The Knowes of Trotty Discs. Prehistoric Gold in Britain. Investigación sobre los discos de oro, los adornos de ámbar, las técnicas de fabricación y sus conexiones con las tradiciones ornamentales del sur de Inglaterra.
9.4. Continuidades y cambios en el uso del paisaje megalítico
El paisaje monumental heredado del Neolítico continuó desempeñando un papel significativo en las islas Orcadas durante la Edad del Bronce, aunque las formas de utilización del territorio experimentaron importantes transformaciones. Los grandes círculos de piedra, las tumbas de cámara y los antiguos asentamientos permanecieron como referencias visibles para comunidades cuyas actividades económicas, prácticas funerarias y formas de organización social ya no eran idénticas a las de sus predecesoras. La presencia de estas construcciones pudo influir en la elección de nuevos lugares de enterramiento y en la distribución de determinadas actividades colectivas, estableciendo relaciones entre monumentos de épocas diferentes. Sin embargo, la permanencia material de una construcción no demuestra necesariamente la continuidad de las creencias asociadas a su origen. Los habitantes de la Edad del Bronce pudieron conservar conocimientos transmitidos durante generaciones, reinterpretar tradiciones anteriores o atribuir nuevos significados a estructuras cuyo propósito original ya no comprendían plenamente. La arqueología permite identificar algunas de estas relaciones mediante el estudio de las posiciones, cronologías y modificaciones de los monumentos, pero resulta mucho más difícil reconstruir las ideas que motivaron su reutilización. Esta distinción es fundamental para comprender cómo un paisaje construido durante el Neolítico pudo convertirse progresivamente en un territorio donde convivían testimonios de diferentes épocas.
El entorno del Anillo de Brodgar proporciona uno de los ejemplos más claros de esta continuidad espacial. Aunque la construcción principal corresponde probablemente a las etapas finales del Neolítico, sus alrededores adquirieron una renovada importancia funeraria durante la Edad del Bronce. En las proximidades del gran círculo se conservan nueve túmulos de enterramiento de este período, distribuidos principalmente en dos agrupaciones situadas al sur y al este. Estas pequeñas elevaciones presentan dimensiones variables y algunas forman alineaciones que parecen responder a una organización deliberada del espacio. Junto a ellas destacan cuatro grandes montículos conocidos como Salt Knowe, Fresh Knowe, South Knowe y Plumcake Mound, cuya cronología y evolución no están completamente esclarecidas. Algunos pudieron ser contemporáneos del círculo o incluso anteriores, mientras que otros experimentaron modificaciones posteriores. Las investigaciones arqueológicas indican que la proximidad al monumento neolítico constituyó un elemento relevante en la ubicación de los enterramientos, pero todavía no permiten determinar si estos lugares eran utilizados para ceremonias desarrolladas dentro del círculo o únicamente para establecer relaciones territoriales con él. La construcción de nuevas sepulturas junto a una obra antigua pudo expresar vínculos con generaciones anteriores, contribuir a legitimar la presencia de determinados grupos o señalar la importancia de lugares reconocidos por diferentes comunidades. Estas posibilidades resultan compatibles con las evidencias disponibles, aunque no deben confundirse con prácticas religiosas demostradas.
Una situación comparable se observa alrededor de otros grandes monumentos de Mainland. Las investigaciones patrimoniales han identificado concentraciones de túmulos de la Edad del Bronce en las proximidades de Maeshowe, las Piedras de Stenness y el recinto conocido como Ring of Bookan, lo que indica que diferentes lugares monumentales neolíticos continuaron atrayendo actividades funerarias. En el entorno de Maeshowe, una prospección realizada en 1934 registró nueve montículos próximos a la gran tumba de corredor, de los cuales actualmente solo uno permanece visible. Los demás desaparecieron principalmente por las labores agrícolas y por las transformaciones realizadas durante la Segunda Guerra Mundial. Cerca de las Piedras de Stenness también se documentaron antiguas agrupaciones de túmulos, conocidas en algunas fuentes históricas como Clovy Knowes, cuyos restos superficiales han desaparecido debido al cultivo de los terrenos. Estos ejemplos demuestran que el paisaje arqueológico actual conserva únicamente una parte de las relaciones espaciales que existieron durante la Prehistoria. La desaparición de numerosos monumentos menores dificulta reconstruir la distribución original de los enterramientos y puede distorsionar nuestra percepción de la importancia relativa de los diferentes lugares. Al mismo tiempo, la existencia de estas agrupaciones permite reconocer una tendencia significativa: determinadas comunidades de la Edad del Bronce eligieron espacios próximos a grandes construcciones anteriores sin que necesariamente modificaran sus estructuras principales.
La continuidad territorial también puede reconocerse fuera de los grandes centros ceremoniales, especialmente en lugares donde nuevos asentamientos y cementerios se establecieron sobre espacios utilizados durante el Neolítico. Las investigaciones de Knowes of Trotty han mostrado que su importante conjunto funerario de la Edad del Bronce se construyó sobre los restos de un asentamiento neolítico antiguo, incorporando así una nueva función a un territorio previamente habitado. Aunque desconocemos si sus constructores reconocían la existencia de aquellas viviendas anteriores, la superposición arqueológica demuestra que algunos lugares experimentaron cambios sustanciales de utilización. En Links of Noltland, las comunidades de la Edad del Bronce ocuparon un paisaje con una larga historia agrícola y residencial, estableciendo nuevas viviendas y un cementerio en terrenos anteriormente cultivados. Este proceso muestra una continuidad en el aprovechamiento del territorio acompañada por modificaciones en la disposición de los espacios domésticos y funerarios. Las diferencias entre ambos ejemplos resultan particularmente significativas: mientras que algunos monumentos posteriores se concentraron cerca de construcciones antiguas destacadas en el paisaje, otros se desarrollaron sobre superficies cuya historia anterior pudo ser menos visible. La relación con el pasado no dependió, por tanto, exclusivamente de la presencia de grandes monolitos o tumbas monumentales, sino también de la utilización continuada de lugares habitados, cultivados y transformados a lo largo de generaciones.
La interpretación de estas continuidades exige considerar el paisaje como una realidad histórica acumulativa, donde cada generación incorporaba nuevas construcciones y actividades a un territorio previamente modificado. Los grandes monumentos neolíticos no desaparecieron con la llegada de la Edad del Bronce, pero tampoco conservaron necesariamente sus funciones originales. Algunos espacios quedaron vinculados a nuevas prácticas funerarias, otros mantuvieron una presencia destacada sin que podamos reconocer actividades concretas y determinados asentamientos fueron abandonados o sustituidos por formas diferentes de ocupación. Los estudios comparativos de paisajes ceremoniales escoceses han demostrado que la proximidad entre monumentos de distintas épocas puede responder tanto a decisiones culturales como a condiciones topográficas favorables, por lo que resulta necesario examinar cada caso mediante evidencias cronológicas independientes. En las Orcadas, las investigaciones actuales combinan prospecciones geofísicas, documentación histórica, análisis ambientales y excavaciones para reconstruir estas relaciones, especialmente allí donde los restos visibles han desaparecido. La principal conclusión es que la Edad del Bronce no representó una ruptura absoluta con el paisaje neolítico, sino una etapa durante la cual las comunidades modificaron las formas de habitarlo y utilizarlo. Los monumentos antiguos pudieron continuar ofreciendo referencias de pertenencia, memoria y reconocimiento territorial, aunque sus significados cambiaron de maneras que todavía no podemos reconstruir completamente. Esta superposición de tradiciones constituye una de las características fundamentales de la larga historia prehistórica de las Orcadas.
-Downes, J., Foster, S. M. y Wickham-Jones, C. R. (eds.) (2005). The Heart of Neolithic Orkney World Heritage Site: Research Agenda. Historic Scotland, especialmente pp. 56–60. Investigación institucional sobre las relaciones entre monumentos neolíticos y enterramientos de la Edad del Bronce, con documentación de las agrupaciones funerarias próximas a Maeshowe, Stenness y Brodgar.
-Towrie, S. (2026). The Knowes, Howes and Barrows around the Ring of Brodgar. The Ness of Brodgar Project, 15 de junio de 2026. Estudio de los túmulos conservados alrededor del círculo, sus diferentes cronologías y la continuidad de la utilización funeraria del territorio.
-Downes, J. y Richards, C. (2025). Animating the Dead: An Archaeology of Bronze Age Burial Practices in Orkney. Oxford: Oxbow Books. Investigación sobre la reorganización de los espacios funerarios, las relaciones entre monumentos de distintas épocas y la importancia de Knowes of Trotty. Referencia contrastada mediante el resumen académico y los datos editoriales de la obra.
-Moore, H. y colaboradores (2022). Migration and Community in Bronze Age Orkney: Innovation and Continuity at the Links of Noltland. Antiquity, 96(387). Investigación sobre la continuidad de la ocupación territorial, las nuevas comunidades residenciales y las relaciones entre asentamientos y cementerios en Westray.
La Edad del Hierro constituye una etapa de importantes transformaciones en la historia de las islas Orcadas y de las comunidades del norte de Escocia. Su desarrollo, iniciado aproximadamente durante los primeros siglos del I milenio a. C., estuvo acompañado por nuevas formas de ocupación del territorio, cambios en la organización social y una creciente diversificación de las construcciones habitadas. Aunque la introducción del hierro representa uno de los rasgos tecnológicos distintivos del período, su importancia histórica no puede reducirse a la utilización de nuevos metales. Las investigaciones arqueológicas muestran una evolución compleja, caracterizada por la continuidad de determinadas actividades agrícolas y ganaderas, la transformación de los asentamientos y el desarrollo de nuevas expresiones arquitectónicas.
Uno de los fenómenos más característicos de esta etapa fue la aparición de grandes construcciones circulares de piedra, entre las que destacan los brochs, especialmente numerosos en las regiones septentrionales y atlánticas de Escocia. Su monumentalidad refleja conocimientos constructivos especializados y plantea importantes interrogantes sobre las relaciones entre arquitectura, organización comunitaria y autoridad social. En las Orcadas, algunos de estos edificios quedaron integrados en poblados de considerable extensión, mientras que otros ocuparon emplazamientos costeros o posiciones estratégicas dentro del territorio insular. La diversidad de estas construcciones indica que las comunidades desarrollaron soluciones diferentes según sus necesidades y circunstancias, sin responder necesariamente a un único modelo político o defensivo.
El estudio de la Edad del Hierro orcadiana permite comprender, además, la evolución de unas sociedades que mantuvieron relaciones con las regiones vecinas sin perder sus particularidades culturales. Los objetos recuperados, las evidencias de producción artesanal y las transformaciones de los asentamientos muestran la persistencia de actividades económicas diversificadas y de contactos marítimos que adquirieron nuevas características con el paso de los siglos. La documentación arqueológica también revela que numerosas construcciones fueron modificadas, reutilizadas o sustituidas, especialmente durante los primeros siglos de nuestra era. Esta evolución permite situar a las comunidades orcadianas dentro del amplio contexto de la Edad del Hierro atlántica y comprender mejor las bases históricas sobre las que se desarrollarían las sociedades del período picto y de la Alta Edad Media.
-Historic Environment Scotland (s. f.). Broch of Gurness: History and Stories. Síntesis institucional sobre los asentamientos de la Edad del Hierro en las Orcadas, su evolución arquitectónica y la continuidad de la ocupación.
-Historic Scotland. Forestry and Land Scotland (2022). To Build a Broch: From Construction to Conservation. Estudio sobre las tradiciones arquitectónicas de la Edad del Hierro atlántica y las diferencias regionales entre sus asentamientos.–Excavations at The Cairns, Orkney. Presentación de los resultados arqueológicos de un asentamiento de larga duración, con especial atención a sus transformaciones durante la Edad del Hierro.
10.1. Los asentamientos fortificados y la organización territorial
Durante la Edad del Hierro, las comunidades de las islas Orcadas desarrollaron nuevas formas de asentamiento que reflejan importantes transformaciones en la ocupación y organización del territorio. A partir de aproximadamente 800 a. C., comenzaron a adquirir protagonismo las viviendas circulares construidas en piedra, conocidas como casas redondas atlánticas, que presentan una considerable diversidad de dimensiones y soluciones arquitectónicas. Los yacimientos de Quanterness, Pierowall Quarry, Tofts Ness y Bu han proporcionado testimonios de estas primeras construcciones, algunas levantadas sobre espacios ocupados durante etapas prehistóricas anteriores. En determinados casos se trataba de viviendas relativamente aisladas, acompañadas por pequeñas estructuras auxiliares y espacios destinados a actividades domésticas. Otras experimentaron ampliaciones y reformas que modificaron progresivamente su organización. Estas diferencias muestran que no existió un modelo residencial único y que las comunidades podían distribuirse mediante explotaciones domésticas independientes o agrupaciones de mayor tamaño. A lo largo de los últimos siglos antes de nuestra era comenzaron a desarrollarse asentamientos más complejos, algunos delimitados por importantes obras de protección y organizados alrededor de construcciones centrales de gran envergadura. Esta evolución no fue necesariamente simultánea en todas las islas y debe entenderse como un proceso prolongado de transformación de las relaciones entre vivienda, comunidad y territorio.
La distribución de estos asentamientos estuvo relacionada con las características geográficas del archipiélago, especialmente con la disponibilidad de tierras cultivables, el acceso a recursos costeros y las posibilidades de comunicación marítima. Numerosas construcciones ocuparon posiciones próximas al litoral, sobre pequeñas elevaciones, promontorios o terrenos que permitían controlar visualmente determinados sectores del paisaje. Sin embargo, la elección de estos lugares no puede explicarse exclusivamente mediante necesidades defensivas. La proximidad al mar facilitaba los desplazamientos entre islas y el aprovechamiento de recursos costeros, mientras que las superficies agrícolas cercanas resultaban fundamentales para mantener a las comunidades residentes. Los estudios sobre el paisaje de la Edad del Hierro atlántica han propuesto que algunos asentamientos pudieron situarse en puntos de contacto entre diferentes ámbitos territoriales, combinando el acceso a tierras productivas con una posición destacada respecto a las rutas naturales de circulación. La distribución actual de los yacimientos debe interpretarse con cautela, pues la erosión costera, las transformaciones agrícolas y la acumulación de sedimentos han alterado considerablemente el registro arqueológico. Tampoco puede suponerse que todos los asentamientos conocidos estuvieran ocupados al mismo tiempo, ya que muchos experimentaron fases sucesivas de construcción, abandono y reutilización.
La delimitación de determinados poblados mediante fosos, terraplenes y muros constituye una de las manifestaciones más visibles de la arquitectura de la Edad del Hierro orcadiana. Estas estructuras permitían establecer límites físicos entre los espacios habitados y el territorio exterior, controlar los accesos y, en determinadas circunstancias, dificultar la entrada de personas o animales. Las excavaciones de Gurness han documentado un recinto rodeado por importantes fosos y defensas de tierra, mientras que en The Cairns, situado en South Ronaldsay, las investigaciones geofísicas y arqueológicas han identificado un gran sistema de delimitación que rodeaba parte del asentamiento. En este último yacimiento, el foso principal alcanzaba un trazado de aproximadamente setenta metros de diámetro y delimitaba un espacio ocupado por diferentes edificios. Las excavaciones han permitido comprobar que algunos de estos elementos pertenecían a la etapa de mayor desarrollo del poblado, entre los últimos siglos anteriores a nuestra era y los primeros de nuestra era. Sin embargo, las fortificaciones no deben interpretarse automáticamente como pruebas de guerras frecuentes o de una sociedad permanentemente amenazada. Los fosos y terraplenes también pudieron expresar la importancia de un asentamiento, regular la circulación de personas y animales o establecer una separación visible entre diferentes ámbitos de actividad. La función de estas estructuras pudo variar durante su utilización, especialmente cuando fueron modificadas o perdieron su eficacia original.
La organización interior de los asentamientos ofrece indicios sobre las relaciones sociales de sus habitantes. En determinados poblados, las viviendas secundarias se agruparon alrededor de un edificio central de mayores dimensiones, mientras que los accesos, pasadizos y espacios abiertos siguieron distribuciones relativamente ordenadas. Esta disposición sugiere que existían acuerdos constructivos y mecanismos de coordinación capaces de regular la utilización de los terrenos disponibles. Algunos investigadores han interpretado estas agrupaciones como expresiones de diferenciación social, en las que una construcción principal habría funcionado como residencia de personas especialmente influyentes, rodeadas por grupos familiares vinculados a ellas mediante relaciones de parentesco, dependencia o cooperación. Otros especialistas consideran que los grandes edificios pudieron desempeñar funciones comunitarias y que su monumentalidad no demuestra necesariamente la existencia de una élite gobernante. Las excavaciones de Howe, cerca de Stromness, han resultado particularmente importantes para este debate, al documentar sucesivas reorganizaciones del espacio habitado y modificaciones en la relación entre las construcciones centrales y los edificios periféricos. El análisis de los materiales depositados durante estas transformaciones indica que determinadas reformas estuvieron acompañadas por actividades socialmente significativas. No obstante, las interpretaciones sobre jerarquía y autoridad dependen de establecer correctamente qué estructuras fueron contemporáneas, pues un conjunto de edificios construido en diferentes momentos puede producir una imagen engañosa de la organización original del asentamiento.
La evolución de los poblados durante los primeros siglos de nuestra era demuestra que las formas de ocupación fortificada no permanecieron inalteradas. En diferentes yacimientos, los grandes edificios centrales dejaron de utilizarse, algunos fosos fueron progresivamente rellenados y aparecieron nuevas viviendas sobre estructuras anteriores. En The Cairns, por ejemplo, determinadas construcciones posteriores se levantaron parcialmente sobre el antiguo sistema de delimitación, lo que indica que los límites que habían organizado inicialmente el recinto perdieron parte de su función. Procesos semejantes se han documentado en otros asentamientos de las Orcadas y del norte de Escocia, aunque con cronologías y características diferentes. Estas transformaciones pudieron estar relacionadas con cambios en la organización comunitaria, la distribución de la población o las formas de expresar autoridad y pertenencia territorial. Sin embargo, el abandono de una fortificación no demuestra necesariamente una disminución de los conflictos ni permite identificar por sí solo un proceso de centralización política. Las investigaciones actuales destacan la necesidad de estudiar cada asentamiento como una secuencia histórica particular, atendiendo tanto a sus fases constructivas como a las actividades desarrolladas en su interior. En conjunto, la Edad del Hierro orcadiana muestra una evolución desde formas residenciales relativamente dispersas hacia determinados poblados de arquitectura compleja, seguida por nuevas reorganizaciones del espacio habitado. Estos procesos reflejan sociedades capaces de transformar sus relaciones territoriales mediante la construcción, modificación y reutilización de lugares que continuaron desempeñando funciones importantes durante generaciones.
-Hunter, F. y Carruthers, M. (eds.) (2012). Setting or Context of Buildings: Settlement Form, Layout and Location. Scottish Archaeological Research Framework: Iron Age Panel Report, sección 6.2. Society of Antiquaries of Scotland. Estudio sobre la distribución de asentamientos, los espacios delimitados y las interpretaciones de la organización social.
-Hunter, F. y Carruthers, M. (eds.) (2012). Atlantic Stone-built Roundhouses: Sequence, Subdivision and Interpretations. Scottish Archaeological Research Framework: Iron Age Panel Report, sección 5.9. Análisis de la evolución de las viviendas circulares atlánticas y de su relación con el territorio y las construcciones vecinas.
-Waddington, K. E. y Waddington, K. (2014). The Biography of a Settlement: An Analysis of Middle Iron Age Deposits, Houses and Boundaries at The Howe, Orkney. Archaeological Journal, 171, pp. 61–96. Investigación sobre las transformaciones espaciales, los límites del asentamiento y las prácticas de deposición asociadas a las reformas arquitectónicas.
-UHI Archaeology Institute (s. f.). The Cairns: Phases. Archaeology Orkney. Documentación del proyecto dirigido por Martin Carruthers sobre la secuencia cronológica, los edificios comunitarios, las delimitaciones y las transformaciones del asentamiento durante la Edad del Hierro.
10.2. Los brochs: arquitectura defensiva y residencial
Los brochs constituyen una de las manifestaciones arquitectónicas más singulares de la Edad del Hierro de Escocia y representan una evolución especialmente compleja de las grandes viviendas circulares construidas en piedra. Su desarrollo alcanzó una notable importancia en las Orcadas, las Shetland, Caithness, las Hébridas y determinadas regiones del litoral occidental escocés, donde se conservan centenares de ejemplos de características diversas. Los primeros edificios que presentan los elementos propios de estas construcciones comenzaron a levantarse probablemente durante los siglos IV y III a. C., aunque su origen y evolución siguen siendo objeto de debate. Tradicionalmente se interpretaron como fortalezas levantadas para proteger a sus habitantes frente a ataques exteriores, pero las investigaciones contemporáneas han demostrado que su función pudo ser considerablemente más amplia. Su pertenencia a la tradición de las casas redondas atlánticas indica una continuidad con las formas residenciales anteriores, mientras que su altura y complejidad estructural revelan una innovación arquitectónica de considerable importancia. En las Orcadas, la secuencia de edificios investigada en Howe ha permitido reconocer una evolución gradual desde construcciones circulares relativamente sencillas hacia formas monumentales más elaboradas. Sin embargo, todavía no se ha determinado si este tipo de arquitectura se desarrolló inicialmente en las islas septentrionales o mediante procesos de innovación compartidos con otras regiones de Escocia.
La característica arquitectónica más representativa de los brochs es su planta circular, formada por dos muros concéntricos de piedra que delimitan un espacio interior y permiten levantar construcciones de considerable altura. Las paredes exteriores presentan un perfil ligeramente inclinado hacia el interior, lo que favorecía su estabilidad y contribuía a distribuir el peso de los niveles superiores. Entre ambos muros se disponían galerías estrechas, comunicadas mediante escaleras integradas en el espesor de las paredes y cubiertas por grandes losas horizontales. Este sistema permitía reducir parte del peso de la construcción sin comprometer necesariamente su resistencia, al mismo tiempo que proporcionaba espacios de circulación y acceso a diferentes alturas. Algunos brochs conservan cámaras situadas en el interior de los muros, pequeños compartimentos próximos a la entrada y salientes de piedra destinados probablemente a sostener estructuras de madera. El acceso principal consistía habitualmente en un pasadizo estrecho, reforzado mediante grandes bloques y provisto en ocasiones de elementos que permitían instalar puertas o controlar su apertura. Las dimensiones variaban considerablemente entre monumentos: algunos superaban los veinte metros de diámetro exterior, mientras que otros eran notablemente menores. El ejemplo mejor conservado es Mousa, en las Shetland, cuya torre alcanza todavía unos trece metros de altura y demuestra las extraordinarias posibilidades técnicas de la construcción en piedra seca, sin utilización de mortero.
La ejecución de estas estructuras requería conocimientos especializados sobre el comportamiento de los materiales y una planificación precisa de las distintas fases constructivas. Los canteros debían seleccionar piedras adecuadas, disponer cuidadosamente las hiladas y mantener el equilibrio entre los muros interiores y exteriores, evitando deformaciones que comprometieran la estabilidad del edificio. Las galerías superpuestas y las losas de conexión contribuían a organizar las cargas, aunque las investigaciones de ingeniería han demostrado que su funcionamiento estructural dependía de numerosos factores, entre ellos la geometría de los muros y la calidad de los apoyos. También debieron emplearse importantes cantidades de madera para construir los elementos interiores, incluidas posibles plataformas elevadas, escaleras auxiliares y cubiertas. Algunos brochs conservan salientes conocidos como scarcements, cuya posición sugiere que sostenían vigas y suelos de madera, permitiendo aprovechar diferentes niveles del espacio habitable. Se considera probable que muchas construcciones estuvieran cubiertas mediante estructuras de madera y materiales vegetales, posiblemente con una cubierta cónica, aunque la desaparición casi completa de estos elementos impide determinar su forma exacta. La obtención de madera representaba una dificultad adicional en las islas septentrionales, donde los recursos forestales eran relativamente limitados. Parte pudo proceder de troncos arrastrados por el mar o de contactos con regiones continentales, pero las cantidades utilizadas y sus sistemas de abastecimiento todavía no se conocen suficientemente.
La función residencial de los brochs se encuentra respaldada por numerosos hallazgos arqueológicos, entre ellos hogares, instrumentos de molienda, recipientes cerámicos, restos alimentarios y objetos relacionados con actividades artesanales. Estos materiales demuestran que las construcciones acogieron tareas domésticas y productivas, aunque su distribución varía considerablemente entre yacimientos. En algunos edificios se han identificado hoyos destinados a sostener postes de madera, plataformas y posibles divisiones interiores, lo que permite plantear una utilización diferenciada de sus espacios. Se ha propuesto que las plantas inferiores pudieron destinarse parcialmente al almacenamiento o al alojamiento de animales domésticos, mientras que determinados niveles superiores habrían servido como espacios residenciales. Sin embargo, esta interpretación no puede aplicarse automáticamente a todos los brochs, pues sus dimensiones, características arquitectónicas y secuencias de ocupación son diferentes. La función defensiva constituye otra posibilidad importante: los muros elevados, los accesos estrechos y la solidez de las construcciones ofrecían ventajas evidentes frente a determinadas amenazas. No obstante, su eficacia militar dependía de circunstancias concretas, y no todos los edificios se encontraban en posiciones especialmente fáciles de defender. Las evidencias disponibles permiten considerar que protección y residencia pudieron constituir funciones complementarias, aunque la importancia relativa de cada una debió variar según el asentamiento y el período histórico.
El significado social de los brochs constituye uno de los principales debates de la arqueología de la Edad del Hierro atlántica. Su tamaño, visibilidad y complejidad constructiva sugieren que pudieron expresar prestigio, estabilidad comunitaria o derechos sobre determinados territorios, especialmente en regiones donde las tierras agrícolas aprovechables estaban distribuidas de manera desigual. Algunos investigadores han propuesto que funcionaron como residencias de familias influyentes, capaces de reunir los recursos necesarios para levantar edificios monumentales. Otros consideran que pudieron albergar grupos familiares extensos y representar formas de identidad colectiva sin depender necesariamente de jerarquías políticas rígidas. La abundancia de brochs en determinadas regiones dificulta interpretarlos exclusivamente como fortalezas de dirigentes excepcionales, mientras que las diferencias arquitectónicas impiden atribuirles una organización social uniforme. Los estudios recientes también han demostrado que muchos experimentaron reformas importantes durante su utilización: algunos perdieron parte de su altura, otros incorporaron divisiones interiores y determinadas estructuras continuaron ocupándose después de que su configuración original hubiera desaparecido. Por ello, las funciones de un broch pudieron cambiar considerablemente entre su construcción y sus últimas fases de actividad. Su importancia histórica reside en reunir una arquitectura técnicamente avanzada con diferentes posibilidades residenciales, defensivas y sociales. Más que simples torres militares, los brochs representan una expresión característica de las comunidades de la Edad del Hierro escocesa, cuya monumentalidad permite investigar las relaciones entre construcción, vida doméstica y organización colectiva.
-Armit, I. (s. f.). Brochs: Iron Age Factsheet 4. Introduction to Prehistory. The Prehistoric Society. Síntesis especializada sobre cronología, estructura de doble muro, galerías, pisos interiores y funciones sociales de los brochs.
-Historic Environment Scotland (s. f.). Glenelg Brochs: Dun Telve and Dun Troddan. Documentación institucional sobre muros concéntricos, galerías, escaleras y elementos conservados de la arquitectura interior, con especial atención a sus posibilidades residenciales.
-Cavers, G., Barber, J. y Ritchie, M. (2016). The Survey and Analysis of Brochs. Proceedings of the Society of Antiquaries of Scotland, 145, pp. 153–176. Estudio sobre la documentación arquitectónica, la interpretación estructural y la necesidad de revisar los modelos tradicionales de reconstrucción de los brochs.
Midhowe Broch: arquitectura fortificada de la Edad del Hierro en las Orcadas. En la costa occidental de la isla de Rousay, frente a las aguas del estrecho de Eynhallow, se conservan los restos del Midhowe Broch, una de las construcciones más representativas de la Edad del Hierro en las Orcadas. Su estructura circular, levantada mediante gruesos muros de piedra cuidadosamente ensamblados, constituye un notable ejemplo de las técnicas arquitectónicas desarrolladas por las comunidades del norte de Escocia. Su emplazamiento costero combinaba protección natural, control del territorio y proximidad a las principales rutas marítimas del archipiélago.
La fotografía permite apreciar la extraordinaria solidez de los muros del Midhowe Broch, así como las estructuras residenciales y auxiliares que se desarrollaron en torno a su edificio principal. Los brochs eran construcciones circulares de piedra seca, generalmente caracterizadas por muros de considerable espesor y una arquitectura que combinaba funciones residenciales, defensivas y posiblemente de prestigio social. En Midhowe, las excavaciones han permitido identificar compartimentos interiores, hogares, depósitos de agua y evidencias de diversas actividades domésticas y artesanales.
Su proximidad al mar resulta especialmente significativa. El asentamiento se levantó en un lugar estratégicamente protegido, con defensas adicionales hacia el interior de la isla. Los restos conservados muestran que estas construcciones no eran simples fortalezas aisladas, sino que podían constituir el núcleo de comunidades organizadas, vinculadas a la agricultura, la ganadería, la producción artesanal y los contactos marítimos. Midhowe representa así una etapa histórica posterior al gran florecimiento megalítico neolítico, pero igualmente reveladora de la prolongada tradición constructiva en piedra de las Orcadas. Foto: Rob Burke, Midhowe Broch and outbuildings, Rousay, islas Orcadas (Escocia), 2003. Geograph / Wikimedia Commons. Licencia CC BY-SA 2.0.
10.3. Broch of Gurness y otros asentamientos destacados
El Broch of Gurness constituye uno de los conjuntos arqueológicos más importantes de la Edad del Hierro en las islas Orcadas y uno de los poblados fortificados mejor conservados del norte de Escocia. Se encuentra en el promontorio de Aikerness, en la costa septentrional de Mainland, frente a la isla de Rousay y al estrecho de Eynhallow, una zona especialmente favorable para las comunicaciones marítimas. Las excavaciones iniciadas en 1929 y desarrolladas principalmente durante la década de 1930 permitieron descubrir un asentamiento de considerable complejidad, formado por una gran torre circular, numerosas viviendas de piedra y un sistema de delimitación mediante fosos y terraplenes. Las investigaciones indican que el lugar comenzó a ocuparse probablemente entre 500 y 200 a. C., aunque la construcción del broch principal corresponde a una fase posterior, situada aproximadamente entre los siglos II y I a. C. El conjunto ocupaba un recinto de unos cuarenta y cinco metros de diámetro, protegido por tres líneas de fosos y terraplenes, cuya disposición fue modificada durante las sucesivas etapas de ocupación. La torre central se levantó hacia el sector occidental del recinto y alcanzó originalmente una altura considerablemente superior a los cuatro metros que conservan actualmente sus muros. Su posición dominante respecto a las construcciones próximas y su conexión con el acceso principal muestran una planificación arquitectónica que combinaba monumentalidad, control de la circulación y aprovechamiento del espacio disponible. Sin embargo, la secuencia constructiva demuestra que el poblado no surgió mediante un proyecto completamente uniforme, sino que experimentó ampliaciones y reorganizaciones a lo largo de varios siglos.
La organización interior de Gurness permite conocer con extraordinario detalle la convivencia entre una gran construcción central y un conjunto de viviendas de dimensiones más reducidas. El broch estaba rodeado por casas de piedra agrupadas alrededor de patios y estrechos pasadizos, comunicados mediante un recorrido que conducía desde la entrada oriental del recinto hasta la torre. Algunas viviendas presentaban una estancia principal destinada a diferentes actividades domésticas, acompañada por pequeños compartimentos, hogares y depósitos de agua excavados en el suelo. También se han identificado espacios abiertos y cobertizos que pudieron utilizarse para almacenar productos, trabajar materiales o mantener animales. En el interior del broch existía originalmente un hogar central y una serie de estructuras adosadas a sus paredes, mientras que una gran cavidad revestida de piedra, tradicionalmente interpretada como pozo, ha suscitado diferentes hipótesis sobre su utilización. La disposición de las casas indica que el asentamiento pudo albergar varias unidades domésticas relacionadas entre sí, aunque resulta imposible determinar con seguridad el número de habitantes o la naturaleza exacta de sus vínculos familiares. La posición destacada de la torre ha favorecido su interpretación como residencia de un grupo influyente, pero también pudo desempeñar funciones compartidas de protección, almacenamiento o reunión. Los restos de cerámica, herramientas y alimentos recuperados durante las excavaciones demuestran que el conjunto acogió actividades cotidianas continuadas, vinculadas con la agricultura, la ganadería y el aprovechamiento de recursos marítimos, entre ellos peces, focas y cetáceos.
La historia de Gurness resulta especialmente significativa por las transformaciones experimentadas después de su principal etapa de ocupación. Las investigaciones indican que el broch dejó de utilizarse como gran edificio central algún tiempo después del año 100 d. C., mientras que los fosos defensivos fueron progresivamente rellenados y algunas construcciones perdieron su configuración original. El asentamiento continuó ocupado mediante una explotación doméstica de dimensiones más reducidas, cuya actividad se prolongó probablemente hasta los siglos VII u VIII. Los materiales recuperados incluyen objetos de adorno, instrumentos cotidianos y fragmentos de una ánfora romana, indicio de contactos directos o indirectos con circuitos de circulación de productos vinculados al mundo romano. También se encontraron testimonios de ocupación correspondientes a etapas posteriores, entre ellos una piedra con símbolos pictos y estructuras domésticas cuya disposición difiere de la del poblado original. Finalmente, durante la época vikinga se practicaron enterramientos en el lugar; entre ellos destaca la sepultura de una mujer acompañada por dos fíbulas ovaladas y una hoz de hierro. Estos hallazgos demuestran que el emplazamiento conservó relevancia mucho después del abandono de su arquitectura principal, aunque no implican una continuidad ininterrumpida de población o tradiciones culturales. Las excavaciones modernas también introdujeron modificaciones destinadas a facilitar la interpretación de los restos, incluida la reubicación de una vivienda tardía. Por ello, su aspecto actual debe comprenderse como el resultado de una larga secuencia histórica y de intervenciones arqueológicas posteriores.
Otro conjunto destacado es Midhowe Broch, situado en la costa occidental de Rousay, frente al mismo estrecho de Eynhallow. No debe confundirse con la gran tumba neolítica de Midhowe, estudiada anteriormente, pues ambos monumentos pertenecen a períodos separados por varios milenios. El asentamiento de la Edad del Hierro ocupa una estrecha franja costera protegida por el mar y por un importante sistema de cierre construido sobre el acceso terrestre. Su torre circular, de aproximadamente dieciocho metros de diámetro exterior, conserva muros de hasta 4,3 metros de altura, mientras que el interior presenta compartimentos, hogares y un depósito de agua alimentado por un manantial. Las excavaciones realizadas durante la década de 1930 permitieron identificar varias construcciones exteriores que experimentaron cambios funcionales durante su utilización. Algunos espacios aparentemente residenciales fueron transformados en talleres, y los materiales recuperados incluyen instrumentos relacionados con la molienda, el hilado, el tejido y diferentes actividades metalúrgicas. También apareció un fragmento de recipiente romano de bronce, que confirma la llegada de objetos de procedencia lejana, aunque no permite demostrar contactos comerciales directos con las autoridades imperiales. La posición de Midhowe resulta especialmente interesante por su relación visual con Gurness, situado en la orilla opuesta. Se ha propuesto que ambas construcciones pudieron desempeñar funciones importantes dentro de las redes de asentamiento y circulación del estrecho, pero todavía no puede establecerse si funcionaron simultáneamente ni qué relaciones políticas o sociales mantuvieron sus comunidades. La comparación permite reconocer semejanzas arquitectónicas y territoriales sin presuponer la existencia de un sistema defensivo centralizado.
Las investigaciones desarrolladas en Howe, cerca de Stromness, y en The Cairns, en South Ronaldsay, han ampliado considerablemente el conocimiento de estos asentamientos. Las excavaciones de Howe, realizadas entre 1978 y 1982, documentaron una extensa secuencia de ocupación que incluía restos neolíticos, viviendas de la primera Edad del Hierro, sucesivas construcciones circulares monumentales y un asentamiento posterior. Los edificios de la Edad del Hierro experimentaron importantes reconstrucciones entre los últimos siglos antes de nuestra era y aproximadamente el siglo IV d. C., demostrando que las formas arquitectónicas podían evolucionar mediante modificaciones acumuladas, sin depender siempre de una sustitución completa de la población. Por su parte, The Cairns presenta un gran broch de unos 21,5 metros de diámetro exterior, construido probablemente durante el siglo I a. C. o antes, acompañado por numerosos edificios distribuidos dentro y fuera de un recinto delimitado por un amplio foso. Las excavaciones dirigidas por Martin Carruthers desde 2006 han proporcionado una documentación excepcional de actividades domésticas, artesanales y de deposición de materiales, así como de sucesivas transformaciones del poblado. Las investigaciones recientes han demostrado que algunas construcciones exteriores tuvieron una organización diferente de la documentada en Gurness, lo que cuestiona la existencia de un único modelo urbanístico aplicable a todos los poblados con broch. En conjunto, estos yacimientos muestran que la Edad del Hierro orcadiana estuvo caracterizada por comunidades capaces de desarrollar una arquitectura compleja, mantener asentamientos durante largos períodos y modificar sus espacios residenciales según circunstancias cambiantes. La diversidad de sus trayectorias constituye una evidencia fundamental para comprender las diferentes formas de convivencia, organización comunitaria y ocupación territorial del archipiélago.
-Historic Environment Scotland (s. f.). Broch of Gurness: History and Stories. Documentación institucional sobre las fases de ocupación, la organización del poblado, las actividades domésticas y su reutilización durante las épocas picta y vikinga.
-Historic Environment Scotland (s. f.). Midhowe Broch: History and Stories. Estudio patrimonial sobre las estructuras defensivas, los edificios residenciales, las instalaciones interiores y los materiales recuperados durante las excavaciones.
-Ballin Smith, B. (ed.) (1994). Howe: Four Millennia of Orkney Prehistory. Excavations 1978–1982. Edimburgo: Society of Antiquaries of Scotland, Monograph Series, n.º 9. Publicación arqueológica fundamental sobre las fases constructivas y la evolución del asentamiento de Howe. Obra identificada mediante el catálogo académico y su síntesis bibliográfica.
-Society of Antiquaries of Scotland (2025). Excavations at The Cairns, Orkney. Presentación de las investigaciones dirigidas por Martin Carruthers, con resultados sobre la arquitectura del broch, las construcciones exteriores y las actividades documentadas en el asentamiento.
10.4. Economía, sociedad y contactos con otras regiones
La economía de las comunidades de la Edad del Hierro en las islas Orcadas se sustentó principalmente en una combinación de agricultura y ganadería, complementada por el aprovechamiento de otros recursos terrestres y marítimos. Los estudios arqueobotánicos y paleoambientales indican que la cebada vestida de seis carreras constituyó uno de los cultivos más importantes, mientras que la avena y otros cereales tuvieron una presencia generalmente secundaria. Su producción requería una organización continuada de los trabajos agrícolas, desde la preparación y fertilización de los terrenos hasta la cosecha, el almacenamiento y la transformación del grano. Los molinos manuales de piedra, especialmente los modelos rotatorios que se difundieron durante esta etapa, facilitaron la molienda y permitieron obtener harina de manera más eficiente. Las investigaciones de los sedimentos del lago de Tuquoy, en Westray, han identificado una actividad agropecuaria relativamente intensa entre aproximadamente 900 y 150 a. C., lo que demuestra la importancia de estas explotaciones durante los primeros siglos de la Edad del Hierro. También existen evidencias del enriquecimiento deliberado de los suelos mediante la incorporación de materiales orgánicos, una práctica documentada en el entorno de Mine Howe. La continuidad de estas actividades exigía conocimientos sobre las propiedades de los terrenos, la disponibilidad de agua y las posibilidades de mantener su fertilidad en un ambiente sometido a condiciones climáticas exigentes.
La ganadería proporcionaba alimentos, materias primas y recursos esenciales para el mantenimiento de los asentamientos. Los restos animales recuperados en diferentes yacimientos muestran el predominio de bovinos y ovinos, acompañados por cantidades variables de cerdos y otros animales domésticos. El ganado vacuno representaba una fuente importante de carne y posiblemente de productos lácteos, además de facilitar determinadas labores agrícolas, mientras que las ovejas proporcionaban carne, leche y lana. La composición de los rebaños y las edades de sacrificio variaban entre asentamientos, lo que sugiere estrategias productivas adaptadas a las necesidades de cada comunidad. También se aprovechaban animales silvestres, especialmente ciervos, cuya presencia resulta significativa en determinados conjuntos arqueológicos. Los recursos costeros complementaban estas actividades mediante la recolección de moluscos y el aprovechamiento de peces, aves marinas y mamíferos oceánicos, aunque su importancia alimentaria no debe exagerarse. Los análisis isotópicos de restos humanos de la Edad del Hierro tardía indican que, pese al carácter marítimo del archipiélago, las proteínas procedentes del mar no constituían necesariamente una parte principal de la dieta. Esta observación demuestra que la proximidad geográfica a recursos abundantes no implica automáticamente su explotación intensiva. Las comunidades orcadianas mantuvieron una economía fundamentalmente agropecuaria, dentro de la cual los productos silvestres y costeros desempeñaron funciones complementarias cuya relevancia pudo variar considerablemente.
La producción artesanal alcanzó una notable diversidad y constituye una de las fuentes más importantes para comprender las capacidades técnicas de estas sociedades. Los hallazgos de fusayolas, agujas, punzones y peines de hueso permiten reconocer actividades relacionadas con el hilado, el tejido y la elaboración de prendas, aunque los tejidos originales apenas se han conservado. También se fabricaban recipientes cerámicos, instrumentos de piedra, objetos ornamentales y utensilios de madera o materiales animales, frecuentemente adaptados a las necesidades domésticas. La metalurgia adquirió una importancia creciente, especialmente en la fabricación y reparación de herramientas de hierro y objetos de aleaciones de cobre. Las excavaciones de Mine Howe, en Tankerness, han proporcionado evidencias excepcionales de producción metalúrgica desarrollada en las proximidades de una estructura subterránea monumental. Los investigadores identificaron hornos, moldes, crisoles y residuos relacionados con el trabajo de metales férreos y no férreos, demostrando la existencia de conocimientos técnicos especializados. La elaboración de determinados objetos requería controlar temperaturas elevadas, preparar aleaciones y utilizar moldes cuidadosamente construidos. Estas actividades pudieron estar concentradas en personas con experiencia particular, pero no resulta posible determinar si existían artesanos dedicados exclusivamente a la metalurgia o si combinaban sus conocimientos con otras ocupaciones. La producción artesanal tampoco debe interpretarse únicamente desde una perspectiva económica, pues algunos objetos pudieron intervenir en relaciones de intercambio, presentación personal y reconocimiento social.
Las diferencias observadas en el consumo de alimentos y en la distribución de determinados objetos proporcionan indicios sobre la organización de las relaciones comunitarias. En The Cairns, las excavaciones han identificado una presencia especialmente elevada de restos de ciervo y cerdo joven dentro del edificio central, mientras que en las construcciones exteriores predominaban los huesos de bovinos y ovinos. Esta diferencia ha llevado a considerar la posibilidad de que determinados alimentos estuvieran asociados a reuniones especiales o a personas con una posición social destacada. Sin embargo, las evidencias no permiten establecer una jerarquía rígida ni identificar automáticamente una élite hereditaria. Resulta especialmente significativo que algunas actividades de producción artesanal aparezcan relacionadas con grandes concentraciones de restos alimentarios. En una fase posterior a la utilización del broch, aproximadamente entre mediados del siglo III y mediados del IV d. C., se desarrollaron en The Cairns actividades de fundición de objetos ornamentales de bronce. Las excavaciones recuperaron más de sesenta moldes y fragmentos utilizados para fabricar alfileres, anillos y fíbulas, junto con evidencias de un importante episodio de consumo colectivo. Los investigadores han planteado que la fabricación y posible distribución de estos adornos pudo formar parte de encuentros comunitarios donde se establecían relaciones de prestigio y reciprocidad. Esta asociación entre producción, consumo y actividades colectivas sugiere que las relaciones económicas estaban estrechamente vinculadas con las formas de participación social, aunque todavía desconocemos sus mecanismos concretos.
Los contactos con otras regiones constituyeron un componente permanente de la vida económica y cultural de las Orcadas durante la Edad del Hierro. Su posición entre el norte continental de Escocia y las Shetland favorecía las comunicaciones marítimas y permitía mantener relaciones con comunidades que compartían determinadas tradiciones arquitectónicas y materiales. La circulación de objetos, materias primas y conocimientos técnicos debió desarrollarse mediante desplazamientos personales e intercambios de diferente alcance, aunque no existen pruebas suficientes para reconstruir un sistema comercial organizado o permanente. Durante los primeros siglos de nuestra era comenzaron a aparecer determinados productos relacionados con el mundo romano, entre ellos recipientes de vidrio, cerámicas y objetos metálicos cuya distribución alcanzó diferentes asentamientos del norte escocés. En The Cairns se han recuperado pequeños fragmentos de un recipiente romano de vidrio verde, decorado mediante incisiones, procedentes de construcciones posteriores a la etapa principal del broch. Estos hallazgos demuestran la llegada de materiales de origen lejano, pero no permiten asegurar que existieran relaciones comerciales directas entre las comunidades orcadianas y los territorios administrados por Roma. Los objetos pudieron circular mediante intermediarios y adquirir significados diferentes según los contextos donde terminaron depositándose. La presencia de estos materiales tampoco supuso una transformación uniforme de las costumbres locales, pues continuaron fabricándose utensilios tradicionales y desarrollándose actividades económicas adaptadas al entorno insular. En conjunto, la Edad del Hierro revela unas comunidades integradas en redes de comunicación regionales y de mayor alcance, capaces de incorporar determinadas innovaciones sin abandonar sus propias formas de producción y organización social. Esta combinación de continuidad y cambio contribuyó a configurar el contexto histórico del que surgirían las comunidades de la Antigüedad tardía y del período picto.
-Scottish Archaeological Research Framework (2012). 4.2. Farming and Feeding. Scottish Iron Age Panel Report. Society of Antiquaries of Scotland. Síntesis arqueológica sobre los cultivos, la ganadería, los sistemas de producción alimentaria y las diferencias regionales de la economía escocesa durante la Edad del Hierro.
-Society of Antiquaries of Scotland (2025). Excavations at The Cairns, Orkney. Presentación de las investigaciones dirigidas por Martin Carruthers, con resultados sobre la distribución de los restos animales, los objetos de adorno, las actividades comunitarias y la presencia de vidrio de procedencia romana.
-UHI Archaeology Institute (s. f.). Mine Howe. Documentación del proyecto arqueológico dirigido por Jane Downes y Nick Card, especialmente sobre la producción de objetos metálicos, los talleres especializados y sus posibles relaciones con actividades sociales y ceremoniales.
-Barrett, J. H. y Richards, M. P. (2017). Identity, Gender, Religion and Economy: New Isotope and Radiocarbon Evidence for Marine Resource Intensification in Early Historic Orkney, Scotland, UK. European Journal of Archaeology. Investigación basada en análisis isotópicos y dataciones por radiocarbono que permite valorar la importancia relativa de los alimentos marinos y terrestres durante las etapas finales de la Edad del Hierro y períodos posteriores.
Durante los primeros siglos de nuestra era, las islas Orcadas experimentaron transformaciones culturales y sociales que marcaron su transición desde las comunidades de la Edad del Hierro hacia las sociedades de la Alta Edad Media. Aunque el archipiélago permaneció fuera de la administración territorial del Imperio romano, comenzó a aparecer en las descripciones geográficas y los relatos históricos de la Antigüedad. Estos testimonios escritos, todavía escasos y frecuentemente elaborados desde perspectivas exteriores, permiten complementar la información arqueológica y situar a las Orcadas dentro de un contexto histórico más amplio. Las comunidades insulares mantuvieron sus propias formas de organización y continuaron participando en las redes de comunicación del norte de Escocia, mientras sus asentamientos y tradiciones materiales experimentaban cambios progresivos.
A lo largo de los siglos siguientes, el archipiélago formó parte del ámbito cultural picto, característico de amplias regiones del norte y este de Escocia durante el primer milenio d. C. Los testimonios arqueológicos revelan la continuidad de determinadas comunidades, junto con nuevas expresiones artísticas, transformaciones en los asentamientos y cambios en las prácticas funerarias. La progresiva difusión del cristianismo introdujo también nuevas formas de representación religiosa y organización cultural, cuya cronología exacta continúa siendo objeto de investigación. Las piedras esculpidas, los símbolos pictos y los primeros testimonios cristianos muestran que las Orcadas participaron en procesos históricos compartidos con otros territorios septentrionales, aunque desarrollaron características propias condicionadas por su posición insular.
La llegada de poblaciones escandinavas, especialmente a partir del siglo IX, abrió una nueva etapa que transformaría profundamente la historia del archipiélago. La expansión de la lengua nórdica, las nuevas formas de asentamiento y los cambios en las relaciones políticas y culturales modificaron progresivamente la identidad histórica de las Orcadas. Sin embargo, las investigaciones recientes cuestionan la interpretación tradicional de una sustitución inmediata y completa de las comunidades anteriores, destacando la posibilidad de procesos de contacto, convivencia y transformación desarrollados de manera desigual. El estudio de este período permite comprender cómo las tradiciones heredadas de la Prehistoria fueron dando paso a sociedades históricamente mejor documentadas, en un proceso complejo que conectó definitivamente al archipiélago con el mundo escandinavo medieval.
-Warmington, E. H. y Millett, M. (2016). Orcades. Oxford Classical Dictionary, Oxford University Press. Referencia sobre las menciones grecorromanas del archipiélago y el alcance limitado de sus contactos con Roma.
-Oxford Academic. Scott, I. G. y Ritchie, A. (2015).Pictish Symbol Stones and Early Cross-Slabs from Orkney.-Noble, G., Griffiths, D., Hillerdal, C., Allison, J., Hamilton, D. y Batey, C. (2025). Buckquoy, Orkney: Addressing the Pictish-Viking Transition in Northern Scotland. Antiquity. Investigación reciente que revisa las cronologías y los modelos tradicionales sobre la transición entre las comunidades pictas y las escandinavas.
-Cambridge Core. Historic Environment Scotland (s. f.).Brough of Birsay: History and Stories.
11.1. Las Orcadas y el mundo romano: contactos y testimonios escritos
Las islas Orcadas comenzaron a aparecer en las fuentes escritas del mundo clásico antes de que Roma extendiera su dominio sobre buena parte de Britania. El navegante griego Piteas de Masalia, que exploró las regiones septentrionales del Atlántico durante el siglo IV a. C., pudo haber recogido noticias sobre el extremo norte de Escocia y los archipiélagos próximos, aunque sus escritos originales se han perdido y no es posible confirmar que visitara las Orcadas. Las referencias geográficas más claras proceden de autores romanos del siglo I d. C., especialmente Pomponio Mela y Plinio el Viejo. En su obra De chorographia, redactada hacia el año 43 d. C., Mela menciona treinta islas Orcades, separadas por estrechos brazos de mar. Plinio, por su parte, señala en su Historia natural la existencia de cuarenta islas, distribuidas a pequeñas distancias unas de otras. Estas diferencias reflejan las limitaciones del conocimiento geográfico antiguo y la dependencia de noticias transmitidas por navegantes, comerciantes y expediciones anteriores. Durante el siglo II, Claudio Ptolomeo incorporó también las Orcadas a su Geografía, situándolas en el extremo septentrional de las islas británicas. Aunque sus coordenadas no corresponden exactamente a la realidad, la presencia del archipiélago en estas obras demuestra que formaba parte del horizonte geográfico conocido por los autores mediterráneos.
La expansión militar romana por Britania proporcionó nuevas oportunidades para explorar las costas septentrionales. Después de la invasión iniciada por el emperador Claudio en el año 43 d. C., las campañas militares avanzaron progresivamente hacia los territorios del norte de la isla principal. Durante el gobierno de Cneo Julio Agrícola, gobernador de Britania entre aproximadamente 77 y 84 d. C., las fuerzas romanas desarrollaron importantes operaciones en Escocia. Su yerno, el historiador Publio Cornelio Tácito, relata en el capítulo décimo de la biografía de Agrícola que una flota romana navegó alrededor del extremo septentrional de Britania y alcanzó las Orcadas, presentando la expedición como un descubrimiento y sometimiento de aquellas islas. Sin embargo, esta afirmación debe interpretarse con cautela. Las Orcadas ya habían sido mencionadas por autores anteriores, de modo que su supuesto descubrimiento se refiere probablemente a un reconocimiento militar más directo. Tampoco existen evidencias arqueológicas suficientes para demostrar que la expedición estableciera una ocupación permanente o impusiera una administración efectiva sobre las comunidades insulares. El relato de Tácito formaba parte de una obra destinada a destacar los logros políticos y militares de Agrícola, circunstancia que pudo influir en la presentación de sus campañas. La navegación romana por las aguas septentrionales resulta históricamente plausible, pero las dimensiones reales de su intervención en el archipiélago continúan siendo desconocidas.
Otras fuentes antiguas atribuyeron a Roma un dominio sobre las Orcadas cuya realidad histórica resulta todavía más problemática. El historiador Eutropio, que escribió durante la segunda mitad del siglo IV, afirmó que el emperador Claudio había incorporado al Imperio varias islas situadas más allá de Britania, identificándolas expresamente como las Orcades. Esta noticia fue reproducida posteriormente por otros autores, entre ellos Paulo Orosio, durante el siglo V. Sin embargo, ninguno de estos testimonios proporciona una descripción detallada de operaciones militares desarrolladas en las islas ni identifica guarniciones, ciudades o estructuras administrativas romanas. Su valor histórico depende, por tanto, de determinar hasta qué punto reflejan acontecimientos reales o tradiciones literarias relacionadas con la exaltación de las conquistas imperiales. La incorporación simbólica de territorios lejanos al ámbito de poder de Roma podía desempeñar una función propagandística, especialmente cuando permitía presentar al emperador como dominador de regiones situadas en los confines del mundo conocido. Las fuentes relacionadas con Claudio y Agrícola muestran así una tensión entre la representación literaria del poder romano y las posibilidades reales de control territorial. No existen pruebas concluyentes de que las Orcadas formaran parte de una provincia romana, pagaran tributos de manera regular o estuvieran sometidas a instituciones imperiales. La distinción entre conocimiento geográfico, contacto ocasional, reconocimiento político y conquista efectiva resulta esencial para interpretar correctamente estas noticias.
La arqueología proporciona una perspectiva más concreta sobre las relaciones entre las comunidades orcadianas y el mundo romano. En diferentes asentamientos de la Edad del Hierro se han recuperado fragmentos cerámicos, objetos de vidrio, recipientes metálicos, fíbulas y monedas procedentes de territorios vinculados al Imperio. En el Broch of Gurness se identificaron fragmentos de un ánfora romana, mientras que Midhowe proporcionó parte de un recipiente de bronce de origen romano. Los hallazgos de cerámica romana en otros asentamientos de Rousay, Burray y Mainland confirman que determinados productos circularon hasta el archipiélago durante los primeros siglos de nuestra era. En Lingro se recuperaron varias monedas de plata romanas y, en 2017, las excavaciones de Knowe of Swandro, en Rousay, descubrieron una moneda de aleación de cobre atribuida probablemente a mediados del siglo IV d. C. También se han identificado materiales que pudieron circular como objetos de prestigio, entre ellos cuatro elementos decorativos de asta procedentes de Bu Sands, en Burray, relacionados tipológicamente con producciones del sur de Britania durante la época romana tardía. Estos hallazgos poseen especial importancia porque confirman la llegada de objetos exteriores a comunidades que permanecieron fuera de las fronteras administrativas romanas. Sin embargo, su presencia no demuestra necesariamente intercambios comerciales directos: pudieron circular mediante contactos sucesivos, desplazamientos personales, regalos diplomáticos o redes regionales de distribución.
La influencia romana sobre las Orcadas debe comprenderse, en consecuencia, como un fenómeno limitado, discontinuo y diferente del experimentado por las regiones meridionales de Britania. Las comunidades insulares conservaron sus propias tradiciones arquitectónicas, económicas y materiales, mientras determinados productos exteriores fueron incorporándose de manera selectiva a sus actividades. La escasez de objetos romanos, comparada con la abundancia de materiales locales, sugiere que el archipiélago no experimentó un proceso generalizado de romanización semejante al documentado en las provincias imperiales. No obstante, esa limitada presencia material tampoco permite concluir que las relaciones fueran irrelevantes, pues algunos objetos pudieron adquirir una importancia social superior a la que indica su número. Las conexiones con el norte continental de Escocia probablemente facilitaron la circulación de productos y noticias procedentes de territorios bajo influencia romana, aunque desconocemos las rutas concretas utilizadas. Durante los siglos III y IV, cuando la autoridad imperial se concentraba principalmente en las regiones situadas al sur de sus fronteras septentrionales, las comunidades orcadianas continuaron desarrollando sus propias formas de organización. La desaparición progresiva del poder romano en Britania durante los primeros años del siglo V no supuso necesariamente una ruptura inmediata para el archipiélago, cuya evolución dependía de procesos regionales más amplios. El principal legado de estos contactos reside en que las Orcadas comenzaron a incorporarse a las descripciones históricas del mundo mediterráneo, mientras los hallazgos arqueológicos permiten reconocer una participación modesta, pero significativa, en redes de comunicación que conectaban el Atlántico septentrional con territorios mucho más alejados.
-Pomponio Mela (siglo I d. C.). De chorographia, libro III, 54; Plinio el Viejo (siglo I d. C.). Historia natural, libro IV, 103; Claudio Ptolomeo (siglo II d. C.). Geografía, libro II. Fuentes clásicas fundamentales para estudiar la identificación geográfica de las Orcadas y las diferencias entre las descripciones antiguas.
-Tácito (finales del siglo I d. C.). Agrícola, capítulo 10; Eutropio (siglo IV d. C.). Breviario de historia romana, VII, 13. Testimonios originales sobre las supuestas expediciones y conquistas romanas en el archipiélago, cuya interpretación exige distinguir la narración histórica de la propaganda imperial.
-Hunter, F. (1994). Four Decorated Antler Mounts and a Stone ‘Egg’ Amulet from Bu Sands, Burray, Orkney. Proceedings of the Society of Antiquaries of Scotland, 123, pp. 319–336. Investigación arqueológica sobre objetos de posible procedencia exterior y las relaciones culturales de las Orcadas durante la época romana tardía.
-University of Bradford (2017). Roman Coin Uncovered in Orkney. Informe sobre el descubrimiento de una moneda romana del siglo IV en Knowe of Swandro, Rousay. Complementado con la documentación de Historic Environment Scotland sobre los materiales romanos de Midhowe Broch.
11.2. Los pictos y las comunidades del norte de Escocia
Durante la Antigüedad tardía y los primeros siglos de la Alta Edad Media, las islas Orcadas formaron parte del ámbito cultural de los pictos, las poblaciones que habitaban extensas regiones del norte y este de Escocia durante el primer milenio d. C. El nombre procede del término latino Picti, documentado por primera vez en un panegírico romano del año 297, aunque su significado original y las circunstancias de su utilización continúan siendo discutidos. Tradicionalmente se relacionó con la costumbre de pintar o tatuar el cuerpo, pero esta explicación etimológica no demuestra que todas las comunidades identificadas como pictas compartieran tales prácticas. La investigación contemporánea considera que el término pudo englobar diferentes grupos territoriales, unidos por determinadas tradiciones culturales y relaciones políticas, sin constituir necesariamente un pueblo homogéneo. En las Orcadas, la presencia picta no debe entenderse como una invasión claramente identificable que sustituyera a la población anterior. Los testimonios arqueológicos muestran importantes continuidades con las comunidades de la Edad del Hierro, acompañadas por transformaciones en los asentamientos, la producción artesanal y las expresiones simbólicas. Entre los siglos V y VIII, el archipiélago participó de manera reconocible en las tradiciones desarrolladas en Caithness, Sutherland y otras regiones septentrionales escocesas, aunque conservó características propias derivadas de su historia insular.
La relación política de las Orcadas con los reinos pictos del continente resulta más difícil de reconstruir. Las fuentes escritas son escasas, pero algunas referencias permiten reconocer contactos con las autoridades del norte de Escocia. Adomnán de Iona, autor de una biografía de san Columba redactada a finales del siglo VII, menciona la presencia de un gobernante subordinado de las Orcadas en la corte del rey picto Bridei, hijo de Maelchon, durante la segunda mitad del siglo VI. Según su relato, el monarca podía intervenir en los asuntos del archipiélago, aunque desconocemos el alcance efectivo de aquella autoridad. Posteriormente, los Anales de Tigernach registran que en el año 682 las Orcadas fueron devastadas por otro gobernante picto, Bridei, hijo de Beli. Esta noticia ha sido interpretada como indicio de una expedición militar destinada a imponer o recuperar el control sobre las islas, pero la fuente no explica sus causas ni sus consecuencias. Ambos testimonios sugieren que las relaciones políticas entre las Orcadas y los reinos pictos continentales pudieron experimentar períodos de cooperación, subordinación y conflicto. Sin embargo, no permiten reconstruir una administración territorial permanente ni establecer qué grado de autonomía mantenían las comunidades insulares. Es probable que las relaciones personales entre dirigentes, las alianzas y la capacidad de navegación desempeñaran un papel importante en estos vínculos, dentro de un contexto político caracterizado por la existencia de diferentes centros de poder.
Los asentamientos arqueológicos muestran que la sociedad orcadiana experimentó cambios importantes durante este período sin abandonar necesariamente los lugares ocupados en siglos anteriores. En Buckquoy, cerca de Birsay, las excavaciones realizadas por Anna Ritchie entre 1970 y 1971 documentaron una sucesión de viviendas y explotaciones domésticas cuyas características arquitectónicas fueron interpretadas inicialmente como testimonio de una transición desde formas pictas hacia construcciones escandinavas. Sin embargo, una investigación publicada en 2025, basada en nuevas dataciones por radiocarbono de objetos de hueso conservados en el Museo de las Orcadas, ha cuestionado profundamente esta interpretación. Los resultados indican que las cinco fases principales de ocupación probablemente pertenecen a los siglos VI, VII y VIII, antes del establecimiento escandinavo documentado posteriormente. Las viviendas de planta rectangular, consideradas durante décadas una innovación introducida desde Escandinavia, pudieron desarrollarse dentro de las propias tradiciones arquitectónicas pictas. Este descubrimiento demuestra que las comunidades locales participaron activamente en la transformación de sus espacios domésticos y que los cambios constructivos no pueden atribuirse automáticamente a la llegada de poblaciones exteriores. Otros yacimientos, como Pool, en Sanday, y el Broch of Burrian, en North Ronaldsay, muestran una prolongada utilización de lugares anteriormente ocupados durante la Edad del Hierro. En este último se recuperaron numerosos alfileres de hueso, peines decorados, piezas de juego y otros objetos que permiten reconocer actividades domésticas y artesanales durante las etapas finales de la ocupación indígena.
Una de las manifestaciones culturales más representativas de los pictos fue la elaboración de piedras grabadas con símbolos geométricos y figuras de animales, cuya distribución alcanzó numerosos territorios del norte de Escocia. En las Orcadas se han identificado diferentes ejemplos, algunos relacionados con asentamientos y otros conservados mediante reutilizaciones posteriores. Entre los motivos aparecen crecientes acompañados por líneas en forma de V, discos, figuras animales estilizadas, águilas y representaciones de objetos cuya función simbólica permanece desconocida. Uno de los testimonios más extraordinarios procede del Brough of Birsay, donde en 1935 se descubrió una piedra decorada con varios símbolos pictos y tres guerreros representados de perfil, armados con lanzas y escudos. El monumento, fechado probablemente durante el siglo VIII, constituye una de las expresiones artísticas más elaboradas de esta tradición en el archipiélago. También se han recuperado símbolos grabados sobre objetos de hueso y pequeñas piezas portátiles, lo que indica que estas representaciones no estuvieron limitadas a grandes monumentos pétreos. Algunos investigadores han propuesto que los signos podían expresar nombres, linajes, categorías sociales o relaciones de autoridad, pero todavía no existe un sistema de interpretación universalmente aceptado. Las inscripciones realizadas mediante el alfabeto ogham, documentadas asimismo en diferentes yacimientos orcadianos, muestran la existencia de otras formas de comunicación gráfica. Sin embargo, la lectura de numerosos testimonios resulta problemática y no permite reconstruir de manera completa la lengua hablada por las comunidades del archipiélago.
El Brough of Birsay proporciona también evidencias especialmente significativas sobre la posible existencia de centros de poder durante la etapa picta. Las excavaciones han identificado restos de ocupación correspondientes a los siglos VII y VIII, junto con objetos de notable calidad y testimonios de producción metalúrgica. Entre los materiales recuperados destacan moldes utilizados para fabricar alfileres y fíbulas, anillos y peines de hueso cuidadosamente elaborados. Esta concentración de actividades artesanales especializadas, acompañada por la presencia de escultura monumental, ha llevado a interpretar Birsay como un posible centro de autoridad regional, aunque todavía desconocemos la organización política de sus habitantes. Las conexiones artísticas y materiales con las Shetland, Caithness y otras regiones pictas demuestran que las comunidades orcadianas participaron en redes culturales que superaban ampliamente los límites del archipiélago. Estas relaciones pudieron facilitar la circulación de artesanos, conocimientos técnicos y formas de representación del prestigio, sin que resulte necesario suponer una dependencia política constante respecto a un único reino continental. La sociedad picta de las Orcadas se presenta, por tanto, como una realidad histórica diversa, caracterizada por la continuidad de tradiciones locales y por la incorporación progresiva de nuevas formas de organización y expresión cultural. Su conocimiento sigue condicionado por la escasez de fuentes escritas y por las dificultades para fechar determinados asentamientos, pero las investigaciones recientes están demostrando que las comunidades del archipiélago poseían una capacidad de transformación propia mucho mayor de la que sugerían las antiguas interpretaciones. Esta evolución constituye el contexto histórico imprescindible para comprender los cambios religiosos y culturales que marcarían los últimos siglos de la Alta Edad Media.
-Noble, G., Griffiths, D., Hillerdal, C., Allison, J., Hamilton, D. y Batey, C. (2025). Buckquoy, Orkney: Addressing the Pictish-Viking Transition in Northern Scotland. Antiquity, 99(408), pp. 1623–1639. Investigación reciente, consultada directamente, que revisa mediante nuevas dataciones la cronología de Buckquoy y demuestra que determinadas transformaciones arquitectónicas precedieron a la llegada escandinava.
-Scott, I. G. y Ritchie, A. (2015). Pictish Symbol Stones and Early Cross-Slabs from Orkney. Proceedings of the Society of Antiquaries of Scotland, 144, pp. 169–204. Estudio especializado de las piedras con símbolos pictos, las esculturas y las conexiones artísticas del archipiélago con otras regiones septentrionales.
-Ritchie, A. (1979). Excavation of Pictish and Viking-age Farmsteads at Buckquoy, Orkney. Proceedings of the Society of Antiquaries of Scotland, 108, pp. 174–227. Publicación original de las excavaciones de Buckquoy, fundamental para estudiar su secuencia arquitectónica y comparar sus interpretaciones iniciales con los resultados de 2025.
-Historic Environment Scotland (s. f.). Brough of Birsay: History and Stories. Documentación institucional sobre la ocupación picta de Birsay, las actividades metalúrgicas, los materiales ornamentales y su excepcional piedra esculpida. Complementada por el registro arqueológico oficial del Broch of Burrian, en North Ronaldsay.
11.3. Cristianización y transformaciones culturales
La introducción del cristianismo en las islas Orcadas constituyó uno de los procesos culturales más significativos de la Alta Edad Media, aunque su desarrollo fue gradual y continúa siendo difícil de reconstruir con precisión. Las primeras influencias cristianas debieron llegar a través de las relaciones marítimas mantenidas con Irlanda, el oeste de Escocia y los territorios pictos del norte británico, donde la nueva religión se había extendido progresivamente durante los siglos V y VI. Uno de los testimonios escritos más antiguos aparece en la Vida de san Columba, redactada por Adomnán de Iona a finales del siglo VII. La obra relata los viajes del monje irlandés Cormac Ua Liatháin, quien durante la segunda mitad del siglo VI emprendió una expedición hacia las Orcadas en busca de un lugar apartado donde desarrollar una vida de retiro religioso. Según Adomnán, san Columba solicitó al rey picto Bridei que garantizara la seguridad de Cormac durante su estancia en el archipiélago, lo que sugiere que aquellas islas mantenían relaciones políticas con las comunidades continentales. Sin embargo, el relato no demuestra que existiera entonces una Iglesia organizada ni que se hubiera producido una conversión general de sus habitantes. Su principal importancia reside en documentar la circulación de religiosos cristianos por el Atlántico septentrional y la posibilidad de contactos tempranos entre las comunidades orcadianas y los centros monásticos de tradición irlandesa.
Las evidencias arqueológicas más claras de la expansión cristiana proceden de las piedras esculpidas y los objetos relacionados con la nueva tradición religiosa. Entre los siglos VII y VIII comenzaron a difundirse en las Orcadas losas decoradas con cruces, algunas acompañadas por motivos característicos del arte picto. Estos monumentos muestran que la incorporación del cristianismo no implicó necesariamente el abandono inmediato de las expresiones artísticas anteriores, sino que pudo desarrollarse mediante la integración de elementos pertenecientes a tradiciones culturales diferentes. Un descubrimiento especialmente significativo tuvo lugar en 2016, cuando se recuperó una piedra esculpida en Newark, en la península de Deerness, que había quedado expuesta por la erosión costera. La losa presenta una cruz cuidadosamente trabajada en una de sus caras y figuras animales de tradición picta en la otra, características que permiten situarla probablemente en el siglo VIII. Su decoración constituye un testimonio material de la coexistencia de referencias cristianas y símbolos locales dentro de una misma obra. Los estudios de Ian G. Scott y Anna Ritchie han identificado, además, un importante conjunto de losas funerarias con cruces, pequeñas piedras portátiles y elementos relacionados con el mobiliario litúrgico. Las semejanzas formales con producciones de las Shetland, Caithness, Iona y otras regiones de Escocia indican que los artesanos orcadianos participaron en redes culturales donde circulaban técnicas, modelos ornamentales y concepciones religiosas compartidas.
La existencia de comunidades y establecimientos religiosos constituye otra cuestión fundamental. En Papa Westray, el entorno de la iglesia de St Boniface conserva indicios de una prolongada utilización cristiana, entre ellos varias losas grabadas con cruces y monumentos funerarios correspondientes a distintas épocas. Aunque el edificio actual pertenece fundamentalmente a fases medievales posteriores, los testimonios arqueológicos permiten considerar que el lugar pudo tener importancia religiosa desde el período picto. En Papa Stronsay, las excavaciones realizadas en torno a la capilla de St Nicholas identificaron restos constructivos anteriores al edificio medieval, algunos interpretados como posibles testimonios de una comunidad cristiana del siglo VIII. Sin embargo, la función y la cronología de esas estructuras continúan siendo objeto de investigación. También se ha propuesto la existencia de un establecimiento monástico temprano en la isla de Flotta, basándose especialmente en el descubrimiento de elementos de piedra que pudieron formar parte de un altar. Estos hallazgos sugieren una organización religiosa más compleja que la simple presencia ocasional de misioneros, aunque todavía no permiten establecer con seguridad la extensión de las comunidades monásticas ni reconstruir una red institucional completa. La escasez de iglesias conservadas de esta época dificulta conocer su arquitectura original, sus dimensiones y las relaciones que mantenían con los asentamientos próximos.
La cristianización también pudo transformar las prácticas funerarias y la manera de recordar a los difuntos. La utilización de losas grabadas con cruces y la aparición de determinados cementerios asociados a espacios religiosos indican la progresiva incorporación de nuevas formas de señalización de las sepulturas. Sin embargo, no todos los enterramientos pueden identificarse cultural o religiosamente mediante su orientación o la ausencia de objetos funerarios, pues estas características también aparecen en contextos no cristianos. La interpretación debe considerar el conjunto de evidencias disponibles, especialmente la cronología, la disposición de las tumbas y su relación con edificios o monumentos esculpidos. Resulta igualmente significativa la conservación de topónimos relacionados con el término nórdico papar, utilizado para designar a determinados religiosos cristianos. Nombres como Papa Westray, Papa Stronsay y Papdale se han interpretado tradicionalmente como testimonios de la presencia de clérigos anteriores a la expansión escandinava. Aunque esta explicación resulta plausible, los topónimos no demuestran por sí solos que aquellos lugares estuvieran ocupados por ermitaños irlandeses ni permiten establecer la fecha de fundación de posibles establecimientos religiosos. Algunos investigadores han señalado que determinados emplazamientos asociados a estos nombres se encontraban en terrenos agrícolas productivos, lo que podría indicar comunidades religiosas integradas en la economía local. Estas observaciones permiten considerar diferentes formas de organización eclesiástica, desde pequeños grupos dedicados a la vida espiritual hasta instituciones vinculadas con poblaciones y recursos territoriales concretos.
Las transformaciones religiosas de las Orcadas deben comprenderse dentro de un proceso más amplio de integración cultural con las comunidades cristianas del norte de las islas británicas. La presencia de cruces esculpidas, posibles objetos litúrgicos y nuevos lugares de enterramiento indica que la religión cristiana llegó a formar parte de la vida social del archipiélago antes del establecimiento de las sociedades escandinavas medievales. Su expansión pudo favorecer la circulación de conocimientos artísticos, formas de escritura y modelos de organización comunitaria, aunque desconocemos hasta qué punto estas novedades modificaron las actividades cotidianas de la mayoría de la población. Los testimonios de escritura ogham y las relaciones con los centros religiosos de Escocia e Irlanda muestran la existencia de contactos con ambientes donde se cultivaba la transmisión escrita del conocimiento, pero no permiten determinar cuántas personas sabían leer o escribir en las Orcadas. Tampoco resulta posible identificar una fecha concreta en la que el cristianismo sustituyera definitivamente a todas las tradiciones religiosas anteriores. Las creencias pudieron coexistir, transformarse y adquirir significados diferentes según las comunidades y los períodos. La investigación contemporánea destaca precisamente el carácter progresivo y diverso de estos cambios, evitando interpretar la cristianización como un acontecimiento único o exclusivamente impuesto desde el exterior. Las evidencias disponibles permiten reconocer una sociedad picta que participó activamente en las corrientes religiosas y culturales de la Alta Edad Media, desarrollando expresiones cristianas propias antes de las profundas transformaciones históricas que acompañarían a la expansión escandinava.
-Scott, I. G. y Ritchie, A. (2015). Pictish Symbol Stones and Early Cross-Slabs from Orkney. Proceedings of the Society of Antiquaries of Scotland, 144, pp. 169–204. Investigación fundamental sobre las cruces esculpidas, el arte cristiano temprano, el mobiliario litúrgico y los posibles establecimientos religiosos del archipiélago. Consultados el resumen y los datos académicos de la publicación.
-Breen, A. (2009). Cormac. Dictionary of Irish Biography, Royal Irish Academy. Estudio biográfico del monje Cormac Ua Liatháin y de sus viajes hacia las Orcadas, basado en los testimonios de Adomnán de Iona.
-UHI Archaeology Institute (2016). Pictish Cross-Slab Discovered in Deerness. Archaeology Orkney, 28 de octubre de 2016. Documentación del descubrimiento de la losa cristiana de Newark, sus motivos pictos y las circunstancias arqueológicas de su recuperación.
-Kirkness, W. (1921). Notes on the Discovery of a Coped Monument and an Incised Cross-Slab at the Graveyard, St Boniface Church, Papa Westray, Orkney. Proceedings of the Society of Antiquaries of Scotland, 55, pp. 131–134. Publicación arqueológica sobre las losas cristianas y los monumentos funerarios del entorno de St Boniface, en Papa Westray.
11.4. La llegada de los escandinavos y el comienzo de una nueva etapa histórica
La llegada de poblaciones escandinavas a las islas Orcadas, entre finales del siglo VIII y el transcurso del IX, inició una transformación histórica que acabaría incorporando el archipiélago al mundo nórdico medieval. Su posición geográfica, entre las costas occidentales de Noruega, las Shetland y el norte de Escocia, convertía las islas en un punto de escala especialmente favorable para los desplazamientos marítimos por el Atlántico septentrional. Los contactos con Escandinavia pudieron comenzar antes del establecimiento permanente de colonos, mediante expediciones comerciales, viajes exploratorios o incursiones de carácter militar. Sin embargo, las evidencias disponibles no permiten determinar una fecha precisa para la primera llegada ni reconstruir una conquista organizada de todo el territorio. Tradicionalmente se interpretó la expansión vikinga como una ocupación rápida que habría provocado la desaparición de las comunidades pictas anteriores. Las investigaciones arqueológicas recientes cuestionan esta explicación demasiado uniforme y proponen un proceso más complejo, desarrollado mediante contactos iniciales, asentamientos progresivos y transformaciones culturales de intensidad variable. La posibilidad de episodios violentos no puede descartarse, pero tampoco existen pruebas suficientes para considerar que todas las comunidades indígenas fueron expulsadas o sustituidas inmediatamente. La incorporación de las Orcadas al ámbito escandinavo debió producirse mediante circunstancias diferentes según los lugares y los períodos, en un contexto de creciente movilidad marítima y expansión nórdica por las costas del norte de Europa.
Las evidencias arqueológicas más significativas de este proceso proceden de asentamientos y cementerios donde se han identificado materiales característicos de las tradiciones escandinavas. En Westness, situado en la isla de Rousay, las excavaciones dirigidas por la arqueóloga noruega Sigrid Kaland permitieron investigar un cementerio utilizado desde el período picto y posteriormente por poblaciones de tradición nórdica. Entre los enterramientos se descubrieron dos sepulturas realizadas en pequeñas embarcaciones, acompañadas por armas, herramientas y objetos personales, además de varias tumbas provistas de ajuares de características escandinavas. Una de las sepulturas más conocidas, descubierta en 1963, pertenecía a una mujer enterrada con dos fíbulas ovaladas, numerosas cuentas, instrumentos domésticos y una excepcional fíbula de tradición insular, elaborada con plata, oro y elementos decorativos de vidrio y ámbar. La presencia conjunta de objetos procedentes de tradiciones diferentes revela la existencia de contactos culturales y la circulación de bienes entre comunidades. Las dataciones indican que el cementerio comenzó a utilizarse antes de la llegada escandinava y que las nuevas sepulturas se incorporaron durante los siglos IX y X. Esta continuidad espacial constituye una evidencia especialmente importante, aunque no demuestra por sí sola que ambos grupos convivieran siempre pacíficamente. Los enterramientos permiten reconocer nuevas costumbres y la presencia de personas vinculadas culturalmente con Escandinavia, pero no reconstruir de forma completa las relaciones sociales establecidas con la población local.
El Brough of Birsay proporciona otro testimonio fundamental sobre la transformación de los asentamientos durante esta etapa. Las excavaciones han identificado construcciones escandinavas de los siglos IX al XI levantadas sobre restos de ocupación picta de los siglos VII y VIII. Los edificios nórdicos incluían viviendas, dependencias agrícolas y espacios destinados a actividades artesanales, entre ellos un posible taller de herrería. Su organización presenta características relacionadas con las tradiciones residenciales escandinavas, aunque las sucesivas reformas demuestran una evolución arquitectónica prolongada. También existen evidencias de asentamientos nórdicos en Pool, en Sanday, y en otros lugares donde las nuevas construcciones se superpusieron a espacios habitados anteriormente. Sin embargo, la interpretación de estas transformaciones ha experimentado una revisión decisiva gracias a las investigaciones recientes de Buckquoy, cerca de Birsay. Un estudio publicado en 2025, basado en nuevas dataciones por radiocarbono, demostró que varias viviendas rectangulares consideradas durante décadas de origen vikingo habían sido construidas probablemente por comunidades pictas antes del siglo IX. Este descubrimiento obliga a abandonar la identificación automática de determinadas formas arquitectónicas con la llegada escandinava. La transformación de los asentamientos fue, por tanto, resultado de procesos diversos, entre los que debieron intervenir innovaciones locales, movimientos de población y contactos culturales. La arqueología actual concede especial importancia a establecer cronologías independientes antes de atribuir un edificio, una técnica o un objeto a una comunidad determinada.
La progresiva consolidación de la presencia escandinava transformó profundamente la organización territorial, la lengua y las relaciones exteriores del archipiélago. Durante los siglos IX y X, las Orcadas quedaron integradas en las redes marítimas nórdicas que conectaban Noruega, las Shetland, las Hébridas, Irlanda y diferentes regiones de Escocia. La navegación facilitó el establecimiento de nuevas explotaciones agrícolas, el transporte de mercancías y la circulación de personas y conocimientos, mientras las comunidades insulares participaron en una esfera cultural cada vez más relacionada con Escandinavia. Una de las consecuencias más duraderas fue la expansión del nórdico antiguo, lengua que acabaría predominando en las islas durante gran parte de la Edad Media. Numerosos topónimos actuales conservan elementos de ese idioma, relacionados con accidentes geográficos, asentamientos, explotaciones rurales y características del paisaje. Nombres como Birsay, Rousay y Westray constituyen testimonios de esta profunda transformación lingüística, aunque la desaparición de buena parte de la toponimia anterior no demuestra necesariamente la extinción biológica de las poblaciones indígenas. La presencia de elementos culturales locales y las posibilidades de integración entre diferentes grupos obligan a distinguir los procesos de sustitución lingüística de los cambios demográficos. La nueva organización de las Orcadas estuvo vinculada también al establecimiento de relaciones políticas con dirigentes escandinavos, que acabarían dando lugar al condado nórdico de las Orcadas, una entidad de considerable importancia en la historia medieval del Atlántico septentrional.
Las tradiciones literarias escandinavas proporcionan un relato sobre los orígenes de este nuevo poder político, aunque fueron redactadas mucho después de los acontecimientos que describen. La Orkneyinga saga, compuesta probablemente hacia finales del siglo XII o comienzos del XIII, atribuye la incorporación de las islas al ámbito noruego a una expedición del rey Harald I, conocido como Harald Cabellera Hermosa, desarrollada durante la segunda mitad del siglo IX. Según el relato, el monarca habría concedido el gobierno del archipiélago al noble Rǫgnvaldr de Møre, quien posteriormente lo habría transmitido a su hermano Sigurðr, considerado uno de los primeros condes de las Orcadas. Sin embargo, esta narración presenta importantes problemas cronológicos y pudo incorporar tradiciones destinadas a legitimar retrospectivamente la autoridad de los monarcas noruegos. La historiadora Judith Jesch ha destacado que las fuentes medievales ofrecen versiones diferentes sobre los comienzos de la presencia escandinava y que su interpretación exige considerar la considerable distancia temporal entre los acontecimientos y su redacción. Por ello, la existencia de un proceso de consolidación política nórdica resulta históricamente fundamentada, pero no todos los episodios relatados por las sagas pueden aceptarse como hechos comprobados. Durante los siglos siguientes, las Orcadas se convertirían en un importante centro político y marítimo, manteniendo relaciones cada vez más estrechas con los territorios escandinavos y las regiones británicas. Esta transformación no eliminó completamente las huellas de las comunidades anteriores, pero modificó profundamente la lengua, las instituciones y las tradiciones culturales del archipiélago. Con la consolidación de la sociedad nórdica se abrió una nueva etapa histórica que prolongó, bajo formas diferentes, la importancia de las Orcadas como espacio de conexión entre las comunidades del Atlántico norte.
-Noble, G., Griffiths, D., Hillerdal, C., Allison, J., Hamilton, D. y Batey, C. (2025). Buckquoy, Orkney: Addressing the Pictish-Viking Transition in Northern Scotland. Antiquity, 99(408), pp. 1623–1639. Investigación fundamental y reciente sobre las nuevas dataciones del asentamiento de Buckquoy y la necesidad de revisar los modelos tradicionales de sustitución cultural.
-Graham-Campbell, J. (2003). The Vikings in Orkney. pp. 128–137. Estudio arqueológico sobre los primeros asentamientos nórdicos, los cementerios de Westness y Pierowall y las diferentes interpretaciones de la ocupación escandinava.
-Historic Environment Scotland (s. f.). Brough of Birsay: History and Stories. Documentación institucional sobre las ocupaciones picta y escandinava, las viviendas nórdicas y la evolución del asentamiento durante la Alta Edad Media.
-Jesch, J. (2025). Digging the Orkney Story: Orkneyinga Saga and the Scandinavian Settlement of Northern Scotland. Viking Special Volumes, vol. 3. Investigación sobre las tradiciones literarias de la llegada escandinava, la fiabilidad histórica de las sagas y las dificultades para reconstruir los orígenes del poder nórdico en las Orcadas.
El extraordinario patrimonio prehistórico de las islas Orcadas constituye una referencia fundamental para comprender el desarrollo de las sociedades neolíticas de la Europa atlántica. Su importancia no reside únicamente en la conservación de monumentos de excepcional calidad arquitectónica, sino también en la diversidad de testimonios que permiten investigar las relaciones entre las comunidades humanas, sus actividades cotidianas y las transformaciones del territorio. La continuidad de las investigaciones ha convertido al archipiélago en un espacio privilegiado para estudiar procesos culturales que, en otros lugares de Europa, resultan más difíciles de reconstruir debido a la desaparición o fragmentación de los restos arqueológicos.
Durante las últimas décadas, los avances científicos y los nuevos descubrimientos han ampliado considerablemente el conocimiento del Neolítico orcadiano, al tiempo que han cuestionado algunas interpretaciones tradicionales sobre la organización social y el significado de las construcciones monumentales. La aplicación de métodos de datación más precisos, las investigaciones paleoambientales y el estudio interdisciplinar de los materiales recuperados permiten reconstruir una historia progresivamente más compleja. Estos avances muestran también que el patrimonio arqueológico no constituye un conjunto de conocimientos definitivamente establecido, sino una fuente de información sometida a revisión y enriquecida continuamente mediante nuevas preguntas y procedimientos de investigación.
La conservación y transmisión de este legado plantean responsabilidades que trascienden el ámbito estrictamente científico. La protección de los monumentos, la gestión de las visitas y la participación de las comunidades locales resultan esenciales para garantizar su permanencia frente a los procesos de deterioro natural y las transformaciones del entorno. Al mismo tiempo, la divulgación rigurosa permite acercar estos testimonios a un público amplio y comprender su importancia dentro de la historia europea. El legado de las Orcadas representa, por tanto, una combinación excepcional de patrimonio material, conocimiento histórico e investigación contemporánea, cuyo valor reside tanto en lo que sabemos sobre sus antiguos habitantes como en las posibilidades que sus vestigios continúan ofreciendo para las generaciones futuras.
-UNESCO World Heritage Centre (s. f.). Heart of Neolithic Orkney. World Heritage List, bien n.º 514. Valor universal excepcional, significado arqueológico y responsabilidades de conservación del conjunto.
-UNESCO World Heritage Centre. The Ness of Brodgar Project (s. f.).Post-excavation.-The Ness of Brodgar Project Historic Environment Scotland (2025). Heart of Neolithic Orkney World Heritage Site: Management Plan 2025–2035. Marco de planificación para la protección patrimonial, la participación comunitaria y la gestión futura del conjunto.
12.1. La importancia arqueológica del archipiélago en la prehistoria europea
Las islas Orcadas ocupan una posición excepcional dentro de la investigación sobre la Prehistoria europea debido a la extraordinaria diversidad y conservación de sus testimonios neolíticos. A diferencia de otras regiones donde predominan los monumentos funerarios o los vestigios fragmentarios de antiguos asentamientos, el archipiélago permite estudiar conjuntamente viviendas, espacios comunitarios, construcciones ceremoniales y diferentes manifestaciones de la cultura material. Esta riqueza documental proporciona una perspectiva especialmente completa sobre las sociedades agrícolas que habitaron el norte de Europa durante el IV y III milenio a. C. La abundancia de arquitectura pétrea, favorecida por las características geológicas del territorio, ha permitido conservar elementos estructurales que en otros contextos desaparecieron casi por completo. Sin embargo, esta singularidad también exige ciertas precauciones, pues la mayor visibilidad de las construcciones de piedra no significa que todas las comunidades neolíticas europeas utilizaran procedimientos semejantes. El valor arqueológico de las Orcadas reside precisamente en ofrecer un conjunto de testimonios excepcionalmente detallado que puede compararse con las evidencias, generalmente más incompletas, procedentes de otras regiones del continente.
Una de sus principales aportaciones ha sido ampliar el conocimiento de las relaciones entre arquitectura doméstica, organización social y construcción monumental. Las investigaciones realizadas en diferentes asentamientos han demostrado que las transformaciones de las viviendas no respondieron únicamente a necesidades prácticas, sino que pudieron estar relacionadas con cambios en las formas de convivencia y en la identidad de determinados grupos. Los estudios dirigidos por Colin Richards y Richard Jones han contribuido a interpretar las comunidades neolíticas mediante modelos sociales en los que las casas representan unidades de continuidad, pertenencia y transmisión de relaciones entre generaciones. Esta perspectiva ha enriquecido el debate europeo sobre las primeras sociedades agrícolas, mostrando que la complejidad social no necesita manifestarse exclusivamente mediante diferencias económicas evidentes o instituciones políticas centralizadas. Al mismo tiempo, la extraordinaria capacidad constructiva documentada en las Orcadas obliga a reconsiderar antiguas interpretaciones que relacionaban automáticamente las obras monumentales con la existencia de dirigentes poderosos. La cooperación, la competencia entre comunidades y la transmisión de conocimientos especializados constituyen explicaciones complementarias que deben evaluarse mediante evidencias arqueológicas concretas. El archipiélago se ha convertido así en un espacio fundamental para investigar las diferentes formas de organización colectiva anteriores al desarrollo de las sociedades estatales.
La importancia de las Orcadas también se relaciona con su participación en los procesos de innovación y difusión cultural desarrollados en la Europa atlántica. Durante mucho tiempo, las regiones septentrionales de las islas británicas fueron consideradas territorios periféricos que recibían tardíamente las influencias procedentes de áreas meridionales más pobladas. Sin embargo, las investigaciones sobre determinadas tradiciones cerámicas y arquitectónicas han contribuido a modificar esta perspectiva. La aparición temprana de la cerámica Grooved Ware en el archipiélago, y su posterior expansión hacia diferentes regiones de Gran Bretaña e Irlanda, demuestra que las comunidades insulares pudieron desempeñar un papel activo en la transmisión de innovaciones. Los estudios de Mike Copper, Derek Hamilton y Alex Gibson han permitido reconocer la rapidez con la que determinadas formas cerámicas relacionadas con los modelos orcadianos comenzaron a difundirse durante las últimas décadas del IV milenio a. C. No obstante, este protagonismo no implica que todas las innovaciones neolíticas británicas surgieran en las Orcadas ni que existiera un único centro desde el cual se transmitieran las transformaciones culturales. Más bien demuestra que las redes marítimas facilitaron relaciones multidireccionales entre comunidades distantes, capaces de intercambiar conocimientos y adaptarlos a sus propias tradiciones.
Otra aportación fundamental del archipiélago procede de la posibilidad de reconstruir procesos históricos mediante secuencias arqueológicas relativamente extensas y comparables entre diferentes yacimientos. Las investigaciones cronológicas han demostrado que el desarrollo del Neolítico no siguió una sucesión uniforme de etapas arquitectónicas y culturales, como habían propuesto algunos modelos tradicionales. La utilización simultánea de diferentes formas cerámicas, las transformaciones de los espacios domésticos y las variaciones en la actividad monumental revelan trayectorias que podían diferir considerablemente entre comunidades próximas. Los estudios de Alexandra Bayliss y sus colaboradores, basados en la modelización estadística de dataciones por radiocarbono y luminiscencia, han permitido reconsiderar la duración y relación temporal de distintos procesos culturales. Sus resultados muestran que determinadas transformaciones se produjeron mediante cambios relativamente rápidos, mientras que otras tradiciones continuaron desarrollándose durante períodos prolongados. Esta complejidad resulta especialmente importante para la arqueología europea, pues cuestiona la tendencia a organizar las sociedades prehistóricas mediante grandes fases culturales consideradas homogéneas. Las Orcadas demuestran que comunidades relacionadas entre sí podían adoptar decisiones diferentes, conservar determinadas prácticas y transformar otras sin ajustarse necesariamente a una evolución histórica compartida.
Desde una perspectiva comparativa, el Neolítico orcadiano constituye una referencia imprescindible para estudiar la formación de los paisajes monumentales de Europa occidental. Sus testimonios permiten investigar las relaciones entre los lugares habitados, las construcciones colectivas y las formas de utilización del territorio, estableciendo comparaciones con los grandes conjuntos megalíticos de Irlanda, Gran Bretaña y la fachada atlántica continental. Sin embargo, estas semejanzas no deben interpretarse como pruebas de una civilización megalítica uniforme, sino como manifestaciones diversas de sociedades que compartieron determinados conocimientos, prácticas y redes de contacto. El reconocimiento internacional de las Orcadas ha contribuido a consolidar su consideración como un conjunto arqueológico de importancia excepcional, pero su relevancia científica supera los límites de los monumentos formalmente protegidos. Los asentamientos menos conocidos, las investigaciones sobre comunidades periféricas y las diferencias observadas entre islas proporcionan información igualmente necesaria para comprender la diversidad del archipiélago. Su principal contribución al estudio de la Prehistoria europea consiste en ofrecer un marco de comparación extraordinariamente rico, capaz de relacionar las grandes transformaciones culturales con las decisiones y experiencias de comunidades concretas. Las Orcadas permiten así aproximarse al Neolítico no como una etapa de evolución inevitable y homogénea, sino como un proceso histórico diverso, marcado por la innovación, la continuidad y las relaciones entre sociedades.
-UNESCO World Heritage Centre (s. f.). Heart of Neolithic Orkney. World Heritage List, bien n.º 514. Valor arqueológico internacional del conjunto, relevancia comparativa de sus monumentos y excepcional conservación de los testimonios domésticos y ceremoniales.
-Richards, C. y Jones, R. (eds.) (2016). The Development of Neolithic House Societies in Orkney: Investigations in the Bay of Firth, Mainland, Orkney (1994–2014). Oxford: Windgather Press. Investigación colectiva sobre la arquitectura doméstica, las relaciones sociales y la evolución de las comunidades neolíticas. Referencia contrastada mediante la descripción académica y editorial de la obra, sin consulta íntegra del volumen.
-Copper, M., Hamilton, D. y Gibson, A. (2021). Tracing the Lines: Scottish Grooved Ware Trajectories beyond Orkney. Proceedings of the Society of Antiquaries of Scotland, 150, pp. 81–117. Análisis cronológico de la difusión de Grooved Ware y de las relaciones culturales entre las Orcadas y otras regiones escocesas.
-Bayliss, A., Marshall, P., Richards, C. y Whittle, A. (2017). Islands of History: The Late Neolithic Timescape of Orkney. Antiquity, 91(359), pp. 1171–1188. Investigación sobre la cronología del Neolítico final, las diferencias entre comunidades y la revisión de los modelos tradicionales de evolución cultural.
12.2. Las investigaciones modernas y los nuevos descubrimientos
La investigación arqueológica de las islas Orcadas ha experimentado una profunda transformación desde las primeras exploraciones realizadas durante el siglo XIX hasta los proyectos científicos contemporáneos. Las excavaciones antiguas se concentraban principalmente en descubrir construcciones monumentales, recuperar objetos y describir sus características arquitectónicas, frecuentemente mediante procedimientos que provocaban la pérdida de información sobre la disposición original de los materiales. Durante las primeras décadas del siglo XX, los trabajos de Vere Gordon Childe en Skara Brae, desarrollados entre 1928 y 1930, representaron un avance importante en la documentación sistemática de los asentamientos prehistóricos. Sin embargo, las limitaciones de los métodos disponibles también dieron lugar a interpretaciones cronológicas que posteriormente fueron revisadas. La introducción de la datación por radiocarbono durante la segunda mitad del siglo XX permitió situar numerosas construcciones en períodos mucho más antiguos de lo que se había supuesto inicialmente. Las investigaciones de David Clarke en Skara Brae, realizadas durante 1972 y 1973, contribuyeron especialmente a confirmar su cronología neolítica y a revisar su evolución arquitectónica. Desde entonces, la arqueología orcadiana ha experimentado una progresiva especialización, incorporando estudios sobre los procesos de formación de los yacimientos, la composición de los materiales y las relaciones entre las actividades humanas y su entorno. Este cambio permitió superar una investigación centrada exclusivamente en los monumentos visibles y comenzar a reconstruir las sociedades que los construyeron.
Uno de los avances más importantes ha sido la aplicación de métodos de prospección capaces de identificar estructuras enterradas sin necesidad de excavarlas previamente. La magnetometría, la resistividad eléctrica y el radar de penetración terrestre permiten reconocer alteraciones del subsuelo relacionadas con muros, fosos y antiguas superficies de ocupación. Estas técnicas resultaron decisivas para el descubrimiento del complejo de Ness of Brodgar, donde las prospecciones geofísicas iniciadas en 2002 revelaron una concentración excepcional de estructuras desconocidas. El hallazgo de un bloque trabajado durante las labores agrícolas de 2003 motivó una primera intervención, mientras que las excavaciones sistemáticas comenzaron al año siguiente bajo la dirección de Nick Card. Las investigaciones modificaron considerablemente la interpretación del Neolítico final, al documentar una escala de construcción monumental que hasta entonces no había sido reconocida en el archipiélago. Paralelamente, la fotografía aérea mediante drones, la fotogrametría y los modelos digitales tridimensionales han permitido registrar las sucesivas fases de excavación con una precisión difícilmente alcanzable mediante los procedimientos tradicionales. Estas herramientas facilitan la conservación de información sobre estructuras que deben desmontarse durante los trabajos, permiten comparar elementos arquitectónicos y proporcionan nuevas posibilidades para estudiar los yacimientos sin intervenir nuevamente sobre sus restos originales.
Las excavaciones recientes también han ampliado el conocimiento de comunidades situadas fuera de los grandes centros monumentales de Mainland. En Links of Noltland, en la isla de Westray, las investigaciones emprendidas desde 2007 como respuesta a la erosión del paisaje arenoso han descubierto un extenso conjunto de asentamientos y estructuras agrícolas pertenecientes a diferentes etapas prehistóricas. Entre los hallazgos más destacados figuran pequeñas representaciones humanas talladas en piedra, cuya aparición proporcionó testimonios excepcionales de una tradición figurativa anteriormente poco conocida en las Orcadas. El estudio de los suelos, los depósitos domésticos y los restos orgánicos conservados bajo las dunas ha permitido investigar además aspectos relacionados con la utilización de los espacios habitados y las transformaciones ambientales. Otro avance fundamental procede de la revisión de las cronologías mediante modelos estadísticos que combinan numerosas dataciones por radiocarbono y otros procedimientos de análisis. Un estudio publicado en 2017 por Alexandra Bayliss y sus colaboradores demostró que la evolución de los asentamientos y monumentos neolíticos había sido más compleja de lo que indicaban las antiguas secuencias culturales. La coexistencia de diferentes tradiciones y las variaciones cronológicas entre comunidades obligaron a reconsiderar la idea de una evolución uniforme del archipiélago. Estos resultados muestran que los descubrimientos actuales no dependen exclusivamente de encontrar nuevos monumentos, sino también de analizar con mayor precisión testimonios arqueológicos conocidos desde hace décadas.
La incorporación de métodos científicos procedentes de la genética, la bioquímica y las ciencias ambientales está proporcionando perspectivas anteriormente inaccesibles. Los análisis de ADN antiguo permiten investigar relaciones biológicas entre individuos enterrados en diferentes monumentos, mientras que los estudios isotópicos de los restos humanos pueden aportar información sobre la alimentación y los desplazamientos realizados durante determinadas etapas de la vida. Una investigación publicada en 2026, dirigida por Vicki Cummings y Chris Fowler junto con especialistas en genética, examinó individuos procedentes de cinco tumbas neolíticas de las Orcadas y Caithness. Sus resultados identificaron vínculos de parentesco entre personas enterradas en diferentes monumentos y sugirieron que determinadas relaciones de descendencia pudieron influir en la utilización de los espacios funerarios. Otro estudio publicado ese mismo año, basado en los isótopos de estroncio y azufre de quince individuos, indicó que la mayoría parecía haber crecido en entornos compatibles con las regiones donde fueron enterrados, aunque uno de ellos pudo proceder originalmente de una zona situada más al sur de Escocia. Estas investigaciones ofrecen nuevas posibilidades para estudiar la movilidad y las relaciones entre comunidades, pero sus conclusiones deben mantenerse dentro de los límites impuestos por el reducido tamaño de las muestras y las dificultades de conservación del material biológico. La integración de estos resultados con los datos arqueológicos resulta imprescindible para evitar que las relaciones genéticas o los indicadores químicos sean interpretados como explicaciones completas de la organización social.
La investigación de las Orcadas continúa ofreciendo descubrimientos incluso en lugares sometidos durante décadas a excavaciones sistemáticas. Tras la finalización de las campañas principales de Ness of Brodgar en agosto de 2024, el proyecto concentró sus esfuerzos en el estudio, clasificación y publicación de los numerosos materiales y registros acumulados durante veinte años. Sin embargo, nuevas prospecciones mediante radar realizadas en 2025 identificaron una anomalía circular que motivó una intervención limitada durante julio de 2026. Las excavaciones permitieron reconocer los restos de la denominada Estructura 44, una construcción de aproximadamente 8,4 metros de diámetro situada fuera del gran muro septentrional del complejo. Aunque la estructura había sufrido importantes alteraciones, sus características arquitectónicas y los fragmentos cerámicos recuperados permitieron relacionarla provisionalmente con el Neolítico final, sin que todavía existan dataciones absolutas que determinen su cronología precisa. Este descubrimiento demuestra que incluso los yacimientos más intensamente investigados pueden conservar testimonios capaces de modificar las interpretaciones anteriores. Al mismo tiempo, el trabajo posterior a las excavaciones adquiere una importancia creciente, pues el análisis de los materiales, las muestras ambientales y la documentación digital requiere años de investigación especializada. La arqueología contemporánea de las Orcadas se caracteriza así por una combinación de exploración, revisión científica y colaboración interdisciplinar que continúa ampliando el conocimiento de la Prehistoria europea. Su desarrollo confirma que el valor de estos yacimientos no reside únicamente en los descubrimientos ya realizados, sino también en las nuevas preguntas que sus testimonios permiten formular.
-Historic Environment Scotland (2026). The Story of Skara Brae. Publicado el 19 de enero de 2026. Historia de las investigaciones arqueológicas, desde el descubrimiento de 1850 hasta las excavaciones y revisiones modernas. Véase también Links of Noltland: History and Stories para los hallazgos de Westray.
-Bayliss, A., Marshall, P., Richards, C. y Whittle, A. (2017). Islands of History: The Late Neolithic Timescape of Orkney. Antiquity, 91(359), pp. 1171–1188. Investigación sobre la modelización cronológica, la revisión de las secuencias arqueológicas y las diferencias entre comunidades del archipiélago.
-Cummings, V., Fowler, C., Olalde, I., Cuthbert, S. y Reich, D. (2026). Building Tombs and Entombing the Dead as Technologies of Descent and Affinity in Neolithic Northern Scotland. Antiquity, 100(410), pp. 324–339. Investigación genética reciente sobre las relaciones de parentesco entre individuos enterrados en monumentos neolíticos de las Orcadas y Caithness.
-The Ness of Brodgar Project (2026). Structure Forty-Four. Documentación de la campaña de julio de 2026, desarrollada tras las prospecciones geofísicas de 2025. Complementada por Grooved Ware Pottery Sherds from Structure Forty-Four, publicado el 24 de agosto de 2026, sobre los primeros análisis de los materiales cerámicos recuperados.
12.3. Conservación, turismo cultural y protección del patrimonio
La conservación del patrimonio megalítico de las islas Orcadas constituye un desafío permanente, condicionado tanto por las características de sus monumentos como por las transformaciones ambientales y humanas del archipiélago. Aunque numerosas construcciones han sobrevivido durante aproximadamente cinco mil años, su extraordinaria antigüedad no significa que sean inmunes al deterioro. La exposición continuada al viento, la humedad, las precipitaciones y los cambios de temperatura puede provocar alteraciones en las superficies pétreas, debilitar determinados elementos arquitectónicos y favorecer procesos de erosión. También influyen el crecimiento de vegetación, las actividades agrícolas próximas y las intervenciones humanas realizadas en diferentes épocas. La protección actual exige, por tanto, un conocimiento detallado del estado de conservación de cada yacimiento y una vigilancia continuada de sus transformaciones. Historic Environment Scotland desarrolla programas de inspección, mantenimiento y documentación que permiten identificar riesgos y establecer prioridades de actuación. Las intervenciones se orientan generalmente por el principio de mínima alteración, procurando conservar los materiales originales y evitar reconstrucciones que puedan modificar la autenticidad de los monumentos. La conservación arqueológica no consiste simplemente en mantener una apariencia determinada, sino en proteger los testimonios materiales y la información histórica que todavía contienen, reconociendo que cualquier intervención debe estar respaldada por un análisis riguroso de sus posibles consecuencias.
El cambio climático representa uno de los desafíos más importantes para la protección futura de este patrimonio, especialmente en los yacimientos situados junto al litoral. Skara Brae constituye un ejemplo particularmente significativo debido a su proximidad inmediata a la bahía de Skaill, donde la acción combinada del oleaje, los temporales y la evolución de la línea de costa amenaza la estabilidad del asentamiento. La construcción de un muro de protección durante la década de 1920 permitió reducir el impacto directo de las tormentas sobre las viviendas excavadas, pero su mantenimiento ha requerido diversas reparaciones y ampliaciones posteriores. Los estudios realizados por Historic Environment Scotland han señalado que estas defensas pueden modificar la circulación de sedimentos y favorecer indirectamente la erosión de sectores arenosos próximos que permanecen desprotegidos. Para evaluar estos procesos se utilizan técnicas de escaneado láser, modelos tridimensionales y comparaciones de imágenes obtenidas en diferentes momentos, capaces de detectar pequeñas variaciones en la configuración del terreno. Los riesgos asociados al aumento del nivel del mar y a posibles cambios en la intensidad de los temporales obligan a considerar estrategias de conservación adaptables a nuevas circunstancias. En determinados lugares, la protección física puede resultar viable, mientras que en otros será necesario priorizar la documentación arqueológica antes de que los restos desaparezcan. Esta situación demuestra que la conservación del patrimonio costero plantea decisiones complejas, especialmente cuando no es posible garantizar la permanencia indefinida de todos los yacimientos.
El turismo cultural constituye otra dimensión fundamental de la conservación contemporánea de las Orcadas. La proyección internacional de su patrimonio arqueológico atrae cada año a numerosos visitantes y contribuye a sostener actividades económicas relacionadas con el alojamiento, el transporte, los servicios culturales y las empresas locales. Sin embargo, la concentración de visitantes durante determinados períodos, especialmente cuando coinciden varias escalas de cruceros, puede generar presiones importantes sobre monumentos e infraestructuras que no fueron concebidos para recibir grandes cantidades de personas. El tránsito continuado provoca desgaste de senderos, compactación del terreno y deterioro de las superficies vegetales que protegen determinados restos arqueológicos. En el Anillo de Brodgar se han establecido recorridos de sentido único y cierres temporales de algunos tramos del sendero interior, destinados a facilitar la regeneración de la cubierta herbácea y reducir los efectos de la erosión. Estas medidas muestran que la conservación y el acceso público requieren una planificación coordinada, capaz de mantener la experiencia cultural sin comprometer la estabilidad de los yacimientos. El Consejo de las Islas Orcadas presentó en agosto de 2026 un proyecto de plan de gestión de visitantes para 2027-2037, en el que se reconocen las dificultades provocadas por la concentración estacional del turismo y se proponen actuaciones destinadas a mejorar su sostenibilidad. El objetivo no consiste necesariamente en reducir la actividad turística, sino en distribuir mejor sus efectos, proteger los espacios más vulnerables y asegurar que los beneficios económicos resulten compatibles con las necesidades de las comunidades residentes.
La protección del patrimonio arqueológico tampoco puede limitarse a las estructuras monumentales individualmente consideradas, pues su significado histórico depende en buena medida de las relaciones que mantienen con el paisaje circundante. Las modificaciones de caminos, explotaciones agrícolas, infraestructuras energéticas o nuevas construcciones pueden alterar la percepción visual de los monumentos e incluso afectar a restos arqueológicos todavía desconocidos. Por esta razón, la planificación territorial incorpora áreas de protección y criterios destinados a evaluar el impacto de determinados proyectos sobre el conjunto patrimonial. El Plan de Gestión del Corazón neolítico de las Orcadas para el período 2025-2035 establece un marco de actuación orientado a coordinar las responsabilidades de conservación, investigación, educación y gestión del territorio. En esta labor participan Historic Environment Scotland y el Consejo de las Islas Orcadas, con la colaboración de instituciones ambientales, organismos científicos y representantes de diferentes sectores sociales. La protección exige considerar también aquellos yacimientos que se encuentran fuera del área reconocida como Patrimonio Mundial, pero que forman parte del mismo contexto histórico y arqueológico. Las prospecciones preventivas, la evaluación de los proyectos urbanísticos y la conservación de los paisajes tradicionales constituyen herramientas esenciales para evitar pérdidas irreversibles. Este enfoque permite comprender que el patrimonio no está formado únicamente por edificios antiguos, sino también por las relaciones territoriales que contribuyen a explicar su construcción y utilización histórica.
La participación de las comunidades locales y la divulgación científica desempeñan un papel cada vez más importante en estas estrategias de protección. Las actividades educativas, las visitas guiadas y la colaboración entre investigadores, instituciones y residentes favorecen una comprensión más profunda del patrimonio, al tiempo que contribuyen a generar una responsabilidad compartida sobre su conservación. Historic Environment Scotland desarrolla programas de interpretación y vigilancia mediante personal especializado, mientras que iniciativas de ciencia ciudadana como Monument Monitor permiten que los visitantes colaboren enviando fotografías utilizadas para observar cambios en determinados monumentos. El Anillo de Brodgar participa en este proyecto, que facilita el seguimiento de alteraciones relacionadas con la meteorología, la erosión y el estado de las superficies pétreas. Paralelamente, los modelos digitales tridimensionales ofrecen nuevas posibilidades para estudiar y divulgar lugares especialmente vulnerables sin aumentar necesariamente la presión física sobre sus restos. Estas herramientas no sustituyen la conservación material ni la experiencia directa del paisaje arqueológico, pero amplían las posibilidades de documentación y acceso al conocimiento. El futuro del megalitismo orcadiano dependerá de mantener un equilibrio entre investigación, protección, turismo y participación social, reconociendo que las decisiones actuales condicionarán la información disponible para las generaciones posteriores. Preservar este legado significa proteger tanto sus construcciones como su capacidad para seguir proporcionando conocimientos sobre las sociedades prehistóricas, evitando que la creciente popularidad del archipiélago termine comprometiendo los testimonios que fundamentan su extraordinario valor cultural.
-Historic Environment Scotland (2025). Heart of Neolithic Orkney World Heritage Site Management Plan 2025–2035. Documento institucional accesible desde la página oficial del conjunto. Marco de coordinación entre administraciones, conservación de los monumentos, protección del paisaje y participación de las comunidades locales.
-Antonopoulou, S. (2016). 3D and 4D Digital Monitoring of Sea Defences at Skara Brae. Historic Environment Scotland Blog, 2 de mayo de 2016. Estudio sobre la erosión costera, la protección mediante defensas marítimas y la utilización de tecnologías digitales para evaluar la conservación del asentamiento.
-Historic Environment Scotland (s. f.).Monument Monitor: Crowdsourcing Conservation.
12.4. Las Orcadas como testimonio excepcional de las sociedades neolíticas
El legado más profundo de las islas Orcadas reside en la posibilidad de aproximarse a las experiencias humanas de unas comunidades que vivieron hace aproximadamente cinco mil años y que, pese a no haber dejado testimonios escritos, transformaron profundamente el territorio que habitaban. Sus construcciones, objetos y restos arqueológicos permiten reconocer sociedades dotadas de conocimientos técnicos, tradiciones compartidas y formas de organización capaces de sostener actividades colectivas de considerable complejidad. Sin embargo, su importancia histórica no debe medirse exclusivamente por la magnitud de las obras que construyeron. Detrás de los monumentos existieron generaciones de agricultores, artesanos y navegantes que desarrollaron sus actividades dentro de comunidades sometidas a cambios económicos, sociales y ambientales. La arqueología permite recuperar una parte de esas experiencias y comprender que las sociedades neolíticas no fueron agrupaciones humanas simples o culturalmente indiferenciadas. Su capacidad para transformar los recursos disponibles, organizar el trabajo y mantener relaciones con otros territorios demuestra una adaptación activa a las circunstancias de su tiempo. Las Orcadas constituyen, en este sentido, un testimonio excepcional de la diversidad y complejidad alcanzadas por las primeras sociedades agrícolas de la Europa atlántica.
Una de las enseñanzas fundamentales de este patrimonio es que la vida doméstica y las grandes actividades colectivas formaban parte de una realidad social estrechamente relacionada. La existencia de viviendas organizadas mediante convenciones arquitectónicas compartidas, junto con monumentos que exigieron importantes esfuerzos comunitarios, permite considerar que la construcción material del entorno desempeñaba un papel relevante en las relaciones entre personas y grupos. Las investigaciones sobre las denominadas sociedades de casas han contribuido a interpretar determinados edificios como elementos capaces de expresar continuidad familiar, pertenencia y vínculos mantenidos durante generaciones. Esta perspectiva ayuda a comprender que una construcción podía adquirir significados diferentes según las actividades realizadas en ella y la historia acumulada durante su utilización. Del mismo modo, las prácticas funerarias y las posibles reuniones ceremoniales pudieron participar en la reproducción de relaciones sociales, sin que resulte necesario concebirlas como actividades completamente separadas de la existencia cotidiana. Sin embargo, no conocemos las instituciones, normas ni creencias concretas que organizaban aquellas comunidades. Su estudio permite reconocer una complejidad social considerable, pero no reconstruir de manera definitiva sus sistemas políticos o religiosos. Esta combinación de evidencias materiales y cuestiones abiertas constituye uno de los aspectos más estimulantes de la investigación sobre el Neolítico orcadiano.
La historia de estas comunidades demuestra también que el carácter insular no implicó aislamiento cultural. Las relaciones marítimas permitieron mantener contactos entre diferentes islas y con otros territorios del norte de Escocia, Irlanda y Gran Bretaña, facilitando la circulación de materias primas, conocimientos y tradiciones. Sin embargo, las comunidades orcadianas no se limitaron a reproducir influencias exteriores, sino que desarrollaron expresiones propias mediante procesos de adaptación e innovación. Las investigaciones cronológicas han demostrado, además, que las diferentes regiones del archipiélago no siguieron trayectorias históricas idénticas. Algunas experimentaron períodos de intensa actividad monumental, mientras que otras mantuvieron formas distintas de ocupación y organización comunitaria. Estas diferencias permiten abandonar la imagen de una cultura neolítica uniforme, caracterizada por costumbres invariables durante numerosos siglos. El desarrollo histórico de las Orcadas estuvo marcado por continuidades, transformaciones y decisiones humanas cuya naturaleza todavía no conocemos suficientemente. Su experiencia muestra que las comunidades prehistóricas participaron en redes culturales amplias sin perder necesariamente su diversidad local. También demuestra que los procesos de innovación no estuvieron reservados a los territorios continentales o a regiones de mayor extensión geográfica, pues las sociedades insulares pudieron desempeñar un papel activo dentro de las transformaciones culturales de su tiempo.
La extraordinaria conservación de los testimonios orcadianos no debe ocultar, sin embargo, las limitaciones de nuestro conocimiento. Los restos materiales proporcionan información sobre actividades, técnicas y decisiones constructivas, pero conservan de manera desigual las experiencias de quienes participaron en ellas. Numerosos objetos elaborados con materiales perecederos han desaparecido, mientras que las evidencias disponibles apenas permiten conocer determinados aspectos de la infancia, las relaciones personales, las diferencias sociales o la transmisión oral de tradiciones. Tampoco podemos reconstruir con seguridad las emociones, aspiraciones y concepciones espirituales de aquellas poblaciones. Durante mucho tiempo, las interpretaciones arqueológicas recurrieron a imágenes demasiado generales, presentando las sociedades megalíticas como comunidades esencialmente pacíficas e igualitarias o, por el contrario, como organizaciones dominadas por dirigentes capaces de imponer grandes proyectos constructivos. Las investigaciones actuales muestran que ninguna de estas representaciones puede aplicarse de manera uniforme al conjunto del Neolítico orcadiano. La cooperación pudo coexistir con la competencia, las tradiciones compartidas con diferencias locales y la continuidad cultural con transformaciones relativamente rápidas. Reconocer estas incertidumbres no disminuye el valor de los hallazgos, sino que permite desarrollar una interpretación histórica más rigurosa, abierta a nuevas evidencias y respetuosa con la complejidad de las sociedades estudiadas.
El megalitismo de las Orcadas representa, finalmente, una manifestación extraordinaria de la capacidad humana para transformar el entorno y construir obras destinadas a permanecer más allá de la vida de sus creadores. Las comunidades que levantaron aquellos monumentos desaparecieron como sociedades históricas reconocibles, pero sus construcciones continuaron formando parte del paisaje y fueron contempladas, modificadas o reinterpretadas por poblaciones posteriores. Esta permanencia permite establecer una relación excepcional entre el presente y un pasado del que apenas conservamos testimonios directos. Las piedras no explican por sí mismas las creencias de quienes las colocaron, pero documentan sus decisiones, sus conocimientos y los esfuerzos necesarios para organizar proyectos colectivos de larga duración. Las viviendas conservadas recuerdan, al mismo tiempo, que aquella historia monumental estuvo sostenida por actividades ordinarias, relaciones familiares y necesidades compartidas. La aportación fundamental del archipiélago consiste precisamente en reunir ambas dimensiones y permitir que la investigación histórica las examine como partes de una misma experiencia humana. Desde esta perspectiva, las Orcadas no constituyen únicamente un extraordinario conjunto de monumentos prehistóricos, sino un testimonio duradero de la creatividad, la diversidad cultural y la capacidad de adaptación de las sociedades neolíticas. Su estudio nos acerca a una etapa fundamental de la historia europea y recuerda que incluso las construcciones más imponentes adquieren su verdadero significado cuando intentamos comprender a las personas y comunidades que las hicieron posibles.
-UNESCO World Heritage Centre (s. f.). Heart of Neolithic Orkney. World Heritage List, bien n.º 514. Declaración de Valor Universal Excepcional y síntesis de la importancia cultural, arquitectónica y social del patrimonio neolítico orcadiano.
-Richards, C. y Jones, R. (eds.) (2016). The Development of Neolithic House Societies in Orkney: Investigations in the Bay of Firth, Mainland, Orkney (1994–2014). Oxford: Windgather Press. Monografía colectiva sobre la relación entre arquitectura doméstica, organización comunitaria e identidad social. Referencia contrastada mediante la descripción académica y editorial, sin consulta íntegra del volumen.
-Bayliss, A., Marshall, P., Richards, C. y Whittle, A. (2017). Islands of History: The Late Neolithic Timescape of Orkney. Antiquity, 91(359), pp. 1171–1188. Investigación sobre las diferentes trayectorias históricas de las comunidades neolíticas y la complejidad de sus transformaciones sociales.
-Bunting, M. J., Farrell, M., Dunbar, E., Reimer, P., Bayliss, A., Marshall, P. y Whittle, A. (2022). Landscapes for Neolithic People in Mainland, Orkney. Journal of World Prehistory, 35, pp. 87–107. Investigación paleoambiental sobre las relaciones entre las comunidades neolíticas, la transformación del paisaje y las actividades humanas.
