Créditos de foto entrada: La porte des Lions à Mycènes, de Théodosius du Moncel, 1845. (Dominio Público).
La civilización micénica se desarrolló en el período del Heládico reciente, es decir, la última parte de la Edad del Bronce, entre 1700-1050 a. C. aproximadamente. Representa la primera civilización avanzada de la Grecia continental con sus estados palaciales, organización urbana, obras de arte y sistema de escritura.( Fields, 2004.), Entre los centros de poder que surgieron en su seno destacaron Micenas —que da nombre a toda esta civilización— Pilos, Tirinto y Midea en el Peloponeso; Orcómeno, Tebas y Atenas en la Grecia Central, Yolco en Tesalia y Cnosos en Creta. En otros lugares del Mediterráneo también han aparecido algunos asentamientos que tuvieron fuertes vínculos con los micénicos.
Índice de temas tratados
- -Introducción
- -La máscara de Agamenón (Círculo de tumbas A (1600-1500 a. C.)
- -Historia del descubrimiento.
- -Sobre el Lineal B
- -Cronología Civilización micenica
- -Las tumbas del Círculo B de Micenas 1650-1550 a. C.
- -Origen de los micénicos
- -La lengua micénica. Griego micénico
- -Organización política
- -La geografía micénica
- -Posible equivalencia de los ahhiyawa con los aqueos
- -Los estados de Pilos y Cnosos
- -Sociedad
- -Economía
- -Agricultura
- -Ganadería, caza y pesca
- -Industria
- -Comercio
- -Religión. 1. Divinidades. 2. Lugares de culto 3. Rituales 4. Poseidón, Deméter y Perséfone. 5. Misterios Eleusinos 6. Artemisa 7. Peón 8. Atenea 9. Dioniso 10. Otros dioses 11. Capillas y santuarios. 12. Bibliografías.
- -Prácticas funerarias. Tipos de tumbas. Ritos funerarios.
- -Arquitectura. Las fortalezas. Habitat.Los palacios miméticos. Obras Públicas.
- -Arte y artesanía. Vasos y Cerámica micénica. Escultura. Pintura. Glíptica.
- -Armas. Ejército Micénico-
- -Decadencia
- -Continuidad y memoria
- -Referencias y bibliografía
- – Conferencia Fundación Juan March.
La civilización micénica fue una de las culturas más fascinantes y determinantes del mundo antiguo. Situada en la Grecia continental, especialmente en las regiones del Peloponeso, Beocia y Ática, floreció aproximadamente entre los siglos XVI y XII antes de nuestra era. Recibe su nombre del sitio arqueológico de Micenas, descubierto y excavado por Heinrich Schliemann a finales del siglo XIX, aunque su desarrollo abarcó también otros importantes centros como Tirinto, Pilos, Tebas o Gla. Su legado se considera el antecedente directo de la civilización griega clásica y el punto culminante de la Edad del Bronce en Grecia.
Los micénicos heredaron buena parte de la cultura material, la organización palacial y el refinamiento artístico de la civilización minoica de Creta, con la que mantuvieron intensos contactos comerciales y culturales. Sin embargo, su carácter fue muy diferente: mientras los minoicos eran esencialmente una sociedad marítima y probablemente pacífica, los micénicos desarrollaron una cultura de corte guerrero y aristocrático, centrada en la figura del rey o wanax y en un sistema jerárquico de palacios fortificados que controlaban vastos territorios agrícolas. Las fortalezas de Micenas y Tirinto, con sus imponentes murallas ciclópeas, simbolizan esa visión de un poder que debía ser defendido tanto como exhibido.
El esplendor de esta civilización se manifestó en su arquitectura, su arte y su escritura. Los palacios micénicos eran auténticos centros de poder político, económico y religioso, con salas del trono, almacenes, talleres y santuarios. Todo giraba en torno al megaron, una gran sala rectangular presidida por un hogar central y columnas que sostenían el techo, elemento que más tarde influiría en el desarrollo del templo griego. En cuanto a la escritura, los micénicos utilizaron un sistema conocido como Lineal B, una forma arcaica de griego que nos ha permitido conocer detalles sobre su administración, su economía y su vida religiosa. Las tablillas de arcilla descubiertas en Pilos, Cnosos y Micenas contienen listas de tributos, inventarios de bienes y nombres de dioses que anticipan parte del panteón olímpico.
El arte micénico refleja una mezcla entre la herencia cretense y el espíritu guerrero del continente. Sus orfebres elaboraron magníficos objetos en oro, como las máscaras funerarias, los vasos repujados o las joyas halladas en las tumbas de pozo de Micenas. Entre las más célebres se encuentra la llamada Máscara de Agamenón, aunque su identificación con el legendario rey es solo simbólica. En la cerámica, predominan los motivos geométricos y naturalistas, mientras que las representaciones de guerreros, carros y animales muestran una estética más rígida y solemne que la de los minoicos. También son características las tumbas abovedadas o tholoi, como el monumental Tesoro de Atreo, que demuestran un dominio técnico y arquitectónico notable para su tiempo.
La religión micénica se articulaba en torno a divinidades que luego serían fundamentales en la mitología griega, como Zeus, Hera, Poseidón o Atenea. Los templos aún no existían como tales, pero los palacios contenían recintos sagrados y altares donde se realizaban ofrendas. Es probable que la realeza tuviera un papel sacerdotal, actuando como mediadora entre los dioses y los hombres. La sociedad estaba dividida entre una élite de nobles y guerreros, una clase administrativa y artesanal al servicio del palacio, y una base campesina que sustentaba el sistema económico mediante tributos y trabajo agrícola.
Los micénicos fueron también grandes navegantes y comerciantes. Sus rutas se extendían por todo el Egeo, Asia Menor, Chipre, Egipto e incluso Italia, exportando aceite, vino, cerámica y metales, e importando materias primas como el estaño y el ámbar. Este dinamismo contribuyó a un florecimiento sin precedentes en la región, pero también a un progresivo desgaste. A finales del siglo XIII a. C., los palacios comenzaron a ser destruidos por causas aún debatidas: guerras internas, invasiones de los llamados “pueblos del mar”, catástrofes naturales o una combinación de todas ellas. Hacia el 1200 a. C., el sistema palacial se derrumbó y comenzó un largo período de decadencia conocido como la Edad Oscura de Grecia, durante el cual se perdió la escritura y la compleja organización social que había caracterizado a los micénicos.
Pese a su desaparición, la memoria de esta civilización sobrevivió en los mitos heroicos transmitidos por la tradición oral y más tarde plasmados por Homero en la Ilíada y la Odisea. En ellos se recuerda un pasado glorioso de reyes, guerreros y hazañas, que tiene su raíz en el mundo micénico real. La arqueología moderna ha confirmado que detrás de aquellas leyendas había una base histórica tangible, un pueblo que dominó Grecia antes de la llegada del periodo clásico y que sentó las bases culturales, lingüísticas y artísticas de la futura civilización helénica.
La civilización micénica representa, por tanto, el puente entre el mito y la historia, entre la Edad del Bronce y la Grecia arcaica. Su grandeza no reside solo en sus murallas ciclópeas o en sus tesoros dorados, sino en haber inaugurado una forma de civilización compleja, organizada y profundamente humana, que hizo posible el posterior florecimiento de la cultura griega. Su estudio nos permite comprender los orígenes de la Europa civilizada y el despertar del espíritu que siglos después daría lugar a la filosofía, la literatura y el arte clásico.
Máscara micénica realizada en una lámina dorada, llamada «máscara de Agamenón», Museo Arqueológico Nacional de Atenas.
La máscara de Agamenón es un objeto arqueológico descubierto en la acrópolis de Micenas en 1876 por el arqueólogo prusiano Heinrich Schliemann. Se trata de una máscara funeraria de oro que se encontró colocada encima de la cara de un cuerpo ubicado en la tumba V del Círculo de tumbas A.
La máscara de Agamenón es una de las piezas más célebres del mundo micénico y uno de los hallazgos más legendarios de la arqueología moderna. Fue descubierta en 1876 por el arqueólogo alemán Heinrich Schliemann en las ruinas de Micenas, en la Grecia continental. El hallazgo se produjo dentro del llamado Círculo de Tumbas A, un conjunto funerario real datado hacia el siglo XVI a. C., varios siglos antes del período tradicional en que habría vivido el mítico rey Agamenón descrito por Homero. Schliemann, movido por su entusiasmo y su afán por confirmar la veracidad de los poemas homéricos, proclamó al encontrarla: “He contemplado el rostro de Agamenón”. El nombre, sin embargo, es simbólico, pues hoy sabemos que la máscara es mucho más antigua que el personaje de la Ilíada.
La pieza es una máscara funeraria de oro martillado, realizada con la técnica del repoussé, que consiste en modelar el metal golpeando desde el reverso. Representa un rostro humano de rasgos serenos, ojos cerrados y barba espesa. Mide unos treinta centímetros de alto y pesa cerca de medio kilo de oro. Su finalidad era cubrir el rostro del difunto, probablemente un rey o un noble micénico, como signo de su rango y de su prestigio, además de asegurar su reconocimiento en el más allá. Se trata de una costumbre funeraria característica de la élite micénica, comparable en cierto modo a las máscaras de momias del antiguo Egipto, aunque sin relación directa entre ambas tradiciones.
Funeral mask also known as “Agamemnon Mask”. Gold, found in Tomb V in Mycenae by Heinrich Schliemann (1876), XVIth century BC. National Archeological Museum, Athens. Foto: DieBuche. CC BY-SA 3.0. Original file (1,457 × 1,472 pixels, file size: 335 KB).
Durante el siglo XX surgieron algunas dudas sobre su autenticidad. Se sospechó que Schliemann o sus restauradores pudieron haber modificado ciertos rasgos, como la barba o los ojos, para hacerla parecer más “heroica” y acercarla al ideal homérico. Sin embargo, los análisis metalográficos modernos han confirmado que el oro y la técnica de fabricación son propios del Bronce micénico, lo que demuestra que la máscara es genuina. Lo que sí parece claro es que no puede pertenecer al legendario Agamenón, ya que la cronología la sitúa entre 1550 y 1500 a. C., varios siglos antes de la guerra de Troya.
Hoy la máscara de Agamenón se conserva en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas, donde ocupa un lugar destacado entre los tesoros micénicos. Más allá de su valor artístico y arqueológico, su importancia radica en lo que simboliza: el poder y la riqueza de las antiguas cortes de Micenas, la complejidad de sus ritos funerarios y la fascinación moderna por unir mito y realidad. Representa, en cierto modo, el punto de encuentro entre la poesía épica de Homero y la arqueología científica, entre el sueño romántico de Schliemann y la verdad histórica que la investigación posterior ha ido desvelando.
La máscara se encontró como ofrenda funeraria en el llamado Círculo de tumbas A, que es una necrópolis de la Edad del Bronce que se encuentra en el interior de la acrópolis de Micenas. Fue hallada en las excavaciones realizadas en 1876 por Heinrich Schliemann. En su interior se encontraron restos de cadáveres y abundantes objetos pertenecientes al ajuar funerario.
El Círculo de tumbas A de Micenas es uno de los hallazgos más importantes de la arqueología prehelénica y una de las claves para comprender el poder y la riqueza de la civilización micénica en sus inicios. Se trata de una necrópolis de la Edad del Bronce reciente (hacia 1600–1500 a. C.) situada dentro del recinto amurallado de la acrópolis de Micenas, en la Argólide, al nordeste del Peloponeso. Su descubrimiento en 1876 por Heinrich Schliemann causó una conmoción mundial, pues el arqueólogo, movido por su pasión por los relatos homéricos, creyó haber hallado la tumba del legendario Agamenón, el rey aqueo que comandó la expedición contra Troya.
El Círculo A se compone de seis grandes tumbas de pozo, excavadas en la roca y cubiertas originalmente por estructuras de madera y piedra. Estas tumbas estaban dispuestas dentro de un recinto circular delimitado por un muro de piedras, de unos 27 metros de diámetro, al que se accedía por una entrada ceremonial. En torno a ellas se hallaron también otras sepulturas más modestas, así como estelas funerarias decoradas con relieves que representaban escenas de caza y combate, lo que indica la importancia social y militar de los personajes enterrados allí.
El hallazgo más famoso del conjunto fue, sin duda, la Máscara de Agamenón, una máscara funeraria de oro repujado colocada sobre el rostro de uno de los difuntos. Aunque hoy se sabe que la máscara es varios siglos anterior a la época en la que habría vivido el legendario rey de Micenas, sigue siendo uno de los símbolos más reconocibles del arte micénico. Junto a ella se encontraron otras máscaras similares, además de espadas con incrustaciones de oro y plata, daga con escenas decorativas, copas, joyas, collares, anillos y cetros, todos realizados con una sofisticación técnica que refleja la existencia de talleres de orfebrería de alto nivel.
El conjunto funerario revela una sociedad jerarquizada y poderosa, donde las élites guerreras afirmaban su estatus mediante rituales funerarios fastuosos. Los cadáveres fueron inhumados con gran cantidad de ofrendas, lo que sugiere una creencia en la vida ultraterrena y una fuerte vinculación entre la muerte y el prestigio. Algunos cuerpos fueron cubiertos con láminas de oro y sus rostros, como en el caso de las máscaras, modelados con gran cuidado. Estos elementos, junto con las armas y los objetos de lujo, indican que se trataba de príncipes o jefes locales, antecesores de los reyes micénicos que más tarde dominarían la región.
En términos históricos, el Círculo A pertenece a la fase temprana de la civilización micénica, anterior a la construcción de las murallas ciclópeas y de los grandes palacios. Representa, por tanto, el testimonio más antiguo del poder emergente de Micenas, cuando las familias aristocráticas comenzaron a concentrar riqueza y autoridad. Su riqueza funeraria contrasta con la modestia de otras tumbas contemporáneas en Grecia, lo que refuerza la idea de que Micenas era ya un centro dominante del Peloponeso.
Restos del círculo de tumbas A. Fingalo – Trabajo propio. CC BY-SA 2.0 de.
Con el tiempo, el recinto funerario fue incorporado dentro de la propia acrópolis, como un espacio de memoria y prestigio ancestral. Cuando se construyeron las murallas ciclópeas hacia el siglo XIII a. C., el Círculo A quedó dentro del nuevo recinto fortificado, lo que sugiere un respeto por los antepasados y una voluntad de mantener sus tumbas visibles para las generaciones futuras. De hecho, la monumental Puerta de los Leones, entrada principal de la ciudadela, se alinea directamente con este círculo funerario, como si los antiguos reyes custodiaran el acceso a la ciudad.
En la actualidad, los tesoros del Círculo de tumbas A se conservan en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas, donde se exhiben las máscaras funerarias, armas y joyas bajo estrictas medidas de conservación. El lugar original, en Micenas, ha sido cuidadosamente excavado y restaurado, permitiendo a los visitantes contemplar el espacio sagrado donde reposaron los primeros grandes jefes de la Grecia micénica. Este conjunto no solo constituye un testimonio arqueológico de extraordinario valor, sino también un símbolo del nacimiento de la realeza en el mundo griego y del tránsito entre la tradición heroica y la historia documentada.
La mayor parte de los objetos hallados se exponen en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas.
Al encontrar la máscara, Schliemann pensó que había descubierto el cuerpo del legendario rey griego Agamenón, y por ese motivo la máscara recibió su nombre. Sin embargo, estudios arqueológicos modernos sugieren que la máscara podría datar de entre 1550 y 1500 a. C., lo que la situaría en un tiempo anterior (unos 300 años) al que tradicionalmente se atribuye a la vida de Agamenón. A pesar de ello, ha conservado su nombre. La máscara se encuentra expuesta al público en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas, mientras que el Museo Arqueológico de Micenas expone una copia de la misma.
El Círculo A de Micenas – Daniel Casado
11 sept 2017- El profesor Dr. Daniel Casado Rigalt analiza el Círculo A de Micenas y pone al día las interpretaciones de los ajuares desde las excavaciones de Schliemann en 1876 hasta la actualidad. (Música durante la locución: «New Land» by Ian Post ).
La Grecia micénica estuvo dominada por una élite social guerrera y consistía en una red de estados palaciales dirigidos por reyes que desarrollaron unos rígidos sistemas jerárquicos, políticos, sociales y económicos. Los micénicos introdujeron diversas innovaciones en los campos de la ingeniería, la arquitectura y la infraestructura militar. Su sistema de escritura silabario, el Lineal B, ofrece los primeros registros escritos del griego antiguo, mientras que la religión micénica ya incluía varias divinidades que luego formarían parte de los dioses olímpicos.
El mundo micénico pereció durante el colapso de la Edad del Bronce Final en el Mediterráneo oriental para ser relevado por la llamada Edad Oscura griega, un período de transición del que poco se conoce y que daría paso a la Época arcaica, en la que ocurrieron giros significantes desde formas de organización socioeconómicas centralizadas en los palacios a descentralizadas y se introdujo el trabajo extensivo del hierro. Sobre el final de esta civilización se han propuesto varias teorías, entre ellas la de la invasión dórica o actividades conectadas con los Pueblos del mar. También se han defendido explicaciones como desastres naturales o cambios climáticos. El período micénico se convirtió en escenario histórico de gran parte de la literatura y la mitología griegas.
Historia del descubrimiento
Esta civilización fue descubierta a finales del siglo XIX por Heinrich Schliemann, quien hizo excavaciones en Micenas (1874) (1) y Tirinto (1886). Habrá que esperar a los estudios de Arthur Evans, de comienzos del siglo XX, para que el mundo micénico adquiera una autonomía propia con respecto a la civilización minoica, que la precede cronológicamente. (2) Por otra parte, el yacimiento arqueológico de la antigua Pilos, bautizado como «palacio de Néstor», fue localizado en 1939 por Konstantinos Kourouniotis y excavado por un equipo dirigido por Carl William Blegen. (3)
Aspecto actual de la ciudad de Micenas y reconstrucción artística de la misma tal y como debió de ser en su momento de esplendor.
En las excavaciones de Cnosos (Creta), Evans descubrió miles de tablillas de arcilla, cocidas accidentalmente por incendios del palacio. Bautizó esta escritura como «lineal B», puesto que lo estimó más avanzado que el lineal A. (4) En 1953 se produjo el desciframiento del lineal B ―identificado como un tipo de griego antiguo― por Michael Ventris y John Chadwick.S. (1)
Sin embargo, las tablillas de lineal B siguen siendo una fuente de información muy escasa. Añadiendo las inscripciones sobre vasos, no representan más que aproximadamente 6000 textos (Ref. Piquero Rodríguez, 2020, p. 60.). (1) mientras que se calcula que hay varias centenas de millares de tablillas sumerias y acadias. Además, los textos son cortos y de carácter económico-administrativo: se trata de inventarios y otros documentos contables que no estaban destinados a ser archivados sino que tenían una vigencia de únicamente un año ya que las tablillas de barro que los contenían podían reutilizarse.(S. Ruipérez y Melena, 1990, p. 42) .Sin embargo, tienen la ventaja de mostrar una visión objetiva de su mundo, sin la marca de la propaganda real.
El lineal B es el sistema de escritura usado para escribir el griego micénico, aunque fue usado principalmente con fines administrativos, aproximadamente desde el 1450 hasta el 1200 a. C. Precedió en varios siglos al uso del alfabeto para escribir la lengua griega. El lineal B consiste en signos silábicos, es decir, que cada uno de los signos representa una sílaba, con un gran número de signos ideográficos.
En 1900, Arthur Evans encontró los primeros vestigios en Cnosos (Creta).
Tabla de arcilla (PY Ub 1318) inscrita con escritura Lineal B, del palacio micénico de Pylos. Esta pieza contiene información sobre la distribución de pieles de bovino, cerdo y ciervo a zapateros y fabricantes de sillas de montar. El Lineal B fue la escritura griega más antigua, que data del 1450 a.C., una adaptación de la anterior escritura minoica Lineal A. La escritura está compuesta por 90 signos silábicos, ideogramas y números. Esta y otras tablillas se conservaron fortuitamente cuando se cocieron en el fuego que destruyó el palacio alrededor del 1200 a.C. Se exhibe en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas.
Sharon Mollerus – originally posted to Flickr as How Cool Is Writing?- CC BY 2.0.
Cronología
Para la cronología de la Edad del Bronce del área continental griega se utiliza el término Heládico. Dentro de las tres fases en que se divide (Antiguo, Medio y Reciente), la civilización micénica se enmarca dentro del Heládico Reciente —HR para abreviar. Este, a su vez, se divide en HR I, HR II y HR III y cada uno de estos se divide en periodos más breves designados por las letras A, B y C. A veces también se usan los números 1 y 2 para dividir estos últimos periodos. En cuanto a las fechas absolutas a los que corresponden cada una de estas fases, están en constante revisión. Además, puede distinguirse una datación basada en la comparación del material arqueológico micénico —fundamentalmente cerámica— con material de Egipto y del Oriente Próximo, de la datación basada en estudios científicos como el carbono 14. Estos métodos han producido resultados diferentes y por ello se habla de una cronología baja y una cronología alta. (Piquero Rodríguez, 2020, pp. 249-251.)
Los hallazgos de diferentes necrópolis del Heládico Medio muestran que entre este periodo y el posterior hubo una continuidad cultural. Entre finales del Heládico Medio y principios del Heládico reciente se estima que se produjo la formación de los reinos micénicos. Las tumbas del Círculo B de Micenas se fechan en esta época de transición, en torno a 1650-1550 a. C. Las del Círculo A son algo posteriores (1600-1500 a. C.) En estas necrópolis se han encontrado armas y ricos hallazgos, muchos de ellos importados del exterior, que muestran una élite oligárquica dominante que mantenía fuertes contactos con Creta y con otras áreas del Mediterráneo. (Piquero Rodríguez, 2020, p. 81.).
El HR II vio un fuerte incremento del número de poblaciones micénicas en el área continental mientras en Creta, en torno al 1450 a. C., muchos asentamientos minoicos fueron destruidos. De los palacios cretenses antes existentes, solamente fue reconstruido el de Cnosos. Algunos investigadores han supuesto que los micénicos habrían sido los responsables de esas destrucciones y se habrían establecido en la isla, en torno a Cnosos, mientras otros creen que la llegada de los micénicos se habría producido más tarde. También se ha sugerido que la presencia de elementos culturales que combinan características minoicas y micénicas de ese periodo puede ser debida a que la hegemonía micénica en la isla fue apoyada de alguna manera por un sector de la población minoica. No obstante, el palacio de Cnosos sufrió otra destrucción en torno al 1350 a. C. ( Langohr, 2018, pp. 52-54.).
Durante el HR III la civilización micénica siguió expandiéndose. En este periodo se edificaron grandes palacios y fortificaciones. Además de Creta, otras islas del mar Egeo (como Cos, Cálimnos y Rodas) muestran yacimientos micénicos e incluso se establecieron en colonias en otros lugares más alejados, dentro del Mediterráneo. (García Iglesias, 2000, pp. 88,92-94. «Los orígenes del pueblo griego». Madrid: Síntesis. ISBN 84-7738-520-3.).
Los principales tholoi de Micenas se enmarcan entre el HR IIA y en HR IIIA2. Son muestras de la considerable riqueza monumental que los reyes micénicos han acumulado. Este periodo constituye el apogeo de la civilización micénica.
Con respecto a las destrucciones, la mayoría de las de la zona continental griega se dio a finales del HR IIIB2. Puesto que están asociados al fuego producido en ellas, la mayor parte de los textos de lineal B pertenecen al HR IIIB2 —que corresponde aproximadamente a 1200 a. C.— pero algunos son más antiguos, en particular una parte del archivo de Cnosos, que es del periodo de transición entre el HRII y el HR III. (Piquero Rodríguez, 2020, p. 61.).
El periodo HR IIIC corresponde al momento final de la civilización micénica, tras la destrucción de los palacios del área continental griega. Se aprecia, en general, una disminución del número de asentamientos en este periodo. (S. Ruipérez y Melena, 1990, p. 214. Los griegos micénicos. Madrid: Grupo 16.).
Círculo de tumbas B
El Círculo de tumbas B es una necrópolis de la Edad del Bronce que se encuentra en el yacimiento arqueológico de Micenas (Grecia). Fue hallada en 1951 por el arqueólogo griego Ioannis Papadimitriou. En su interior se encontraron restos de cadáveres y abundantes objetos pertenecientes al ajuar funerario.
La mayor parte del material hallado se expone en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas y en el Museo Arqueológico de Micenas. Están datadas entre el 1650-1550 a. C.
Reconstrucción artística del Círculo de tumbas B de Micenas, una de las necrópolis más antiguas y significativas de la civilización micénica.
Este dibujo representa de manera hipotética y arqueológicamente fundamentada el aspecto que debió de tener el recinto funerario en torno a los siglos XVII y XVI a. C., durante la Edad del Bronce reciente, cuando el lugar se utilizaba como cementerio de las primeras élites gobernantes de Micenas.
La escena recrea el recinto circular de piedra que delimitaba las tumbas de pozo, tal como fue descubierto en las excavaciones de 1951, dirigidas por el arqueólogo griego Ioannis Papadimitriou y posteriormente estudiadas por George Mylonas. El muro perimetral, construido con bloques de piedra sin argamasa, marcaba el espacio sagrado reservado a los linajes aristocráticos de la época. En su interior se aprecian las cubiertas de las tumbas, dispuestas de forma ordenada, que en su momento estaban selladas con losas y marcadas con estelas funerarias esculpidas.
El propósito del dibujo es ofrecer una visualización contextual del conjunto arqueológico, es decir, mostrar cómo pudo verse el Círculo B en su tiempo de uso, mucho antes de que fuera cubierto y olvidado por siglos. Se observa un entorno abierto, sin murallas, ya que este cementerio es anterior a la construcción de la acrópolis fortificada de Micenas. En el horizonte se distinguen los relieves de la región de Argólide, lo que refuerza la localización geográfica del sitio y su relación con el paisaje montañoso del Peloponeso.
En el interior del círculo, las tumbas de pozo habrían contenido los enterramientos de jefes y miembros de familias nobles, acompañados de ricos ajuares: armas, máscaras funerarias, joyas, cerámica decorada y objetos de prestigio como el célebre vaso de cristal de roca en forma de ave o las espadas con empuñaduras de oro. Estas ofrendas revelan una sociedad jerarquizada, con creencias en la vida ultraterrena y un sentido de la memoria ancestral.
La ilustración no pretende reconstruir cada detalle con exactitud topográfica, sino transmitir una visión interpretativa, basada en las evidencias arqueológicas, de cómo habría sido la disposición general del lugar y su carácter ceremonial. Refleja un momento en el que los micénicos estaban consolidando su identidad cultural y política, antes de alcanzar el esplendor palacial que caracterizaría los siglos posteriores.
Hoy, tanto el Círculo de tumbas B como el cercano Círculo A son considerados testimonios fundacionales de la realeza micénica. Este tipo de reconstrucciones gráficas, como la mostrada en la imagen, permiten al visitante y al estudioso imaginar la función ritual del recinto, su relación con el paisaje y el significado simbólico que tuvo en los orígenes de una civilización que más tarde sería el corazón del mundo griego.
Crédito: Davide Mauro. CC BY-SA 4.0. Original file (4,151 × 3,231 pixels, file size: 9.4 MB).
Este conjunto funerario fue excavado entre 1951 y 1954 por los arqueólogos griegos Ioannis Papadimitriou y Georgios Mylonas. El descubrimiento se produjo de manera accidental por Papadimitriou durante unos trabajos de restauración que se estaban llevando a cabo en una tumba de cámara cercana llamada tumba de Clitemnestra.
El Círculo de tumbas B es una necrópolis de la Edad del Bronce situada en el yacimiento arqueológico de Micenas, en el noreste del Peloponeso, Grecia. Se trata de uno de los conjuntos funerarios más antiguos de la civilización micénica y constituye, junto con el posterior Círculo de tumbas A, una de las principales fuentes de información sobre los orígenes de la aristocracia micénica y el desarrollo temprano de su poder político y económico.
Fue descubierto en 1951 por un equipo de arqueólogos griegos dirigido por Ioannis Papadimitriou y George Mylonas, quienes identificaron en él una necrópolis de gran riqueza que antecede cronológicamente al famoso Círculo A. Mientras este último se fecha entre 1600 y 1500 a. C., el Círculo B se remonta aproximadamente a 1650–1550 a. C., lo que lo convierte en un testimonio aún más temprano del surgimiento de las élites micénicas.
El conjunto se encuentra fuera del recinto amurallado de la acrópolis de Micenas, a unos ciento veinte metros al suroeste de la Puerta de los Leones. Está formado por un recinto circular de unos veintiocho metros de diámetro, delimitado por un muro de piedra que rodea un conjunto de catorce tumbas de pozo y varias sepulturas más pequeñas. En su interior se hallaron los restos de hombres, mujeres y niños, todos ellos enterrados con un ajuar funerario notablemente rico, aunque algo menos suntuoso que el del Círculo A.
Los ajuares encontrados en las tumbas del Círculo B incluyen máscaras funerarias de oro, joyas, armas, copas de metal precioso, vasijas de cerámica decoradas y objetos de uso cotidiano. La presencia de estos materiales revela una sociedad jerarquizada en la que ciertos individuos gozaban de un estatus privilegiado, probablemente pertenecientes a una clase dirigente o protoaristocracia que empezaba a consolidar su poder en torno a un sistema palacial en formación. Los objetos de oro y las armas ornamentadas sugieren no solo riqueza material, sino también la importancia simbólica de la guerra y el prestigio personal en la identidad micénica.
Plano del círculo de tumbas B. 1: Círculo de tumbas B, donde las letras del alfabeto griego identifican cada una de las sepulturas 2: tumba de Clitemnestra. 3: Otra tumba de cámara ubicada fuera del círculo.
Se considera que estas tumbas pertenecen a un periodo comprendido aproximadamente entre los años 1650 y 1550 a. C., por tanto las más antiguas son algo anteriores a las del Círculo de tumbas A.
Este conjunto de 26 tumbas se halla fuera de las murallas, a unos 120 metros al oeste de la Puerta de los Leones. Al igual que en el Círculo A, había algunas estelas que señalaban el lugar de las sepulturas. Se ha sugerido que estas tumbas pertenecen a una familia real, probablemente de una dinastía diferente a la que pertenecían los individuos enterrados en el Círculo A. «Página del Ministerio de Cultura de Grecia: el círculo de tumbas B (Micenas)».
Consta de catorce tumbas en fosa y otra serie de tumbas pequeñas de forma rectangular excavadas en la roca. El muro circular que las rodea está hecho con piedra caliza y es algo más grueso que el del Círculo A ya que tiene 1,55 metros, mientras su diámetro es muy parecido, en torno a 27 metros. En algunos casos las tumbas fueron reutilizadas. Se considera que estas tumbas tienen una menor influencia cretense que las del Círculo A.
Las tumbas se identifican con letras del alfabeto griego para distinguirlas mejor de las del Círculo A, que se identifican con números.
La tumba alfa contenía un conjunto de huesos acompañados de una gran cantidad de ajuar funerario entre los que se hallaban espadas y otras armas, joyas de oro y bronce, objetos de hueso y de marfil y abundantes recipientes de cerámica. Esta tumba estaba marcada por una estela funeraria con representaciones de animales.
Las tumbas estaban excavadas en la roca y cubiertas por estructuras de madera y tierra, posiblemente marcadas en la superficie con estelas o elementos conmemorativos. Los cadáveres se depositaban acompañados de sus ofrendas, siguiendo un rito funerario que reflejaba una profunda creencia en la continuidad de la existencia más allá de la muerte. En algunas sepulturas se encontraron también restos de sacrificios y objetos importados, lo que indica que los micénicos mantenían contactos con Creta, el Egeo y Oriente Próximo incluso en este periodo temprano.
El Círculo B es esencial para comprender la evolución del poder micénico. Representa una etapa formativa en la que las comunidades del Peloponeso comenzaron a desarrollar una estructura jerárquica más compleja, basada en el control de recursos, la guerra y las alianzas familiares. La comparación con el Círculo A, excavado varias décadas antes, muestra un proceso de continuidad y refinamiento: ambos recintos pertenecen a la misma tradición funeraria, pero reflejan momentos distintos de desarrollo social, económico y artístico. En el Círculo B, los objetos aún conservan cierta sencillez formal, mientras que en el Círculo A alcanzan una sofisticación técnica y estética mucho mayor.
Cuando las murallas ciclópeas fueron construidas siglos después, el Círculo B quedó fuera del recinto fortificado, a diferencia del Círculo A, que fue incorporado al interior de la acrópolis. Este hecho sugiere que el Círculo B pertenece a una fase más temprana, anterior a la monumentalización del centro urbano. Sin embargo, ambos conjuntos evidencian la existencia de una misma línea dinástica o de un grupo dominante que se consideraba heredero de los jefes enterrados en estas tumbas.
Hoy en día, el Círculo de tumbas B se conserva como parte del sitio arqueológico de Micenas, declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO. Sus hallazgos más valiosos se encuentran en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas y en el Museo Arqueológico de Micenas, donde pueden contemplarse las máscaras de oro, las armas y los objetos rituales que acompañaron a los difuntos en su viaje al más allá. Este conjunto funerario, anterior incluso al esplendor palacial, constituye un testimonio extraordinario del nacimiento del poder micénico y de los orígenes de la civilización griega, en el punto exacto donde el mito empieza a confundirse con la historia.
Plano de la tumba eta. Schuppi. CC BY-SA 3.0.
La tumba gamma estaba marcada por una estela funeraria. Tenía cuatro esqueletos, de tres hombres y una mujer. Uno de ellos era de un hombre alto (1,80 m) probablemente un guerrero, en una postura de piernas abiertas y manos junto a la pelvis. El ajuar de esta tumba se compone de dos espadas de bronce con puños de marfil, un puñal y una lanza de bronce, entre otras armas. Otro de los esqueletos portaba un collar de oro y otro presentaba signos de que se le había practicado una trepanación. Otros objetos que se hallaron en esta tumba fueron adornos y una copa de oro, además de copas de bronce y alabastro, un sello de amatista con una representación de una cabeza masculina y una máscara funeraria de electro.
La tumba delta tenía tres esqueletos, espadas y otras armas de bronce y marfil tallado, además de cerámica. También tenía 17 puntas de pedernal colocadas en una bolsa de cuero y esta a su vez estaba dentro de una vasija de bronce. Una de las espadas tenía la particularidad de que la empuñadura está decorada con dos cabezas de león.
La tumba zeta es una tumba pequeña que contenía un solo esqueleto de hombre acompañado de una espada y de algunos objetos de cerámica.
La tumba eta es la más antigua. Se trata de una cista donde se halló un cadáver encogido y cerámica minia amarilla.
La tumba iota tenía dos esqueletos de hombre; uno de ellos con una espada de bronce con puño de marfil, un cuchillo de bronce con puño de cristal de roca y una lanza de bronce, además de varios objetos de cerámica.
La tumba lambda contenía un esqueleto pero hubo en el mismo lugar dos enterramientos anteriores. Dentro del ajuar que se encontró aquí había una espada, una punta de lanza, una daga, varios cuchillos, 24 puntas de flecha de pedernal y 20 de obsidiana, junto a piezas de oro.
La tumba ny contenía dos esqueletos masculinos y además fue encontrada una mandíbula infantil en la tierra de relleno. El ajuar estaba compuesto por armas, piezas de oro y cerámica. Esta tumba también estaba marcada por una estela funeraria.
En la tumba xi se halló el esqueleto de una niña de unos 2 años de edad adornado con una diadema de hojas de oro, dos anillos de oro que debían servir para sujetar sus trenzas, un collar de piedras preciosas y una sonaja de oro.
La tumba ómicron es la más rica de todas. Estaba marcada por una estela funeraria. En ella se encontraron dos esqueletos, uno de ellos sin ofrendas y el otro, perteneciente a una mujer, tal vez una princesa, junto a un cuenco de cristal de roca de 15 centímetros tallado con la figura de un pato. De su vestimenta se han conservado los adornos de oro y plata que conformaban diademas, y broches, alfileres de bronce, plata y oro que debían servir para sostener el vestido, un brazalete y unos pendientes de oro, collares de piedras preciosas y una placa de marfil.
La tumba rho se considera la más reciente de todas. Consta de una cámara a la que se accedía a través de un dromos cubierto.
Objetos funerarios encontrados en el Círculo de tumbas B de Micenas
Máscara funeraria de electro hallada en la tumba gamma.
Máscara funeraria de Micenas, circuito funerario B, tumbas del pozo Gamma. Hoja de electrum (elektron), siglo XVII al XVI a.C. Museo Arqueológico Nacional de Atenas. Foto: Zde.
La máscara funeraria de electro hallada en la tumba Gamma del Círculo de tumbas B de Micenas constituye una de las piezas más representativas del arte funerario micénico temprano. Elaborada entre los siglos XVII y XVI antes de Cristo, durante la fase inicial de la civilización micénica, esta máscara pertenece al conjunto de objetos funerarios que acompañaban a los difuntos de alto rango en su sepultura. Actualmente se conserva en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas, donde forma parte de la colección procedente de las excavaciones dirigidas por los arqueólogos griegos Ioannis Papadimitriou y George Mylonas en 1951.
La máscara está realizada en electro, una aleación natural de oro y plata utilizada en la Antigüedad por su brillo suave y su tonalidad intermedia entre el dorado y el blanco metálico. Fue moldeada a partir de una delgada lámina metálica repujada, adaptada al rostro del difunto y colocada sobre su cara como parte del ritual de enterramiento. La finalidad de este tipo de máscaras no era decorativa, sino simbólica: se creía que preservaban la identidad del muerto y le otorgaban una forma inmortal en el más allá. Al cubrir el rostro con una representación idealizada, los micénicos afirmaban la dignidad y el rango del individuo incluso después de su muerte.
La expresión de esta máscara es sobria y contenida, con rasgos geométricos y simplificados que reflejan el estilo de una época aún primitiva en el arte griego. Los ojos, los pómulos y la boca están modelados con trazos sencillos, pero expresan una profunda serenidad. A diferencia de la famosa “Máscara de Agamenón” del Círculo A, esta obra presenta una factura menos detallada y una mayor rigidez formal, lo que coincide con su mayor antigüedad. Sin embargo, comparte con ella la misma función simbólica y la misma concepción del poder como atributo divino y hereditario.
El contexto cultural en el que se halló la máscara corresponde al de una sociedad en transición, en la que las élites micénicas comenzaban a consolidar su autoridad política y económica. Las tumbas del Círculo B, incluyendo la tumba Gamma, pertenecen a jefes y miembros de clanes poderosos que controlaban la producción agrícola y el comercio regional. Los ajuares encontrados junto a los cuerpos incluyen armas ornamentadas, joyas de oro y objetos importados, lo que indica contactos con Creta, el Egeo y Egipto. La presencia de metales preciosos como el electro y el oro demuestra tanto la riqueza de estas familias como la existencia de una red de intercambio avanzada.
En el plano espiritual, la máscara evidencia la creencia micénica en una vida después de la muerte. Los objetos funerarios no se depositaban al azar, sino que formaban parte de un ritual cuidadosamente estructurado. Cubrir el rostro del difunto era un gesto de respeto y de consagración, que pretendía garantizar la continuidad de su identidad y su protección divina en el mundo de ultratumba. Este tipo de objetos también reflejan una temprana concepción de la individualidad, algo poco frecuente en otras culturas del Mediterráneo oriental de la misma época.
Desde el punto de vista arqueológico, la máscara de la tumba Gamma es de gran relevancia porque documenta la evolución técnica y estética de la metalurgia micénica antes del periodo palacial. Su factura demuestra un conocimiento avanzado del trabajo del metal, especialmente en el repujado y modelado de láminas delgadas. Estas habilidades serían más tarde perfeccionadas en los talleres del siglo XV a. C., donde se alcanzarían niveles de refinamiento excepcionales.
En suma, esta máscara funeraria no es solo una pieza artística, sino también un testimonio de los orígenes del poder y la espiritualidad en la Grecia preclásica. Su silencio metálico guarda la memoria de una sociedad que, siglos antes de Homero, ya concebía la muerte como una prolongación de la gloria terrenal. Representa, en su sencillez, la primera manifestación tangible de una idea que acompañará toda la historia griega: la aspiración humana a perdurar más allá del tiempo.
Cratera de Enkomi, Museo de Chipre. Foto: Молли. CC BY-SA 4.0. Original file (1,536 × 2,048 pixels, file size: 715 KB).
Museo Arqueológico Nacional de Atenas: Hallazgos de las tumbas N, O y P del Círculo de tumbas B en Micenas.
La vitrina que se observa en la imagen pertenece al Museo Arqueológico Nacional de Atenas y reúne una selección excepcional de hallazgos procedentes de las tumbas N, O y P del Círculo de tumbas B de Micenas, datadas entre 1650 y 1550 a. C., en plena Edad del Bronce reciente. Estos objetos formaban parte de los ajuares funerarios de las élites micénicas tempranas, y su diversidad y riqueza reflejan el alto grado de sofisticación artística, técnica y simbólica alcanzado por esta civilización incluso en su fase inicial.
Lo que más llama la atención en esta colección es la abundancia de oro y el refinamiento de su trabajo. En la parte superior se aprecian placas decorativas de oro repujado, posiblemente utilizadas como ornamentos de vestimenta, cinturones o cubiertas rituales. Sus motivos, formados por espirales, rosetas y patrones geométricos, son típicos del arte egeo y denotan una estética minuciosa orientada al detalle y al brillo. Este tipo de piezas no solo servía como adorno, sino que actuaba como símbolo de rango y poder, reservado a los miembros más distinguidos de la sociedad micénica.
A los lados se pueden ver collares y diademas de cuentas de oro, cornalina y ámbar, junto con anillos, pendientes, brazaletes y aros. Estos materiales exóticos, especialmente el ámbar procedente del norte de Europa y la cornalina probablemente importada del Levante, evidencian los contactos comerciales internacionales de los micénicos incluso en una etapa temprana de su desarrollo. La joyería funeraria, por tanto, no solo expresaba riqueza personal, sino también la conexión del difunto con un mundo mediterráneo interconectado por el comercio y los intercambios diplomáticos.
Foto: Schuppi. CC BY-SA 3.0. Original file (5,456 × 3,632 pixels, file size: 5.16 MB).
En la parte central inferior se exponen espadas y dagas de bronce, algunas con empuñaduras decoradas con incrustaciones de oro. Estas armas, halladas junto a los cuerpos de guerreros, tenían un valor doble: eran herramientas de combate y, a la vez, objetos de prestigio asociados al heroísmo y la autoridad. La presencia simultánea de armas y joyas dentro de una misma tumba ilustra la dualidad del poder micénico: guerrero y sagrado, violento y refinado, material y simbólico.
También se observan vasos y copas de cerámica, junto con un pequeño recipiente de cristal de roca —material extremadamente raro en la época—, que probablemente se usaban en rituales funerarios o como ofrendas para acompañar al difunto en su tránsito al más allá. Estas piezas destacan por su forma equilibrada y su factura precisa, testimonio de una tradición artesanal altamente desarrollada.
El conjunto de objetos aquí reunidos muestra el carácter ostentoso y ceremonial de los enterramientos micénicos. La acumulación de oro y metales preciosos, junto con materiales importados, expresa una sociedad jerarquizada, donde las tumbas eran auténticos escenarios de prestigio destinados a perpetuar la memoria del linaje. La variedad de las piezas —armas, joyas, vasos, adornos— revela una cultura que concebía la muerte no como un final, sino como una prolongación del estatus y la identidad en el mundo de los dioses y los antepasados.
Desde un punto de vista artístico, estos hallazgos anticipan el esplendor que caracterizará el arte micénico del siglo XV a. C. y demuestran que, ya desde sus orígenes, los talleres de Micenas eran capaces de producir obras de extraordinaria belleza y técnica refinada, combinando la funcionalidad de los objetos con una estética simbólica que exaltaba la riqueza, el poder y la trascendencia espiritual de quienes los poseyeron.
En suma, esta vitrina constituye una ventana privilegiada al nacimiento de la civilización micénica y a la sofisticada cultura material de sus primeros soberanos, donde el oro se convierte en emblema de vida, muerte y eternidad.
Museo Arqueológico de Micenas: Cerámica procedente de las tumbas Π, Z, Λ1, Ξ y H del Círculo de tumbas B.
La vitrina expuesta en el Museo Arqueológico de Micenas presenta un conjunto representativo de cerámica procedente de las tumbas Π, Z, Λ1, Ξ y H del Círculo de tumbas B, uno de los espacios funerarios más antiguos del yacimiento. Las piezas, datadas entre los siglos XVII y XVI antes de Cristo, pertenecen al período micénico temprano, cuando la civilización micénica estaba consolidándose en la Grecia continental. Este conjunto ofrece una valiosa visión de la cultura material, las costumbres funerarias y el desarrollo técnico de la alfarería en los orígenes del mundo micénico.
En la vitrina se observan diferentes tipos de vasijas, ánforas, copas y jarras, dispuestas con un criterio que permite apreciar la variedad de formas y funciones. Los recipientes más grandes, de cuerpo globular y cuello estrecho, eran probablemente ánforas de almacenamiento, destinadas a contener líquidos preciosos como vino, aceite o miel. Las piezas más pequeñas, como las copas y cuencos con asas, cumplían funciones rituales o servían como ofrendas depositadas junto al difunto. El estado de conservación de las piezas y su superficie cuidadosamente alisada muestran el nivel de habilidad alcanzado por los artesanos de Micenas en una etapa aún temprana de su historia.
Foto: Schuppi – Own work. CC BY-SA 3.0. Original file (5,456 × 3,632 pixels, file size: 4.03 MB).
Las formas cerámicas combinan la sencillez estructural con una cierta elegancia funcional. Algunas presentan decoración pintada con motivos geométricos —líneas paralelas, bandas, espirales o triángulos— ejecutados con pigmentos de tonos rojizos o marrones sobre arcilla clara. Este tipo de ornamentación es típico del estilo egeo primitivo, heredero de la tradición minoica pero adaptado al gusto austero y simétrico característico de la cultura micénica. Otras piezas, en cambio, carecen de decoración y se distinguen por la pureza de su forma y la proporción de sus volúmenes, lo que revela una sensibilidad estética centrada en la utilidad y la armonía visual.
En el centro de la vitrina destaca una copa de base alta y doble asa, que pudo tener una función ceremonial vinculada a los banquetes o a los ritos de libación, práctica habitual en los funerales micénicos. A su alrededor se distribuyen jarras de vertido y pequeños vasos de uso personal, entre los que se reconoce la forma del askos, un recipiente con pico y asa superior que servía para conservar y verter líquidos. Estas piezas no solo cumplían fines prácticos, sino que representaban el estatus y la identidad del difunto, integrándose en un lenguaje simbólico que asociaba la vida terrenal con la continuidad en el más allá.
La uniformidad técnica de la cerámica sugiere la existencia de talleres especializados vinculados a la comunidad aristocrática enterrada en el Círculo de tumbas B. El uso de torno lento y la cocción controlada en hornos bien diseñados indican un conocimiento avanzado de los procesos de alfarería. Estas características convierten al conjunto en una fuente arqueológica esencial para comprender la evolución del arte cerámico micénico y su relación con los intercambios culturales entre Creta y el continente griego.
Desde una perspectiva museográfica, la disposición ordenada de las piezas permite al visitante captar tanto la diversidad formal como la coherencia estética del conjunto. Las etiquetas identifican las tumbas de procedencia y subrayan la riqueza funeraria del yacimiento, donde cada tumba revela aspectos diferentes del mismo horizonte cultural. En conjunto, esta vitrina transmite la imagen de una sociedad en la que los objetos cotidianos se transformaban en símbolos de permanencia, y donde incluso las formas más simples de la cerámica reflejan el refinamiento, la disciplina y el sentido de la belleza que definieron a la civilización micénica.
Museo Arqueológico de Micenas: Plano de la tumba Ípsilon del Círculo de Tumbas B.
Se trata de un dibujo arqueológico que representa la disposición original del esqueleto y de los objetos funerarios hallados junto a él. Cada número indica la posición de vasos cerámicos y otras ofrendas depositadas en la sepultura.
El Círculo de Tumbas B pertenece a una fase más antigua de la civilización micénica, hacia el siglo XVI a. C., y contiene enterramientos de individuos de alto rango, probablemente antecesores directos de los reyes del posterior Círculo de Tumbas A. Estas tumbas reflejan el poder, la jerarquía y las prácticas funerarias de una sociedad que ya mostraba rasgos de organización palacial y una cultura material de notable refinamiento.
Reconstrucciones de rostros del Círculo de Tumbas B de Micenas. Museo Arqueológico de Micenas. Cráneo Sigma 131 de la tumba Sigma.
La imagen muestra una reconstrucción facial basada en un cráneo del Círculo de Tumbas B de Micenas, concretamente el Cráneo Sigma 131 de la tumba Sigma, expuesto en el Museo Arqueológico de Micenas.
Se trata de una recreación científica del rostro de un individuo micénico que vivió hacia el siglo XVI a. C., realizada a partir de estudios antropológicos y técnicas forenses modernas. Este tipo de reconstrucciones permiten aproximarse al aspecto real de las personas que formaban parte de la élite micénica temprana, siglos antes del periodo atribuido a la guerra de Troya.
La obra muestra un rostro maduro, con rasgos marcados y barba espesa, que transmite una expresión de gravedad y humanidad, acercando al visitante a la realidad física de los antiguos habitantes de Micenas.
El Círculo B es uno de los conjuntos funerarios más antiguos del yacimiento micénico y proporciona una valiosa ventana a la sociedad prepalacial de Grecia continental. Este tipo de estudios permite acercarse de manera humana y científica a los primeros micénicos, revelando detalles sobre su aspecto físico, edad, complexión y posible expresión facial.
🖼️ Reconstrucción facial del individuo de la Tumba Sigma (Círculo de Tumbas B, Micenas) — Foto: Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0.
Foto: Zde. CC BY-SA 4.0. Original file (2,057 × 3,085 pixels, file size: 3.12 MB).
Micenas, Círculo de tumbas B: Entrada actual a la tumba de pozo Ρ (Rho).
Esta tumba, como el resto de las descubiertas en el recinto, data de alrededor de los siglos XVII y XVI a. C., en pleno periodo micénico temprano, cuando el asentamiento comenzaba a consolidarse como centro político y religioso de la Argólide.
La estructura visible en la imagen corresponde al acceso restaurado y protegido de una de las tumbas de pozo descubiertas durante las excavaciones del siglo XX. Las tumbas de este tipo se excavaban verticalmente en la roca y se cubrían con losas de piedra o capas de tierra, a menudo dentro de un recinto circular delimitado por muros de piedra. En el interior se depositaban los cuerpos de los difuntos junto con ricos ajuares funerarios: máscaras de oro, armas, joyas, vasos cerámicos y objetos de prestigio que acompañaban al fallecido en su tránsito al más allá.
El aspecto actual, con la entrada reforzada y cerrada por una reja, refleja las medidas de conservación adoptadas para proteger el yacimiento arqueológico y evitar el deterioro causado por el paso del tiempo y la exposición al ambiente. Originalmente, el acceso habría estado cubierto por tierra y sellado, de modo que el enterramiento permanecía oculto tras la ceremonia funeraria. La restauración permite hoy identificar la ubicación precisa de la tumba dentro del Círculo B y comprender la disposición general del conjunto funerario.
Este tipo de tumbas revela una sociedad jerarquizada, en la que los jefes o príncipes micénicos eran enterrados con esplendor y sus tumbas se convertían en símbolos de poder dinástico. Su ubicación dentro del Círculo B, situado a las afueras de la futura acrópolis, marca una fase temprana del urbanismo micénico, anterior a la monumentalidad de las tumbas de tholos, como el famoso Tesoro de Atreo.
Hoy, la entrada a la tumba Ρ ofrece una imagen sobria, pero profundamente evocadora, de los orígenes de la civilización micénica. Bajo esa modesta estructura de piedra se esconden los restos de una tradición funeraria compleja, donde la arquitectura, el rito y la memoria se unían para afirmar la identidad de los primeros gobernantes de Micenas y su aspiración a la inmortalidad.
Foto: Schuppi. CC BY-SA 3.0. Original file (5,456 × 3,632 pixels, file size: 8.03 MB).
Vaso de cristal de roca con la figura tallada de un pato, de la tumba ómicron.
Recipiente de cristal de roca en forma de pato hallado en el Círculo de tumbas B de Micenas. Aunque tiene rasgos egipcios, se cree que probablemente se elaboró en un taller cretense y que pudo formar parte de un intercambio de regalos entre minoicos y micénicos. (Ref: Smith, David Michael (2018). La Antigua Grecia. p. 80.).
El recipiente de cristal de roca en forma de pato hallado en el Círculo de tumbas B de Micenas es uno de los objetos más extraordinarios del arte micénico temprano y un testimonio excepcional de la habilidad técnica y la sofisticación artística alcanzadas durante la Edad del Bronce en el Egeo. Esta pequeña vasija, tallada íntegramente en un solo bloque de cuarzo hialino o cristal de roca, destaca no solo por su delicadeza y perfección formal, sino también por lo inusual del material en una época en la que predominaban el oro, la cerámica o el bronce.
El recipiente fue encontrado en una de las tumbas del Círculo B, el conjunto funerario más antiguo de la necrópolis real de Micenas, datado entre 1650 y 1550 a. C. Su hallazgo dentro de un contexto funerario sugiere que formaba parte del ajuar de un personaje de alto rango, posiblemente un jefe o miembro de la nobleza micénica. La pieza se conserva hoy en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas, donde se exhibe como una de las obras maestras del arte lapidario preclásico.
Zde – Trabajo propio. CC BY-SA 3.0.
La vasija presenta la forma estilizada de un pato o cisne, con el cuerpo hueco utilizado como recipiente y la cabeza elegantemente tallada sirviendo de asa. Pese a su fragilidad, conserva una armonía y un equilibrio que demuestran un conocimiento profundo de la materia y una técnica de talla extremadamente precisa. Trabajar el cristal de roca requería herramientas abrasivas, probablemente de esmeril o polvo de cuarzo, y un control minucioso del pulido para evitar que el material se fracturara. Este nivel de destreza indica la existencia de artesanos especializados y la influencia de una tradición técnica avanzada, posiblemente derivada del mundo minoico o de contactos con Egipto y el Levante.
De hecho, aunque el objeto posee rasgos estilísticos egipcios, como la forma naturalista del ave y la suavidad de las curvas, los especialistas coinciden en que probablemente fue elaborado en un taller cretense, perteneciente al ámbito cultural minoico. Durante este periodo, los intercambios entre Creta y la Grecia continental eran frecuentes, tanto por vía comercial como diplomática. Los objetos de lujo, como este recipiente, actuaban como obsequios de prestigio entre élites, sellando alianzas o transmitiendo reconocimiento mutuo. El hallazgo del vaso en Micenas refleja, por tanto, no solo la riqueza material de la aristocracia micénica temprana, sino también su integración en una red internacional de influencias artísticas y comerciales.
El significado simbólico de la pieza es igualmente sugestivo. El pato o cisne estaba asociado en la iconografía del Egeo con la fertilidad, la gracia y la divinidad femenina, y a menudo se vinculaba a las diosas del agua o del renacimiento. En un contexto funerario, su inclusión podría aludir a la transición del alma hacia el más allá, evocando la pureza del agua y el ciclo vital. El hecho de que el recipiente esté hecho de un material translúcido y casi etéreo, como el cristal de roca, refuerza esa asociación con la luz, la pureza y la inmortalidad.
Desde una perspectiva arqueológica, esta vasija constituye una obra de arte única por su material, su iconografía y su factura técnica. Muy pocos objetos de cristal de roca han sobrevivido de este periodo, lo que convierte a esta pieza en un testimonio insustituible del lujo y la sensibilidad estética de las primeras dinastías micénicas. Representa una síntesis de influencias —egipcias, minoicas y locales— que preludia la riqueza cultural del Egeo en los siglos posteriores.
En definitiva, este pequeño recipiente de cristal en forma de ave no es solo un objeto decorativo, sino un símbolo tangible del refinamiento y la espiritualidad que caracterizaron a las élites de la Grecia preclásica. Su delicadeza material contrasta con la rudeza de la época, revelando que incluso en los albores de la civilización micénica existía un profundo aprecio por la belleza, la forma y el significado trascendente de los objetos.
Cámara subterránea en Micenas. El plano de la cámara subterránea (Fig. 2) representa el plano del supercilium o arco. Cockerell, Charles Robert; Kinnard, William; Donaldson, Thomas Leverton; Jenkins, William; Railton, William — 1830.
Esta “cámara subterránea en Micenas” corresponde a uno de los túmulos funerarios micénicos, conocidos como tumbas de tholos o tumbas en forma de colmena, típicas de la arquitectura funeraria del período micénico. Estas estructuras eran enterramientos reales o de la nobleza, construidos bajo tierra con piedra labrada y cubiertos por un montículo de tierra.
El plano que aparece en la ilustración muestra una cámara circular cubierta por una bóveda de aproximación, una técnica arquitectónica que consiste en superponer hiladas de piedra en saledizo hasta cerrar el techo en forma de falsa cúpula. El corredor de acceso o dromos conducía a la cámara principal, donde se depositaban los restos del difunto y sus ofrendas.
El término supercilium o arco hace referencia al diseño estructural del techo y de la entrada, que refuerza la idea de un espacio abovedado. Estas tumbas destacan por su ingeniería avanzada y su simbolismo: representaban el poder del difunto y la conexión entre el mundo terrenal y el más allá.
Micenas conserva varios ejemplos magníficos de este tipo de construcciones, entre ellos el célebre Tesoro de Atreo o Tumba de Agamenón, una de las cámaras funerarias más impresionantes de la Edad del Bronce en Grecia.
Detalle de la empuñadura de oro de una espada de bronce encontrada en la tumba delta.
Foto: Schuppi. CC BY-SA 3.0.
La empuñadura de oro de una espada de bronce hallada en la tumba Delta del Círculo de tumbas B de Micenas es una de las piezas más impresionantes del ajuar funerario micénico temprano y un testimonio del poder y el prestigio de las élites guerreras durante la Edad del Bronce. Esta arma, que combina funcionalidad y lujo, representa la fusión entre la tecnología militar y el arte decorativo, y revela el alto grado de desarrollo técnico alcanzado por los artesanos del Egeo hacia mediados del segundo milenio antes de Cristo.
La espada fue descubierta junto a otros objetos de prestigio en una tumba de pozo perteneciente a un individuo de alto rango, probablemente un jefe o guerrero aristócrata. Su hoja, forjada en bronce, ha sobrevivido parcialmente corroída por el paso del tiempo, pero lo que verdaderamente llama la atención es su empuñadura recubierta de láminas de oro repujado, decorada con motivos espirales y estilizados animales, posiblemente cabezas de león o de toro, símbolos de fuerza y autoridad. El oro no cumplía aquí una función meramente ornamental, sino que convertía la espada en un emblema de poder, un signo de distinción social y religiosa.
La técnica utilizada para fabricar esta empuñadura muestra una maestría excepcional. El oro fue trabajado mediante repujado y grabado, con un diseño de volutas y espirales que refleja el gusto por los patrones dinámicos típicos del arte egeo. El mango, posiblemente de madera o marfil, estaba recubierto por estas láminas metálicas que se ajustaban a la perfección a su estructura interna, unidas por remaches visibles. El pomo presenta una forma circular rematada por una anilla decorativa, lo que aportaba equilibrio y firmeza al arma. Todo el conjunto combina la precisión técnica con la elegancia ornamental, en una síntesis característica de la civilización micénica.
Desde el punto de vista simbólico, esta espada es mucho más que un arma. En el contexto funerario de la tumba Delta, representa la continuidad del estatus del difunto en el más allá. En la sociedad micénica, la guerra era una fuente esencial de prestigio y riqueza, y los jefes guerreros se distinguían por sus armas, que eran tratadas como extensiones de su identidad. Enterrar al muerto con su espada de oro implicaba perpetuar su rango y su valor heroico incluso después de la muerte. Las tumbas del Círculo B, al igual que las del posterior Círculo A, estaban reservadas a personajes cuya vida y poder se expresaban a través del lujo, el combate y la relación con lo divino.
El hallazgo de esta espada confirma que Micenas era ya, en esta fase temprana, un centro de élites militares consolidadas, capaces de encargar objetos de lujo a talleres especializados. La presencia de oro, bronce y motivos iconográficos de inspiración tanto minoica como oriental demuestra la existencia de intercambios artísticos y comerciales con otras culturas del Mediterráneo, particularmente con Creta y Anatolia. En este contexto, la espada se convierte en un símbolo de ese mundo de contactos y rivalidades, en el que el poder se afirmaba tanto por la fuerza de las armas como por la magnificencia de su decoración.
En la actualidad, esta pieza se conserva en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas, donde forma parte de la colección de objetos procedentes del Círculo de tumbas B. Su estado de conservación, pese al deterioro de la hoja, permite apreciar la belleza del trabajo orfebre y la sensibilidad artística de los primeros micénicos. Es una obra que conjuga la dureza del metal con la delicadeza del oro, la violencia del arma con la búsqueda de la perfección formal. Su contemplación nos remite a un tiempo en el que la guerra, el arte y la religión estaban profundamente entrelazados, y donde la muerte no era el final, sino la consagración de la gloria y la memoria del héroe.
Cerámica hallada en la tumba ómicron.
Foto: Schuppi. CC BY-SA 3.0.
La cerámica hallada en la tumba Ómicron del Círculo de tumbas B de Micenas constituye un ejemplo característico de la producción alfarera micénica durante la Edad del Bronce reciente, en torno a los siglos XVII y XVI antes de Cristo. Este conjunto de vasos, ánforas y jarras formaba parte del ajuar funerario depositado junto a los difuntos, con una doble función: práctica y simbólica. Los recipientes servían para contener ofrendas líquidas o sólidas —vino, aceite, miel o alimentos— destinadas al más allá, y al mismo tiempo representaban la riqueza, el rango social y las creencias religiosas del difunto.
El grupo cerámico, conservado en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas, incluye piezas de diversos tamaños y formas, entre ellas una gran pithos o ánfora de almacenamiento decorada con motivos geométricos pintados en tonos rojizos sobre fondo claro. Este diseño, compuesto por bandas horizontales y redes de triángulos cruzados, es típico del estilo micénico temprano, que aún conserva influencias del arte minoico pero anuncia la tendencia a la abstracción decorativa que dominará en el Egeo durante los siglos posteriores. Las líneas regulares y el equilibrio de las proporciones reflejan un gusto por la simetría y el orden visual, característico de la sensibilidad estética de la civilización micénica.
Junto a la gran vasija se encontraron pequeños vasos de boca ancha, copas y jarras de uso ritual o doméstico, algunas con asas gemelas y otras con un solo asa lateral. Están modeladas a torno lento y cocidas a alta temperatura, lo que evidencia un conocimiento técnico avanzado en el control del fuego y la composición de las arcillas. La superficie, aunque austera, muestra una notable uniformidad y un acabado pulido, lo que sugiere que fueron elaboradas por artesanos experimentados, probablemente en talleres vinculados al propio centro de Micenas.
La presencia de esta cerámica en una tumba de pozo indica la importancia de los ritos funerarios en la sociedad micénica. Los objetos depositados junto al difunto no eran simples pertenencias personales, sino elementos que acompañaban el tránsito hacia el mundo de los muertos. En este sentido, los recipientes podían simbolizar la abundancia y la continuidad de la vida, además de servir como contenedores de ofrendas sagradas. El gran pithos, por su tamaño y decoración cuidada, debió de tener un papel central en las ceremonias funerarias, quizá como depósito de líquidos rituales o como símbolo de la fertilidad y la regeneración.
Desde el punto de vista cultural, este conjunto refleja una etapa temprana de la civilización micénica, aún impregnada de influencias minoicas pero con una identidad propia en consolidación. La decoración geométrica sustituye progresivamente a los motivos naturalistas, y la cerámica se convierte en un medio de expresión social tanto como artística. En las tumbas del Círculo B, estas piezas acompañaban a objetos de oro, bronce y cristal, componiendo un retrato completo de una élite que combinaba la riqueza material con una profunda espiritualidad.
El hallazgo de esta cerámica en la tumba Ómicron aporta información valiosa sobre la vida cotidiana, las creencias y la estructura social de los primeros micénicos. Su estudio permite rastrear la evolución del arte cerámico griego desde sus raíces prepalaciales hasta los estilos que florecerán en los siglos posteriores. Cada vasija, con su forma sencilla y su decoración precisa, encierra la huella de una civilización que comenzaba a mirar hacia la historia y que ya concebía el arte como una extensión visible del orden, la medida y la permanencia.
Museo Arqueológico Nacional de Atenas: Hallazgos de las tumbas A, Z, H y K del Círculo de Tumbas B en Micenas.
Esta imagen muestra una vitrina del Museo Arqueológico Nacional de Atenas con los hallazgos de las tumbas A, Z, H y K del Círculo de Tumbas B en Micenas (siglos XVII–XVI a. C.).
En la colección se aprecian armas de bronce (espadas, puntas de lanza, cuchillos), objetos de oro (diademas, fragmentos decorativos), así como cerámica y vasos de diferentes tipos. Estos ajuares reflejan el estatus elevado de los individuos enterrados y muestran el desarrollo del arte, la metalurgia y las costumbres funerarias micénicas tempranas, en plena transición entre el Heládico Medio y el Heládico Reciente.
📸 Museo Arqueológico Nacional de Atenas — Hallazgos de las tumbas A, Z, H y K del Círculo de Tumbas B en Micenas (siglos XVII–XVI a. C.). Foto: Wikimedia Commons, dominio público. Original file (5,456 × 3,632 pixels, file size: 4.88 MB). Foto: Schuppi. CC BY-SA 3.0.
Ánfora minia de la tumba Ípsilon, del periodo Heládico Medio III, es decir, entre los años 1700 y 1600 a. C. Museo Arqueológico de Micenas, MM 430.
La imagen muestra una ánfora minia procedente de la tumba Ípsilon del Círculo de Tumbas B de Micenas, datada en el periodo Heládico Medio III (aproximadamente entre 1700 y 1600 a. C.).
La cerámica minia se caracteriza por su superficie fina, bien pulida y sus formas elegantes, propias de una tradición local del continente griego previa al esplendor micénico. Este tipo de ánforas, con decoración geométrica en pintura oscura sobre fondo claro, solía emplearse para contener líquidos o alimentos, y a menudo se depositaba como ofrenda funeraria junto a los difuntos.
La pieza pertenece al Museo Arqueológico de Micenas (número de inventario MM 430) y representa uno de los mejores ejemplos del refinamiento técnico alcanzado en la cerámica del Heládico Medio, etapa de transición entre la civilización minoica de Creta y la posterior cultura palacial de los micénicos.
Foto: Zde. CC BY-SA 3.0. Original file (2,250 × 2,231 pixels, file size: 2.63 MB).
Museo Arqueológico de Micenas, Círculo de Tumbas B, tumba Ni: dos jarros cicládicos con decoración de estilo floral (Heládico Medio III, hacia 1625–1600 a. C.).
La imagen muestra dos jarros cicládicos decorados con motivos florales, datados hacia 1625–1600 a. C. (Heládico Medio III). Proceden del Círculo de Tumbas B en Micenas, concretamente de la tumba Ni, y se conservan en el Museo Arqueológico de Micenas.
Estas piezas son representativas del estilo floral que comienza a difundirse en el Egeo en este periodo, influido por la cerámica minoica de Creta. Los motivos espirales y vegetales sugieren una estética naturalista, típica de la transición hacia el Heládico Reciente, donde la cerámica micénica incorporará progresivamente influencias del arte minoico.
Foto: Schuppi. CC BY-SA 3.0. Original file (5,456 × 3,632 pixels, file size: 4.19 MB).
Estela funeraria de la tumba gamma.
La estela funeraria hallada en la tumba Gamma del Círculo de tumbas B de Micenas es una de las piezas escultóricas más notables de la fase temprana de la civilización micénica y un testimonio del arte funerario que acompañaba a los primeros reyes y guerreros de la Grecia continental durante la Edad del Bronce. Tallada en piedra caliza local, esta estela formaba parte del conjunto de monumentos conmemorativos que se erigían sobre las tumbas de pozo, señalando la importancia social y espiritual de los difuntos allí enterrados.
Su datación se sitúa entre los siglos XVII y XVI antes de Cristo, en un periodo de transición en el que los micénicos, aún influidos por la cultura minoica, comenzaban a desarrollar un lenguaje artístico propio. La pieza se caracteriza por una composición simétrica y decorativa, dominada por grandes motivos en espiral tallados en relieve. Estas espirales, dispuestas a lo largo del marco, no solo cumplen una función ornamental, sino también simbólica: representan el movimiento continuo de la vida y la eternidad, una idea que enlaza con las creencias funerarias sobre el ciclo de la muerte y el renacimiento.
En la parte inferior del relieve pueden apreciarse figuras humanas y animales esculpidas con un estilo aún arcaico, pero lleno de vitalidad. Se distingue un personaje que parece portar una lanza o un arma, posiblemente un guerrero, acompañado de una escena de caza o combate con animales. Este tipo de representaciones es característico del arte micénico primitivo, donde la figura del guerrero encarna el prestigio y el poder del difunto. La estela, por tanto, no era un simple marcador de sepultura, sino una narración visual del honor y la valentía del muerto, una forma de perpetuar su memoria entre los vivos.
El relieve muestra una notable destreza técnica en la talla de la piedra, con un trazo seguro y una disposición equilibrada de los elementos. La combinación de espirales abstractas y escenas figurativas revela una síntesis entre motivos simbólicos y narrativos, reflejo de la mentalidad micénica, que unía la devoción ritual con la exaltación heroica. Las espirales recuerdan los patrones decorativos de la metalurgia y la cerámica del mismo periodo, lo que indica una coherencia estética en las artes visuales de la época.
El contexto arqueológico de la estela la sitúa en el interior del Círculo B de Micenas, una necrópolis reservada a los linajes más antiguos y poderosos de la región. Cada tumba estaba señalada con una o varias estelas similares, que además servían como punto de referencia para los rituales conmemorativos. Su función trascendía lo meramente decorativo: eran símbolos de estatus, memoria y sacralidad, erigidos para mantener viva la presencia del antepasado dentro del espacio funerario colectivo.
Actualmente, esta estela se conserva en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas, donde puede admirarse por su combinación de fuerza simbólica y elegancia formal. Es una de las primeras manifestaciones de la escultura en relieve monumental de Grecia, y anticipa la tradición artística que siglos más tarde culminará en los frisos y relieves narrativos del arte clásico. En ella se reconoce ya la sensibilidad estética, el sentido del orden y la relación entre arte y mito que definirán a la civilización griega.
Esta obra resume, en una sola piedra, el espíritu heroico y religioso del mundo micénico: el deseo de trascendencia, la afirmación del poder y la profunda conexión entre la vida, la muerte y el recuerdo eterno.
Museo Arqueológico Nacional de Atenas: Hallazgos de las tumbas Γ y Δ del Círculo de Tumbas B en Micenas, hallazgos de las tumbas Γ (Gamma) y Δ (Delta) del Círculo de Tumbas B en Micenas (siglos XVII–XVI a. C.)
En la exposición se observan espadas y dagas de bronce, algunas con empuñaduras decoradas en oro, junto a máscaras funerarias, vasos cerámicos y copas de oro. Estos objetos reflejan el alto rango social de los enterrados y la sofisticación técnica y artística alcanzada por los talleres micénicos en una época temprana. Su estudio ha permitido comprender mejor las primeras etapas del poder aristocrático micénico, que más tarde dominaría el mundo egeo.
📸 Museo Arqueológico Nacional de Atenas — Hallazgos de las tumbas Γ y Δ del Círculo de Tumbas B en Micenas (siglos XVII–XVI a. C.). Foto: Wikimedia Commons, dominio público. Foto: Schuppi . CC BY-SA 3.0. Original file (5,456 × 3,632 pixels, file size: 4.78 MB).
Referencias Círculo de tumbas B
- Leonard Cottrell, El toro de Minos, páginas 269-273. México, 1958, Fondo de cultura económica, ISBN 968-16-0750-3.
- «Página del Ministerio de Cultura de Grecia: el círculo de tumbas B (Micenas)». Archivado desde el original el 5 de marzo de 2016. Consultado el 26 de julio de 2017.
- Susana Reboreda Morillo, El arco y las flechas en el Bronce Final y en el Hierro Inicial en Grecia, pp.88-89, en revista Gerión nº 16 (1998).
- Algunos materiales funerarios hallados en el Círculo de tumbas B, en la página www.greek-thesaurus.gr
- Fotini Cristakis, Τάφοι με όπλα στη ΜΕ ΙΙΙ-ΥΕΙ φάση: η τάξη των» πολεμιστών» και η θέση τους στην πρώιμη μυκηναϊκή κοινωνία Archivado el 28 de julio de 2017 en Wayback Machine., pp.21-25. (2005).
Origen de los micénicos
La civilización micénica forma parte de la civilización egea o, en plural, civilizaciones egeas, que son denominaciones historiográficas para la designación de un grupo de civilizaciones prehelénicas (es decir, anteriores a la civilización griega) que se desarrollaron en la protohistoria en el espacio en torno al mar Egeo. Además de la micénica, están las civilizaciones cicládica (en torno a las islas Cícladas), y la minoica (isla de Creta). También se ha especulado con una cuarta civilización, la luvita. (7).
El origen del pueblo minoico, una de las civilizaciones más antiguas de Europa, sigue siendo objeto de debate entre los historiadores y arqueólogos. La cultura minoica floreció en la isla de Creta aproximadamente entre el 3000 y el 1450 a. C., antes de la hegemonía micénica, y debe su nombre al legendario rey Minos mencionado por la tradición griega. Su desarrollo coincidió con la Edad del Bronce en el Egeo, periodo en el que Creta se convirtió en un importante centro de intercambio comercial y cultural entre Egipto, el Levante y la Grecia continental.
Los primeros habitantes de Creta probablemente llegaron desde Anatolia o el Cercano Oriente durante el Neolítico, hacia el 7000 a. C., trayendo consigo la agricultura, la cerámica y los primeros asentamientos permanentes. A partir de estas comunidades se formó gradualmente una cultura original, con un alto nivel de organización social y artística. El surgimiento de los palacios de Cnosos, Faistos, Malia y Zakros hacia el 2000 a. C. marcó el inicio del periodo palacial, en el que la civilización minoica alcanzó su máximo esplendor.
El pueblo minoico destacó por su avanzada arquitectura, su sistema administrativo, su escritura jeroglífica y la Lineal A, aún no descifrada, así como por su arte refinado y naturalista. Su economía se basaba en la agricultura, la artesanía y el comercio marítimo, lo que convirtió a Creta en una potencia naval en el Mediterráneo oriental.
Las causas de su declive no están del todo claras, aunque se piensa que una combinación de desastres naturales —como la erupción del volcán de Tera (Santorini)— y la posterior invasión micénica desde la Grecia continental contribuyeron a su desaparición. Aun así, la influencia minoica perduró durante siglos, transmitiendo a la cultura micénica y, en última instancia, a la Grecia clásica, muchos de los fundamentos de la civilización egea.
Mapa del Mediterráneo oriental y Oriente Medio con los reinos más destacados en el momento del apogeo de la civilización micénica. (1500 a.C).
Mapa: Rowanwindwhistler – Este archivo deriva de: AlterOrient2 es.png . CC BY-SA 4.0.
Tras la traducción de las tablillas en lineal B, se descubrió que aquellos que se llaman impropiamente «micénicos» son en realidad griegos. No obstante, estos griegos no estuvieron siempre en territorio de Grecia, sino que fueron uno de los pueblos indoeuropeos que eran seminómadas, trajeron el carro y el caballo y migraron, en torno a los años 2100-1900 a. C., desde un área indeterminada que algunas teorías sitúan en territorios al norte de los mares Negro y Caspio. Se mezclaron con la población que ya vivía en ese territorio, a los que se han denominado pelasgos. ( Piquero Rodríguez, 2020, pp. 77-79.)
Ninguna fuente escrita que provenga de un yacimiento micénico indica cómo se llamaba este pueblo a sí mismo (su autoetnónimo). Se ha tratado de identificar cómo nombran a los micénicos las fuentes de otros imperios de la Edad del Bronce. En este sentido se piensa que la mención de Ahhiyawa de las fuentes hititas y el topónimo Tanayu que aparece en fuentes egipcias, designaban a la Grecia micénica o, al menos, una parte de la misma. Estos nombres se han relacionado, respectivamente, con los términos aqueos y dánaos de los poemas homéricos.
Estudios científicos
Entre las conclusiones de un estudio genético de 2017 dirigido, entre otros, por Iosif Lazaridis, se dio que los micénicos y los minoicos estaban emparentados y que ambas civilizaciones descendían de gentes que ya estaban en Grecia o que procedían del suroeste de Anatolia o del este del Cáucaso. Como diferencia principal, los micénicos tenían un porcentaje de ADN de ancestros que procedían del norte (Europa oriental o Siberia). (8).
Otro estudio de genomas publicado en 2021 llevado a cabo por Olga Dolgova, entre otros, muestra que las poblaciones de las Cícladas, de Creta y del área continental griega eran genéticamente similares en la Edad del Bronce antiguo y principalmente tenían ascendientes del neolítico Egeo, pero en la Edad del Bronce Medio se observan cambios en los habitantes de la zona del norte continental griega, que tenían aproximadamente un 50% de ascendientes procedentes de una amplia región en torno al mar Negro y al mar Caspio. (9).
La lengua micénica
Griego micénico (griego: Μυκηναϊκή ελληνική; latín: Lingua Graeca Mycenaea) es el término con el que se designa la fase testimoniada más antigua de la lengua griega. Se encuentra atestiguada en una forma de escritura, esencialmente silábica, denominada Lineal B, entre los siglos XVI a. C. y XII a. C. Fue hablado durante el periodo micénico en lugares tales como Grecia continental, Creta y Chipre, hasta su desaparición con la invasión dórica y el consecuente hundimiento económico que dio inicio a la era conocida como Edad Oscura. Se han encontrado inscripciones en griego micénico en zonas como Cnosos, Pilos, La Canea, Tirinto y Tebas.
En 1952, Michael Ventris descifró el sistema y centró sus esfuerzos en probar que el idioma puede ser entendido como una forma temprana del griego moderno.
- Aura Jorro, Francisco: Diccionario micénico, 2 tomos, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Instituto de Filología, 1985–1993.
- Bartoněk, Antonín (2003). Handbuch des mykenischen Griechisch. Heidelberg: Carl Winter.
Alrededor del 2000 a. C. se produjo la migración a la Hélade, en sucesivas oleadas, de varios pueblos indoeuropeos. Los pueblos mediterráneos nativos de la zona, denominados pelasgos por los inmigrantes protogriegos, fueron finalmente sometidos por estos. La lengua de los pueblos sometidos aportó algunos importantes elementos léxicos y morfológicos para la constitución de lo que luego sería el griego micénico. (4).
Por su parte, la isla de Creta tuvo dos sistemas de escritura desde principios del segundo milenio a. C.; hasta la adopción del lineal B: el denominado jeroglífico cretense y el lineal A. Con el auge de la civilización micénica, Creta substituyó este último sistema por el griego micénico basado en el lineal B. Sin embargo, no existe suficiente evidencia para demostrar si dicho sistema tiene su origen en la Grecia continental o en Creta.
La lengua hablada en esta civilización era un dialecto del griego que se ha designado convencionalmente como «micénico» y es el que recogen los textos de las tablillas de lineal B que se han conservado. Se trata de un dialecto que es bastante homogéneo en todos los centros en los que se han hallado testimonios, aunque se han encontrado algunas diferencias en la morfología derivacional y en el léxico, incluso dentro de un mismo centro. Algunas de estas variaciones se atribuyen a que habría diferencias entre el micénico hablado de manera corriente y el micénico más formal propio de la administración de los palacios.
Por otra parte, las características lingüísticas del micénico lo relacionan con los grupos dialectales jónico–ático y arcado-chipriota, pero no se cree que fuera antecesor directo de ninguno de los dos, sino que únicamente comparte ciertos rasgos con estos. (10)
📸 Tablilla en Lineal B (griego micénico), procedente de Cnosos. Museo Arqueológico Nacional de Atenas, número de inventario 7671 — Foto: Chris Jensen Romer, Wikimedia Commons, CC BY-SA 3.0.
El texto, según los estudios epigráficos publicados (referido como KN V 52 + 7671), se ha transliterado así: 𐀐𐀷𐀜𐀂𐀫𐀯𐀄𐀲𐀗𐀍.
Transliteración latina aproximada: ko-no-so / a-mi-ni-so / ke-ra-me-u / o-no / de-ka
Traducción orientativa: “Cnosos. En Amnisos, el ceramista: diez unidades de carga.”
Explicación:
“Cnosos” (ko-no-so): nombre del principal palacio minoico.
“Amnisos” (a-mi-ni-so): puerto de Cnosos, desde donde se realizaban exportaciones.
“ke-ra-me-u”: literalmente “del alfarero” (raíz del griego keramos, ‘arcilla’).
“o-no”: término que indica una carga o unidad de medida.
“de-ka”: número diez.
Este tipo de tablillas no tenía valor literario, sino económico-administrativo. Servían para llevar la contabilidad de los talleres y almacenes del palacio, y eran escritas sobre arcilla húmeda que se endurecía al secarse o al ser cocida accidentalmente por incendios.
🪶 Fuente principal: Corpus of Mycenaean Inscriptions (Ventris & Chadwick, 1973); John Chadwick, “The Decipherment of Linear B”; Wikimedia Commons (imagen bajo licencia CC BY-SA 3.0).
El griego micénico (en griego, Μυκηναϊκή ελληνική; en latín, Lingua Graeca Mycenaea) constituye la forma más antigua conocida de la lengua griega. Es la lengua de los pueblos micénicos que dominaron el mundo egeo entre los siglos XVI y XII a. C., y se encuentra atestiguada en tablillas de arcilla escritas en Lineal B, un sistema de escritura silábico adaptado del Lineal A minoico, empleado originalmente en Creta. Estas tablillas, descubiertas en yacimientos como Cnosos, Pilos, Tirinto, La Canea y Tebas, registran principalmente textos administrativos y contables que ofrecen una valiosa visión de la organización económica y política de los palacios micénicos.
El griego micénico presenta una estructura arcaica que conserva rasgos fonológicos y morfológicos posteriormente simplificados o perdidos en las etapas clásicas del griego. Su estudio ha permitido comprender la evolución de la lengua griega y su continuidad cultural desde la Edad del Bronce hasta la Grecia histórica. Aunque el Lineal B no servía para expresar literatura o narraciones, los textos hallados permiten inferir una sociedad jerarquizada, con un poder centralizado en torno al wanax (rey) y una compleja administración palacial.
Tras el colapso del mundo micénico hacia el 1200 a. C., el uso del Lineal B y del griego micénico desapareció, coincidiendo con el hundimiento de la civilización palacial y el inicio de la llamada Edad Oscura. Sin embargo, la lengua sobrevivió de forma oral y dio origen a los dialectos griegos posteriores, como el jónico, el dórico y el eólico, que más tarde configuraron la diversidad lingüística del mundo helénico.
Organización política
La geografía micénicaLa organización política general del mundo micénico no se conoce con seguridad. Pese a ello, se estima que los asentamientos en los que la arqueología ha hallado archivos de cierta importancia en lineal B eran destacados centros de poder. Es el caso de Pilos, Cnosos, Micenas, Tebas y Ayios Vasilios —esta última en Laconia, cerca de la posterior Esparta. En el caso concreto de la llanura argiva, debido a los importantes restos arqueológicos, se ha sugerido que habría tenido un sistema complejo en el que Micenas tendría el control total de ese territorio, el palacio de Tirinto controlaría el puerto, y otros dos centros fortificados destacados, Midea y Argos, tendrían la función de controlar la conexiones terrestres entre ambas. (11). Por otra parte, en Orcómeno no se han hallado documentos en lineal B pero dicho asentamiento debió repartirse con Tebas la región de Beocia: Orcómeno controlaría la parte septentrional e incluiría el lago Copaide y la fortificación de Gla, mientras a Tebas pertenecería la zona meridional de Beocia y al menos la zonal central de Eubea. (12) Es posible que en Creta hubiera otros centros administrativos, además de Cnosos, como La Canea, en la zona occidental. Los restos arqueológicos tales como tumbas y sellos también confirman la existencia de asentamientos micénicos en el Ática, Fócide, islas Jónicas, Etolia, Acarnania, Tesalia y Eubea, además de otras zonas del Peloponeso no citadas anteriormente. Fuera de los límites de estas áreas geográficas, posiblemente los micénicos tuvieran algunas colonias comerciales en Anatolia, Sicilia, la península itálica y Epiro. (Piquero Rodríguez, 2020, pp. 88-94.), ( García Iglesias, 2000, pp. 92-94.).
La mención de un «rey de los ahhiyawa» en las fuentes hititas ha sido comparada con el «rey de los aqueos». Pero nada prueba que los ahhiyawa sean los aqueos (aunque parezca la solución más lógica) y la localización de su reino continúa discutida: Asia Menor, Rodas, Tracia, Grecia continental… (13) En todo caso, tampoco está claro si la Grecia micénica era una confederación de estados dominados por un rey, o si estos estados funcionaban como reinos de manera independiente.
Ver nota: Se estima que, en Anatolia, pudo haber colonias micénicas en Mileto, Yaso y Muskebi (cerca de Halicarnaso); en el sur de Italia, en Scoglio del Tonno (cerca de Tarento); en Sicilia, en Tapso; en Epiro, en Glykys Limín. Otros lugares están en discusión. En Chipre, aunque hay constancia de importante presencia micénica después del fin de los palacios, es objeto de debate la existencia de colonias micénicas en el periodo precedente.
El sistema económico micénico se basaba en una economía palacial centralizada. Los palacios actuaban como verdaderos centros de control donde se almacenaban materias primas, se fabricaban productos artesanales y se planificaba su redistribución. Los campesinos, pastores y artesanos dependían del palacio, al que entregaban parte de su producción a cambio de protección y sustento. Este modelo, aunque eficiente, hacía que la sociedad micénica fuera extremadamente dependiente de la estabilidad del poder central.
En el ámbito político, cada estado micénico parece haber funcionado como una unidad autónoma, con su propio palacio y territorio bajo control. La existencia de varios centros importantes —como Micenas, Pilos, Tirinto o Tebas— sugiere una red de reinos que compartían cultura y lengua, pero que probablemente mantenían rivalidades y alianzas fluctuantes. Las fortificaciones monumentales, las tumbas reales y las armas halladas apuntan a una sociedad fuertemente militarizada, donde el prestigio y la autoridad se consolidaban mediante la riqueza y la guerra.
A pesar de su carácter jerárquico, la civilización micénica mostró un alto grado de organización y especialización. La minuciosidad de sus registros administrativos revela una mentalidad racional y planificadora, orientada al control de la producción, la contabilidad y el almacenamiento. Cuando los palacios fueron destruidos hacia el 1200 a. C., ese sistema se desmoronó, dando paso a una etapa de desintegración política y económica. Sin embargo, el legado micénico sobrevivió en la lengua, en ciertos modelos de gobierno y en la memoria cultural que más tarde inspiraría los mitos heroicos de la Grecia clásica.
Situación de los centros palaciales de la civilización micénica. Original: Future Perfect at Sunrise. Recorte, leyenda y ubicación de los sitios arqueológicos: Dodecaedro – Este archivo deriva de: Greece large topographic basemap.svg. CC0.
Ahhiyawa (o la forma antigua Ahhiya) era un reino que aparece en los textos de los archivos del Imperio Hitita de la segunda mitad del segundo milenio a. C. El debate alrededor de su localización, centrado en el hecho que podría verse en dichos textos una mención a los aqueos, está aún lejos de ser cerrado.
Posible equivalencia de los ahhiyawa con los aqueos
A partir de la traducción en un texto hitita de la palabra Ahhiyawa, que designaba a un reino que podía estar situado tanto en Anatolia occidental como en algún lugar a través del mar Egeo, numerosos especialistas de las civilizaciones anatolias, han cotejado esta palabra con Achaiwia y Achaia, que hacen referencia a los aqueos, un pueblo de Grecia del II milenio a. C.
Este descubrimiento fue visto como la prueba de la existencia de la civilización micénica de los textos de Homero. La hipótesis de que los ahhiyawa equivalen a los aqueos, ha sido, no obstante, puesta en entredicho, por el hecho que este reino también ha sido situado en Tracia, en Rodas o en Chipre. Se arguye que la arqueología no ha encontrado hasta la fecha nada que indique que la civilización micénica hubiera estado en contacto directo con la de los hititas, ni que los micénicos constituyeran un Estado lo suficientemente poderoso para extenderse hasta Anatolia.
Aquellos que consideran a los ahhiyawa como aqueos, ni siquiera están de acuerdo sobre la localización de su reino: o en Asia Menor, o claramente en Grecia continental. Un argumento, además, a favor de que los ahhiyawa equivalen a los aqueos, reside en el hecho de que en los textos hititas figura una ciudad llamada Millawanda o Milawata, que políticamente estaría muy cercana a los ahhiyawa. Muchos estudiosos ven en esta ciudad a la de Mileto, cuyas excavaciones arqueológicas han revelado lazos muy fuertes con la civilización micénica.
El debate aún permanece abierto; algunos estudiosos de la civilización micénica opinan que los ahhiyawa eran aqueos, y una mayoría de estudiosos de la Anatolia hitita no lo creen. Si los ahhiyawa no eran los aqueos, hay que imaginar la existencia, en una región idéntica, de dos pueblos que llevan un nombre similar pero diferente, los aqueos certificados únicamente por la arqueología y la tradición homérica, y los ahhiyawa atestiguados solo por los textos de la época.
Los estados de Pilos y Cnosos
Durante el periodo micénico, los palacios de Pilos y Cnosos representaron dos de los centros políticos y administrativos más importantes del mundo egeo. Ambos estados funcionaban como verdaderos núcleos de poder, con una organización centralizada que controlaba la producción agrícola, la distribución de bienes y las relaciones comerciales.
En Pilos, situado en el suroeste del Peloponeso, se ha hallado un palacio excepcionalmente bien conservado, conocido como el “Palacio de Néstor”. Sus archivos, escritos en Lineal B, han permitido reconstruir con gran detalle la estructura de la sociedad micénica: un rey o wanax a la cabeza, seguido por una jerarquía de funcionarios, escribas y artesanos. Las tablillas de Pilos registran el control minucioso de productos como el aceite, el vino, el bronce o la lana, lo que muestra un sistema administrativo altamente eficiente y planificado. La arquitectura del palacio, con sus amplias salas decoradas con frescos, refleja además un elevado nivel de desarrollo artístico y técnico.
Cnosos, por su parte, fue el principal centro político y económico de Creta, heredero de la antigua civilización minoica. Aunque la destrucción de los palacios minoicos marcó una ruptura, Cnosos continuó desempeñando un papel central bajo dominio micénico. Las tablillas encontradas allí demuestran que el Lineal B se utilizó para administrar el territorio y registrar las actividades del palacio, igual que en Pilos. Sin embargo, la presencia de elementos artísticos y arquitectónicos de tradición minoica sugiere una convivencia entre ambas culturas, donde los micénicos adoptaron y adaptaron muchos rasgos de la civilización cretense.
Tanto Pilos como Cnosos encarnan el modelo de estado palacial micénico, basado en la concentración del poder político, económico y religioso en torno a un centro administrativo. La coordinación entre agricultura, artesanía y comercio marítimo convirtió a estos palacios en auténticos motores de la civilización egea. Su destrucción hacia el 1200 a. C., probablemente a causa de invasiones, conflictos internos o catástrofes naturales, marcó el final de la era palacial y dio paso a un periodo de oscuridad que, siglos después, daría origen a la Grecia arcaica.
A una escala más reducida, existe información a través de las fuentes en lineal B sobre la organización interna de los reinos mejor conocidos: Pilos y Cnosos. Pero tampoco ahí existen muchas certezas.
Estos estados estaban dirigidos por un rey, el wa-na-ka (ϝάναξ / wánax) que, además de estar en lo más alto del poder político, probablemente también ostentaba la jefatura militar. (ver nota: Este término es identificable con el ἄναξ / anax homérico («señor divino, soberano, señor de la casa»). Hay autores que han defendido que en el ámbito religioso el wa-na-ka también habría tenido un importante papel como sumo sacerdote o incluso podría haber estado revestido de un carácter divino. (García Iglesias, 2000, pp. 102-104.).
Ver nota: En relación con esta idea, Wa-na-ka aparece a veces en los textos de ofrendas a divinidades o en posesión de un te-me-no, que en griego clásico equivale a un recinto sagrado.
El wa-na-ka está secundado por el ra-wa-ke-ta, cuyas funciones son objeto de debate, pero en todo caso se trataba de un personaje poderoso. (Piquero Rodríguez, 2020, pp. 98-99.)
Ver nota : Se ha propuesto que podría ser el jefe del ejército, o bien el príncipe heredero, sin excluir otras posibilidades. Ambos poseen un dominio territorial propio, el te-me-no (τέμενος / témenos). García Iglesias, 2000, pp. 106,107.
Además de los miembros de la corte, otros dignatarios están a cargo de la administración local del territorio. El reino de Pilos está dividido en dos grandes provincias, la de-we-ro-a3-ko-ra-i-ja., la provincia próxima, alrededor de Pilos, y la pe-ra3-ko-ra-i-ja, la provincia lejana, cuya posible capital sería la ciudad de re-u-ko-to-ro. El reino se subdivide además en dieciséis distritos, que a su vez están formados por una serie de pueblos o municipios. (14).
Ver nota: Se cree que re-u-ko-to-ro es la ciudad que posteriormente se llamó Leuctro, que algunos identifican con los restos arqueológicos hallados en el yacimiento de Muriatada.). Para dirigir los distritos, el rey nombra a un ko-re-te (koreter, «gobernador») y un po-ro-ko-re-te (prokoreter, «subgobernador»). Un da-mo-ko-ro (damokoros, «aquel que se ocupa del damos »), se ocupa de los pueblos o municipios, los da-mo (literalmente «pueblos», comparar con δῆμος / dễmos), y un qa-si-re-u (palabra directamente predecesora de βασιλεύς / basileús) ejerce igualmente un cargo a nivel local, mal conocido — parece dirigir un grupo de broncistas, pero algunos creen que sus funciones eran más amplias. ( Piquero Rodríguez, 2020, pp. 182.) Resulta interesante observar que en los poemas homéricos el basileus será el rey. (15).
Sociedad
La sociedad micénica parece estar dividida en dos grupos de hombres libres: el entorno del palacio y el pueblo. Este último se refleja en los textos con el término «da-mo», que sería una entidad administrativa local que está esencialmente vinculada a tareas agrícolas y que debe pagar impuestos. Pero dentro del «da-mo» también se podría distinguir una élite que estaría formada por personas que tendrían algún cargo relacionado con la gestión de las tierras, y el resto, que en todo caso serían titulares de pequeños terrenos. (Piquero Rodríguez, 2020, pp. 101-103. La civilización micénica.)
Ligados al palacio se encontraban los «e-qe-ta», cuyo nombre significa «seguidores» y cuyas posesiones indican que tenían un nivel social elevado. Es posible que ostentaran funciones militares y quizá también religiosas. Otros dignatarios son los te-re-ta (telestai), que aparecen en los textos como propietarios de tierras que tenían algún tipo de obligación con el estado. García Iglesias, 2000, pp. 107-109. Los orígenes del pueblo griego.).(S. Ruipérez y Melena, 1990, p. 133.Los griegos micénicos.). (4) Dentro de este sector de la sociedad de alto nivel también se puede incluir a la serie de funcionarios encargados de la gestión de los diferentes distritos de cada reino.( Piquero Rodríguez, 2020, pp. 99,100.).
La sociedad micénica estaba fuertemente jerarquizada y giraba en torno al palacio, que constituía el eje político, económico y religioso de cada reino. En la cúspide del sistema se encontraba el wanax, o soberano, cuya autoridad se extendía sobre todos los aspectos de la vida social. Este monarca era no solo jefe político y militar, sino también una figura de carácter sagrado, intermediario entre los hombres y los dioses. Inmediatamente por debajo se situaba el lawagetas, posiblemente un líder militar o administrador de alto rango, encargado de coordinar los ejércitos y la defensa del territorio.
Los funcionarios y escribas, responsables de mantener los registros en Lineal B, formaban una clase administrativa especializada. Su labor consistía en contabilizar las cosechas, los tributos, las manufacturas y las reservas almacenadas en los depósitos del palacio. Los artesanos y obreros, agrupados en talleres, producían cerámica, tejidos, armas y objetos de lujo destinados al comercio o al uso palaciego. La población campesina representaba la base del sistema, cultivando la tierra bajo la supervisión de los administradores locales y entregando parte de su producción al palacio.
En el ámbito religioso, la sociedad micénica mostraba una estructura organizada, con sacerdotes y sacerdotisas que administraban templos y ofrendas. La religión estaba íntimamente ligada al poder político y a la economía, ya que el culto implicaba la redistribución de bienes y la realización de ceremonias que reforzaban la autoridad del wanax.
El papel de la mujer en la sociedad micénica era complejo. Aunque la mayoría de las mujeres desempeñaban tareas domésticas o agrícolas, algunas aparecen mencionadas en las tablillas como encargadas de talleres o participantes en rituales, lo que indica cierta presencia activa en la vida económica y religiosa.
En conjunto, la sociedad micénica fue una civilización ordenada, centralizada y orientada al control, en la que cada individuo tenía una función precisa dentro de un engranaje colectivo. Su estructura refleja una mentalidad práctica y jerárquica, donde la riqueza y el poder emanaban del palacio y regresaban a él en forma de tributos, trabajo y lealtad.
Fresco de época micénica hallado en Tirinto donde una dama participa en una ofrenda religiosa. Foto: n·e·r·g·a·l – book scan. Dominio Público.
Con respecto a las mujeres, en los textos en lineal B aparecen a menudo como trabajadoras textiles. Por otra parte, en algunos documentos se mencionan categorías de mujeres ligadas al ámbito religioso («e-ri-ta» y «ka-pa-ti-ja») que debían estar en la parte superior de la escala social ya que, al menos en los textos de Pilos, poseían tierras y esclavos. (Piquero Rodríguez, 2020, p. 109.).
En lo más bajo de la escala social se encuentran los esclavos, «do-e-ro» (masculino) y «do-e-ra» (femenino) (compárese con el griego δούλος / doúlos), aunque algunos figuran como titulares de tierras, lo que sugiere que podrían haber sido reducidos a la esclavitud por no haber pagado sus deudas. A veces estos esclavos están vinculados a santuarios, a dioses concretos, a la ganadería, a la industria textil o a la producción de bronce.
Copa efirea hallada en Koraku, Museo Arqueológico de la Antigua Corinto . Foto: Schuppi. CC BY-SA 4.0.
Economía
La civilización micénica, desarrollada en Grecia continental entre aproximadamente 1600 y 1100 a. C., constituye una de las culturas más avanzadas de la Edad del Bronce en el Egeo. Su economía fue compleja, centralizada y estrechamente vinculada al poder palacial, lo que la convierte en un ejemplo temprano de administración económica planificada. Las fuentes principales para conocer su organización son las tablas de arcilla escritas en lineal B, que registran con notable detalle la contabilidad de los palacios de Micenas, Pilos, Tebas o Cnosos. La organización económica de los reinos micénicos conocida por los textos de lineal B es limitada, dado que estos conservan solo registros de los intereses de los palacios. Los escribas anotan las entradas y salidas de productos tanto agrícolas como artesanales, el reparto de tareas de producción y la distribución de las raciones de los equipos de trabajo dependientes de los palacios. Lo que se conoce a través de los documentos de las actividades de la población que no dependía del palacio es solo referente a cargas fiscales. (S. Ruipérez y Melena, Los griegos micénicos.), (Piquero Rodríguez, 2020, p. 158.).
Economía palacial: el corazón del sistema
La economía micénica giraba en torno al palacio, centro político, administrativo y religioso. Desde allí se controlaban la producción, el almacenamiento y la distribución de bienes.
El palacio actuaba como un verdadero estado redistributivo: los campesinos, artesanos y pastores entregaban productos y trabajo al palacio, que a su vez los redistribuía según las necesidades de la comunidad o de la élite gobernante.Los palacios poseían graneros, talleres y depósitos, y contaban con escribas encargados de llevar registros detallados de las materias primas, los trabajadores y las raciones entregadas. Todo esto muestra un nivel de organización económica altamente burocratizado.
Agricultura y ganadería
La base de la economía micénica era agraria. Los principales cultivos eran el trigo, la cebada, el olivo y la vid, complementados con legumbres, hortalizas y frutas. El aceite de oliva tenía un papel destacado: servía para el consumo, el comercio y también como base de perfumes, un producto de lujo.
La ganadería se centraba en el ganado ovino y caprino, fuente de carne, leche y lana. Los bueyes eran empleados en las labores agrícolas y el transporte. La cría de caballos era signo de prestigio, asociada a la nobleza guerrera que dominaba la sociedad micénica.
Aunque la cuestión de la posesión de las tierras cultivables presenta muchas dudas, se estima que la mayor parte de ellas probablemente pertenecían al da-mo, es decir, la comunidad. No está claro si los santuarios participaban de la posesión de parte de estas tierras y es posible que el palacio también tuviera intereses en ellas, ya que aparecen registradas en sus archivos. Además, otra parte de ellas pertenecía directamente al wa-ka-na y al ra-wa-ge-ta, como se ha visto más arriba. (Piquero Rodríguez, 2020, pp. 129-130.). Las tierras podían ser cultivadas por sus titulares o bien eran arrendadas, lo que se conocía como o-na-to, aunque también existía otro tipo de tenencia de tierras denominada e-to-ni-jo, que debía ser más beneficiosa que tenerla en arrendamiento. (Piquero Rodríguez, 2020, pp. 126-128.).
La producción agraria de estos reinos sigue la tradicional «tríada mediterránea»: cereales, olivos y viña. Los cereales cultivados son el trigo y la cebada. También hay plantaciones de olivos para la producción de aceite, que no se emplea necesariamente en la alimentación, sino para los cuidados corporales y los perfumes. Con la vid se obtienen diversos vinos. Además se cultiva el lino para la vestimenta, el sésamo para el aceite y árboles como la higuera o el terebinto. Otros productos documentados son la juncia, el cilantro, el cártamo y el azafrán. Por otra parte, las legumbres no están presentes en textos de lineal B pero los hallazgos arqueológicos indican que era otro de los alimentos comunes de los micénicos. (Piquero Rodríguez, 2020, pp. 122-123.), (García Iglesias, 2000, pp. 122-125.).
Artesanía y producción especializada
Los talleres palaciegos producían una amplia gama de bienes, desde armas de bronce hasta tejidos finos, cerámica decorada, joyas y objetos de lujo. Los artesanos estaban organizados por especialidades y trabajaban bajo supervisión administrativa. La industria textil, basada en la lana, era una de las más importantes y estaba controlada directamente por los palacios, que distribuían las materias primas y recogían los productos terminados.
Este control centralizado de la producción sugiere una economía de tipo preindustrial, en la que el trabajo se realizaba por encargo del Estado más que por iniciativa privada.
Ganadería, caza y pesca
Las informaciones proporcionadas por los textos de lineal B, sobre todo los de Cnosos, indican que el ganado más importante era el ovino, que proporcionaba una producción abundante de lana, además de carne y leche. (Ver nota: De hecho, una parte importante de este ganado estaba formado por machos castrados destinados a la producción de lana.)
También se criaban cabras, vacas, bueyes y cerdos. Las vacas y los bueyes, además de los productos alimenticios y pieles que proporcionaban, servían para labores del campo y se empleaban a menudo en sacrificios religiosos. Los cerdos y las cabras también eran destinados a veces a este tipo de sacrificios. Los caballos y los burros se dedican a labores del campo y a tirar de los carros de guerra. También está documentada la producción de miel.
La caza era una actividad que estaba muy presente en la sociedad micénica. Abundan las representaciones de esta práctica en elementos decorativos de algunas armas, estelas funerarias, cerámica y otros ejemplos del arte de la época, mientras en los textos está documentada la caza de venados, cabras salvajes y jabalís. Por otra parte, la pesca no está reflejada en los documentos de lineal B pero sí debía ser importante, como muestran algunas representaciones artísticas y los hallazgos arqueológicos de artes de pesca. (Piquero Rodríguez, 2020, pp. 130-135.), ( García Iglesias, 2000, 1990, pp. 131,132.) y (S. Ruipérez y Melena, 1990, pp. 161-166.).
Industria
La industria textil era uno de los principales sectores de la economía micénica. Se trabajaba la lana y el lino. Mientras en Creta está atestiguada una gran cantidad de ganado ovino que producía una importante cantidad de lana, en Pilos era más importante el trabajo del lino. Las tablillas permiten seguir toda la cadena de producción. Un ideograma representa un telar vertical que se cree que pudo ser una innovación de los micénicos. La tinción tenía lugar antes del hilado. Aparecen registrados al menos seis tipos de paños, una veintena de oficios textiles y un gran número de trabajadores, lo que indica un alto grado de especialización. (16)
La metalurgia del bronce fue fundamental. Los palacios administraban el aprovisionamiento de cobre y estaño, materias primas escasas en Grecia. La escasez de metales obligó a mantener contactos regulares con regiones productoras, como Chipre o Anatolia.
El bronce se utilizaba para fabricar armas, herramientas y objetos ceremoniales. En las fases finales del periodo micénico se observa una creciente presencia del hierro, preludio de la transición hacia la Edad del Hierro tras el colapso de los palacios.
Con respecto al área metalúrgica, se trabajaban al menos cinco metales: oro, plata, cobre, estaño y plomo. (ver nota: La plata y el plomo aparecen en los registros de lineal B que se han conservado una sola vez cada uno, pero a juzgar por los hallazgos arqueológicos su uso era también frecuente.) El cobre y el estaño se utilizaban para la formación del bronce. Las fuentes escritas registran grupos de broncistas a los que se les distribuía el metal para que realizaran sus trabajos.(S. Ruipérez y Melena, 1990, pp. 172-174.) Se ha calculado que en Pilos se empleaba a 400 obreros en estos menesteres. Con el bronce se producían recipientes, herramientas y armas. Además de la confección de objetos de orfebrería, se atestigua el uso del oro en ornamentos que decoraban los muebles. (17).
La industria de la perfumería también está atestiguada. Las tablillas describen la fabricación de aceites perfumados: con olor a rosa, a salvia, etc. Asimismo, los textos atestiguan la producción de cuero, muebles, pasta de vidrio, ruedas y carros de guerra. (Piquero Rodríguez, 2020, pp. 182-190.).
Otras áreas industriales o artesanales se conocen más por la arqueología que por los testimonios epigráficos, como pueden ser el trabajo del marfil, el tallado de piedras preciosas o semipreciosas y la alfarería. Esta última actividad era la principal fuente de productos de exportación. (18)
El trabajo metalúrgico en la civilización micénica alcanzó un nivel técnico y organizativo notable, y las fuentes arqueológicas permiten conocerlo con bastante precisión. Las excavaciones en Pilos, Micenas, Tirinto y Tebas han revelado talleres especializados, moldes, crisoles y herramientas que muestran un dominio avanzado del bronce, principal aleación utilizada durante este periodo. La metalurgia fue una actividad estrechamente controlada por los palacios, lo que demuestra su importancia económica y estratégica.
El bronce, obtenido de la mezcla de cobre y estaño, era el material fundamental para la fabricación de armas, herramientas, vajillas y adornos. Dado que el estaño no existía en Grecia continental, su importación a través de rutas comerciales desde Anatolia, Chipre o incluso Europa Central indica la amplitud de los contactos micénicos. Las tablillas en Lineal B mencionan el almacenamiento de cobre y bronce en los depósitos palaciegos, así como la asignación de cantidades concretas de metal a determinados artesanos, lo que sugiere una producción planificada y centralizada.
Además del bronce, los micénicos trabajaron el oro, la plata y el plomo, materiales destinados sobre todo a objetos de prestigio. Las tumbas reales del Círculo A y B de Micenas proporcionan ejemplos extraordinarios: máscaras funerarias, copas, espadas decoradas y ornamentos que evidencian una orfebrería de altísimo nivel. El oro se martillaba, repujaba o grababa con motivos geométricos, naturalistas y religiosos, mostrando influencias tanto minoicas como orientales.
El hierro aparece de forma muy limitada en los últimos siglos del periodo micénico, lo que marca el inicio de una transición tecnológica hacia la Edad del Hierro. Al principio fue un material raro y valioso, empleado casi como un metal precioso. Su uso más extendido se produciría después del colapso de los palacios, cuando las técnicas de fundición se difundieron y simplificaron.
La metalurgia micénica refleja no solo un alto grado de habilidad artesanal, sino también una estructura económica compleja, en la que la extracción, el almacenamiento y la transformación de los metales estaban integrados en la administración estatal. Esta combinación de conocimiento técnico y organización centralizada convirtió a los micénicos en uno de los pueblos más avanzados de la Edad del Bronce en el Mediterráneo oriental.
Comercio interior y exterior
El comercio desempeñó un papel crucial en la economía micénica. Internamente, los excedentes agrícolas y manufacturados se distribuían a través de la red palacial, mientras que el comercio exterior conectaba el mundo micénico con el Mediterráneo oriental.
Los micénicos mantenían contactos con Creta, Chipre, Egipto y el Levante, intercambiando aceite, vino, cerámica y productos manufacturados por metales (cobre, estaño), marfil, piedras preciosas y objetos exóticos.
Los hallazgos arqueológicos de cerámica micénica en Egipto y el Levante muestran la amplitud de sus rutas comerciales. Sin embargo, el comercio estaba también controlado por los palacios, que monopolizaban las exportaciones e importaciones.Las fuentes escritas proporcionan muy escasos datos sobre el comercio micénico. En ellas solo se ha conservado un testimonio directo de un envío de telas desde Micenas a Tebas. Aun así, se estima que el comercio interior entre los diferentes reinos micénicos debía ser una actividad habitual mediante la que los estados equilibraban sus respectivos excedentes y necesidades. La arqueología ha proporcionado un ejemplo en el hallazgo de jarras en Tebas, Eleusis, Micenas y Tirinto cuya procedencia era la Creta occidental. (García Iglesias, 2000, p. 136.).
El comercio micénico fue una de las bases de su poder y prosperidad, y se desarrolló dentro de una red que abarcaba buena parte del Mediterráneo oriental. Los micénicos heredaron en gran medida las rutas y conocimientos náuticos de los minoicos, pero las ampliaron y consolidaron, creando una economía marítima activa y orientada al intercambio de productos de lujo, materias primas y manufacturas.
Los hallazgos arqueológicos y las tablillas en Lineal B muestran que el comercio no era libre ni espontáneo, sino una actividad organizada y controlada desde los palacios. Cada estado micénico actuaba como centro redistribuidor: almacenaba los bienes recibidos, gestionaba la producción local y planificaba su intercambio con otras regiones. Las mercancías más valiosas eran el aceite perfumado, los tejidos de lana, la cerámica, las armas de bronce, el vino y los objetos ornamentales de oro y plata. A cambio, importaban materias primas escasas en Grecia, como el cobre, el estaño, el marfil, el ámbar y piedras preciosas.
Las relaciones comerciales alcanzaban Egipto, el Levante, Anatolia, Chipre y el sur de Italia. En los archivos hititas y en cartas de los faraones egipcios se mencionan contactos con reinos del Egeo, lo que demuestra que los micénicos formaban parte de un sistema internacional de intercambios. En los restos de naufragios como el de Uluburun, frente a las costas de Turquía, se han encontrado productos típicos del comercio micénico, junto con objetos procedentes de distintas culturas mediterráneas, lo que confirma la amplitud de sus rutas.
La cerámica micénica, reconocible por sus formas elegantes y decoración característica, fue uno de los principales productos de exportación y ha aparecido en casi todo el Mediterráneo oriental, incluso en lugares tan lejanos como Siria o Palestina. Su presencia sirve como un marcador arqueológico del alcance del comercio egeo en la Edad del Bronce final.
El comercio no solo enriqueció a los palacios, sino que también permitió la difusión de ideas, técnicas artísticas y estilos culturales. A través de estos intercambios, los micénicos absorbieron influencias del mundo oriental y, a su vez, transmitieron elementos que más tarde integrarían la tradición griega. Así, el comercio micénico no fue solo un fenómeno económico, sino también un puente cultural que unió distintas civilizaciones del Mediterráneo en un flujo constante de bienes, conocimientos y símbolos.
En cuanto al comercio internacional, dado que los micénicos dominaban el arte de la navegación y la construcción de barcos, es posible que navegaran grandes distancias con fines comerciales. Se sabe que los minoicos habían mantenido relaciones comerciales con el Antiguo Egipto y se ha sugerido que estas relaciones se habrían retomado cuando los micénicos pasaron a controlar la isla de Creta tras la caída de la civilización minoica. No obstante, hay historiadores que defienden que su comercio exterior era parte importante de su economía pero otros creen que se trataría principalmente de una especie de intercambio de regalos y que los micénicos no tuvieron un papel importante en el comercio exterior, que estaría controlado principalmente por chipriotas.(Piquero Rodríguez, 2020, pp. 190,191,195,198.).
Jarrón micénico exportado a Ugarit, siglos XIV al XIII a. C., Museo del Louvre. Jastrow (2006). Dominio Público.
El seguimiento de algunos de los productos micénicos de exportación se puede hacer a través de la arqueología. Entre estos destacan especialmente los restos de cerámica micénica, que contenía productos como vino, perfume y aceite, aunque la propia cerámica, que a menudo aparece con una destacada decoración, era considerada como un producto de lujo.(Piquero Rodríguez, 2020, pp. 192.). Numerosas ánforas han sido encontradas en el mar Egeo, Anatolia, Levante, Egipto, pero también el oeste de Sicilia. Se admite también que los mercaderes micénicos pudieron hacer de intermediarios con respecto a algunos productos comerciales como cuentas de pasta de vidrio utilizada para collares que se han hallado en otras áreas del Mediterráneo occidental más alejadas, hasta la península ibérica, así como en zonas de Europa Central y de Gran Bretaña. Al margen de estos hallazgos arqueológicos, se acepta que la industria textil micénica estaba destinada en buena medida a la exportación.(S. Ruipérez y Melena, 1990, p. 179.).
Se estima que, de los productos necesarios para elaborar el bronce, el cobre debió ser importado por los micénicos desde Chipre y el estaño desde Anatolia o el Levante mediterráneo. Otros productos de importación fueron bienes de lujo como oro, quizá de Egipto, ámbar del Báltico y marfil de Siria, (S.Ruipérez y Melena, 1990, p. 179.) además de algunas maderas nobles procedentes de África y alumbre, usado para teñir pieles y fijar colores en telas. (Piquero Rodríguez, 2020, pp. 195,196.).
De forma general, la circulación de bienes micénicos se puede trazar gracias a los «nódulos». Se trata de pequeños prismas de arcilla, habitualmente de tres caras. Una de ellas tenía un logograma que indicaba el tipo de objeto y en las otras caras a veces se añadían otras informaciones, como el tipo de contribución que se paga mediante él, el origen o el destino. Tenían un agujero por donde se pasaba un cordón que servía para atar el nódulo al objeto.(Piquero Rodríguez, 2020, pp. 58,59.) 56 nódulos, que han sido encontrados en Tebas en 1982, llevan ideogramas que representan animales de ganado. (19) Gracias a ellos se ha podido reconstruir el itinerario de los animales: venidos de toda Beocia y Eubea, son llevados a Tebas para ser sacrificados. Los nódulos servían para probar que no se trataba de animales robados y para demostrar su origen. Una vez que los animales llegan a su destino los nódulos son comprobados y recogidos para realizar una tablilla contable. (20) Los nódulos son usados para todo tipo de objetos y explican la rigurosidad de la contabilidad micénica: el escriba no tiene que contar él mismo los objetos, se basa en los nódulos para realizar sus tablillas.
Estructura social y distribución de la riqueza
La economía micénica reflejaba una sociedad jerárquica. En la cúspide se hallaba el wanax (rey), seguido por el lawagetas (jefe militar) y los funcionarios administrativos y religiosos.
En la base estaban los campesinos, artesanos y siervos, que trabajaban tierras pertenecientes al palacio o a los templos.La redistribución de los recursos reforzaba el poder del palacio, que controlaba tanto los bienes materiales como las obligaciones laborales. La propiedad privada existía, pero limitada: la mayoría de los recursos eran de dominio palacial o comunal. No existía moneda en sentido estricto. Las transacciones se realizaban mediante trueque o compensación de bienes, con el palacio como mediador. Las tablas en lineal B muestran un sistema contable avanzado, basado en unidades de medida, peso y volumen estandarizadas, y en símbolos que representaban productos y cantidades. Esta contabilidad detallada permitía un control casi total de los recursos, los impuestos en especie y las entregas de trabajo.
Conclusión
La economía micénica fue un modelo de organización estatal temprana, donde la planificación y la administración palacial alcanzaron un grado de sofisticación notable para su tiempo. Su sistema de redistribución, contabilidad y control del trabajo muestra cómo una civilización premonetaria podía sostener una red productiva y comercial de gran alcance. Sin embargo, su excesiva dependencia del aparato palacial la hizo frágil: al derrumbarse el poder central, la economía colapsó. Aun así, su legado —la organización administrativa, la tradición artesanal y las redes comerciales— preparó el terreno para el posterior resurgir del mundo griego en la época arcaica.
Crisis y colapso del sistema económico
Hacia el 1200 a. C., el sistema micénico colapsó bruscamente. Las causas siguen siendo debatidas: invasiones, revueltas internas, desastres naturales o crisis de las rutas comerciales.
Con la destrucción de los palacios desapareció también su sistema económico centralizado.
Las comunidades supervivientes se ruralizaron, el comercio decayó y se perdió la escritura lineal B, marcando el inicio de los llamados siglos oscuros griegos.
Religión de la Civilización Micénica
La religión micénica se corresponde con los cultos practicados en Creta por la civilización micénica (c. 1600-1100 a. C.). Los elementos religiosos de la civilización micénica son difíciles de identificar, especialmente respecto a los yacimientos arqueológicos, donde es difícil encontrar los espacios de culto. John Chadwick señala que al menos hay seis siglos entre la presencia más temprana de hablantes de proto griego en las tierras que más adelante formarían parte de la Hélade, y las primeras inscripciones micénicas conocidas con el nombre de lineal B. Durante este largo periodo los conceptos y las prácticas se fueron fusionando con las creencias indígenas y la religión minoica. ( Ver: Chadwick, 1976, p. 88.). Con respecto a estos textos, las pocas listas de ofrendas que dan nombres de dioses como destinatarios de los bienes no revelan nada sobre las prácticas religiosas, y no han sobrevivido otros de los que poder saber más. Chadwick rechaza que las religiones minoica y micénica se confundan, tal como podrían señalar algunas correlaciones arqueológicas, y advierte contra «el intento de descubrir la prehistoria de la religión griega clásica a través de conjeturas de sus orígenes y resolviendo el significado de sus mitos» sobre todo a través de etimologías confusas. (ver Nilsson, 1927 Chadwick, 1976, p. 84, 87.). Moses I. Finley ha detectado muy pocas reflexiones sobre los micénicos auténticas en el mundo homérico del siglo VIII, a pesar de su contexto micénico. Nilsson también afirma que una gran cantidad de dioses minoicos y concepciones religiosas se fusionaron en la religión micénica, pero no se basa en las etimologías inciertas, sino en elementos religiosos y sus representaciones y la función general de los dioses. A partir de la evidencia existente, parece que la religión micénica fue la madre de la religión griega. El panteón micénico ya incluía muchas divinidades que se pueden encontrar en la Grecia clásica. (ver ref: Adams, John P. (2010). «Mycenaean divinities». csun.edu (en inglés estadounidense). Consultado el 7 de enero de 2018.).
Divinidades
Hay toda una colección de «damas» o «señoras» en una serie de tablillas de Pilos, donde encontramos la inscripción Po-ti-ni-ja, o Potnia, que puede significar tanto señora como gerente de la casa, sin ningún tipo de palabra que la acompañe. Parece que tenía un santuario importante en Pakijanes, cerca de Pilos.( ver ref: Mylonas, 1966, p. 159.). En una inscripción de Cnosos, en Creta, nos encontramos con la «señora del Laberinto» (Da-pu2-ri-to-jo po-ti-ni-ja), que nos remite al mito del laberinto de Creta.( ver Chadwick, 1976, pp. 92-93.). Este título también se aplica a muchas diosas, como es el caso de una tablilla escrita en lineal B encontrada en Pilos, que menciona a «dos reinas y el rey» (wa-na-ssoi, wa-na-ka-te). Chadwick relaciona a las reinas con las diosas precursoras de Deméter y Perséfone y al rey con la figura de Poseidón. (Ver ref. Mylonas, 1966, p. 159.), (Chadwick, 1976, p. 76.).
El panteón micénico ya muestra numerosas divinidades que se encuentran más tarde en la Grecia clásica. Poseidón parece ocupar un lugar privilegiado, sobre todo en los textos de Pilos.(Ver nota: En cambio esta divinidad solo se documenta una vez en los textos conservados de Cnosos.). En esta época se trata probablemente de una divinidad ctónica, asociada a los terremotos. También se encuentran una serie de «Damas» (Potnia), asociadas a los lugares de culto, como una «Dama del Laberinto» en Creta —que recuerda el mito del laberinto minoico, al igual que la presencia de un dios llamado Dédalo. Zeus aparece bajo las formas Di-we (en dativo) o Di-wo (en genitivo). También se encuentra una divinidad llamada con un nombre que se correlaciona con el de Zeus: Di-u-ja. Otras divinidades identificadas que se encuentran durante épocas posteriores son Hera, Ares, Hermes, Atenea, Artemisa, Dioniso, Erinia, etc. Otros nombres de divinidades en cambio no tienen, aparentemente, relación con los dioses clásicos.(Ver ref: García Iglesias, 2000, Los orígenes del pueblo griego. Madrid: Síntesis. ISBN 84-7738-520-3.).
Lugares de culto
Ningún gran templo de época micénica ha podido ser identificado. Entre los espacios de culto, se estima que la sala del trono de los palacios debían desarrollarse rituales religiosos. Además otros edificios encontrados en las ciudadelas deben haber servido de lugar de culto. Es el caso del denominado «Centro de culto de Micenas» y de otros santuarios como los encontrados en Tirinto, Agia Irini (isla de Ceos) y Filacopí (isla de Melos). Otros edificios cuyos hallazgos de estatuillas de culto y bancos permiten identificarlos como santuarios estaban en lugares más aislados. (Ver ref: Piquero Rodríguez, 2020, pp. 140-142.). Algunos de los lugares de culto de esta época fueron después importantes centros religiosos de la Grecia clásica, como Epidauro, Eleusis o el monte Liceo. Hay autores que han sugerido que en fuentes, cuevas o en otros lugares donde han aparecido depósitos de gran número de estatuillas se debía practicar un tipo de culto popular, frente al oficial. De este tipo de culto se han hallado ejemplos en Delfos y Ayios Vasilios.( Piquero Rodríguez, 2020, pp. 140-142.).
Rituales
En los textos está atestiguada la presencia tanto de sacerdotes como de sacerdotisas y la realización de sacrificios de animales en honor a las divinidades. Posiblemente parte del animal sacrificado fuera ofrecido a los dioses y luego la carne comestible sería consumida en grandes banquetes.
Otros rituales que debían ser importantes en el culto eran las libaciones, así como las ofrendas de vestidos debidamente perfumados, de vasos lujosos e incluso de personas. También se realizaban procesiones en las que los participantes transportaban diferentes objetos relacionados con la preparación de una fiesta o la imagen de una divinidad. Por otra parte, también debían participar en algún tipo de ritual personas que portaban máscaras de animales.
Fresco de una diosa o sacerdotisa con espigas (1250-1180 a. C.) en el Museo Arqueológico de Micenas. Perteneciente a la denominada «Sala del Fresco» del Centro cultual de Micenas. Zde . CC BY-SA 3.0.
Poseidón, Deméter y Perséfone
Poseidón (Po-se-da-o) parece que ocupaba un lugar de privilegiado. Era una deidad ctónica, conectada con los terremotos (E-ne-si-da-o-ne, terremoto), pero parece que también representaba el espíritu fluvial del inframundo, como a menudo ocurre en el folclore del norte de Europa. (Ver fuente: Nilsson, 1940.).
Poseidón o Posidón (en griego antiguo, Ποσειδῶν; en griego moderno, Ποσειδώνας; en latín, Posidon) es el dios de los mares y, como «Agitador de la Tierra», de los terremotos en la mitología griega. El nombre del dios marino etrusco Nethuns fue adoptado en latín para Neptuno (Neptunus) en la mitología romana, siendo ambos dioses del mar análogos a Poseidón.
Las tablillas en lineal B muestran que Poseidón fue venerado en Pilos y Tebas en la Grecia micénica de finales de la Edad del Bronce, pero fue integrado en el panteón olímpico posterior como hermano de Zeus y Hades. Poseidón tuvo muchos hijos y fue protector de muchas ciudades helenas, aunque perdió el concurso por Atenas contra Atenea. Le fue dedicado un himno homérico. Al igual que otros dioses marinos era representado con la forma de un caballo.
Poseidón era un importante dios municipal de varias ciudades: en Atenas, era el segundo en importancia por detrás solo de Atenea, mientras en Corinto y en muchas ciudades de la Magna Grecia era el dios jefe de la polis.
En su aspecto benigno, Poseidón se concebía creando nuevas islas y ofreciendo mares en calma. Cuando se enfadaba o era ignorado, hendía el suelo con su tridente y provocaba manantiales caóticos, terremotos, hundimientos y naufragios. En la Odisea, su rencor hacia Odiseo impidió a este regresar a su hogar en Ítaca. Los marineros oraban a Poseidón para tener un viaje seguro, a veces ahogando caballos como sacrificio; de esta forma, según un papiro fragmentario, Alejandro Magno se detuvo en la costa griega antes de la Batalla de Issos y recurrió a las oraciones, «invocando al dios del mar Poseidón, para lo que ordenó que un carro de cuatro caballos fuese lanzado a las olas»
Poseidón portando su tridente. Placa de cerámica corintia procedente de Penteskouphia, 550-525 a. C. Jastrow (2006). Dominio Público.
Deméter y su hija Perséfone, las diosas de los misterios de Eleusis, normalmente eran llamadas «las dos diosas» o «las amas». (Nilsson, 1967, p. 463.). Las inscripciones en escritura lineal B halladas en Pilos mencionan a la diosa Pe-re-swa, que puede estar relacionada con Perséfone, y Si-to po-ti-ni-ja, que es una diosa de la agricultura. (Ver texto: Mylonas, 1966, p. 159.) y (Chadwick, 1976, p. 95.). El título de culto de Deméter es «Sito» (de σίτος, sitos, trigo).
Deméter o Demetra (en griego antiguo Δημήτηρ o Δημήτρα, ‘diosa madre’, ‘madre de la casa’ o quizás ‘madre distribuidora’, quizá del sustantivo indoeuropeo *dheghom *mater; en neogriego Δήμητρα; en latín Demeter) es la diosa griega de la agricultura, nutricia pura de la tierra verde y joven, ciclo vivificador de la vida y la muerte. Se la venera como la «portadora de las estaciones» en un himno homérico, un sutil signo de que era adorada mucho antes de la llegada de los olímpicos. El himno homérico a Deméter data aproximadamente del siglo VII a. C.Junto a su hija Perséfone eran los personajes centrales de los misterios eleusinos que también precedieron al panteón olímpico.
En la mitología romana se asociaba a Deméter con Ceres. Cuando se le dio a Deméter una genealogía, se dijo que era hija de los titanes Crono y Rea (ambos hijos de Gea y Urano), y por tanto hermana mayor de Zeus. A sus sacerdotisas se les daba el título de Melisas.
Deméter. Jastrow (2006). Dominio Público
Es fácil confundir a Deméter con Gea, su abuela, y con Rea, su madre, o Cibeles. Los epítetos de la diosa revelan lo amplio de sus funciones en la vida griega. Deméter y Core (‘la doncella’) solían ser invocadas como to theo (‘las dos diosas’), y así aparecen en las inscripciones en lineal B del Pilos micénico en tiempos prehelénicos. Es bastante probable que existiese una relación con los cultos a diosas de la Creta minoica.
Según el retórico ateniense Isócrates, los mayores dones que Deméter daba a los atenienses eran el grano, que hacía al ser humano diferente de otros animales salvajes, y los misterios eleusinos, que le daban mayores esperanzas en esta vida y en la otra.
En la mitología griega, Perséfone (en griego antiguo y moderno, Περσεφόνη; en latín, Persephone) es la hija de Zeus y de Deméter. La joven doncella, también conocida por el nombre de Core (Kore) y en la mitología romana como Prosérpina, es raptada por Hades y además de ser una diosa, se convierte en la reina del Inframundo. La forma romana del nombre Proserpina procede de la forma dialectal de este en las ciudades eólicas y dóricas de la Magna Grecia.
El mito del rapto de Perséfone posee un gran poder emocional que le ha otorgado una gran popularidad: una doncella inocente, el dolor de una madre por el rapto y el regreso de su hija. También es citada con frecuencia como un paradigma de los mitos que explican procesos naturales, con el descenso y el regreso de la diosa provocando el cambio de estación.
Pero los griegos también conocían otra faceta de Perséfone. Ella era, además, la terrible Reina del inframundo, cuyo nombre no era seguro pronunciar en voz alta y a la que se referían como «La Doncella». En la Odisea de Homero, cuando Odiseo viaja al inframundo, alude a ella como «Reina de Hierro». Su mito central, aun con toda su familiaridad emotiva, era también el contexto tácito de los extraños ritos iniciáticos secretos de regeneración de los misterios eleusinos, que prometían la inmortalidad a sobrecogidos participantes: una inmortalidad en el mundo subterráneo de Perséfone, en un banquete con los héroes bajo su pavorosa mirada.
En la literatura épica, el primer nombre tiene, en dialecto jónico, las formas Persephonē (en griego antiguo Περσεφόνη) y (especialmente en Homero) Persephoneia (Περσεφονεία, Persephoneia). (Homero, Odisea X,494.) En otros dialectos, el nombre tiene distintas formas que no son simples variantes dialectales: Persephassa (Περσεφάσσα), Persephatta (Περσεφάττα), además de Periphona (Πηριφόνα) y Phersephassa (Φερσέφασσα). Toda esta variedad de formas sugiere que los propios griegos tenían dificultad en pronunciar su nombre, y por lo tanto tendría un origen pregriego. En el Crátilo, Platón la llama Ferepafa (Pherepapha, Φερέπαφα), y lo explica con una etimología ad hoc «porque es sabia y toca lo que se mueve». (Platón, Crátilo 404-D.).
Persephatta (Περσεφάττα) se interpreta como «la que avienta el grano», relacionándola con el sánscrito parsa, «haz de grano» y un segundo elemento que tendría en indoeuropeo la forma *-gʷʰn-t-ih} de la raíz *gʷʰen «golpear». ( Beekes, R. S. P., Etymological Dictionary of Greek, Brill, 2009, p. 1179.).
Otra etimología propone explicarlo como ‘φέρειν φόνον’, pherein phonon, «(la que) trae la muerte». (Ver : Smith, «Perse’phone.»).
Estatua que representa a Isis-Perséfone con un sistro, hallada en el templo de los dioses egipcios de Gortina y conservada en el Museo Arqueológico de Heraclión. 180-190 d. C. Foto: Wolfgang Sauber – Trabajo propio. CC BY-SA 3.0
Los misterios eleusinos se establecieron durante el período micénico (1500 a. C.) en la ciudad de Eleusis (ver: Mylonas, 1961.) y parece que se basaban en un culto a la vegetación con elementos minoicos. (ver: Nilsson, 1967, p. 475.) El culto originariamente fue privado y no se tiene ningún tipo de información exacta, pero ciertos elementos sugieren que podría tener semejanzas con el culto a Despina, la diosa precursora de Perséfone, en una zona aislada de Arcadia que sobrevivió hasta los tiempos clásicos. En el mito primitivo de Arcadia, Poseidón, el espíritu fluvial del inframundo, aparece como un caballo (Poseidón hippioso) que persigue a Deméter y la convierte en una yegua. De la unión de ambos sale el fabuloso caballo Arión y una hija, Despina, que al principio tenía la forma o la cabeza de una yegua. Pausanias hace mención a esculturas de Deméter y otros dioses con cabeza de animal en Arcadia.( Pausanias. Description of Greece (Jones, W. H. S., Omerod, H. A., trads.). En Licosura, en un relieve de mármol, hay figuras de mujeres con las cabezas de varios animales, en una danza ritual. Esto podría explicar un fresco micénico del 1400 a. C. que representa una procesión con máscaras de animales, y una procesión de demonios, ante una diosa en un anillo dorado, en Tirinto.(Ver: Nilsson, 1967, p. 293. Robertson, 1959, p. 31.). El mito griego del Minotauro probablemente se originó a partir de un demonio similar. En el culto a Despina en Licosura, las dos diosas están estrechamente relacionadas con la primavera y los animales, y especialmente con Poseidón y Artemisa, señora de los animales, que fue la primera ninfa. La existencia de las ninfas estaba ligada con los árboles o las aguas que frecuentaban.
Los misterios eleusinos eran ritos de iniciación anuales relacionados con el culto a las diosas Deméter y Perséfone que se celebraban en Eleusis, un lugar situado cerca de Atenas. Tenían lugar durante nueve días en el mes de boedromión (septiembre-octubre).(Masís (2012): 5.). De todos los ritos celebrados en la Antigua Grecia, estos eran considerados de gran importancia y tuvieron un gran auge, que se extendió posteriormente al periodo correspondiente al dominio romano. Muchos de los aspectos de los misterios eleusinos se desconocen puesto que tenían un carácter secreto. Completar los ritos de iniciación tenía efectos que incluían la esperanza de tener una existencia feliz en el más allá.
La Tablilla de Ninnío, del siglo IV a. C., donde se representan ritos de los misterios eleusinos. Autor: Marsyas. La Tablilla de Ninnío, siglo IV a. C. — Representación de los ritos de iniciación de los misterios eleusinos. Museo Arqueológico Nacional de Atenas. (Dominio público, Wikimedia Commons).
La llamada Tablilla de Ninnío es una de las representaciones más antiguas y detalladas de los misterios eleusinos, uno de los cultos mistéricos más importantes de la antigua Grecia. Dedicados a Deméter y Perséfone, los misterios celebraban el ciclo de la vida, la muerte y la regeneración, simbolizado por el retorno anual de Perséfone del inframundo. En la tablilla se observa a los iniciados en procesión y a las deidades recibiendo ofrendas, en una escena que combina el rito, la danza y la purificación espiritual. La obra refleja el sentido sagrado de la fertilidad y la esperanza de inmortalidad que caracterizaba a estas ceremonias reservadas solo a los iniciados.
La Dama de Filacopí ; figurita de cerámica hecha a mano de una diosa o sacerdotisa del Santuario del Oeste en Filacopí. Periodo Heládico Tardío III-A (siglo XIV a. C.) en el Museo Arqueológico de Milos. Zde. CC BY-SA 4.0.
La llamada Dama de Filacopí es una de las piezas más notables del arte cicládico tardío y refleja la fusión de tradiciones locales con influencias minoicas y micénicas. Esta figura femenina, elaborada a mano en cerámica pintada, se encontró en un contexto sagrado dentro del Santuario del Oeste de Filacopí, lo que sugiere su función como imagen de culto. Su postura erguida, la estilización del rostro y los motivos geométricos que decoran su vestido indican una concepción simbólica más que realista, probablemente vinculada a la fertilidad o a una divinidad protectora.
El hallazgo de esta figura en una zona insular intermedia entre Creta y el continente griego revela la vitalidad cultural del Egeo durante el siglo XIV a. C. y la existencia de intercambios artísticos que unían a los pueblos cicládicos con las grandes civilizaciones minoica y micénica. Su sencillez formal y su carácter ritual la convierten en un testimonio fascinante de la religiosidad prehelénica.
Artemisa
Artemisa aparece como una hija de Deméter en los cultos de Arcadia y se convirtió en la diosa más popular de la antigua Grecia. (Ver: Pausanias. Description of Greece (Jones, W. H. S., Omerod, H. A., trads.) (en inglés). Cambridge: Cambridge University Press. Consultado el 7 de enero de 2018.). Las primeras formas conocidas en que se escribió el nombre de Artemisa son las palabras en griego micénico A-te-mi-to y A-ti-mi-te, escritas en lineal B en Pilos. (Ver: Chadwick, 1963, p. 126.). Su diosa precursora, probablemente la minoica Britomartis, está representada entre dos leones en un sello minoico y también en algunos anillos de oro de Micenas. (Nilsson, 1967, pp. 273, 295.). Las representaciones son bastante similares a las de la Artemisa de Esparta. En su templo de Esparta se han encontrado máscaras de madera que representan caras humanas y que fueron utilizadas por bailarines para rendir culto a la vegetación. (Nilsson, 1967, pp. 162. 310, 489.). Artemisa también estaba conectada con el culto minoico a los árboles, un culto estático y orgiástico que también está representado en sellos minoicos y anillos de oro micénicos. (Nilsson, 1967, pp. 281, 283, 301, 487).
Artemisa con una cierva (también conocida como “Diana de Versalles”) — Escultura romana de mármol, copia de un original griego del siglo IV a. C., atribuida al escultor Leocares. Museo del Louvre, París. Foto: Wikipedia, dominio público.
La escultura representa a Artemisa, diosa griega de la caza, la naturaleza y la luna, identificada por los romanos como Diana. Hija de Zeus y Leto y hermana gemela de Apolo, encarna la independencia, la pureza y la fuerza femenina. En esta obra se la muestra en movimiento, con el carcaj a la espalda y una cierva junto a ella, símbolo de su vínculo con los bosques y los animales salvajes. El modelado del cuerpo y el dinamismo del gesto reflejan la influencia del arte clásico tardío, que buscaba la armonía entre la gracia y la energía contenida.
La llamada Diana de Versalles fue hallada en Italia y trasladada a Francia en tiempos de Enrique II, convirtiéndose en una de las esculturas más célebres del Louvre. Su elegancia, equilibrio y naturalidad la han convertido en una de las imágenes más representativas del ideal femenino en la escultura grecorromana.
Ver ref. 1 RAMÍREZ SÁDABA, José Luis. «Artemisa». Mitología Greco-Romana (2009) y 2 GRIMAL, Pierre (2008). Diccionario de mitología griega y romana. véase entrada Ártemis (1ªedición edición). España: Paidós Ibérica. p. 53. ).
Es la diosa helena de la caza, los animales salvajes, el terreno virgen, los nacimientos, la virginidad y las doncellas, que traía y aliviaba las enfermedades de las mujeres. Hija de Zeus y Leto y hermana melliza de Apolo, forma parte del panteón de los doce dioses olímpicos.
A menudo se la representaba como una cazadora llevando un arco y flechas. (Ver ref: HAMMOND, ed. (1970). The Oxford Classical Dictionary. Oxford: Clarendon Press. p. 126. «Su esfera correcta es la tierra, y específicamente las zonas sin cultivar, bosques y colinas, donde abundan las bestias salvajes».). El ciervo y el ciprés le estaban consagrados. Algunos investigadores creen que su nombre y, de hecho la propia diosa, era originalmente pregriega. En la Ilíada se alude a ella como Artemis Agrotera, Potnia Theron, ‘Artemisa del terreno virgen, Señora de los Animales’. También se lee en la Ilíada que Hermes y ella rescataron a Ares, que había sido encadenado por los Alóadas.
En época helenística posterior, la figura de Artemisa asumió incluso el papel de Ilitía como ayudante de los partos y acabó siendo identificada con Selene, ( HAMMOND (ed.). Oxford Classical Dictionary. pp. 337-8.), una titánide que era la diosa griega de la Luna (razón por la cual en ocasiones aparece representada con una luna creciente sobre la cabeza). También fue identificada con la diosa romana Diana, con la etrusca Artume y con la griega o caria Hécate. (HAMMOND (ed.). Oxford Classical Dictionary. p. 127. «Artemisa es identificada muy a menudo con diosas extranjeras de tipo más o menos parecido».).
Más información. Artemisa.
Peón
Peón (Pa-ja-wo-ne) es probablemente el precursor del médico griego de los dioses en la Ilíada de Homero. Era la personificación del canto mágico que se suponía que curaba a los pacientes. Más tarde se convirtió también en un canto de victoria (παιάν, paian). Los magos también se llamaban «videntes médicos» (ιατρομάντεις, iatromànteis), una función que más tarde también se atribuyó a Apolo. (Nilsson, 1967, pp. 500-504.).
En la mitología griega, Peón (Παιών), Peeón (Παιήων) o Peán (Παιάν) es un dios cuya función era la de médico de los dioses.
Se le nombra en la Ilíada y en la Odisea. Peón curó a Ares cuando fue herido por Diomedes durante la guerra de Troya; también se menciona una curación anterior que le hizo a Hades de una flecha lanzada por Heracles en Pilos. En la Odisea se le cita en el canto IV. En un escolio a la Odisea, se da la noticia de que Hesíodo también lo nombraba como una divinidad independiente de Apolo. Sin embargo, posteriormente Peón o Peán se consideró como un epíteto de Apolo cuyo significado era el sanador.
En una tablilla de lineal B hallada en Cnosos, aparece el teónimo «pa-ja-wo», que algunos estudiosos creen que es un antecedente de «Peán». Se considera que la palabra se empleaba en griego micénico para nombrar a Apolo. Su forma atestiguada en lineal B es 𐀞𐀊𐀺𐀚 (pa-ja-wo-ne).
Atenea
Atenea (A-ta-na) aparece en una inscripción en lineal B en Cnosos de la era tardía del Minoico Reciente II. La forma A-ta-na po-ti-ni-ja (señora de Atana) es similar a la posterior forma homérica. ( Chadwick, 1976, p. 88.). Fue probablemente la diosa representada en la procesión del famoso fresco de Cnosos.( Furumark, 1978, p. 14.). En un fresco micénico hay una composición de dos mujeres que extienden las manos hacia una figura central que está cubierta por un enorme escudo en forma de ocho. La figura central es la diosa de la guerra con su palco o estatua, una representación anicónica. (Chadwick, 1976, pp. 92-93.).
Athena Giustiniani, copia romana del original griego atribuido a Fidias. Museos Vaticanos. Tetraktys. C BY-SA 3.0.
En la antigua religión griega, Atenea (del griego ático Ἀθηνᾶ; poético Ἀθηναία; en griego moderno Αθηνά; en latín Athena), también conocida como Palas Atenea (Παλλὰς Ἀθήνη), es una diosa de la guerra.
- COTTERHELL, Arthur (2008). Mitos. Diccionario de mitología universal. España: Ariel. pp. 170-171.
- MARCH, Jenny (2008). Diccionario de mitología clásica. España: Crítica. pp. 72-73.
- ESCOSURA, Patricio de la (2005). Manual de mitología. Maxtor. pp. 93-94.
- Himnos homéricos, Himno XI, A Atenea.
En la iconografía convencional, a menudo era representada con una lanza, un escudo o ambos. En este sentido, es probable que este epíteto derive de πάλλω (pállō), que significa “blandir”, es decir, Atenea es “la que blande” una lanza o un escudo.
A diferencia de Ares, que personificaba la guerra de forma brutal, Atenea dirigía las acciones bélicas de forma inteligente y ordenada. Además, era la diosa de la inteligencia y de las artes manuales.(Grupo Tempe, Los dioses del Olimpo, pp. 103,147,151,152. Madrid: Alianza, 1998). Fue una de las principales divinidades del panteón griego y una de los doce dioses olímpicos. Atenea recibió culto en toda la Grecia Antigua y en toda su área de influencia, desde las colonias griegas de Asia Menor hasta las de la península ibérica y el norte de África. Su presencia está atestiguada hasta en las proximidades de la India. Por ello su culto tomó muchas formas e incluso tuvo una extensión considerable hasta el punto de que su figura fue sincretizada con otras divinidades en las regiones aledañas al Mediterráneo. En la mitología romana se la adoraba con el nombre de Minerva.
La versión más tradicional de su mito la representa como hija partenogenética de Zeus, nacida de su frente ya completamente armada después de que se tragase a su madre. Jamás se casó o tuvo amantes, y mantuvo una virginidad perpetua. Era imbatible en la guerra, ni el mismo Ares pudo derrotarla. Fue patrona de varias ciudades pero se volvió más conocida como protectora de Atenas y de toda la región del Ática. También protegió a muchos héroes y otras figuras mitológicas, y aparece en una gran cantidad de episodios de la mitología.
Fue una de las deidades más representadas en el arte griego y su simbología ejerció una profunda influencia sobre el propio pensamiento de aquella cultura, en especial en los conceptos relativos a la justicia, la sabiduría y la función social de la cultura y las artes, cuyos reflejos son perceptibles hasta nuestros días en todo el Occidente.
Más información: Atenea
Atenea, hija de Zeus · La March
Dioniso
Dioniso (Di-wo-nu-so), (ver: «Palaeolexicon – The Linear B word di-wo-nu-so». www.palaeolexicon.com.), también aparece en algunas inscripciones. Su nombre se interpreta como «hijo de Zeus» y probablemente tiene un origen tracio. Más adelante su culto se relaciona con Beocia y Fócida, donde parece que se introdujo antes del final de la era micénica. Esto puede explicar por qué sus mitos y culto se centraron en Tebas, y por qué el monte Parnaso, en Fócida, fue el escenario de sus orgías. Sin embargo, en los poemas homéricos es el consorte de la diosa minoica de la vegetación, Ariadna. (Nilsson, 1967, pp. 565-568). Es el único dios griego, además de Atis, que muere para volver a nacer, tal y como aparece a menudo en las religiones orientales. Su mito está relacionado con el mito minoico del «niño divino», que luego fue abandonado por su madre y criado por los poderes de la naturaleza. Mitos similares aparecen en los cultos de Jacinto (Amiclas), Erictonio (Atenas) y Pluto (Eleusis).
Dioniso, Museo del Louvre. Marie-Lan Nguyen y un autor más. CC BY 2.5.
En la mitología griega, Dioniso (en griego clásico y moderno: Διόνυσος [Diónysos], también llamado Βάκχος [Bacchos]; en latín Dyonisus / Bacchus, Baco) es uno de los considerados dioses olímpicos, dios de la fertilidad y el vino. (Real Academia Española. «dionisia». Diccionario de la lengua española (23.ª edición). Considerado hijo de Zeus y Sémele, nieto de Harmonía y bisnieto de Afrodita y Ares, sin embargo, otras versiones afirman que era hijo de Zeus y Perséfone.
Dioniso era inspirador de la locura ritual y el éxtasis, y se convirtió gradualmente en un personaje importante de la mitología griega. Aunque los orígenes geográficos de su culto son desconocidos, casi todas las tragedias lo presentan como «extranjero». ( «Dionysus». Encyclopædia Britannica.).
Es el dios patrón de la agricultura y el teatro. También es conocido como el ‘Moncho’ y ‘Libertador’ (Eleuterio), liberando a uno de su ser normal, mediante la locura, el éxtasis o el vino. (Ver ref: Sutton (1992), pág. 2, menciona a Dioniso como El Libertador en relación con las Dionisias.).La misión divina de Dioniso era mezclar la música del aulós y dar final al cuidado y la preocupación.
Fox (1916), pág. 221: «La misión divina de Dioniso era mezclar la música de la flauta y traer el cese al cuidado». Fox cita entonces a Eurípides como una fuente directa para esta afirmación:
Santa señora de los dioses, santa que bajo la tierra mueves tu ala de oro, ¿oyes esto a Penteo? ¿Oyes su impía blasfemia contra Bromio, el hijo de Sémele, el demonio que en las fiestas de hermosas coronas es el primero de los bienaventurados? Aquel que sabe danzar en comitiva y reír con la flauta y quitar los cuidados, cuando del vino llega la gala en el banquete de los dioses, y en las fiestas en que se lleva yedra la copa envuelve en sueño a los mortales.Eurípides, Las bacantes 370–85 Como divinidad vinícola se le vinculaba con Deméter (el pan) como alimento básico, invocado también por sus propiedades farmacológicas y anímicas («medicina contra las penas») y estimulador de la palabra, la sociabilidad y la franqueza. (ver fuente: Mariño Sánchez, 2014, p. 357.). Los investigadores han discutido la relación de Dioniso con el «culto de las almas» y su capacidad para presidir la comunicación entre los vivos y los muertos. (ver ref. Riu (1999), capítulo 4 (Happiness and the Dead), pág. 105: «Dioniso preside sobre las comunicaciones con los muertos».).
El nombre Dionysos es de significado incierto. Su elemento -nysos bien puede ser de origen extraheleno, pero dio- ha sido relacionado desde antiguo con Zeus (genitivo Dios). Para los autores griegos, Nisa era una ninfa que lo crio, o la montaña donde era atendido por varias ninfas (las Nisíades), que lo alimentaron y lo hicieron inmortal por orden de Hermes.
Fox (1916), pág. 217: «La palabra Dionysos es divisible en dos partes, la primera originalmente Διος (es decir Ζευς), mientras la segunda es de significado desconocido, aunque quizá esté relacionada con el nombre del Monte Nisa que aparece en la historia de Licurgo:
[…] cuando Dioniso había renacido del muslo de Zeus, Hermes le confió al cuidado de las ninfas del monte Nisa, quienes lo alimentaron con la comida de los dioses y lo hicieron inmortal.
Otros dioses
Se han identificado otras divinidades que se pueden encontrar en periodos posteriores, como la pareja Zeus-Hera, Hefesto, Ares, Hermes, Ilitía y Euménides. Hefesto, por ejemplo, probablemente se puede asociar con A-pa-i-ti-jo en Cnosos, mientras que Apolo solo se menciona, en el caso de que se le identifique, con Paiāwōn; Afrodita, sin embargo, no tienen ninguna alusión. Qo-wi-ya, «que tiene los ojos de vaca», es un epíteto homérico estándar de Hera. Ares aparecía bajo el nombre de Enialos, y aunque se desconoce la importancia de este, la palabra nos hace evocar al dios de la guerra. «Eleuteria» se asocia con Ilitía, la diosa homérica del parto.
Chadwick, 1967, p 99, p 95 (…).
Capillas y santuarios
Había lugares que tenían cierta importancia para el culto, como Lerna, que normalmente eran santuarios que originariamente no se diferenciaban mucho de una vivienda. Aunque más adelante tomaron la forma de un templo, con una imagen devocional en la celda y un altar en frente, al aire libre. Ciertos edificios encontrados en ciudadelas tienen una habitación central, el megaron, de forma oblonga, rodeada de habitaciones pequeñas que podrían haber servido como lugar de adoración. Aparte de esto, se puede suponer también la existencia de un culto doméstico. Se han localizado algunos santuarios, como el de Filakopí, en Melos, donde se encontró un número considerable de estatuillas que seguramente se fabricaron con el objetivo de servir como ofrendas. Se puede suponer que, por los estratos arqueológicos de lugares como Delfos, Dodona, Delos, Eleusis, Lerna y Abas, que ya eran santuarios importantes; en Creta, varios santuarios minoicos muestran una cierta continuidad con el Minoico Reciente III, un periodo conocido por la fusión de estas culturas. (ver ref. Poyato Holgado, 1989.).
Bibliografía Religión Micénica
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- Finley, Moses I. (1954). The world of Odysseus. (en inglés). Nueva York: Viking Press. Consultado el 7 de enero de 2018.
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- Poyato Holgado, Carmen (30 de septiembre de 2015). «Lugares de culto y santuarios de la época postpalacial en la Creta minoica». Cuadernos de Prehistoria y Arqueología 16. Consultado el 8 de enero de 2018.
- HUERTA SEGOVIA, PELAYO (2019). La “Sala del Fresco” de Micenas. Revisión de las interpretaciones del programa iconográfico y nueva lectura en relación a los espacios. Panta Rei: revista de ciencia y didáctica de la historia. Consultado el 23 de septiembre de 2020.
Prácticas funerarias
Tipos de tumbas
La forma de enterramiento más corriente durante el Heládico reciente es la inhumación. Se entierra bajo el suelo mismo de las viviendas o en el exterior de las zonas residenciales, en cementerios, a veces en túmulos. Las tumbas individuales son en forma de cista, con un paramento de piedras. En el HR I aparece mobiliario funerario, que estaba ausente en los periodos anteriores. A principios del Heládico reciente también se nota la presencia de tumbas comunes, de forma rectangular.
Posteriormente, entre los siglos XV y XIII a. C., destacan dos tipos de tumbas: los tholos, que probablemente derivan de los túmulos; y las tumbas de cámara. Los tholos son edificios de piedra que están coronados por una bóveda y que se entierran bajo una capa de arena y piedras que producen una capa de barro que la protege. Los tumbas de cámara son subterráneas y están escarbadas en la roca. Tanto a los tholos como a las tumbas de cámara se accedía por una puerta a la que conducía un pasillo llamado dromos. (Piquero Rodríguez, 2020.).
Un tholos o tolos (en griego antiguo: θόλος, en plural θόλοι thóloi) es, en la arquitectura de la antigua Grecia, una construcción de forma circular.
Las primeras construcciones de este tipo se remontan al paleolítico. Igualmente se denomina tholos a ciertas construcciones funerarias de planta circular, como los usados en la cultura micénica. El arquetipo de estas tumbas es el «Tesoro de Atreo».
Finalmente, tholos designa principalmente a un templo de estilo clásico, generalmente griego, de planta circular rodeado de una columnata. El más conocido es el tholos de Delfos.
Tholos de Delfos. Foto: Kufoleto. Antonio De Lorenzo and Marina Ventayol . CC BY 3.0.
Las tumbas más impresionantes se han encontrado en Micenas: a la época micénica más antigua pertenecen dos conjuntos de tumbas de fosa conocidos como «Círculo de tumbas A» y «Círculo de tumbas B» en los que se han encontrado ricos ajuares funerarios y donde se ha advertido la presencia de muchos objetos procedentes de Creta o bien directamente influidos por la cultura minoica.(García Iglesias, 2000, pp. 73-75.). También en Micenas, con forma de tholos, destacan el «Tesoro de Atreo» —se trata del más monumental de los tholos micénicos aunque se desconocen tanto los enterramientos que contenía como su ajuar funerario, dado que fue saqueado en la Antigüedad— la «Tumba de Clitemnestra» y la «Tumba de los genios». En Orcómeno destaca el tholos llamado «Tesoro de Minias»; en Tebas está la denominada «Tumba de los hijos de Edipo», que es la mayor tumba de cámara conocida y en Pilos se encuentra una importante tumba de fosa conocida como «Tumba del guerrero del grifo». (Piquero Rodríguez, 2020, pp. 37,43,49,118.).
Tras la destrucción de los palacios, en el HR III C, se advierte un cambio en los tipos de tumbas, puesto que pasan a ser más habituales los enterramientos individuales, directamente bajo tierra, en cista, o a veces en pitoi. Por otra parte, empieza a aparecer y a expandirse, desde la región del Ática, el rito de la incineración.
Entrada a la «Tumba de Clitemnestra» en Micenas. Foto: Dennis Jarvis from Halifax, Canada – Greece-0374. CC BY-SA 2.0.
Ritos funerarios
Se conocen algunas representaciones pictóricas que probablemente describen ritos funerarios, como el del sarcófago de Hagia Triada. Se ha supuesto que se realizaba una procesión que discurría entre la vivienda del fallecido y la tumba. Una vez depositado el cuerpo se le hacían ofrendas que podían consistir en comida, bebida, perfume, joyas, vestidos, armas y figurillas, entre otros objetos. Luego se cerraba la tumba, aunque muchas veces se volvía a abrir para ser reutilizada para otro enterramiento. (Ver ref: Piquero Rodríguez, 2020, pp. 118-119.).
Figurillas micénicas que se depositaron como ajuar funerario, expuestas en el Museo Arqueológico de Tebas. Zde. CC BY-SA 4.0.
Arquitectura
Las fortalezas
En sus inicios, los palacios micénicos no estaban fortificados. La construcción de las primeras estructuras defensivas no se produjo hasta el siglo XIV a. C. (García Iglesias, 2000, p. 77.). A partir de entonces, algunos de los principales centros micénicos contaron con imponentes murallas, como Atenas, Tirinto, Micenas y Gla. ( Fields, 2004, p. 10.9). Sin embargo, otros centros importantes como Pilos o Yolco no llegaron a estar nunca amurallados.(Sánchez Sanz, 2013, p. 209.) Además de las ciudadelas, se han encontrado también fortalezas aisladas que servían sin duda para el control militar del territorio.
Murallas ciclópeas de Micenas. George E. Koronaios. CC0.
Las murallas micénicas son a menudo de tipo «ciclópeo»: están construidas mediante grandes bloques de piedra, apilados unos sobre otros y se empleaban piedras de menor tamaño para rellenar los huecos que quedaban entre ellas. En algunos de los lugares más importantes de las murallas estas estructuras se convertían en sillare. Por otra parte, había sofisticados sistemas de entradas y pozos en el interior de las ciudadelas para poder afrontar posibles asedios.
Puerta de los Leones en Micenas. Elartenlamirada. CC BY-SA 4.0.
Hábitat
Los yacimientos micénicos muestran diferentes tipos de residencias, que podían tener uno o dos pisos. (26) Este último caso fue el más extendido en épocas más recientes. Las más pequeñas eran de forma cuadrangular y medían entre cinco y veinte metros de lado. En ellas residían las capas más bajas de la población. Eran construcciones con sólidas bases de piedra, en las que en la parte superior de las paredes, se insertaban gruesos listones de madera en la mampostería. Este armazón confería al conjunto, que no estaba cimentado, más cohesión y quizá una cierta elasticidad que le hacía más resistente a los terremotos.Los tejados con tejas eran excepcionales, ya que las casas estaban generalmente cubiertas con terrazas.
Los almacenes y graneros estaban hechos con ladrillos secados al sol o con barro seco. (27).
Parece que algunas casas no tenían puertas: debían hallarse sin duda a una cierta altura, como se puede ver en una plaqueta de marfil de Cnosos que representa la fachada de una casa. Era una precaución contra las inundaciones o las fuertes escorrentías de agua en las calles, con climas con régimen de lluvias torrenciales. (28).
Debe hacerse una mención particular a las casas, generalmente rurales, ovaladas o con ábsides. Las casas con ábsides aparecen en Grecia continental en el Neolítico y se las encuentra en el HA y HM. Se las halla comúnmente en el HR III, pero existieron en periodos precedentes al micénico, en Termo en Etolia en particular.A veces son del tipo con megaron, constituidas por una o dos habitaciones y construidas de una manera bastante tosca. Las hay en las partes occidentales de Grecia, en Nijoria, Malthi-Dorio, Tris Langadas (Ítaca), Dodona, Delfos, Yolco, en Macedonia (Kastanas, Limnotopos-Vardino,), en Tracia (Asartepe), en Asia Menor (Mileto), en Cos (Seraglio) y en Creta (Cnosos y Arjanes). Se puede ver en ellas una tradición importada. Se trata más bien de una resurgimiento de antiguas tradiciones indígenas.
Más elaboradas eran las residencias más grandes, que medían entre 20 y 35 metros de lado aproximadamente y estaban constituidas por varias salas e incluso de patio central. Estaban organizadas según un modelo próximo al del palacio. Sin embargo, no es seguro que se tratara de residencias de aristócratas micénicos, puesto que existe otra hipótesis que quiere ver en estos edificios dependencias auxiliares del palacio, a menudo situados en su proximidad.
Los palacios micénicos
Los palacios micénicos tienen sus más bellos ejemplos en los excavados en Micenas, Tirinto y Pilos. Son los centros de la administración de los estados micénicos, como lo han demostrado los archivos encontrados. Desde el punto de vista arquitectónico, son los herederos de los palacios minoicos, pero también de otras grandes residencias de la Grecia continental del período Heládico medio. Las estructuras palaciales de los tres palacios mencionados se erigieron en las cumbres de las colinas o en los afloramientos rocosos, dominando el entorno inmediato. ( Fields, 2004, p. 19.). Las mejores conservadas se encuentran en Pilos y Tirinto, mientras que la de Micenas se conserva solo parcialmente. En la Grecia central, Tebas y Orcómeno solo se han sacado a la luz parcialmente. Por otra parte, el palacio construido en la acrópolis de Atenas ha sido destruido casi por completo. Un edificio importante en Dímini en Tesalia, posiblemente la antigua Yolco, (29) es considerado por varios arqueólogos como un palacio. En 2008 también se ha encontrado un palacio micénico en Laconia, a unos 12 km al sur de Esparta, en el yacimiento de Ayios Vasilios. (30), (31).
Plano del palacio de Tirinto.
Gustav Ebe (1834–1916) – Selbst eingescannt aus Gustav Ebe: Kunstgeschichte des Altertums, Düsseldorf, 1895, S. 219.
Tiryns, Greece, map of palace. Dominio público
Un almacén con tinajas enterradas en el palacio de Pilos, prueba arqueológica del papel que desempeñaba el palacio en la redistribución de ciertos productos agrícolas. Foto: Olecorre . CC BY-SA 3.0
Obras públicas
Entre las obras públicas que llevaron a cabo los micénicos puede citarse la red de caminos que discurría por sus territorios, así como los puentes construidos —de piedra o de tierra— para facilitar las comunicaciones.(28). También destacan los sistemas de abastecimiento de agua desde las fuentes naturales a través de conducciones subterráneas que se han encontrado en las ciudadelas. Por otra parte, una obra de gran envergadura fue el sistema de canalizaciones que llevaron a cabo en el lago Copaide con fines agrícolas. En las proximidades de Tirinto también construyeron una presa ciclópea. García Iglesias, 2000, pp. 80, 81. También subsiste en parte otra presa ciclópea entre Tirinto y Agios Adrianos, en Argólida. (28).
Arte y artesanía
Vasos y Cerámica micénica
La Cerámica micénica es la producida por ceramistas micénicos y está clasificada por los arqueólogos en una serie de fases estilísticas, que pueden agruparse en cuatro grandes etapas, que se corresponden aproximadamente con las etapas culturales/históricas.
- Heládico reciente I-IIA (c. 1675/1650-1490/1470 a. C.)
- Heládico reciente IIB-IIIA1 (c. 1490/1470- 1390/1370 a. C.)
- Heládico reciente IIIA2-B (c. 1390/1370-1190 a. C.)
- Heládico reciente IIIC (c. 1190-1050/1025 a. C.).
Detalle de la pieza. Foto: Zde .
Vaso de los guerreros o vasija de los guerreros micénicos es una pieza de cerámica griega encontrada por Heinrich Schliemann en la acrópolis de Micenas, considerada como uno de los grandes tesoros del Museo Arqueológico Nacional de Atenas. Data del siglo XII a. C. y es quizá la pieza de cerámica más conocida del período heládico reciente. Se trata de una crátera, un recipiente utilizado para contener la mezcla de agua y vino, ya que los antiguos griegos nunca bebían vino sin agua. El amplio friso de la vasija, incompleto y decorado con soldados armados, fue lo que sugirió el nombre que Schliemann le otorgó. Los guerreros están vestidos con túnicas cortas, petos, cascos y grebas, y están armados con lanzas y escudos. Las asas con forma de cabeza de toro condujeron a que algunos eruditos dataran la pieza mucho más tarde, a principios del siglo VII a. C., sin embargo, es firmemente aceptado que corresponde a un período en torno al año 1200 a. C.
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- El vaso de los guerreros en la página del Museo Arqueológico Nacional de Atenas
Crátera micénica encontrada en la tumba 45 en Enkomi (Chipre), Museo Británico. Udimu (Trabajo propio). CC BY-SA 3.0.
Jarrón micénico exportado a Ugarit, siglos XIV al XIII a. C., Museo del Louvre. Desconocido – Jastrow (2006). Dominio Público.
La llamada cerámica submicénica se considera actualmente como la etapa final de la Heládica reciente III C y es seguida por la cerámica protogeométrica (1050/25-900 a. C.). Hasta ahora no se ha encontrado evidencia arqueológica de una invasión de los dorios entre 1200 y 900 a. C., por lo que ningún estilo de cerámica puede estar asociada a ellos.
Dendrocronológicamente y a través del C14 se evidencia que el inicio del periodo protogeométrico debería ser revisado al menos al 1070 a. C. si no antes.
La arqueología ha encontrado gran cantidad de cerámica de época micénica, de formas muy variadas. (34).
En el HR I pueden destacarse dos tipos de decoración: la de aquellos recipientes con líneas geométricas que forman composiciones diferentes en cada estructura del vaso, que se ha denominado «estilo arquitectónico» y, por otra parte, otros recipientes que tienen una decoración que abarca todo el vaso, que se ha llamado «estilo unitario». En el HR II B fue muy común la llamada «copa efirea» que consta de dos asas y un pie muy estilizado.
En el HR III se dan unos vasos que se han llamado de «copa de champán» por su forma, pequeñas, con un asa y sin decoración. También en este periodo abundan los kílices y las jarras de estribo, (ver fuente: Piquero Rodríguez, 2020, pp. 202-204.), que constan de dos asas en la parte superior del vaso completamente cerrado y provisto únicamente de un pico vertedor, cilíndrico y vertical. (35).
En las fases de mayor apogeo de la civilización, los modelos se van estandarizando en todo el espacio micénico y la producción aumenta considerablemente en cantidad. Entre los motivos decorativos son habituales las espirales, las hojas, las dobles hachas, las flores o los motivos marinos, a menudo influenciados por la cerámica minoica. Otro tipo de decoración de las vasijas utiliza motivos presentes en las pinturas murales, como temas guerreros o animales, entre otros. (36).
Además de vasos de cerámica, en los yacimientos arqueológicos micénicos se han encontrado abundantes ejemplos de vasos de metal (principalmente de bronce, pero también de oro), así como de otros materiales lujosos como el marfil.( Ver fuente: Piquero Rodríguez, 2020, pp. 187,202.).
Entre las piezas singulares de destacado valor artístico pueden citarse los «vasos de Vafio», que son de oro con una decoración en la que se representa la captura de un toro y que pertenecen al HR II; un ritón de oro con forma de cabeza de león hallado en Micenas, una cratera encontrada en Enkomi, Chipre, que representa un paisaje con dos personas en un carro enfrente de otra persona que sostiene una balanza y la «píxide del tañedor de lira», hallada en Creta, que pertenece al MR III A y representa un hombre que tiene en una mano una lira y en la otra lo que parece una espiga de trigo. (Piquero Rodríguez, 2020, pp. 202-206.).
Algunos ejemplos destacados de cerámicas micénicas:
Copa efirea hallada en Koraku, Museo Arqueológico de la Antigua Corinto . Foto: Schuppi. CC BY-SA 4.0.
Cratera de Enkomi, Museo de Chipre. Foto: Молли. CC BY-SA 4.0.
«Píxide del tañedor de lira», Museo Arqueológico de La Canea. Foto: Olaf Tausch. CC BY 3.0.
Jarra de estribo. Hacia 1200 a. C. (HR IIIA-B). Anónimo (Mycenaean) – Museo Walters: Home page Info about artwork. Dominio Público.
Escultura
El periodo micénico no produjo estatuas de gran tamaño. La mayor parte de la escultura del periodo consiste en estatuillas finas de tierra cocida, encontradas sobre todo en el yacimiento de Filacopí, pero también en Micenas, Tirinto o Ásine. (37). La mayoría de las estatuillas representa figuras antropomórficas (aunque también las hay zoomorfas), masculinas o femeninas. Las figuras están en diferentes posturas: brazos extendidos, elevados hacia el cielo; brazos plegados sobre las caderas; sentados. Están pintadas, monocromas o polícromas. Su sentido no está claro, pero parece probable que se trate de objetos votivos, encontrados en contextos que parecen ser de lugares de culto. La figura más representativa es la llamada Trío de Micenas, que representa a dos mujeres y una niña, cuya interpretación podría ser que se trata de divinidades o bien de una misma mujer pasando por tres edades.(Piquero Rodríguez, 2020, p. 214). También destaca una imagen de la diosa madre con su hijo en el regazo.
Trío de Micenas. Atenas, Museo Arqueológico Nacional de Atenas. Foto: Zde CC BY-SA 3.0-.
Cabeza de mujer, uno de los raros ejemplos de plástica monumental micénica. Atenas, Museo Arqueológico Nacional de Atenas. Foto: Marsyas. CC BY-SA 2.5.
Figura de bronce de un hombre del Santuario de Filacopí, de la cultura micénica, en el Museo Arqueológico de Milos. Zde . CC BY-SA 4.0.
Pintura micénica
Se han encontrado algunos fragmentos de frescos murales en los palacios y en algunos otros edificios destacados que denotan que la pintura micénica estuvo muy influenciada por la minoica, aunque se aprecian diferencias en los temas representados ya que además de procesiones y figuras religiosas, que aparecen también entre los minoicos, se representan actividades más asociadas a los micénicos como la guerra y la caza. Otros frescos están formados por motivos geométricos. Por otra parte, hay pinturas que no solo tienen la finalidad de decorar o representar figuras religiosas, sino que también son útiles para integrar a los espectadores en un contexto relacionado con algún ritual de culto en particular. (41) También se encuentran variadas pinturas en sarcófagos; en estos casos probablemente los temas tuvieran como eje diferentes símbolos funerarios.
El larnax o lárnax es un sarcófago de barro cocido o adobe (barro seco) y de pequeño tamaño, usado en la Antigua Grecia como caja o «cofre de cenizas» (depósito para los restos humanos, bien del cuerpo -doblado sobre sí mismo- o de las cenizas tras la cremación).
Los primeros «lárnax» aparecieron en la civilización minoica durante la Edad del Bronce griega, cuando tomaron la forma de cajas rectangulares de cerámica, diseñados para imitar un cofre de madera, tal vez para imitar a los egipcios. Estaban ricamente decorados con dibujos abstractos, pulpos, escenas de caza y rituales de culto. Posteriormente, también se han encontrado en la civilización micénica, donde han aparecido temas como los desfiles de plañideras.
Durante el último período helenístico, se hicieron populares los «lárnax» con forma de pequeños sarcófagos de terracota, algunos de los cuales fueron pintados en un estilo similar a los vasos griegos contemporáneos.
En algunos casos especiales, los «lárnax» se llegaron a hacer con materiales preciosos, como el encontrado en Vergina, en el norte de Grecia, del siglo IV a. C., realizado en oro, con un sol en la tapa (fuente del motivo del Sol de Vergina). La tumba donde fue encontrado se cree que perteneció al rey Filipo II de Macedonia, padre de Alejandro Magno. Cuando se encontró, contenía las cenizas de un hombre desconocido (aventurando que pudieran ser las del propio Filipo).
- Caro Bellido, Antonio (2008). Diccionario de términos cerámicos y de alfarería. Cádiz: Agrija Ediciones. p. 155. ISBN 84-96191-07-9.
- Fatás Cabeza, Guillermo; Borrás, Gonzalo (1993). Diccionario de Términos de Arte. Madrid: Anaya. p. 196. ISBN 84-7838-388-3.
- Larnax minoico del Museo Metropolitano de Nueva York (en inglés).
- Andronikos, Manolis (1981). The Finds from the Royal Tombs at Vergina. Oxford University Press. ISbN 978-0-85672-204-2. Consultado el 14 de diciembre de 2017.
Lárnax de Tanagra con la representación de una esfinge. (siglos XIII-XII a. C.). Zde –CC BY-SA 4.0.
Glíptica
La glíptica, palabra proveniente del griego γλυπτός, es el arte de grabar o tallar las piedras preciosas o cuños en acero para elaborar monedas y medallas.
- Lajo Pérez, Rosina (1990). Léxico de arte. Madrid – España: Akal. p. 92. ISBN 978-84-460-0924-5.
- López de la Orden, María Dolores (1990). «Glíptica griega, greco-fenicia y púnica». La glíptica de la antigüedad en Andalucía. Universidad de Cádiz.
- Ver art. wiki: La glíptica.
La glíptica, un arte que ya tuvo un desarrollo importante en la civilización minoica, también fue destacado en el mundo micénico, aunque a menudo es difícil saber si los sellos hallados en las excavaciones del área continental griega fueron realizados por los micénicos o eran importaciones de los minoicos. Los sellos se elaboraron como amuletos personales o bien para etiquetar objetos. Los materiales en los que se tallaron estos sellos eran muy diversos: vidrio, piedras semipreciosas, oro, entre otros. Los temas representados también eran muy variados, como la caza, seres híbridos, rituales de sacrificios, procesiones y luchas. Uno de los sellos singulares más destacados fue encontrado en Pilos en 2015. Se trata del «ágata del combate de Pilos», que representa un combate con un gran detallismo. (ver fuente: Piquero Rodríguez, 2020, pp. 217-219. La civilización micénica. Madrid: Síntesis).
Sello de oro hallado en Tirinto donde se representa una procesión de unos seres híbridos. Zde – Trabajo propio. CC BY-SA 3.0.
Armas
Artículo principal: Ejército micénico
La naturaleza militar de la Grecia micénica (hacia 1600-1100 a. C.) en la Edad del Bronce Final es evidente por las numerosas armas desenterradas, por las representaciones de guerreros y combates en el arte de la época, así como por los textos conservados en escritura lineal B.( ver ref: Cline, 2012, p. 305.)
Los micénicos se expandieron por diferentes zonas del Mediterráneo estableciendo colonias y recorriendo rutas comerciales, lo que fue acompañado por el desarrollo de un poderoso ejército. (ver ref: Sánchez Sanz, 2013, p. 177.«Los ejércitos micénicos».). La supervisión de la producción militar y la logística se realizaba directamente desde los centros palaciales. Las tácticas y las armas experimentaron una evolución a lo largo del tiempo para dotar al ejército de mayor maniobrabilidad y además aumentaron las fortificaciones e instalaciones defensivas. No obstante, estas medidas no lograron evitar el final definitivo de la civilización tras la destrucción que sufrieron sus asentamientos en el siglo XII a. C.
Este carácter militarista inspiró más tarde la tradición griega antigua, y especialmente las epopeyas de Homero, que se centran en la naturaleza heroica de la élite guerrera de la época micénica.
Elementos militares han sido encontrados entre los tesoros del periodo micénico. El hallazgo más impresionante es el de la armadura de Dendra, el equipamiento completo de un guerrero. La coraza que lleva está compuesta de placas de bronce cosidas sobre un vestido de cuero. El peso de la armadura debía impedir la movilidad del guerrero, por lo que se cree que se trataba de un combatiente sobre carro, aunque hay autores que opinan que también se podía usar de pie en combates o en duelos singulares. (Sánchez Sanz, 2013, pp. 192,193.).
Además de armaduras, el armamento defensivo estaba formado por escudos y cascos. Entre los cascos destaca el modelo de colmillos de jabalí,Sa. 5 que está ausente de los últimos niveles del Heládico reciente. Se empleaban dos tipos de escudos: un modelo en forma de 8 y otro modelo rectangular, llamado también «de torre».
Las armas ofensivas eran sobre todo de bronce. Se han encontrado lanzas y jabalinas, además de un conjunto de espadas de diferentes tallas, que en un principio estaban hechas para golpear con el filo como de estoque y en el periodo final micénico se elaboraron para ser usadas principalmente en el combate para cortar. El resto del armamento que usaron los micénicos se componía de puñales, arcos, flechas y hondas.
Casco de colmillos de jabalí hallado en una tumba de cámara de Spata (Ática). Claude villetaneuse. CC BY-SA 4.0.
Armadura (combate)
Art. principal: Armadura de combate
La armadura es una vestidura dedicada a proteger diversas partes del cuerpo de los ataques de un oponente. Es parte de las denominadas «armas defensivas» («Armadura definicion-Rae».), y aunque puede estar fabricada de muchos materiales, entre ellos cuero, madera, cuentas de concha, hueso e incluso algodón y fibras naturales; la palabra es comúnmente relacionada con la armadura metálica asiático-europea.
Coraza griega de la Época Arcaica, fechada entre 620 y 500 a. C. Foto: Jerónimo Roure Pérez. CC BY-SA 4.0.
Primeras armaduras
El origen de la armadura en Occidente se remonta al segundo milenio a. C. en Oriente Próximo, siendo en principio una coraza de cuero endurecido o lino acolchado, a veces recubierta de placas o escamas de metal y completado con un casco. En tiempos anteriores, soldados sumerios y egipcios aparecen sin ninguna protección apreciable. Durante el Imperio Nuevo, el ejército egipcio la adoptó de los pueblos siriopalestinos, y de hecho, la representación más temprana hallada procede de la tumba de Kenamon que vivió durante el reinado de Amenhotep II (1436-1411 a. C. aprox.). (H. Russell Robinson (2002). Oriental Armour. Dover Publications, Inc.). Las más caras eran corazas de metal, como el thórax griego, a veces ricamente decorada con grabados y relieves para ceremonias y desfiles, mientras se seguían usando las más baratas de cuero o acolchadas, como el linotórax que los griegos emplearon de la época micénica a la helenística, finalmente sustituidas por la cota de malla desde el siglo III al siglo I a. C.Entre los caldeos y asirios, a tenor de lo que aparece en los relieves de la época, se usaba un casco de bronce de forma algo cónica, la coraza de cuero cubierta de láminas metálicas y unos botines de cuero duro o guarnecidos también con láminas.
Los griegos micénicos tenían también una armadura muy completa de bronce, siendo un ejemplo conservado la Panoplia de Dendra (1400 a. C.), que constaba de peto con espaldar y protección para el cuello y hombros, un faldillar compuesto de tres placas de bronce, yelmo y grebas. Se desconoce por qué cayó en desuso, aunque es probable que se deba a los tumultos provocados por los Pueblos del Mar alrededor del 1200 a C.
Daga con representaciones de nautilos. Zde. CC BY-SA 3.0
Hoplitas
Los soldados griegos (hoplitas) solían llevar una túnica corta que terminaba en pliegues simétricos y sobre ella una coraza para el tronco, formada por tiras de cuero con piezas metálicas o bien solo dos piezas (peto y espaldar) que cubrían pecho y espalda y se unían con tiras metálicas o correas sobre los hombros, mientras que la parte delantera de las piernas se defendía con las cnémides o canilleras. Para resguardo de la cabeza se usaron cascos de variadas formas, alcanzando mayor perfección el beocio compuesto de visera y apéndice nasal o apéndices para defender el cuello por los lados.
Hoplita, colección de impresión de las costumbres militares Vinkhuijzen.
The collection assembled by H. J. Vinkhuijzen (1843-1910). See: [2] – New York Public Library (NYPL) digital gallery: [1]. (Modificado).
Spartan hoplite. Print from Vinkhuijzen Collection of Military Costume Illustration. Dominio público.
Decadencia de la civilización micénica
El fin de la civilización micénica presenta una serie de problemas que no han sido resueltos todavía, tanto desde el punto de vista cronológico como de interpretación de los hechos.
Destrucción y reorganización
Los signos de una situación de deterioro en el mundo micénico pueden estar presentes ya en el siglo XIII a. C., quizás relacionados con un declive de los circuitos comerciales a larga distancia que habrían generado tensiones entre estados, pero esto está por confirmar. (42) El final de Heládico reciente IIIB1 estuvo marcado por algunas destrucciones, especialmente en Micenas. (43) En el Heládico reciente IIIB2, hacia el 1250/1200 a. C., se observa un aumento de los sistemas de defensa de los yacimientos micénicos, signo de una creciente inseguridad. Sin embargo, no se trata necesariamente de un periodo de crisis, ya que estos niveles han proporcionado material arqueológico que muestra un nivel de riqueza que nada tiene que envidiar a los anteriores. El final de este periodo está marcado por numerosas destrucciones en gran parte de los emplazamientos palaciales micénicos de la Grecia continental, y esta vez los palacios no fueron reconstruidos: algunos como Micenas y Tirinto fueron reocupados, pero de forma más modesta, mientras que Pilos y Tebas fueron completamente abandonados. La destrucción también afectó a los yacimientos secundarios, pero no está claro en qué medida afectó a esta categoría de hábitat poco excavado. Una destrucción similar se encuentra en Creta. (44), (45).
El declive es, pues, evidente a finales del siglo XII a. C., cuando se inicia el Heládico reciente III C, que constituye el periodo «postpalacial». La administración característica del sistema palaciego micénico había desaparecido, la escritura de tablillas en Lineal B había cesado, los artículos de lujo ya no se importaban. (45) Pero los rasgos materiales micénicos permanecen durante al menos un siglo, por lo que el período, aunque sin palacios, se caracteriza como una fase de la civilización micénica.Le 1 Se detecta un renacimiento en varios lugares a mediados de siglo, pero no es duradero. La presencia de enterramientos de guerreros indica que aún existe una élite en el siglo XII a. C. (44) ( Le Guen, D’Ercole y Zurbach, 2019, pp. 235-237.). Esto podría estar relacionado con el cambio hacia tiempos de inseguridad crónica. De hecho, la inestabilidad parece ser una constante del período, que probablemente ve importantes movimientos de población, tal vez por el aumento de la inseguridad (revueltas, incursiones piratas). (44) En el periodo postpalacial se produjo un descenso del número de asentamientos en Grecia, (46) que pudo ser muy significativo en algunas regiones (desaparecieron 9 de cada 10 asentamientos de Beocia, 2 de cada 3 en la Argólida). Algunos asentamientos como Micenas o Tirinto siguieron ocupados, sus ciudadelas se mantuvieron y la cultura material que se encontraba en ellos siguió teniendo rasgos micénicos, pero en otros lugares la situación es menos conocida, aunque los descubrimientos han hecho avanzar el conocimiento del periodo.(47)- Hay cambios: los edificios erigidos sobre los antiguos palacios son de planta diferente (abandono del megarón en Tirinto), aparece un nuevo tipo de cerámica, llamada «bárbara» porque en su día se atribuyó a invasores externos, y la cerámica pintada de la época se ha considerado un antecedente de los estilos geométricos. En este periodo también aumenta la práctica de la cremación de cadáveres. Así, el periodo postpalacial no está exento de creatividad e innovación. (48) En términos más generales, la homogeneidad de la cultura material que estuvo a la orden del día durante el periodo palacial estaba llegando a su fin, dando paso a una mayor diversidad regional, lo que implica una diversidad de situaciones en la forma de vivir la crisis y en el impacto que tuvo. (45).
En Creta cambia la estructura de los asentamientos: se abandonan los emplazamientos costeros en favor de los emplazamientos interiores en las alturas, lo que se explica por la búsqueda de protección y el aumento de la inseguridad en el mar. (49), (50). En las Cícladas disminuyen los contactos con el continente, y se ha propuesto que las perturbaciones detectadas en algunos lugares se deben a la llegada de refugiados del continente. Tras el periodo de perturbación se encuentra un asentamiento de gran riqueza en Grotta, en Naxos, pero la situación en las demás islas permanece oscura. (51) En la costa de Asia Menor y Creta se asentaron en este periodo, grupos procedentes del mundo micénico o «micenizado» del Egeo, pero no se sabe qué importancia tuvieron; fuera como fuera, iniciaron cambios importantes para estas regiones. En términos más generales, esta crisis se inscribe en un contexto de colapso de las civilizaciones de la Edad del Bronce, que afecta al mundo antiguo desde el Mediterráneo oriental hasta Mesopotamia, y arrasa con varios reinos importantes (en primer lugar los hititas, también Ugarit) y ve el marcado declive de otros (Egipto, Asiria, Babilonia, Elam).
Búsqueda de las causas
Artículo principal: Colapso de la Edad del Bronce Final¿Cuáles son las causas del declive de la civilización micénica en este periodo? (52), (44), (Le Guen, D’Ercole y Zurbach, 2019, pp. 223-234.). Más allá de las destrucciones, que no son inéditas en la historia anterior del mundo egeo de la Edad del Bronce, el fenómeno más llamativo es la ausencia de reocupación de los grandes yacimientos y el fin de la administración palaciega, que crea así una ruptura importante, y es lo que ha estimulado las mayores reflexiones. Se han propuesto varias explicaciones. Las que se basan en catástrofes naturales (cambio climático, terremotos, sequía, también epidemias) suelen ser rechazadas pero resurgen con regularidad, y no hay que descartarlas totalmente. Tradicionalmente dominan dos teorías principales: la de los movimientos de población y la de los conflictos internos. La primera atribuye la destrucción de los yacimientos micénicos a los invasores. A veces se invoca a los dorios, a veces a los Pueblos del mar. Ahora se considera que los primeros, a los que se refieren los historiadores griegos posteriores, ya estaban presentes en la Grecia continental con anterioridad, por lo que se tiende a dejar de aceptar la antigua teoría de una invasión doria que arrasó con la civilización de los aqueos, que no aparece en el registro arqueológico y se basa únicamente en argumentos lingüísticos.
Mapa donde figuran las destrucciones del final de la Edad del Bronce en el área del Egeo y Oriente Medio, así como posibles movimientos migratorios que las acompañaron. derivative work: rowanwindwhistler. CC BY-SA 4.0.
El movimiento de los pueblos de los Balcanes hacia el Oriente Próximo durante este período, mencionado en inscripciones egipcias que se refieren a los invasores como «Pueblos del Mar», está bien documentado, aunque poco comprendido. Se sabe que estos pueblos participaron en movimientos de población que probablemente fueron responsables de mucha destrucción en Anatolia o en el Levante, pero la cronología de esta destrucción está muy mal establecida. La cultura material que se extendió con estas migraciones tiene, en cualquier caso, fuertes afinidades con el mundo egeo, en particular la de los primeros filisteos que llegaron a Oriente Próximo. La mención de un pueblo llamado Aqweš (que recuerda el término aqueo) en un texto egipcio del siglo XII a. C., ha hecho suponer a algunos estudiosos que los micénicos habrían participado en estos movimientos de población, sobre todo porque los micénicos probablemente se asentaron en Chipre alrededor del año 1200 a. C.
Pero, una vez más, estos argumentos siguen siendo indemostrables, y las investigaciones actuales se orientan hacia una visión de grupos que mezclan personas de diversos orígenes (micénicos, egeos micenizados, anatolios, chipriotas). La segunda teoría es que la civilización micénica se derrumbó durante los conflictos sociales internos, provocados por el rechazo del sistema palaciego por parte de los estratos sociales más desfavorecidos, que se empobrecerían al final del periodo heládico tardío. Esta hipótesis se une a veces a la anterior, cuando se intenta mezclar las divisiones sociales con las étnicas (revuelta del pueblo «dórico» reducido a la servidumbre según J. Hooker). Otras propuestas han orientado la búsqueda de explicaciones hacia una lógica de transformación socioeconómica, matizando el catastrofismo: el periodo final de la civilización micénica vería más bien un proceso de recomposición social, de redistribución del poder en la sociedad, que explicaría la desaparición de las élites micénicas y los rasgos característicos de este grupo social (palacios, tumbas, arte, escritura, etc.), pero que afectaría menos al resto de la sociedad. (53). Debido a las incertidumbres cronológicas, es difícil ser más preciso, y las explicaciones basadas en una única causa parecen excluidas: se trata de un fenómeno complejo basado en varios factores, en el que interviene un «efecto bola de nieve» que hace que la situación sea cada vez menos controlable y explica la magnitud del colapso y el aspecto caótico de la situación que sigue a las destrucciones. (44).
Hacia la «Edad Oscura»
Artículo principal: Edad OscuraFueran cuales fueran las causas, la civilización micénica desapareció definitivamente en los últimos años del Heládico reciente IIIC, cuando Micenas y Tirinto fueron destruidos de nuevo, luego abandonadas, y se convirtieron en lugares menores para el resto de su existencia. (54) Este final, que hay que datar en los últimos años del siglo XII a. C. o poco después, se produce al final del largo declive de la civilización micénica, que tardó un siglo largo en extinguirse. En lugar de una ruptura abrupta, la cultura micénica se desintegró gradualmente. Después, sus principales características se perdieron y no se conservaron en períodos posteriores. (45). Así, a finales de la Edad del Bronce tardía, los grandes palacios reales, sus registros administrativos en escritura lineal B, las tumbas colectivas y los estilos artísticos micénicos no tuvieron continuidad: todo el «sistema» de la civilización micénica se derrumbó y desapareció.55 No quedó rastro de la élite; el hábitat estaba formado por pueblos o aldeas agrupados sin edificios públicos o de culto; la producción artesanal perdió mucha variedad y se volvió esencialmente utilitaria; las diferencias en la producción cerámica y las prácticas funerarias son fuertes incluso entre regiones vecinas. (44) El inicio del siglo XI a. C. abrió un nuevo contexto, el de la fase «submicénica», cuyo material cerámico era considerablemente pobre en comparación con las fases palaciales (56). Grecia volvió a entrar entonces en la Edad Oscura de la tradición historiográfica, que marca la transición de la Edad del Bronce a la Edad del Hierro, y hacia las tradiciones cerámicas «geométricas» (el periodo protogeométrico comienza hacia mediados del siglo XI a. C.) Las culturas que se desarrollaron tras el colapso de la civilización micénica estaban menos abiertas al exterior, sus élites eran menos ricas y su organización socioeconómica era menos compleja, aunque se ha matizado el panorama pesimista que prevalecía anteriormente. (57).
Continuidad y memoria
La ruptura creada por los «siglos oscuros» es tal que la civilización micénica parece caer en el olvido y sus características sociales y políticas desaparecen. En el aspecto cultural, se debaten los elementos de continuidad. Un primer punto es el hecho de que la lengua griega se conserve durante este periodo, aunque se olvide la escritura micénica, y que al final de la Edad Oscura los griegos se dirigieran al Próximo Oriente para adoptar su alfabeto. El vocabulario del periodo micénico puede entenderse porque tiene mucho en común con el del griego antiguo, pero los significados de las palabras sufren notables cambios entre periodos, lo que hace referencia a los cambios que se producen en la civilización de Grecia. La arqueología también muestra muchos cambios, como se ha visto anteriormente: el sistema palacial micénico desaparece alrededor del 1200 a. C., y luego los demás rasgos materiales de la civilización micénica desaparecen en el transcurso del siglo XII a. C., en particular sus estilos cerámicos. El abandono de muchos yacimientos micénicos es otro indicador de la radicalidad de la ruptura que se produjo en esa época, así como de los cambios en las prácticas de enterramiento, asentamiento y también en las técnicas arquitectónicas. Se derrumba un sistema, luego una civilización, y se gesta algo nuevo, sobre nuevos cimientos. El hecho de que los datos arqueológicos sigan siendo limitados nos impide, sin embargo, medir plenamente el alcance de la ruptura que se produjo, sus modalidades y su ritmo. (58).
La cuestión del alcance de la ruptura entre la Edad del Bronce y la Edad Oscura se plantea a menudo en el ámbito de la religión. Las tablillas micénicas han indicado que los griegos de este periodo ya adoraban a las principales deidades conocidas de las épocas arcaica y clásica, con algunas excepciones. Pero la estructura del panteón parece mostrar diferencias significativas, y son pocas las continuidades que se desprenden del estudio de los rituales y el vocabulario religioso (59), aunque el sacrificio a los dioses era ya el acto central del culto, siguiendo unos principios que parecen corresponderse con los de los períodos históricos. (60) Además, poco o nada se sabe de las funciones y poderes que encarnaban las deidades del periodo micénico, por lo que la comparación suele limitarse a los nombres: pero nada permite afirmar que el Zeus del periodo micénico tenga los mismos aspectos que el de los periodos arcaico y clásico. En cuanto a la cuestión de la continuidad de los lugares de culto, no es más obvia de resolver: ciertamente hay huellas de ocupación micénica en ciertos santuarios importantes de la antigüedad clásica (Delfos, Delos), pero nada indica con seguridad que se traten de santuarios. De hecho, muy a menudo, cuando hay continuidad de ocupación, surge un santuario durante la Edad Oscura de un sitio micénico que no tiene una función religiosa evidente, con algunas excepciones (como Epidauro o Agia Irini, esta última en la isla de Ceos). Esto implica al menos la conservación de un recuerdo del periodo micénico, aunque sea borroso, que asegura la continuidad de la ocupación e incluso la atribución de un aspecto sagrado a un yacimiento. Pero los santuarios del primer milenio a. C., con sus templos y témenos, no se parecen en nada a los identificados para el periodo micénico, lo que parece indicar una profunda ruptura en las creencias y prácticas religiosas. (61).
Otra cuestión recurrente es hasta qué punto las narraciones homéricas, y más ampliamente los ciclos épicos, proporcionan información sobre el periodo micénico. Esto se remonta a la época de los descubrimientos de Schliemann, quien vincula explícitamente sus hallazgos en Micenas y Troya con las epopeyas homéricas (que guiaron sus investigaciones), y en ello le siguen los historiadores y arqueólogos de las décadas siguientes. (62) Uno de los pioneros de la historia de la religión y la mitología griegas, Martin P. Nilsson, consideraba que las narraciones heroicas se referían al periodo micénico, ya que varios lugares importantes de este periodo se presentan como reinos principales (Micenas, Pilos), y también que documentan un periodo en el que la institución real es primordial, lo que corresponde bien a la época micénica. Además, vio en la iconografía micénica antecedentes de ciertos mitos griegos. Pero estas interpretaciones distan mucho de ser unánimes, ya que las imágenes micénicas son objeto de varias explicaciones muy divergentes, varios lugares importantes del periodo micénico no están atestiguados en los textos épicos y algunos reinos importantes de las epopeyas no han dejado rastro de la época micénica (en primer lugar Ítaca, la patria de Odiseo). (63). Desde la década de 1950, con la traducción de las tablillas micénicas, que permitió mejorar el conocimiento de esta civilización, luego los trabajos de M. I. Finley, y los descubrimientos arqueológicos que siguieron, el consenso que ha surgido es que los textos homéricos no describen el mundo micénico, que era muy anterior a la época de su escritura (alrededor de la segunda mitad del siglo VIII a. C.) y muy diferente de lo que se muestra en estos relatos. Se ha propuesto que los textos no se basan en la época micénica, sino en la sociedad del período de su redacción y en la del período inmediatamente anterior (es decir, la Edad Oscura), añadiendo al mismo tiempo reminiscencias de la época micénica. Así, se ha propuesto que los textos homéricos conservarían algunos recuerdos auténticos de las tradiciones rituales de la Edad del Bronce. (65) En un pasaje de la Ilíada (X,260-271) se describe con precisión un casco de colmillos de jabalí similar a los conocidos en la época micénica), mientras que este tipo de objeto es desconocido en el período homérico, lo que indica que el conocimiento de algunos elementos de la cultura material micénica puede haber sobrevivido. (66).
Notas
- Se estima que, en Anatolia, pudo haber colonias micénicas en Mileto, Yaso y Muskebi (cerca de Halicarnaso); en el sur de Italia, en Scoglio del Tonno (cerca de Tarento); en Sicilia, en Tapso; en Epiro, en Glykys Limín. Otros lugares están en discusión. En Chipre, aunque hay constancia de importante presencia micénica después del fin de los palacios, es objeto de debate la existencia de colonias micénicas en el periodo precedente.
- Este término es identificable con el ἄναξ / anax homérico («señor divino, soberano, señor de la casa»).
- En relación con esta idea, Wa-na-ka aparece a veces en los textos de ofrendas a divinidades o en posesión de un te-me-no, que en griego clásico equivale a un recinto sagrado.
- Se ha propuesto que podría ser el jefe del ejército, o bien el príncipe heredero, sin excluir otras posibilidades.
- Se cree que re-u-ko-to-ro es la ciudad que posteriormente se llamó Leuctro, que algunos identifican con los restos arqueológicos hallados en el yacimiento de Muriatada.
- De hecho, una parte importante de este ganado estaba formado por machos castrados destinados a la producción de lana.
- La plata y el plomo aparecen en los registros de lineal B que se han conservado una sola vez cada uno, pero a juzgar por los hallazgos arqueológicos su uso era también frecuente.
- En cambio esta divinidad solo se documenta una vez en los textos conservados de Cnosos.
- Algunos han creído que estas personas podrían ser víctimas de sacrificios, pero también se ha sugerido que serían asistentes para los sacerdotes.
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Enlaces externos
Wikimedia Commons alberga una categoría multimedia sobre la civilización micénica.- Jaime Almansa, Beatriz del Mazo y José María Señorán: «¿Palacios micénicos?»., en revista ArqueoWeb 8-2 (2007)
- María Rosario Arco Coca: «Estudio del léxico micénico referido a la industria del aceite perfumado», tesis doctoral, Universidad Autónoma de Barcelona, 2015.
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El hallazgo de las civilizaciones del Egeo: la suerte del principiante
En esta primera conferencia del ciclo dedicado a las civilizaciones del Egeo, el profesor emérito de Filología Griega Alberto Bernabé presenta los hallazgos más relevantes para la comprensión de las culturas minoica y micénica: la excavación de Micenas por Heinrich Schliemann y el desciframiento de la escritura micénica por Michael Ventris, a partir de las tablillas que había encontrado Arthur Evans. El descubrimiento de esta escritura amplió el conocimiento de la cultura material de los griegos a 500 o 600 años antes de Homero, hacia el 1400 a. C. La última parte de la sesión repasa las últimas interpretaciones relacionadas con las tablillas micénicas y otras inscripciones.
La civilización micénica | Juan Piquero
La conferencia, basándose en el estudio de los textos y los restos arqueológicos de la civilización micénica, aborda el asunto de quiénes eran los griegos micénicos y qué se puede saber de su mundo en nuestros días. Los micénicos forman parte de los pueblos indoeuropeos que llegaron a los Balcanes en torno al 2000 a. C. Su historia se extiende entre aprox. 1600 a. C. y hasta 1200 a. C. Se expandieron por el Egeo hasta Creta, donde entraron en contacto con la llamada «civilización minoica» de la que tomaron muchos elementos como la religión, el arte, el sistema administrativo de los reinos o el sistema de escritura.
Micenas · Las ciudades en la antigüedad mediterránea (XXVII) | La March
12 abr 2018 FUNDACIÓN JUAN MARCHEl catedrático de Arqueología y arqueólogo Manuel Bendala presenta un recorrido por la patria de Agamenón, Micenas. En el siglo XIX, el arqueólogo alemán H. Schliemann confió en la historicidad de los poemas de Homero, y decidió excavar, además de las ruinas de Troya, las de Micenas. En esta sesión se detallan las primeras excavaciones, así como otros trabajos arqueológicos que desenterraron, de la tierra y del olvido, los excepcionales vestigios de la ciudad –la Puerta de los Leones, el Tesoro de Atreo y el Palacio de Micenas, entre ellos–, símbolo de uno de los momentos más brillantes y trascendentes de la historia de la humanidad.
Religión minoica y micénica | Alberto Bernabé
En la última conferencia del ciclo dedicado a las civilizaciones del Egeo, el profesor emérito de Filología Griega Alberto Bernabé reconstruye las formas religiosas de las culturas minoica y micénica, a través del testimonio combinado de los textos, los objetos, las representaciones artísticas y los usos posteriores. El ponente explica las diferencias y afinidades de las divinidades, las localizaciones del culto y las prácticas rituales minoicas y micénicas, y las conecta con la religión griega posterior. Entre los dioses micénicos se encuentran mencionados: Zeus, Hera, Posidón, Atenea, Ártemis, Ares, Hermes, Ilitía y Dioniso.
