


El Codex Purpureus Rossanensis: una joya iluminada del cristianismo antiguo
El Codex Purpureus Rossanensis, también conocido simplemente como Códice de Rossano, es uno de los manuscritos iluminados más antiguos y preciosos de la cristiandad. Conservado actualmente en el Museo Diocesano de Rossano, en Calabria (Italia), este códice evangeliario constituye una obra maestra del arte bizantino del siglo VI, tanto por su contenido como por la extraordinaria calidad estética de sus páginas. Su nombre se debe al color púrpura de sus folios de pergamino, símbolo de realeza y divinidad, teñidos probablemente con púrpura de Tiro, un tinte muy costoso reservado a obras de gran solemnidad o uso imperial.
El códice contiene una versión griega de los Evangelios de Mateo y Marcos, acompañada de magníficas miniaturas a página completa que representan escenas de la vida de Cristo. Escrito en letras unciales de plata y oro sobre fondo púrpura, el manuscrito fue concebido como un objeto litúrgico y ceremonial, destinado sin duda a un uso solemne y reverencial. Su factura es prueba de una época en que el libro no era solo un vehículo de transmisión de textos sagrados, sino también un objeto de culto en sí mismo, donde la palabra divina se revestía de lujo, simbolismo y arte para manifestar su santidad.
La datación del códice lo sitúa entre los siglos V y VI, en plena etapa del Imperio bizantino. Se cree que fue elaborado en un scriptorium de la región de Asia Menor o Siria, zonas bajo control del imperio oriental, y que llegó a Rossano probablemente a través de los movimientos de monjes griegos durante las invasiones árabes en el sur de Italia. Su presencia en territorio calabrés es testimonio de la prolongada influencia de Bizancio en el sur de la península itálica, así como del papel que desempeñaron los monasterios italo-griegos en la conservación del saber cristiano durante la Alta Edad Media.
Lo que distingue al Codex Purpureus Rossanensis de otros manuscritos antiguos no es solo su antigüedad, sino el altísimo nivel artístico de sus miniaturas. Cada imagen, compuesta con delicadeza y simbolismo, combina elementos clásicos tardíos con la incipiente estética bizantina. Las figuras, de rostros serenos y vestiduras fluidas, se disponen sobre fondos arquitectónicos o dorados, en composiciones equilibradas que privilegian la frontalidad y la solemnidad. El resultado es una fusión entre el arte helenístico tardío y la espiritualidad cristiana, donde el mundo visible se convierte en reflejo del invisible. Estas miniaturas no eran meramente decorativas, sino instrumentos de enseñanza visual y contemplación, verdaderos iconos en miniatura destinados a meditar la vida de Cristo a través de la imagen y la luz.
Desde el punto de vista histórico y paleográfico, el códice representa una fuente inestimable para el estudio de los textos evangélicos en griego y de las técnicas de producción libraria en la Antigüedad tardía. Fue reconocido en 2015 por la UNESCO como parte del programa Memoria del Mundo, en reconocimiento a su importancia para la historia universal del libro, del cristianismo y del arte. Esta distinción confirma su estatus como uno de los manuscritos sagrados más relevantes de la herencia cristiana oriental.
Hoy, el Codex Purpureus Rossanensis no solo nos habla de una época de esplendor espiritual y cultural, sino que nos recuerda que la belleza, el símbolo y la fe han estado históricamente unidos en la forma de transmitir lo sagrado. Cada una de sus páginas púrpuras, cada trazo de oro y plata, cada imagen de Cristo y sus discípulos, nos invita a cruzar el umbral del tiempo para entrar en una tradición en la que el libro era, antes que nada, una forma de revelación. Leído con los ojos de hoy, el códice sigue siendo una obra viva, capaz de suscitar asombro, reflexión y admiración, y de unir, a través de sus colores y sus formas, la espiritualidad antigua con la sensibilidad contemporánea.
