Voltios y pátinas. Aportaciones de la electroquímica a la conservación del patr. cultural metálico
Museo Arqueológico Nacional de España
40,2 K suscriptores. 148 visualizaciones 27 mar 202507/11/2024 Emilio Cano. Centro Nacional de Investigaciones Metalúrgicas (CENIM). Plataforma Temática Interdisciplinar “Patrimonio Abierto: Investigación y Sociedad” (PTI-PAIS). Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).Los metales han tenido un protagonismo muy relevante en la producción artística y tecnológica desde el final de la prehistoria, siendo por ello un material muy importante en la composición de los bienes que integran nuestro patrimonio cultural. Sin embargo (con la excepción de los llamados “metales nobles”), son termodinámicamente inestables, y reaccionan con el medio ambiente que los rodea. Este fenómeno de naturaleza electroquímica, que denominamos corrosión, altera su aspecto superficial, formando capas de corrosión (o pátinas, como las llamamos cuando su aspecto se considera aceptable o deseable), deforma los objetos y, en última instancia, provoca su destrucción. Como científicos del patrimonio, entender este fenómeno es fundamental para tratar de limitar que nunca evitar su desarrollo, y con ello, contribuir a la conservación de los bienes culturales fabricados en metal. En esta conferencia, partiendo de conceptos básicos de corrosión, se presentarán varios ejemplos reales de como la electroquímica nos permite medir el deterioro por corrosión del patrimonio metálico, proponer estrategias de conservación preventiva y curativa, y medir la eficacia de las mismas para frenar la degradación.
La conservación del patrimonio cultural metálico constituye un desafío constante para arqueólogos, restauradores y científicos, debido a la fragilidad de estos materiales frente al paso del tiempo y las condiciones ambientales. En este contexto, la electroquímica emerge como una disciplina esencial para desarrollar técnicas avanzadas que permitan preservar objetos metálicos de gran valor histórico y cultural. Esta conferencia organizada por el Museo Arqueológico Nacional aborda las principales aportaciones de la electroquímica en la conservación del patrimonio metálico, explorando cómo sus aplicaciones contribuyen a frenar procesos de deterioro, estabilizar materiales y recuperar piezas de manera sostenible. La intervención, disponible en el canal de YouTube del museo y ahora embebida en esta entrada, ofrece una mirada técnica y especializada a los métodos de tratamiento electroquímico y su impacto en la preservación de elementos históricos. Este enfoque no solo resalta la importancia de la interdisciplinariedad en la conservación, sino también la necesidad de combinar conocimientos científicos con el respeto por la autenticidad de las piezas patrimoniales. La conferencia promete ser una oportunidad para reflexionar sobre los avances en este campo y su papel en la protección de nuestro legado cultural.
La electroquímica aplicada a la conservación del patrimonio cultural metálico representa uno de los avances más significativos en la intersección entre ciencia y humanidades. Los objetos metálicos de valor histórico, ya sean esculturas, herramientas, monedas, armas o elementos arquitectónicos, se enfrentan al deterioro constante debido a procesos de corrosión, interacción con la humedad, presencia de sales solubles, contaminantes atmosféricos y variaciones de temperatura. La fragilidad de estos materiales hace que la preservación no pueda limitarse a simples técnicas de limpieza o almacenamiento, sino que requiera un enfoque científico capaz de intervenir directamente en las estructuras químicas y físicas de los metales afectados. En este contexto, la electroquímica se ha consolidado como una disciplina esencial al permitir tanto el diagnóstico de los procesos de degradación como la aplicación de tratamientos de estabilización y recuperación de piezas.
Los métodos electroquímicos en conservación se basan en la comprensión profunda de las reacciones de oxidación y reducción que gobiernan el deterioro de los metales. La corrosión, por ejemplo, se entiende como un proceso electroquímico espontáneo que transforma el metal en compuestos más estables como óxidos, hidróxidos o cloruros, lo cual debilita la integridad de la pieza. A partir de este conocimiento, los conservadores utilizan técnicas como la reducción electrolítica, que consiste en aplicar una corriente controlada para revertir parcialmente la oxidación y devolver al metal parte de su estructura original, o la pasivación mediante formación de capas protectoras que inhiben nuevos procesos corrosivos. La espectroelectroquímica y la potenciometría, por su parte, permiten diagnosticar el estado de un objeto sin necesidad de destruir muestras, lo que resulta fundamental en un ámbito donde el respeto por la integridad de la pieza es prioritario.
En la actualidad, uno de los grandes avances es la aplicación de celdas de tratamiento electroquímico localizadas, capaces de actuar sobre zonas específicas de un objeto sin necesidad de sumergirlo completamente. Estas técnicas minimizan riesgos, reducen el uso de agentes químicos agresivos y permiten un control más sostenible del proceso. A ello se suma el desarrollo de sistemas portátiles que hacen posible realizar intervenciones in situ, evitando los riesgos asociados al traslado de piezas monumentales o extremadamente frágiles. La nanotecnología también se integra cada vez más en este campo, con la creación de recubrimientos nanoestructurados que ofrecen mayor adherencia y resistencia frente a contaminantes sin alterar el aspecto visual de los objetos.
Desde el punto de vista ético y patrimonial, la electroquímica no solo aporta herramientas de recuperación, sino que también obliga a reflexionar sobre el límite de la intervención humana en piezas históricas. El objetivo no es devolver al objeto un estado idealizado de “como nuevo”, sino garantizar su estabilidad, prolongar su vida útil y mantener la autenticidad material y estética que lo convierte en testimonio de una época. En este sentido, el trabajo interdisciplinar entre químicos, físicos, ingenieros, arqueólogos e historiadores resulta indispensable para diseñar protocolos que respeten tanto la ciencia como la historia.
La investigación reciente demuestra que la electroquímica tiene un papel cada vez más relevante en la conservación sostenible. El uso de energías renovables para alimentar los tratamientos, la reducción del consumo de agua y reactivos y la integración de tecnologías digitales para monitorizar en tiempo real la evolución de los procesos, convierten estas técnicas en una opción alineada con la responsabilidad ambiental. Además, el análisis electroquímico de piezas recuperadas de contextos marinos, como barcos hundidos o puertos antiguos, ha revelado que es posible estabilizar metales gravemente afectados por la acción del cloro, un problema que en décadas pasadas resultaba prácticamente irresoluble.
En definitiva, la electroquímica aplicada a la preservación del patrimonio metálico no es solo una herramienta técnica, sino una auténtica revolución metodológica que ha permitido frenar el deterioro de miles de piezas históricas y ofrecer nuevas perspectivas de conservación para el futuro. Su valor radica en la capacidad de conjugar precisión científica, sostenibilidad ambiental y respeto por la autenticidad cultural, lo que la convierte en un pilar indispensable en la protección del legado material de la humanidad.